Historias de la Charrería  
(Historias de la Charrería)
Reportajes sobre lo nuestro
   Reportajes y monográficos que tratan de nosotros, de lo que somos, de lo que fueron nuestros antepasados, de lo que seremos.
Reportajes para vivirlos.
En esta ocasión: 
Julián Sánchez, "El Charro"

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   Jinetes a través de la bruma
  (La historia del guerrillero Julián Sánchez, El Charro)
 

Dice una vieja canción popular:

"Cuando Don Julián Sánchez monta a caballo
se dicen los franceses ¡viene el diablo!
Cuando Don Julián Sánchez monta a caballo
dicen los españoles ¡vienen los charros!"

Después de la gesta guerrillera que a principios del XIX llevaron a cabo un grupo de salmantinos comandados por Julián Sánchez, todavía resuenan canciones que mencionan su nombre y gritos de jinete a través de la bruma.

Existe un corto pero intenso periodo de la historia de España conocido como Guerra de la Independencia, en el que los ciudadanos de un estado en decadencia como el nuestro hemos querido ver reflejada nuestra particular Epopeya Nacional, para glorificar y limpiar la hoja de servicios de tres siglos plagados de desastres y despropósitos. Para reavivar nuestro orgullo, siempre de capa caida, y nuestro acomplejado espíritu, los que nos transmiten oralmente la tradición y la historia, en definitiva, nos han legado una imagen heroica, mítica y a veces, incluso grotesca, de esa etapa bélica en la que el pueblo llano expulsa de su solar al invasor galo,  obligados por la pasividad, y puede que la complicidad de unos monarcas y unos gobernantes realmente inútiles.

El pueblo es el protagonista de este cuento. Eso es quizá lo que más enorgullece al que la escucha.
Por ella deambulan personajes venidos del escalafón más humilde de la sociedad. Son campesinos, labriegos, hijos de prostitutas, incluseros, bandoleros de Sierra Morena ... Los héroes,  los que enderezaron el curso de la historia.

Nombres como el de Agustina de Aragón, El Empecinado ... Sería casi imposible enumerarlos todo, ya que en cada región, y comarca aparece un heroe local embebido en una aureola mítica, y en un relato plagado de alabanzas hacia el defensor de los intereses del pueblo contra el gabacho.

¿y en Salamanca? También. Como no podía ser de otra manera. La provincia salmantina aparece en ese contexto como parte enormemente implicada. No olvidemos que la entrada de los franceses en España, supone un plan encubierto por Napoleón para hacerse con toda la península con la excusa de invadir la vecina Portugal, ayudado por la política "afrancesada" de aquellos años.
Durante la contienda, Salamanca se convierte en un punto estratégico y en un valuarte militar para las tropas francesas, por su cercanía al frente portugués. Caravanas militares, convoyes de artilleria y de avituallamiento e hileras inmensas de regimientos atraviesan sin cesar la provincia.
Se producen choques como el de la Batalla de Tamames, o el asalto a Alba de Tormes, y la renombrada y casi definitiva Batalla de Arapiles* , que significa el punto de inflexión de la contienda, a partir del cual el ejercito francés inicia su retirada hacia el norte.

En 1801, 15.000 franceses entran en Salamanca para preparar la guerra contra Portugal. Ya se empieza a intuir lo que vendría después. Siete años más tarde, azuzados por los acontecimientos del 2 de Mayo en Madrid, los estudiantes derriban la estatua de Godoy, y la ciudad se levanta en armas. Se crea una Junta de Defensa, similar a las que se crean en otras localidades como Ciudad Rodrigo. Pero, la excitación y el ardor duran poco tiempo. Los franceses alertados, creyendo ver perdida una plaza de vital importancia, caen sobre la ciudad de Salamanca y la convierten en un bastión inexpugnable. Disponen los dos cerros sobre el Tormes a modo de fortín y la población vive la etapa más negra. Incluso la Universidad interrumpe sus clases por primera vez en su historia, y sufre parón del que ya no logrará reponerse.
Se construyen fosos, y se somete a la ciudad a una reforma urbanística de consideración militar.
Se derriban varios monumentos, conventos, palacetes, etc y se somete a la ciudad al saqueo. 
Es comentario muy extendido, que los objetos de plata de las hornacinas de la Catedral Vieja fueron sustraidas de manos del propio José Bonaparte envueltas en un manto.
La administración francesa instaura unos impuestos desorbitados a la población, y la artilleria termina por minar la moral de los salmantinos.
Entre 1809 y 1812 (fecha en que tiene lugar la célebre Batalla de los Arapiles, con las cúpulas de la ciudad en el horizonte del campo de batalla), Salamanca se encuentra en poder de los franceses.

