A partir de una pequeña investigación sobre la agresividad de algunos niños y niñas en dos clases de infantil

A partir de una pequeña investigación sobre la agresividad de algunos niños y niñas en dos clases de infantil, mediante una metodología de Investigación/Acción, presentamos algunos focos de reflexión sobre la "violencia" en las escuelas. Las ideas que se apuntan pretenden ser sugerencias para el debate, más que verdades científicas sobre el tema .

LA VIOLENCIA INVENTADA.

INTRODUCCIÓN

El libro de Watzlawick "La realidad inventada" nos muestra cómo la ciencia no descubre un conocimiento ya existente en la realidad, sino que construye (inventa) esa realidad para explicarnos, de forma comprensible, la complejidad del mundo que nos rodea. No cabe duda que esta reducción de la realidad que realiza la ciencia nos ayuda a comprender un mundo que se nos presenta de forma bastante confusa. Pero, a su vez, esta simplificación tiene consecuencias nefastas para la construcción del propio conocimiento. Afirma este autor que, la ciencia, no sólo inventa ese mundo sino que provoca que acabe funcionando como lo había previsto, debido a lo que llama "profecías que se autocumplen".

Si esto es así en el mundo de las ciencias experimentales, ni que decir tiene de la prudencia que en el campo de las ciencias sociales en general, y las educativas en particular, se debe tener en la construcción de nuevos conocimientos. Esta idea produce vértigo porque son muchas las conceptualizaciones simplistas que se hacen en el mundo educativo con consecuencias imprevisibles. Por otro lado, abre una gran esperanza ya que invita a cuestionar constantemente todo posicionamiento científico, haciendo más viva la construcción de conocimiento.

El tema de la violencia es uno de estos temas que hoy día aparece en la literatura pedagógica sobremanera y que, a menudo, tiene un tratamiento que desemboca en la disciplina como único antídoto. La asociación violencia-represión no solo es una asociación simplista sino que, a veces, es, sospechosamente, una dualidad interesada.

Cada vez más se está extendiendo, en los cursos de educación infantil, lo que podríamos llamar el discurso simplista de la violencia, ya bastante generalizado en las enseñanzas medias. Esto nos ha motivado a reflexionar sobre el tema y a investigar en la realidad cotidiana de nuestras aulas, mediante una metodología de Investigación/Acción, para aportar una conceptualización diferente a la descrita.

Partimos para nuestra investigación de una situación problemática : las conductas llamadas violentas, que aparecen en nuestras aulas en algunos niños y niñas de forma bastante reincidente.

Metodológicamente, planteamos el siguiente programa :

1.- Elegimos en nuestras propias aulas, una de 1º de E.I. y otra de 2º de E.I. algunos niños y niñas que mostraban comportamientos agresivos en las distintas actividades de clase. Observamos las conductas habituales y describimos sus manifestaciones más violentas.

2.- Descripción del tipo de conductas mantenidas en una situación experimental de bastante libertad y de interacción con sus compañero/as, consistente en una sesión de psicomotricidad libre con hojas de periódicos. En un espacio limitado, con música de fondo, se facilitan periódicos y se da como consignas cubrir el suelo con ellas y evitar hacerse daño. Se observa las conductas de estos alumnos y alumnas.

3.- Descripción de las características personales y contextuales de estos alumnos y alumnas que nos parecen significativas para su comportamiento.

4.- Posible interpretación de las conductas violentas de estos individuos a la luz de los casos estudiados.

5.- Conclusiones generales sobre la violencia en las escuelas en estas edades a partir de las observaciones y reflexiones realizadas en estos casos.

No es motivo de este artículo la descripción pormenorizada de los datos recogidos de cada uno de los alumnos y alumnas observados, aunque vamos a presentar algunas de las reflexiones que este estudio nos ha suscitado en un intento de crear focos de debate y discusión sobre el tema de la violencia.

 

"LA VIOLENCIA" COMO SÍNTOMA INEVITABLE DEL PROCESO DE EDUCACIÓN

La agresividad individual es, a veces, una reacción a la violencia contextual, y otras veces, a un conflicto interno; generalmente, las dos cosas. Se suele utilizar el concepto de violencia para el comportamientos del alumnado, aunque pudiera ser la agresividad lógica que la naturaleza otorga al individuo en el proceso de adaptación y elaboración de la realidad. La violencia sería pues en las primeras edades un síntoma de agresividad lógica ante el proceso educativo. En este sentido no sólo es inevitable sino, necesario en un proceso de cambio conflictivo en el que entran en juego los principios de placer y realidad. Como dice Manuel Delgado, "el conflicto sería el combustible del cambio", que no hay que evitar sino analizar, utilizar, dar vías de expresión.

