La escuela:
un pedazo de vida.
Una concepción
culturalista del aula
Este
artículo analiza, la complejidad de la nueva escuela bajo concepciones
culturalistas del aprendizaje. Además, sugiere dos propuestas metodológicas
que respetan el desarrollo integral del alumnado de Educación Infantil: las
actividades globales y los rincones de actividad libre.
Alguien me dijo en
cierta ocasión que antiguamente se tenían hasta 40 alumnos en el aula y que
ahora sólo se tienen 25. Quería inferir la dificultad de la antigua escuela
frente a la actual contemplando sólo un elemento. Yo le argumenté que los 40
alumnos de antes estaban quietos, mientras que los actuales se mueven. Con este
argumento quería apuntar uno de los cambios más importantes que se está
produciendo en el aula actual. El paso de una escuela tradicional a una escuela
moderna conlleva el movimiento como la característica primordial que complejiza
enormemente la racionalización del centro escolar.
Esta modernización
del centro educativo ha cambiado el aula estructurada por un aula en continua
estructuración, un aula estable por un aula en movimiento, unos espacios estáticos
por una zona de tránsitos, un lugar fijo por un espacio practicado. De ser el
niño o la niña de la 3ª fila se ha pasado a ser María o Alberto con toda la
complejidad de su identidad cambiante y su personalidad en continua elaboración.
La escuela actual está evitando esta dificultad cuando se resiste a
determinados cambios metodológicos que implican movilidad del alumnado. Pero a
su vez está creando violencia al someter al alumnado a la disciplina
organizativa del tiempo y el espacio.
El aula es un
espacio que en Educación Infantil está por construir, no tanto físicamente
sino simbólicamente. Cada vez que nos llega el alumnado por primera vez podemos
reinventar el aula y debemos ayudar a las familias a redefinir sus propias
concepciones de aula, que consciente o inconscientemente está determinando el
pensamiento de sus vástagos. En esta definición de aula existe una lucha de
significados y experiencias en la que cada individuo aporta sus visiones,
espacios, deseos y necesidades. El alumnado querrá imponer un espacio a partir
de los conocidos, sus casas, el parque, la calle, su cuarto, la televisión,
etc. El profesorado negociará en la práctica sus intenciones pedagógicas explícitas
e implícitas con estas imposiciones de facto, y las familias volcarán siempre
en sus hijos las experiencias de escuela que vivieron.
La organización de
aula es viscosa, no está sujeta a las racionalizaciones rígidas y simplistas.
Al aprehenderla cambia de forma. Es por ello que los conceptos que empleamos
para definirla deben de ser leves, romos, complejos. Cualquier conceptualización
demasiado precisa dejará que se escape entre los dedos la vida del aula. Son
los instrumentos estadísticos y numéricos los menos apropiados para aprehender
la realidad del aula. La provisionalidad de los conceptos abiertos, ambiguos,
indefinidos; los conceptos en continuo proceso de conceptualización negociada
son los que podemos emplear para comprender algo de lo que pasa en el aula. Y es
que en el aula pasan muchas cosas y a mucha velocidad. El vértigo que produce
esta paradoja de intentar comprender una realidad compleja con instrumentos
indefinidos nos produce cierta angustia. No obstante, no parece apropiado asumir
la tranquilidad que produce los métodos más simples de conocimientos ya que no
nos informa sobre la vida real.
A veces, no sólo
evitamos la complejidad de métodos para estudiar la realidad del aula, sino que
intentamos simplificar el funcionamiento del mismo aula para que se acople a los
análisis simplistas. Por el contrario, creo que debemos de crear una organización
de la clase en la que de forma real surja la complejidad de una organización
social, y en la que se aprenda a vivir en un contexto cultural real aprendizajes
de todo tipo: de toma de decisión, de autonomía, libertar, sentimientos,
voluntades, valores, cariño, respeto, de luchas de poder, de jerarquías,
liderazgo, de deseos, de organización, de enfrentamientos, de cariños, sueños,
etc. No creo que se pueda aprender todos estos aspectos y situaciones simuladas
en aulas empobrecidas con la simplificación y rigidez de los elementos
organizativos (sitios fijos, silencio, actividades ritualizadas, selección del
alumnado, etc.)
Desde concepciones
de aprendizaje culturalistas (Bruner, J. 1997) la cultura da forma a la mente de
los individuos y los significados de la mente tienen sus orígenes en la cultura
en la que se han creado. Debemos, por tanto, crear en el aula ambientes
culturales ricos en los que el alumnado se desarrolle. Los cuentos, vivencias,
salidas, proyectos, etc. son situaciones de aprendizajes propicias que enganchan
con el universo infantil. "El pez Brillo", (Cuadernos de Pedagogía nº
299) "Juanito el Pirata" o "la Bruja Maruja", funcionan como
narraciones mitológicas en nuestra cultura de aula: explican nuestros
sentimientos, nos dirigen el camino, nos ayudan en las reflexiones, nos crean
esquemas lógicos y narrativos que nos ayudarán a comprender el mundo. El
teatro que hacemos para la fiesta nos presta sus personajes para vivir
sentimientos, o reflexionar sobre conflictos vitales.