En una tierra en la que el hombre nacía sobre el caballo
Desde que las legiones romanas penetraron en Salamanca y se sorprendieron de la destreza y habilidad como jinetes de sus habitantes, los vettones, hasta el punto de incorporarlos a su ejercito como tropas de caballería, han cambiado pocas cosas en esta tierra.
Hoy en día, quizá nos lamentemos de muchas cosas que ya no son ni serán lo que fueron, entre ellas la del uso del caballo, en una provincia de marcado caracter ganadero, en la que el uso de este animal fue siempre imprescindible. "Ya no quedan buenos garrochistas, ni mozos de vacada como los de antes ..." - dicen nuestros ancianos.
Pero en el siglo XVIII, todavía los hombres de Salamanca pertenecían a una casta especial.
Todavía los había cuando el 3 de junio de 1774 nace en la aldea de Muñoz, cerca de Ciudad Rodrigo, un niño al que sus padres llaman Julián.
Así figura en el libro parroquial:

"En la iglesia del señor San Pedro, de Muñoz, el cura párroco don Manuel Bazas, bautizó solemnemente y puso los Santos Oleos, el día 3 de junio de 1774, a un niño que nació tres o cuatro días antes y se llamó Julián, hijo lexítimo de Lorenzo Sánchez, natural y vecino de este pueblo, y de Inés García, natural de Peramato: Abuelos paternos Antonio Sánchez y Francisca García, aquel natural de este pueblo y ella de Pedraza, obispado de Ciudad Rodrigo. Maternos Juan García, natural de Buena Madre y de María Arroyo, natural de Santiz, obispado de Ciudad Rodrigo: fue su padrino Julián Sánchez con su muger Josefa Sánchez vecinos de este mismo que son avisados del parentesco espiritual y demás obligaciones…"

La infancia de Julián discurre como la de cualquier otro niño de aquella época y de aquella tierra, robando tiempo a las obligaciones del trabajo y las tareas del campo para jugar e inventar correrías.
Hasta que con 19 años, Julián y otros de su misma quinta se incorpora al Regimiento de Infantería "Mallorca", para participar en la guerra que en aquel tiempo España mantenía contra Francia, a las órdenes del general Ricardos.
El joven Julián Sánchez llega a Tolón, y se ve inmerso en la derrota que un joven general francés en auge llamado Napoleón Bonaparte infringe a los españoles. En la retirada Julián es herido por siete trozos de metralla.
Cartagena, Figueres, Montbou, Mahón... son algunos de sus siguientes destinos. Llegando incluso a caer prisionero durante 18 meses, tras la acción de Llers.
Tras esto viaja a Cádiz, donde presencia el asedio y bombardeo de la flota del almirante británico Nelson, ya que ahora (por azares de la política) los ingleses son enemigos, a cambio de la alianza franco-española.
En la defensa de Cádiz, Julián cae herido por la explosión de un proyéctil inglés que lacera su cuerpo.
Una vez repuesto, se incorpora de nuevo al regimiento "Mallorca" en Mérida, y en 1801, estalla la guerra entre Portugal y España, en la que Julián toma parte en la acción de Aldea da Mata en un ataque a balloneta calada.

