RESUMEN
Los llamados
problemas disciplinarios afloran cada vez más en nuestros centros educativos.
La visión que el profesorado tenemos sobre el tema suele ser bastante miope
ya que miramos el problema desde dentro, inmerso en él, asumiendo una
responsabilidad excesiva, sin percatarnos de la complejidad de la organización
en la que trabajamos. En este artículo, se plantea la necesidad de analizar
la disciplina desde una visión holística, para actuar sobre todas las
variables organizativas y no solo sobre el alumnado.
MIRAR DESDE OTRO
LADO:
LA DISCIPLINA
DESDE UNA PERSPECTIVA ORGANIZATIVA Y SIMBÓLICA
La disciplina no
surge como consecuencia del mal comportamiento sino que el mal comportamiento
es una ruptura del control disciplinario. A la luz de Foucault ("Vigilar
y castigar"), en la escuela se utilizan "métodos que permiten el
control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción
constante de sus fuerzas y las imponen una relación de
docilidad-utilidad". Desde esta concepción de la actividad escolar, los
alumnos disciplinados son, por tanto, los que aceptan sumisamente la
disciplina impuesta sin ningún tipo de cuestionamiento. En esta concepción
aparecen como actuaciones disciplinarias de tipos organizativos la distribución
espacial de las bancas en filas y columnas, los ritos, los hábitos, la
rutinización del tiempo, el silencio, las normas de comportamientos, etc.,
pero, sobretodo, el examen.
La disciplina,
por tanto, se concibe, generalmente, como un concepto reduccionista que
enmascara la complejidad del fenómeno educativo, ya que se define centrándose
en el alumno como individuo aislado, eludiendo las relaciones de poder en las
que se encuentra y sin atender el contexto en donde se inserta ese alumno. La
autoridad se ejerce en situaciones que raramente se pone en entredicho y
cuando el sistema no funciona, o aparecen manifestaciones de rechazo, se
traducen como de indisciplina, no cuestionando al propio sistema.
La queja más
generalizada que el profesorado hace hoy al sistema educativo es la falta de
disciplina. Inconsciente o conscientemente, se está refiriendo a que la
normativas legales o directrices curriculares los están dejando sin algunas técnicas
disciplinarias históricas, tales como: las notas, sobre todo el número como
una forma de disciplina que los profesores de la primera enseñanza ven que se
les va de las manos; la competición entre los alumnos distribuyéndolos
espacialmente por notas o mediante concursos de acertar preguntas; la no
utilización del tiempo de recreo o el pasillo como castigo. El maestro
percibe su pérdida paulatina del poder sobre el tiempo y el espacio.
Desde
perspectivas individualistas, no valorando las variables organizativas, se ha
culpabilizado a los profesores produciendo gran cantidad de mecanismos
justificatorios que mantienen y encubren las relaciones disciplinarias,
generando además múltiples angustias y sentimientos de culpa.
Por todo esto se
hace necesario MIRAR DESDE OTRO LADO el tema de la disciplina.
El conocimiento
de la complejidad de elementos organizativos que provoca los llamados
problemas disciplinarios posibilita una nueva concepción de la disciplina
afrontando la lucha en muchos frentes y no solo en la actitud autoritaria del
profesorado.
Algunos castigos:
ritos y significados
Los castigos
escolares han seguido la misma trayectoria histórica que las penas impuestas
a los condenados; primero se castiga al cuerpo mediante suplicios con un
ritual público y ejemplarizante ( M. Foucault op. cit.), para posteriormente
desaparecer tanto el espectáculo como el dolor, y tomar como objeto principal
de castigo la pérdida de un bien o un derecho: recreo, viaje, fiesta. Se hace
necesario analizar los castigos más usuales que se emplean en la escuela para
determinar su pertinencia o no en función de las finalidades educativas que
nos planteemos, ya que la sombra de los efectos secundarios y del currículum
oculto nos amenaza por doquier y nos invita a estar vigilante.
"Al
Director/ora".- El maestro, que ante una conducta percibida como
intolerable manda al niño al director o al jefe de estudio, se está
proclamando en juez pero elude la ejecución del castigo; responsabiliza a la
dirección de la ejecución de la pena ya que el castigo es poco valorado. La
ejecución del castigo se realiza en un mecanismo administrativo en el que se
delega la parte del poder cargada de tintes negativos, amén de impregnar a la
dirección de la mancha de la ejecución.
"Las
copias".- Es el último reducto de una pena sobre el cuerpo pero ocultado
por una supuesta justificación pedagógica: " No lo volveré a
hacer". Las copias recuerdan los trabajos forzados de las cárceles bajo
una filosofía de que el trabajo redime que no es más que una tapadera que
encubre un castigo del cuerpo, que hoy no es tolerado.