La concepción de
cultura escolar implica incertidumbre, complejidad, imprevisibilidad, duda, algo
que sólo profesionales autónomos están dispuestos a asumir. Autónomos no
implica infalibles, sino capaces de asumir los desaciertos, de encajar los
conflictos, de perdonarse los errores.
El aula es una
entidad social con una potencialidad de estructuración social importante por
sus características de grupo de iguales, de un tamaño mediano, con múltiples
posibilidades de comunicación, con relaciones afectivas fuertes, etc. Este tipo
de grupo es hoy necesario en sociedades claramente desestructuradas, en la que
proliferan desestructuraciones familiares, carencias de organizaciones sociales,
desaparición de barrios, etc.
En la escuela se
vive en una continua tensión desarrollando la individualidad y la construcción
social. Del pensamiento subjetivo, único, individual, pasamos a lo social, a la
cultura del aula, a la estructuración social. Entre esos dos mundos hay un
conflicto permanente de intereses y deseos. La labor del maestro es paradójica
en cuando que debe atender a los diferentes desarrollos individuales dentro de
un contexto social que es el aula. Es necesario realizar un puente entre esos
dos sistemas que siempre serán contrapuestos a la vez que complementarios. A
veces, es necesario trabajar en lo individual, otras, en lo social. Los dos
niveles son interdependientes de forma que no podemos potenciar la identidad del
individuo si no es dentro de un contexto de aula con su propia identidad, con
sus flujos de relaciones de amistad, de competencia, afectiva, de celos, de
amor, de luchas, ..., de vida.
Frente a saberes
acabados que la escuela debe transmitir mediante la seducción de los métodos
motivadores se propone la concepción constructivista del saber que se
reconstruye de forma negociada mediante actividades diversas de comunicación en
la que los sujetos participan de forma activa, implicando sus conocimientos,
deseos y afectos. Podríamos decir que construimos para dentro a la vez que para
afuera. Nos construimos mientras construimos; organizamos nuestra mente mientras
organizamos el exterior.
Podemos distinguir
dos elementos metodológicos que propician en la práctica un aprendizaje desde
concepciones culturalista: las actividades globales vivenciales y los rincones
libres de actividad.
Las actividades
globales vivenciales y los proyectos de trabajo son la
forma de conocimiento que mejor se adecuan a las características del alumnado
de infantil y a las finalidades educativas que perseguimos, ya que cada proyecto
es un trozo de vida real que llevamos al aula y de la que aprendemos. El aula
debe abrir la puerta a la vida: a las familias, al placer, al miedo, al sexo, al
cuerpo, a las emociones, a los sentimientos. No debemos convertir los contenidos
en objetos de conocimiento aislados de la vida, sino en parte integrante de
nuestro ser. Estudiar el cuerpo debe significar ver las posibilidades de
conocer, sentir y vivir cada trocito de él. Debemos hacer huellas con cada uno
de los elementos de nuestro cuerpo mientras vivimos y compartimos las
sensaciones que nos produce.
Como ya sabemos, el
conocimiento no se trasmite sino que se construye, y construyéndolo construimos
la realidad. Por ello las actividades globales permiten respetar ritmos y
estilos de aprendizajes, acepta la diversidad y crea una identidad de clase al
participar todos de unas narraciones de unas formas de pensamientos, de una
cultura de aula. La narración es una forma de pensamiento y un vehículo para
la creación de significado y no sólo una actividad decorativa. Una salida, una
canción, un cuento o un teatro crea, como diría Bruner un andamiaje construido
socialmente por el que se mueve la inteligencia.
Creemos que debemos
de sustituir nuestras programaciones por proyectos. En las programaciones
tradicionales todo está predeterminado: las actividades, los objetivos, la
evaluación, el tiempo, etc. Los proyectos de trabajo enmarcan la actividad
educativa sin encorsetarla, están abiertos a la experimentación y a la creación.