Después de este intenso periplo que marca su vida, Julián finaliza su compromiso militar. Licencian a las tropas y Julián, con 27 años, regresa a casa, con su familia, a su querida Salamanca, para retomar  las labores del campo, con el petate repleto de anecdotas sobre los horrores de la guerra.
Allí contrae matrimonio con Cecilia Nuriel García, y vive con su madre (ya viuda) y sus tres hermanas solteras. 
Trabaja como mozo y posteriormente como mayoral  en una finca del campo salmantino. Y se dedica con humildad a lo que cientos de generaciones de paisanos suyos  se dedicaría. En una tierra en la que el hombre nacía sobre el caballo. 

 Por testimonios dejados por un coetáneo suyo sabemos que: "…Julián era hombre de alta estatura, pelo rubio, cara ovalada, barba poblada, de extraordinaria fuerza, muy acostumbrado en el manejo de la garrocha –había sido mayoral de una de las principales toradas- , su golpe era siempre certero".

Pero estalla la guerra. De nuevo la palabra "guerra". Salamanca palpita durante los primeros meses de 1808. Los franceses han invadido la Peninsula para someterla.
 Nadie sabe por qué motivo, Julián se incorpora al ejército de nuevo. Las crónicas de los que le conocieron coinciden en afirmar que fue debido a una afrenta que los soldados franceses infringieron a su madre y hermanas, nada más iniciada la contienda. Para lavar la mancha y vengar la injuria, Julián se alista  el 15 de agosto de 1808 en el batallón de Voluntarios de Ciudad Rodrigo. 

Según las crónicas, Julián aparece portando "…su propio caballo, armamento y vestuario…".
Desde el primer momento, desdeña las costumbres, atavíos y fórmulas militares al uso y pone bien claras sus condiciones. Las cosas se harán a su manera o no se harán.  Está en su territorio y con los suyos.
Se obceca en no utilizar la silla de montar inglesa empleada por los ejércitos de caballería europeos de la época y se empeña en usar la suya propia: La clásica montura vaquera autóctona, que confiere una mejor movilidad y más facilidad para balancearse sobre la grupa, y para cargar con más fuerza,  soltura y velocidad con la garrocha.
Desprecia las lanzas convencionales y utiliza la garrocha clásica usada en las labores de gobierno de las reses.

Con esta actitud, es nombrado Cabo 1º el 20 de agosto; Sargento, el 1º de octubre y el 15 de febrero del siguiente año  alcanza el grado de Alférez. Entonces es cuando Julián inicia sus primeras acciones y decide salir de Ciudad Rodrigo cansado de esperar. 
Capitanea un grupo de 12 lanceros salmantinos, uniformados a la usanza del país, con el típico traje charro, ideal para la monta vaquera y se lanza a los campos y dehesas en busca de los franceses.
En ese momento, acaba de nacer una leyenda

Julián Sánchez, El Charro: El Mito
Una de sus primeras acciones consiste en atacar un convoy francés en las inmediaciones de Vitigudino. Toma cinco prisioneros. Al día siguiente y sin darles descanso, sorprende a los galos en el puente de Yecla, tomando otros quince prisioneros.
Tras estos dos primeros tiunfos, se suceden uno tras otro los ataques sorpresivos contra las lineas de comunicación francesas, las caravanas, y los destacamentos hasta el punto de que el nombre de Julián Sánchez se oye ya en los cuatro puntos cardinales de Salamanca. 
Cualquier intento de penetración en los dominios de "El Charro" (nombre por el que empieza a ser conocido en la guerrilla española) por parte de los franceses tiene todas las de perder. Cada vez que un regimiento galo trata de atravesar los campos salmantinos para enlazar con uno u otro frente, el pánico se apodera de la tropa.
Se refuerzan los efectivos, para escoltar los transportes entre Portugal y España, de vital importancia, y se dobla la atención ante el miedo de ver aparecer entre la espesura de los encinares, la silueta de unos jinetes vestidos con traje charro armando la garrocha para atacarles.
No les verán nunca. Julián y sus hombres vigilan sus movimientos en la invisibilidad más absoluta., sobre la grupa de sus corceles.
Los franceses han cometido dos errores. Por un lado, hacer frente a un hombre con una preparación militar previa que se bate en su terreno, que conoce sus secretos, y que juega a la guerra de la misma manera que si estuviese gobernando una manada de toros. Los ternerillos galos son sometidos continuamente al acoso y derribo de los charros.
Por otro lado, los franceses jamás debieron cruzar la linea. Internarse en La Charrería les costará la vida.