En el castigo de
las copias, en su vertiente didáctica (copiar un contenido del libro) o
psicológica (repetir una máxima infinidad de veces hasta que se grabe en la
mente), se esconde un ansia inconsciente de venganza y de castigo corporal. Se
castiga la mano hasta que duela. Es la osificación del castigo corporal que
hoy no se admite y aparece camuflado bajo apariencias didácticas. Nada más
antipedagógico ya que, como es sabido, produce, además de una malformación
caligráfica, lo que es más grave, un odio hacia la escritura hacia el/la
maestro/a y hacia la escuela en general.
"De pie,
contra la pared".- Las posiciones espaciales diferenciadas se
conceptualizan como castigo ya que la norma de la clase es la homogeneización:
"todos quietos, sentados en sus sitios". En las clases donde el
alumnado se puede levantar no aparece la posición de pie como castigo.
Cuando a alguien
se le castiga situándolo en un lugar, de pie, contra la pared, o sentado en
un banco, esta persona no puede salir del espacio del castigo, está encerrado
en la cárcel simbólica, es un reducto simbólico del cuarto de las ratas,
del calabozo. El castigo de sentarse en "el banco" parece hacer
referencia al castigo en las galeras: "Amarrado al duro banco ..."
Este castigo no es sólo la posición del cuerpo, ni tan siquiera la separación
espacial sino el señalamiento. Además del castigo sobre el cuerpo o la
privación de libertad aparece la dimensión psicológica de la
conceptualización como "el niño malo".
"Al
pasillo".- Además del carácter funcional de unir las diversas
dependencias del centro, los pasillo tienen una naturaleza comunicativa que
hemos de interpretar. En una organización que aparece como estática,
vertebrada de una forma rígida, el pasillo cumple la misión de hacer fluir
la comunicación entre todas las estancias y grupos: por los pasillos hablan,
juegan, saltan y gozan los alumnos que en clase deben de estar callados; en
los pasillos se comunican los profesores cuando faltan medios de comunicación
o estos son excesivamente formales; en los pasillos se traman las estrategias
y las luchas de poder; en los pasillos se organizan las reuniones. Pero también
al pasillo salen los castigados. Es el "fuera" de una organización
escolar concebida como aulas, pero dentro de la propia organización. Es
"un fuera semidomesticado". La dicotomía dentro-fuera tiene
significados diferentes tanto espaciales como de comportamiento: "vete
fuera de la clase", "los expulsaremos fuera del colegio".
El pasillo tiene
un doble significado, por un lado tiene un significado de excomunión, de
exclusión y se emplea para sacar al alumno/a que molesta, pero por otro lado,
ese pasillo representa un trozo de calle, donde está la libertad, donde se
habla, se grita, se salta, se es libre. Por esto la medida de castigo de echar
al pasillo pierde su valor cuando hay varios alumnos, el intento de excluir a
un alumno mandándolo al pasillo se convierte en un premio cuando este pasillo
significa la posibilidad de comunicación, la calle, la libertad.
"Sin
recreo".- Aquí entraría todo castigo que supone una pérdida de un bien
o un derecho y que pretende ser una contingencia negativa para la conducta
intolerante: sin recreo, sin viaje, sin caramelo, sin dibujo, sin Educación Física,
etc. La consecuencia lógica es la sobrevaloración del objeto o el derecho
sustraído, frente a la desvalorización de las actividades académicas o
educativas.
En estas técnicas
conductistas aplicadas a la educación subyace la concepción religiosa de que
el premio (el cielo) viene tras el sacrificio, y que para conseguir aquel es
necesario pasar por "este valle de lágrima". Dar un caramelo, un
punto o cualquier otro refuerzo positivo a cambio de una conducta deseable
otorga una categoría moral a cada uno de los elementos puestos en juegos en
esta paradigma. El refuerzo sale beneficiado, se convierte en lo bueno
moralmente y lo deseable, aquello por lo que estamos dispuesto a luchar o
sufrir lo no deseado. Las conductas o comportamientos a conseguir se van
conceptualizando como algo detestable, como el amargo medicamento que tenemos
que ingerir para conseguir el fin deseado de la salud. Por otro lado, la falta
de relación entre la conducta a corregir y el refuerzo hace que como mucho
adiestremos al alumnado convirtiéndolo en un sujeto disciplinado y sumiso,
cumplidor de normas impuestas sin la dimensión crítica necesaria en todo
proceso educativo.
Es más lógico,
por tanto, una conceptualización distinta, en donde los propios
comportamientos deseados y el trabajo a realizar contenga las dosis de placer
y motivación suficiente para que tenga valor por si mismo. Así mismo, la
creación de normas debe ser una construcción en la que el grupo participa
creando así individuos con autonomía moral. La lectura, el trabajo, la
comida, la higiene, etc, deben de presentarse como actividades deseables para
no caer en la concepción religiosa que cierta psicología ha renovado.