Un proyecto es dotar de una actitud educadora a una actividad cotidiana. Es
pasar la realidad por un esquema educativo; una hipótesis de trabajo, un
"se hace camino al andar"; una idea abierta que la realidad limita; es
un problema con múltiples soluciones; es una pregunta abierta al múltiples
respuestas. Los proyectos de trabajo van tomando cuerpo a medida que se
desarrollan, y en esta construcción participan los familiares, el alumnado los
compañeros y la comunidad. Frente a las programaciones tradicionales que nos
asegura el itinerario de todo el curso, en las que todo está atado y bien
atado, los proyectos crean cierta incertidumbre a la que, a veces, no estamos
dispuesto a exponernos. El proyecto apunta un camino que al ir recorriéndolo
nos ayuda a definirlo. De ahí, que las programaciones sólo se escriben
definitivamente después de realizadas (Ver algunos proyectos realizados este
curso en un resumen de la Programación Anual). No se puede dejar en el camino múltiples
posibilidades sugerentes que van apareciendo y que no estaban previstas. El día
que no pudimos ir a la radio porque llovía estuvimos hablando de la lluvia, del
hombre del tiempo, de las nubes, de Dios, de la causalidad, de nuestros
sentimientos al no poder ir de excursión, etc. (Gómez Mayorga, 1999)
Como ejemplo de
Actividad Global podemos ver las posibilidades educativas que surgieron de la
canción titulada "Juanito es un pirata", basada en el cuento "El
pirata valiente de Gusti/Ricardo Alcántara, editado por SM. Las actividades
surgidas permitieron, de forma natural, trabajar contenidos de los diferentes ámbitos
de desarrollo, partiendo de las necesidades del alumnado. Se aprendieron técnicas
plásticas para la construcción de disfraces de piratas, se experimentó con
materiales diversos para realizar barcos, se realizaron mapas, imaginamos
tesoros escondidos, y fuimos desarrollando nuestra personalidad mientras nos
controlábamos en las luchas simuladas y nos expresábamos de mil y una formas.
(ver esquema de la Programación de "Juanito el pirata") Desde
entonces "Juanito el pirata" es parte del universo cultural de nuestro
cole.
La metodología
por rincones libres de actividad
implica la creación en el aula de unos espacios vivenciales en donde se produce
una cultura que propicia el aprendizaje (ver plano del aula). En un aula
organizada por rincones de actividades libres es donde mejor se forja la
socialización porque se evidencia de forma real el conflicto entre el deseo y
la realidad, que viene a reducirse a la batalla entre nuestro deseo y todos los
demás deseos (Rodríguez González, 1994). La tan cacareada disciplina surge de
la propia convivencia en este espacio social. La lógica del funcionamiento de
cada actividad va creando las normas de convivencia. La reflexión en grupo de
los conflictos que van apareciendo nos ayudan a crear normas de convivencia, a
la vez elaboramos en nuestro interior la necesidad de aceptar normas sociales.
Por otro lado,
parece que no es la enseñanza sistemática individualizada la responsable de
los éxitos y fracasos escolares, sino la pertenencia o no a medios culturales
afines a la cultura escolar. Pérez Gómez (1998) argumenta que las
desigualdades socioculturales de las familias es la principal causa de las
diferencias de desarrollo y de aprendizaje del alumnado. Con metodologías
individualistas estamos acentuando estas diferencias sociales, potenciando a los
que ya están favorecidos culturalmente. Solo desde culturas de aula que acepte
la diversidad, que ayude a los más desfavorecidos y que eduque en el respeto al
otro, sea cual sea sus capacidades, podremos prosperar en el desarrollo integral
de todo alumnado.
Educamos para la
comunidad si hacemos comunidad, educamos para la democracia si vivimos la
democracia en nuestras aulas. Educamos en los sentimientos si nos queremos, si
establecemos lazos afectivos, si propiciamos, mediante metodologías abiertas,
todo tipo de relaciones. Educamos para la libertad si dejamos a los niños y niñas
libres para actuar a diario en nuestras aulas. Desarrollaremos su voluntad si
les dejamos elegir entre las múltiples actividades posibles que les ofrecemos.
Estas son las ventajas que propicia una metodología por Rincones de Actividad
Libre, en la que el alumnado decide qué hacer, cuando hacerlo, con quien, para
qué, etc.
Argumenta Pérez Gómez
(1998) que la educación es una importante encarnación de la forma de vida de
la cultura, no simplemente una preparación para ella. Debemos de enseñar a
conocer, vivir y disfrutar las acciones culturales de la vida llevándolas al
aula y estructurando el espacio del aula de una forma acogedora, estética,
afectiva y sugerente, construyendo espacios que respondan a las necesidades del
alumnado (Heras Montoya, 1997). El aula se conceptualiza como una subcultura de
aprendices mutuos y crea comunidad educativa e identidad como aula. Esta
identidad es importante para la elaboración de su personalidad. Construir
culturas escolares de ayuda mutua y educarse unos a los otros es la forma más
completa de educación y solo se desarrolla si dejamos un tiempo y un espacio
libre para que se produzca. Como dice Bruner (1997), la inteligencia refleja una
microcultura de la praxis, y es esa cultura la que hay que recrear en el aula.
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Cristóbal
Gómez Mayorga (Maestro de Educación Infantil)