La fama de Julián Sánchez se acrecienta día a día. En poco tiempo sus hombres forman ya un grupo de 80 voluntarios que cabalgan vestidos a la usanza del país. 
Recorre los campos y sierras de Salamanca, atacando y persiguiendo franceses. Al tiempo que recluta hombres por los pueblos y aldeas por los que pasa. 
Pregunta y se interesa por los mejores jinetes de cada localidad, los más expertos y diestros en el manejo de la espuela, la brida y la garrocha. Para ello cuenta con mayorales, mozos de vacada, ganaderos, e incluso arrieros ordinarios (se les llamaba "ordinarios" por ser  de mensajeria urgente, y normalmente llevaban el correo entre localidades distantes. Acostumbrados a cruzar la provincia a toda velocidad, y conocedores de los mejores atajos y cañadas para ganar tiempo).
Para ello, prueba y evalúa a los hombres, quedándose solo con los mejores. Cada uno porta su caballo, se les provee de una garrocha y se les hace evolucionar sobre el caballo para examinar su destreza. Mira detenidamente como galopan con y sin estribos, como cambian de mano en la diagonal, como giran a la media vuelta, como miden el repris, y como se inclinan sobre la montura. Escoge a los que más le gustan y los une al grupo guerrillero.

No tarda en acumular una partida que pasará a llamarse de "Los Doscientos de Don Julián", que se adscribe al cuerpo comandado por el general inglés Wilson, pero con autonomía propia, llevando a cabo sus propios métodos y su propia filosofía.
Parten en sus correrías de los cuateles generales de las Sierras de Francia, Gata y Béjar que Wellington a dispuesto de manera longitudinal.
Poco tiempo después, el número de guerrilleros se hace tan grande que pasa a denominarse Regimiento Ligero de Lanceros de Castilla,  y por último acaba constituyendo la Brigada de Don Julián. Nombre con que el ejército lo denomina a partir de 1810.

Hallándose de Capitán graduado con sus hombres en Ciudad Rodrigo, el día 11 de febrero de 1810 ven llegar al mariscal francés Ney, quien al frente de su VI Cuerpo de Ejército, compuesto de nada menos que 20.000 de Infantería, 2.000 de a caballo y numerosa artillería, se sitúa entre Vitigudino y Alba de Tormes, situando pequeños destacamentos en el tránsito entre Salamanca y Ciudad Rodrigo. 
Los ataca don Julián en Rollán, al Sur de Ledesma, siendo los franceses 200 de Caballería y 150 de Infantería, causándoles doce muertos y robándoles varias caballerias. A final de mesdispersa a 360 soldados franceses al Ejercito de la Izquierda.
Poco después Ney y su ejército se presenta ante las puertas de Ciudad Rodrigo y asedia la ciudad, el mismo día en que Julián era nombrado Teniente Coronel.
Anticipadamente, efectivos de otras partidas guerrilleras han acudido para defender la plaza. Entre otros, los hombres de El Empecinado.