Algunas conclusiones generales que surgen de nuestra observación de los casos estudiados son:

. El proceso de educación ejercido por la familia, la escuela o la sociedad en general, produce agresividad en cuanto que supone sacrificar el principio de placer por el inevitable principio de realidad: la convivencia, la libertad de los demás, el respeto al otro, etc. A las edades de 3 a 6 años esta adaptación a la realidad social se establece sobremanera, ejerciéndose una gran violencia sobre la placentera situación del niño, que no por necesaria es menos agresiva y que supone pasar del cálido trono de los brazos de una madre a la dura realidad de ser uno más entre muchos, en una institución como la escuela que, como mínimo, es fría y distante.

. Cesión de la primera adaptación de la familia a la escuela.- Esta primera adaptación a la realidad que tradicionalmente ha realizado la familia producía su lógica agresividad dentro de la misma, tratándose los conflictos que se generaban de forma individualizada, en un contexto de afectividad. Hoy día, por múltiples razones, se produce una dejación de esta responsabilidad a la escuela, que tiene que asumir un proceso de adaptación primario en un contexto poco apropiado. Entre las razones que han producido este trasvase de responsabilidad de la familia a la escuela podemos destacar algunas. Por un lado, la compensación de la época de represión que en sus tiempos los padres recibieron. Por otro lado, la incorporación de las mujeres al mundo laboral que han relegado su tradicional función educativa a las abuelas o a las asistentas, que por muy buena voluntad que posean no pueden ejercer una labor en la que no importa tanto el conocimiento educativo que se tenga como la posición afectiva desde la que se ejerza.

. La situación social y económica de las familias son determinantes en la transmisión de normas que la institución escolar exige a sus miembros. Los hijos de las que podríamos llamar familias desfavorecidas socialmente se muestran en general más agresivos porque tienen que hacer una doble adaptación, la personal que la familia no ha realizado y la que la institución escolar le exige, la cual no se transmite dentro de culturas poco institucionalizadas. La escuela de hoy mantiene una organización coercitiva que rechaza al alumnado de culturas marginales.

. Los juegos de simulación de peleas no son violencia sino lógicos juegos de simulación que a estas edades cumplen una misión de desarrollo muy importante: como liberador de tensiones, como actividad de desarrollo psicomotriz, como forma de relación social, como juego afectivo sexual, etc. A veces, los juegos de la televisión son empleados por los niños y niñas como vehículos de su agresividad interna. Una conducta no se copia si no existe la fuerza que la motiva. Cuando no existe esta tensión la simulación de una pelea se convierte en un juego gimnástico o en un baile de ballet. Creer que la violencia sólo se aprende por modelado de la televisión es una simplicidad, ya que, a veces, esconde conflictos que están incidiendo en el desarrollo. Todos los niños ven la misma televisión y cada uno tiene un comportamiento diferente. Podríamos decir que la televisión da el modelo de juego (antes, los indios y vaqueros, ahora los robots), y la violencia la ponemos nosotros. No es nuestra intensión, no obstante, disculpar a los medios de comunicación de su parte de responsabilidad en la creación de estereotipos y en la dejación de su función educativa.

. Hablar de violencia en el alumnado es un reduccionismo que enmascara la complejidad de sistemas como el de la familia o la escuela, que de por sí suelen ser instituciones represoras y generadoras de tensión. No debemos interpretar de forma simplista las manifestaciones de violencia, ya que suelen ser síntomas de problemas más complejos. No hay una sola causa para una conducta violenta sino un conjunto de factores que interactúan. Por tanto, debemos poseer una visión holística en el análisis de las conductas problemáticas de los niños y niñas, superando la simplificada fórmula causa-efecto que tantas consecuencias moralizantes añejas posee.

INCIDENCIAS DEL SISTEMA ESCOLAR EN LOS COMPORTAMIENTOS VIOLENTOS.

Además de las situaciones personales, familiares y sociales, el sistema escolar también incide en los comportamientos del alumnado, agravando, a menudo, las dificultades que los niños y niñas traen de su medio. La labor de la escuela es altamente paradójica ya que pretende hacer personas libres desde una organización represora. (Santos Guerra, 1994).

El control disciplinario que ejerce la escuela genera violencia en los niños que a esta edad necesitan movimiento, juego, espacios, atención individualizada, etc. Las actuaciones disciplinarias en la escuela son múltiples y muchas de ellas están ocultas en los ritos y en las redes organizativas del centro, como son : las distribuciones espaciales de las dependencias, de las mesas en las aulas, etc.; la ritualización del tiempo (ahora toca trabajar, ahora jugar, ahora saltar, ahora cantar, ...); el silencio impuesto; las posiciones del cuerpo, como el estar sentado mucho tiempo, estar quietos; las normas de comportamientos arbitrarias; las tareas obligadas poco significativas, las fichas (colorea sin salirte, repasa los puntitos, ...); etc.

