| Existe
un corto pero intenso periodo de la historia de España conocido
como Guerra de la Independencia, en el que los ciudadanos de un estado
en decadencia como el nuestro hemos querido ver reflejada nuestra particular
Epopeya Nacional, para glorificar y limpiar la hoja de servicios de tres
siglos plagados de desastres y despropósitos. Para reavivar nuestro
orgullo, siempre de capa caida, y nuestro acomplejado espíritu,
los que nos transmiten oralmente la tradición y la historia, en
definitiva, nos han legado una imagen heroica, mítica y a veces,
incluso grotesca, de esa etapa bélica en la que el pueblo llano
expulsa de su solar al invasor galo, obligados por la pasividad,
y puede que la complicidad de unos monarcas y unos gobernantes realmente
inútiles.
El pueblo
es el protagonista de este cuento. Eso es quizá lo que más
enorgullece al que la escucha.
Por ella
deambulan personajes venidos del escalafón más humilde de
la sociedad. Son campesinos, labriegos, hijos de prostitutas, incluseros,
bandoleros de Sierra Morena ... Los héroes, los que enderezaron
el curso de la historia.
Nombres
como el de Agustina de Aragón, El Empecinado ... Sería casi
imposible enumerarlos todo, ya que en cada región, y comarca aparece
un heroe local embebido en una aureola mítica, y en un relato plagado
de alabanzas hacia el defensor de los intereses del pueblo contra el gabacho.
¿y
en Salamanca? También. Como no podía ser de otra manera.
La provincia salmantina aparece en ese contexto como parte enormemente
implicada. No olvidemos que la entrada de los franceses en España,
supone un plan encubierto por Napoleón para hacerse con toda la
península con la excusa de invadir la vecina Portugal, ayudado por
la política "afrancesada" de aquellos años.
Durante
la contienda, Salamanca se convierte en un punto estratégico y en
un valuarte militar para las tropas francesas, por su cercanía al
frente portugués. Caravanas militares, convoyes de artilleria y
de avituallamiento e hileras inmensas de regimientos atraviesan sin cesar
la provincia.
Se producen
choques como el de la Batalla de Tamames, o el asalto a Alba de Tormes,
y la renombrada y casi definitiva Batalla de Arapiles* , que significa
el punto de inflexión de la contienda, a partir del cual el ejercito
francés inicia su retirada hacia el norte.
En 1801,
15.000 franceses entran en Salamanca para preparar la guerra contra Portugal.
Ya se empieza a intuir lo que vendría después. Siete años
más tarde, azuzados por los acontecimientos del 2 de Mayo en Madrid,
los estudiantes derriban la estatua de Godoy, y la ciudad se levanta en
armas. Se crea una Junta de Defensa, similar a las que se crean en otras
localidades como Ciudad Rodrigo. Pero, la excitación y el ardor
duran poco tiempo. Los franceses alertados, creyendo ver perdida una plaza
de vital importancia, caen sobre la ciudad de Salamanca y la convierten
en un bastión inexpugnable. Disponen los dos cerros sobre el Tormes
a modo de fortín y la población vive la etapa más
negra. Incluso la Universidad interrumpe sus clases por primera vez en
su historia, y sufre parón del que ya no logrará reponerse.
Se construyen
fosos, y se somete a la ciudad a una reforma urbanística de consideración
militar.
Se derriban
varios monumentos, conventos, palacetes, etc y se somete a la ciudad al
saqueo.
Es comentario
muy extendido, que los objetos de plata de las hornacinas de la Catedral
Vieja fueron sustraidas de manos del propio José Bonaparte envueltas
en un manto.
La administración
francesa instaura unos impuestos desorbitados a la población, y
la artilleria termina por minar la moral de los salmantinos.
Entre
1809 y 1812 (fecha en que tiene lugar la célebre Batalla de los
Arapiles, con las cúpulas de la ciudad en el horizonte del campo
de batalla), Salamanca se encuentra en poder de los franceses.
En
una tierra en la que el hombre nacía sobre el caballo
Desde
que las legiones romanas penetraron en Salamanca y se sorprendieron de
la destreza y habilidad como jinetes de sus habitantes, los vettones, hasta
el punto de incorporarlos a su ejercito como tropas de caballería,
han cambiado pocas cosas en esta tierra.
Hoy en
día, quizá nos lamentemos de muchas cosas que ya no son ni
serán lo que fueron, entre ellas la del uso del caballo, en una
provincia de marcado caracter ganadero, en la que el uso de este animal
fue siempre imprescindible. "Ya no quedan buenos garrochistas, ni mozos
de vacada como los de antes ..." - dicen nuestros ancianos.