Ney trata de intimidar al gobernador militar de la plaza, el valeroso general Andrés Pérez de Herrasti.
A pesar de los consejos de Andrés Peréz de Herrasti, al dia siguiente, un grupo de garrochistas charros salen de la ciudadela a galope tendido por iniciativa propia. Son Don Julián y sus hombres, que sorprenden a los franceses causandoles graves bajas y obligandoles a levantar el campamento, para después regresar rapidamente al interior de las murallas de Ciudad Rodrigo, apoyados por soldados de infanteria que han salido a cubrirles. 
Ney comprende la inutilidad de su artilleria para batir la ciudad y se retira temporalmente a San Felices de los Gallegos.
Engallado don Julián, sale con sus hombres  (que en este momento ya son 340)   en persecución y hostigamiento de los franceses.  Los humilla varias veces en La Fuente de San Esteban, La Moralita y Las lagunas del Cristo. Los franceses se han equivocado: para desenvolverse en ese terreno hay que ser o toro o charro. 17 franceses muertos, 84 prisioneros (incluido el unico oficial que quedó con vida) y 62 caballos.

El 25 de Abril, el ejército francés se dispone a proseguir el interrumpido bloqueo a Ciudad Rodrigo.
Los franceses avanzan muy lentamente en sus posiciones hacia la ciudad.Y es que  El Charro no cesa de atacar a los destacamentos y avanzadillas francesas. Todos los dias salen por las puertas de Ciudad Rodrigo una partida de jinetes con traje charro, y a la caida del sol regresan aclamados por los mirobrigenses al verlos llegar por el horizonte sanos y salvos, altivos y erguidos sobre los caballos y con las casacas de los franceses pendiendo de las garrochas.

El dia 30 de Abril, con 120 jinetes atacan una columna francesa formada por 200 Dragones de la Guardia Imperial y 150 Tiradores, haciéndoles retroceder.

Andrés Perez de Herrasti obliga a Julián y sus hombres a abandonar Ciudad Rodrigo ante el cariz que estaba tomando el asedio. De mala gana,  Julián y sus 260 garrochistas supervivientes salen de la ciudad y se dirigen hacia las inmediaciones de Segovia del Doctor, para llegar a Ledesma donde tendrán que unirse a las tropas del general español La Carrera. Para romper el cerco francés que les impide salir, cruzan la dehesa de Hernando sorprendiendo a los galos nuevamente y quebrantando sus lineas.

Una vez en Ledesma, junto a La Carrera, le llega a Julián el nombramiento de Coronel para encargarse del mando de todos los ejércitos guerrilleros que operaban entre el Tajo y el Duero. Bajo sus órdenes estan ahora partidas como las de "El Cura Violado", Vicente Olivera, etc. En total suponen 700 jinetes, unos 1000 de a pie y dos cañones. 
En su ausencia, Ciudad Rodrigo cae en poder de los franceses, después del largo asedio.

En esta nueva etapa, se suceden varias victorias: un combate en Muñoz donde tras varias horas de lucha derrotan a un fuerte destacamento francés, los ataques a la plaza de Almeida y sobre todo la acción de Fuentes de Oñoro, donde entre los dias 3 y 5 de mayo de 1811 los lanceros charros persiguen y aniquilan las columnas francesas tomando 105 prisioneros.
Desde la acción de Fuentes de Oñoro y hasta la llegada de Marmont y Dorsenne a Ciudad Rodrigo, el 13 de septiembre, don Julián se bate el 23 de mayo en el Cristo de la Laguna;Tambien lo hace  por San Muñoz y Cabrillas atacando un convoy protegido por cuatrocientos cincuenta de Infanteria a los que infringe unas pérdidas de trescientos setenta muertos, heridos y prisioneros.Y otras acciones de menos valoración pero sin embargo de gran interés.
El 15 de octubre con dos compañías de lanceros toma prisionero al general Reynaud, gobernador militar de Ciudad Rodrigo, y mediante una maniobra de destreza vaquera se apodera de más de 500 cabezas de ganado que tenían los franceses en aquellas inmediaciones. Alertados los galos, salió la caballería en persecución de don Julián, el cual contando  con esa reacción, les sorprende una vez más infringiéndoles una muy grave derrota.

