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LA  ESTRELLA

Era una noche oscura y las estrellas del cielo brillaban como nunca.

La niña llegó al bosque, se tendió  y comenzó a

 contemplar el cielo.

Reparó en una brillante estrella que iluminaba la

 noche y dijo:

 

-Yo quiero ser como tu.

Más tarde apareció una chica y se acostó junto a ella.

-¿Qué haces?- le preguntó.

-Quiero ser como esa estrella

y brillar más que nadie.

-Pues yo quiero ser como

aquella otra que brilla

 más que la tuya.

Apareció luego un gracioso niño que se tendió junto a

ellas a soñar con las estrellas.

 

-Yo quisiera ser como aquel gran lucero que brilla

sobre los demás.

Era medianoche cuando llegó una cuarta criaturita,

y luego una quinta y luego una sexta, ...

Todas se tendían en el suelo y soñaban que brillaban

como una gran estrella del cielo.

Pero, en la oscuridad de la noche, nadie brillaba lo

suficiente; tan sólo sus ojos resplandecían, un poco, en

la oscuridad.

El milagro apareció al amanecer.

Habían pasado la noche en ese bosque, soñando con

ser estrellas y, al despertar, descubrieron que sus

cuerpos habían formado una gran estrella brillante.

 

Se rieron por lo torpe que habían sido. 

Nadie puede ser una gran estrella. Para formar una, hace falte mucha gente que se unan para construir sus múltiples puntas brillantes.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Cristóbal Gómez Mayorga

 

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