Nuestro papel de maestros/as dentro del sistema escolar nos hace tener una visión de adultos, racional y lógica, que el niño no comprende y que pretendemos imponerle. A menudo, asumimos un papel de controlador que incide negativamente en la expresión espontanea del niño. Por otro lado, intentamos transmitirles unos conocimientos alejados de sus intereses, con metodologías poco vivenciales.

Otro de los efectos que la escuela produce en el tema de la violencia es el castigo de las conductas aversivas del alumnado, a las que le adjudicamos una intencionalidad bastante dudosa en estas edades. Dice Nietzsche en "Más allá del bien y del mal" que a lo largo de la historia se ha pasado de determinar el valor de un acto por sus consecuencias a valorarlo en función de sus causas.

La interpretación por el profesorado de las intenciones del alumnado en la realización de un acto parte de esta última concepción moral y supone, al menos, una simplicidad, ya que como sospechaba Nietzsche "el valor decisivo de un acto reside precisamente en lo que tiene de no intencionado (...), la intensión no es más que un signo y un síntoma que hay que interpretar, ..." (Op. cit. p.63) Como profesorado debemos interpretar "el mal comportamiento" del alumnado como síntoma de múltiples posibles causas y no con la simplicidad que supone el juicio moral.

IMPLICACIONES PARA NUESTRA PRÁCTICA

Entendemos que, tanto en la familia como en la escuela, los niños pueden estar muy bien "atendidos", muy bien "cuidados" pero muy poco "comprendidos" y muy solos. En general, nos olvidamos, en casa, con las prisas, con las mil obligaciones de cada día, ... y en la escuela, con las rutinas, las fichas, los horarios, ... qué es lo que realmente necesitan. A veces no es más que:

- Dejarlos que nos cuenten cosas.

- Jugar con ellos.

- Que hablemos con ellos.

- Manifestarles nuestro cariño y que nos lo manifiesten ellos.

- Explicarles por qué pueden o no hacer determinadas cosas.

- Proporcionarles ocasiones para jugar solos o con otros niños o niñas.

- Ayudarles a resolver sus conflictos.

- No prohibir los juegos violentos por imposición sino reflexionando sobre sus consecuencias para los demás entre todos.

- Subir la autoestima valorando todo lo que hacen bien.

     En nuestras aulas también podemos realizar algunos cambios que encaucen las necesidades de movimiento, energía y descargas de agresividad de nuestro alumnado como los siguientes:

- Organizar el espacio de forma que permita actividades espontáneas y autónomas del niño, y favorezca su desarrollo social.

- Dejar tiempos de trabajo libre en los que el alumnado se exprese espontáneamente.

- Establecer relaciones cooperativas y cordiales con la familia.

- Realizar actividades que respondan a sus necesidades de expresión, de movimiento, de identificación, de socialización, etc.

- Hacer juegos de cooperación y desarrollo de valores: dar abrazos al que está enfadado para que se le pase, dibujar sonrisas, la piedra mágica que quita el enfado, jugar al tren, relajación, respiraciones, reflexión sobre los comportamientos agresivos, simulaciones, etc.

- Realizar juegos que hagan aflorar la agresividad que tienen dentro: de fuerza, de movimientos, de luchas, etc, desarrollando el autocontrol.

- El teatro como expresión dramática libre es igualmente un vehículo para normalizar la agresividad natural producida en estas edades y de expresión de los conflictos que les preocupa.

- El cuento es otro elemento didáctico de primer orden para la elaboración de pulsiones inconscientes según nos cuenta Bettelheim.

Podemos concluir, retomando la hipótesis Watzlawick, que la construcción de una teoría sobre la violencia que implique un compromiso por los valores de tolerancia y respeto seguirá siendo una realidad inventada, pero sería una realidad que hemos querido construir, porque nos parece más educativa, más esperanzadora, ... más humana, en definitiva.

CRISTOBAL GÓMEZ MAYORGA

Mª ISABEL RUBIO CARMONA

Bibliografía

- Bettelheim, B.- Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Crítica. 1995

- Delgado, M. "La razón paradójica" en Cuadernos de Pedagogía, nº 256, junio, 1997.

- Foucault, M.- Vigilar y castigar. Siglo XXI. Madrid, 1992

- Marina, J. A.. - El laberinto sentimental. Anagrama, 1996

- Neill, A. S.- Summerhill. Fondo de cultura económica. México, 1963

- Nietzsche, F.- Más allá del bien y del mal. Mateo E. Madrid, 1994

- Santos Guerra, M.A..- Entre Bastidores, el lado oculto de la organización escolar. Aljibe. Málaga, 1994

- Savater, F..- El valor de educar. Ariel, Barcelona, 1997

- Watzlawick y otros.- La realidad inventada. Gedisa. Barcelona, 1995

- Winnicott, D.W..- Realidad y juego. Gedisa. Barcelona, 1996.