Anecdotas recogidas por los cronistas de la época aparecen muchas. 
Por aquellas fechas, Salamanca continúaba ocupada por las tropas francesas, al mando de Dorsenne.
El día de San Pedro era costumbre acudir a una romería en el Zurguén, en la zona extramuros de la ciudad, junto al rio, que se amenizaba con bailes y juegos, con que sobrellevar el estado animico de la población. 
A pesar de las advertencias de Julián Sánchez, varios guerrilleros charros con familiares y amigos en Salamanca quisieron acercarse hasta el lugar para departir con sus paisanos y compartir el ambiente festivo. Así lo hicieron. Cuando la multitud vio acercarse a los jinetes, se hizo el silencio y acto seguido estalló el albozozo. Rapidamente corrio la voz entre los soldados, algunos de los cuales habían acudido a la festividad y temieron que se tratase de una avanzadilla de los hombres de Julián Sánchez dispuestos a atacarles. 
Los jinetes, que no eran más que cinco, descendieron del caballo, y manteniendo sujeta la brida charlaron con sus paisanos durante un rato. Al escuchar  tambores y clarines avisando a la tropa para echarse a las armas, volvieron a montar y se despidieron lanzando vivas a Salamanca. Alejandose  al paso, se deshicieron  con la garrocha de algun soldado francés interpuesto en su camino y desaparecieron en el horizonte por el camino de Rollán.. Cuando la primera columna francesa acudió al lugar, encontraron a  la poblacíon enardecida y fuera de sí dando vivas a Don Julián Sánchez y a Salamanca. Estos eran  los nombresde los cinco jinetes :
ANDRÉS SÁNCHEZ, de Vilvis;
BALTASAR SÁNCHEZ, de Ruelos;
ANGEL PÉREZ, de Rollán;
BALTASAR MOÑITA, de Monterrubio de la Sierra
AMBROSIO GASCÓN, de la Sierra de Francia

Todavía hoy en día, pueden escucharse en algunos  pueblos de Salamanca personas que guardan como un tesoro familiar la historia que vincula a alguno de estos nombres como antepasados suyos.
Espectacular es también aquella anécdota en la que Julián Sánchez habiendo perdido el caballo en una refriega contra los franceses es avisado de que el caballo ha sido regalado  como botín de guerra al propio Dorsenne en persona, gobernador militar de Salamanca, el cual se regocija ante el hecho de montar sobre el corcel  del heroe de la población salmantina, al que veneran como a un Mesías. 
Julián se presenta en Salamanca de incognito, y cuando Dorssene pasa revista a las tropas en el puente, a lomos del caballo, éste sale de entre la muchedumbre asistente  y se precipita sobre el jinete. A la voz del amo el caballo inicia una vertiginosa carrera por el camino de Ciudad Rodrigo. Al poco rato Julián se deshace de Dorsenne arrojandolo de la montura a la altura de la Pescantía, mientras los franceses lo persiguen incapaces de alcanzarle ante su endiablada velocidad sobre la grupa.
 

El General Wellington cae rendido ante la arrolladora personalidad de Julián Sánchez y sus hombres. Debido a que la partida guerrillera de El Charro se autofinanciaba a si misma, y no recibía ayuda alguna del ejército, sobreviviendo a través de las ayudas de la población civil salmantina y de sus saqueos a las tropas francesas, Wellington trata de convencer al Consejo de Regencia de que la Brigada de Don Julián se adscriba al cuerpo de ejército que el manda, acarreando los gastos que estos generen a traves de la Hacienda Publica británica. Esto ocurre a finales de 1811.