"Al Consejo
Escolar".- El proceso de democratización de la enseñanza ha cambiado la
liturgia, pero el contenido, como siempre, es más resistente al cambio. El
Consejo Escolar es percibido como un órgano legitimado en democracia para
cumplir la función que al profesorado se le comienza a cuestionar: sancionar
los problemas de disciplinas del alumnado.
Esta utilización
del Consejo Escolar, por un lado, sirve a los profesores de justificación
delante de los padres sobre los sufrimientos y pesares que comporta la tarea
docente. Por otro lado, se relega al Consejo a una función burocrática y
ejecutora sustrayéndole la verdadera función participativa en la organización,
planificación, evaluación y reflexión, de los procesos educativos, los
cueles serían preventivos de problemas disciplinarios.
El Consejo
Escolar es un órgano, que al estar compuesto por estamentos con visiones
diferentes sobre la realidad, podría dar análisis más completos y
soluciones más racionales a la complejidad de los problemas de disciplinas,
pero, como hemos visto, no se ha producido un cambio en la conceptualización
sino una justificación de la misma metodología punitiva existente.
Tecnología del
poder
Podríamos
distinguir tres modalidades de ejercer el poder de castigar: autoritario,
racional y preventivo. Lógicamente esta clasificación es una simplificación,
y en la mayoría de los casos aparecen mezclas de las distintas tecnologías
de ejercer el poder de castigar y la disciplina.
1.- La tecnología
autoritaria se caracteriza por considerar al cuerpo como el objeto del
castigo. El castigo se convierte en una ceremonia de autoritarismo que busca
ejercer el miedo en los demás. Se realiza de forma discontinua, irregular,
imprevisible, sin responder a razones lógicas o legales. Este tipo de castigo
simboliza la presencia del poder unipersonal, autoritario. Una de las
consecuencias que tiene esta tecnología de poder se caracteriza por hacer a
la víctima héroe. El efecto más generalizado es el de desarrollar una
simpatía por el castigado así como una antipatía por el castigador
(maestro/a). Es por ello por lo que, a veces, el castigo se hace privado,
sobre todo si se duda de su justificación. En algunas ocasiones se produce
también un rechazo a la conducta que se pretende alentar, ya que el castigo
suele crear una actitud que alienta la conducta reprimida convirtiéndose el
autor en modelo a imitar.
2.- La tecnología
racional toma como objeto de castigo al alma y no al cuerpo, al menos de forma
evidente. Pretende cambiar el comportamiento no solo del individuo castigado
sino de todos los demás. Pretende un efecto ejemplarizante. Es por esta
finalidad terapéutica del cuerpo social por lo que emplea signos,
ritualizaciones y representación escénica. El castigo de esta modalidad está
sujeto a normativa, a leyes, a racionalidad, y pretende no ser subjetivo.
3.- La tecnología
preventiva pretende ejercer el control del cuerpo mediante las actividades
regladas, organizadas en un tiempo y en un espacio determinado para crear unos
hábitos disciplinarios y evitar la mala conducta. Se produce técnicas de
coerción de los individuos y procedimientos de sometimientos del cuerpo. La
realización constante de actividades o ejercicios individuales o el coloreo
en el alumnado de infantil es una manifestación de esta tecnología
disciplinaria que pretende el sometimiento constante de los individuo. Pero
sobre todo, la segmentación del tiempo es la tecnología más efectiva para
la creación de individuos disciplinados. Algunas actividades disciplinarias
serían: descomponer el tiempo en segmentos sucesivos y separados, en vez de
tiempos amplios y variables; organizar analíticamente cada actividad de lo
simple a la complejo, en vez de emplear actividades globales que son más
educativas, ya que la globalidad es antidisciplinaria; evaluar trozos o
niveles en vez de evaluar desde la comprensión; diferenciar orden, niveles y
clases y ordenar al alumnado en función de estos parámetros, etc.
En definitiva el
poder mediante el castigo pretende la creación de individuos sumisos con
moral heterónoma ya que el castigo no invita a la reflexión, a la asimilación
de normas y a la creación de una ética autónoma.
La solución no
viene, por tanto, de ningún manual de derechos y deberes ni de ninguna técnica
disciplinaria, sino de la reflexión y comprensión constante de los problemas
de clase por todos, por la resolución de conflictos de forma compartida, por
la creación entre todos de normas de comportamientos en el centro y,
sobretodo, por la participación y responsabilización del alumnado en los
elementos curriculares y en las decisiones organizativas y políticas del
centro.
BIBLIOGRAFIA
- Foucault,
M.(1992): Vigilar y castigar. Siglo XXI.
- Marina, J.A.
(1995): Etica para náufragos. Anagrama
- Santos Guerra,
M.A. (1994): Entre bastidores, el lado oculto de la organización escolar.
Aljibe.
- Sánchez Pérez,
F. (1990): La liturgia del espacio. Nerea.
CRISTOBAL GOMEZ
MAYORGA
maestro de
Educación Infantil
C.P. "Arco
Iris" Alora (Málaga)