A raiz de esta nueva situación, Julian y sus hombre son obligados a cambiar de uniforme y sustituirlo por uno más marcialmente diseñado, al gusto de los ejércitos de la época, perdiendo el carácter que hasta entonces les confería el vestir a la usanza salmantina. El nuevo uniforme consiste en: Ropaje de color rojo con vivos y alamares dorados, pelliza al tercio (al estilo de los Húsares), casco enfundado de pelo negro y manga encarnada. La caballería dejará el uso de su clásica montura vaquera y comienza a utilizar la montura inglesa.
Para unos este hecho supone el final del mito. Aunque la aureola legendaria de Don Julián y sus garrochistas charros se alarga por mucho tiempo más, dejando las pisadas de sus caballos por buena parte de España. Supone un punto de inflexión, en el que se abre paso una etapa más grandiosa pero menos romática, eso si. Con la adscripción de los gurrilleros charros al cuerpo del general Wellington las cosas cambian en cierto modo, aunque la filosofía siga siendo la misma que la de aquellos doce garrochistas que se atrevieron a salir con Julián por primera vez.
Como ahora veremos, después de la Batalla de Arapiles, en la que se midieron españoles, franceses, portugueses e ingleses, y que determinó el curso de la contienda a favor de los aliados, el frente se moverá velozmente hacia el norte de la peninsula. Julián y sus hombres salen de Salamanca para expulsar a los franceses en su huida. El polvo que levanten las herraduras de sus caballos llegará a media España.

Estampida charra
El 29 de Noviembre tiene lugar un combate en San Muñoz (Salamanca) con victoria para los charros.
Durante los ataques de Wellington a Ciudad Rodrigo, para liberar a la ciudad, Julián y sus jinetes cortan todas y cada una de las comunicaciones francesas.
Y entonces llega el gran dia. El 22 de julio de 1812, entre las ocho de la mañana y las tres de la tarde, tiene lugar en las inmediaciones de Salamanca la Batalla de Los Arapiles, en el paraje del mismo nombre. La Batalla de Los Arapiles (aunque los ingleses la denominan Batalla de Salamanca) pasó a la historia por ser una de las dos más multitudinarias de la historia, junto con la de Waterloo. Perdieron la vida 14.000 franceses y 5000 aliados. Hubo 8 generales muertos y varios heridos, incluido el propio Marmont.
Tras varias horas de lucha, Wellington vence a Marmont en el Arapil Grande.
Julián y sus hombres recogen 500 prisioneros y varias piezas de artilleria.
La cultura tradicional nos ha legado varias coplas sobre aquellla jornada:
 

"Favor le pido a Jesús
y a la Virgen Sacra y Bella
para poder explicar
la batalla más sangrienta,
el más ejemplar combate
que habido en nuestra tierra
en España con Portugal
la Francia con Inglaterra
sólo habido en nuestra España
esta batalla sangrienta........"

Despues de este duro golpe, el ejercito francés se ve obligado a retroceder e ir abandonando posiciones.
Julián y sus garrochistas marchan a Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) y desde allí los persigue nada menos que hasta Burgos, causándoles no menos de 500 bajas. Durante la persecución tienen lugar combates como el del 17 de septiembre, prolongado por los campos entre Torrepadierne y la propia ciudad de Burgos. Finalmente, los charros entran en Burgos el dia 18 aclamados por la población.

El 11 de Mayo de 1813, en Pampliega, cerca de Burgos, acomete a los enemigos y toma 37 prisioneros y gran numnero de caballerías.
Por los montes de Alava realizan operaciones diversas  estorbando los asentamientos y comunicaciones francesas, vigilando e impidiendo los movimientos de los imperiales antes de la batalla de Vitoria, el 21 de junio. 
Tienen lugar varios combates en la Sierra de Andía y siguiendo los movimientos del general Clausel se dirige a Navarra y el Bajo Aragón. 
Tras esto se reune con las tropas de Espoz y Mina y el dia 2, los lanceros charros penetran en Zaragoza.

Después, prosigue en sus acciones, ahora hacia tierras catalanas, asediando a los franceses por el Cinca.Están en Fraga el 14 de septiembre y toma parte en el asalto final del día 19. Seguirá a Mequinenza, Lérida. Nada detiene el vendaval apocaliptico de sus jinetes. Nadie detiene la estampida.

Los últimos días del heróe
Tras el final de la guerra, muy poco se sabe del guerrillero salmantino. 
El General Palafox le nombra presidente del consejo de Guerra Permanente y en abril de 1816 Gobernador Militar de Santoña (Cantabria), lugar en el que fallece su esposa Cecilia, tres años más tarde.

En 1822 contrae matrimonio nuevamente con Juana Ignacia Velarde de Gandarillas.  Y a final del año es nombrado Gobernado militar de la provincia de Santander.

Incorporado el 15 de febrero de 1823 al 2º Ejército de Castilla, sale hacia Logroño y llega a la plaza el 17 de abril. Unos días antes el duque de Angulema al frente de "Los Cien mil Hijos de San Luis" había penetrado por el Bidasoa. Don Julián se los encuentra e iniciado el combate, se ve prontamente superado y es tomado prisionero tras ser derribado de su montura. 
El duque de Angulema le trata con relativa deferencia y le mantiene en calidad de agregado a su Cuartel General y con él entra en Madrid del 23 de mayo siguiente.
Don Julián es declarado en situación "de cuartel" en Madrid, por lo que solicita le sea permitido fijarlo en Salamanca donde tiene a su familia. Accede Fernando VII y le confina en Ledesma. Allí comienza a llevar la vida de relación con sus amistades de siempre, pero el Comandante General de Avila informa al Capitán General de Castilla la Vieja que la conducta de Don Julián "… se hace sospechosa por tener entrevistas con indefinidos y antiguos voluntarios de la Caballería,… y además el Inspector de Policía de mi provincia me ha mostrado cartas que aumentan las sospechas… Por lo que para la tranquilidad pública debería trasladársele el Cuartel a otra provincia donde fuese menos conocido…"

En febrero de 1824 es encarcelado en la Real Chancillería de Valladolid, y tras ágil resolución es puesto en libertad, como Inocente, a principios de 1828. Don Julián tiene cincuenta y cuatro años de edad y solicita se le abonen los sueldos devengados durante su prisión. Cosa que no sucedería hasta dos años después.

En agosto de 1828, don Julián, su esposa y su pequeño hijo Francisco Luis, se hallan confinados en el pueblo de Etreros, provincia de Segovia, donde fallece su hijo el día 30 de aquel mes. Algo después el 30 de mayo de 1829 nace su hija Rosa Petronila, que dos años después, el 4 de octubre de 1831 fallece también en aquella población

Julián Sánchez, El Charro, la leyenda, se rinde, agotado y cansado de bregar en la tienta de los vivos, después de una agitada existencia.
Murió el 19 de Octubre de 1832, en Etreros. Aquel día, el jinete salmantino más famoso de todos los tiempos descabalgó de su montura definitivamente.

Hace 16 años, la villa de Etreros cedió los restos mortales de Julián Sánchez a la ciudad de Salamanca, donde estuvieron depositados varios meses, en la Torre del Clavero, rindiendosele honores militares. El feretro recorrió las calles de la ciudad entre aplausos y vitores de millares de salmantinos, las campanas de los cientos de campanarios de Salamanca retumbaron para homenajearle y se lanzaron al aire más salvas aquel día que en los de los entierros de cualquier monarca o jefe de estado.
Posteriormente, el ayuntamiento de Salamanca cedió a su vez los restos de El Charro al ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, ciudad en la que descansan actualmente. 
 

A veces, todavía hoy, puede verse en mitad de las dehesas, a través de la bruma matinal y la verde espesura de los prados y los encinares, la erguida silueta fantasmagórica de un jinete altivo, sobre un caballo blanco. Que mira fijamente y arma su garrocha. Y como poco a poco, su figura se pierde con la bruma y el lejano tintineo de unas espuelas.

Todavía,y  mucha gente así lo piensa, El Charro continúa galopando por los campos salmantinos.
O quizá solo sea el embustero rumor del viento interpretando el sonido de los cascos de un caballo, perdidos en el tiempo.
 



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Mapa de la batalla de Ciudad Rodrigo
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Firma de Juliám Sánchez
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Batalla de Los Arapiles, Grabado
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Distinción de la Batalla de Ciudad Rodrigo
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Distinción de la Batalla de Tamames
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Mapa Guerra Independencia, s XIX
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


El Charro, con el nuevo uniforme marcial