Pero
en el siglo XVIII, todavía los hombres de Salamanca pertenecían
a una casta especial.
Todavía
los había cuando el 3 de junio de 1774 nace en la aldea de Muñoz,
cerca de Ciudad Rodrigo, un niño al que sus padres llaman Julián.
Así
figura en el libro parroquial:
"En
la iglesia del señor San Pedro, de Muñoz, el cura párroco
don Manuel Bazas, bautizó solemnemente y puso los Santos Oleos,
el día 3 de junio de 1774, a un niño que nació tres
o cuatro días antes y se llamó Julián, hijo lexítimo
de Lorenzo Sánchez, natural y vecino de este pueblo, y de Inés
García, natural de Peramato: Abuelos paternos Antonio Sánchez
y Francisca García, aquel natural de este pueblo y ella de Pedraza,
obispado de Ciudad Rodrigo. Maternos Juan García, natural de Buena
Madre y de María Arroyo, natural de Santiz, obispado de Ciudad Rodrigo:
fue su padrino Julián Sánchez con su muger Josefa Sánchez
vecinos de este mismo que son avisados del parentesco espiritual y demás
obligaciones…"
La infancia
de Julián discurre como la de cualquier otro niño de aquella
época y de aquella tierra, robando tiempo a las obligaciones del
trabajo y las tareas del campo para jugar e inventar correrías.
Hasta
que con 19 años, Julián y otros de su misma quinta se incorpora
al Regimiento de Infantería "Mallorca", para participar en la guerra
que en aquel tiempo España mantenía contra Francia, a las
órdenes del general Ricardos.
El joven
Julián Sánchez llega a Tolón, y se ve inmerso en la
derrota que un joven general francés en auge llamado Napoleón
Bonaparte infringe a los españoles. En la retirada Julián
es herido por siete trozos de metralla.
Cartagena,
Figueres, Montbou, Mahón... son algunos de sus siguientes destinos.
Llegando incluso a caer prisionero durante 18 meses, tras la acción
de Llers.
Tras
esto viaja a Cádiz, donde presencia el asedio y bombardeo de la
flota del almirante británico Nelson, ya que ahora (por azares de
la política) los ingleses son enemigos, a cambio de la alianza franco-española.
En la
defensa de Cádiz, Julián cae herido por la explosión
de un proyéctil inglés que lacera su cuerpo.
Una vez
repuesto, se incorpora de nuevo al regimiento "Mallorca" en Mérida,
y en 1801, estalla la guerra entre Portugal y España, en la que
Julián toma parte en la acción de Aldea da Mata en un ataque
a balloneta calada.
Después
de este intenso periplo que marca su vida, Julián finaliza su compromiso
militar. Licencian a las tropas y Julián, con 27 años, regresa
a casa, con su familia, a su querida Salamanca, para retomar las
labores del campo, con el petate repleto de anecdotas sobre los horrores
de la guerra.
Allí
contrae matrimonio con Cecilia Nuriel García, y vive con su madre
(ya viuda) y sus tres hermanas solteras.
Trabaja
como mozo y posteriormente como mayoral en una finca del campo salmantino.
Y se dedica con humildad a lo que cientos de generaciones de paisanos suyos
se dedicaría. En una tierra en la que el hombre nacía sobre
el caballo.
Por
testimonios dejados por un coetáneo suyo sabemos que: "…Julián
era hombre de alta estatura, pelo rubio, cara ovalada, barba poblada, de
extraordinaria fuerza, muy acostumbrado en el manejo de la garrocha –había
sido mayoral de una de las principales toradas- , su golpe era siempre
certero".
Pero estalla
la guerra. De nuevo la palabra "guerra". Salamanca palpita durante los
primeros meses de 1808. Los franceses han invadido la Peninsula para someterla.
Nadie
sabe por qué motivo, Julián se incorpora al ejército
de nuevo. Las crónicas de los que le conocieron coinciden en afirmar
que fue debido a una afrenta que los soldados franceses infringieron a
su madre y hermanas, nada más iniciada la contienda. Para lavar
la mancha y vengar la injuria, Julián se alista el 15 de agosto
de 1808 en el batallón de Voluntarios de Ciudad Rodrigo.
Según
las crónicas, Julián aparece portando "…su propio caballo,
armamento y vestuario…".
Desde
el primer momento, desdeña las costumbres, atavíos y fórmulas
militares al uso y pone bien claras sus condiciones. Las cosas se harán
a su manera o no se harán. Está en su territorio y
con los suyos.
Se obceca
en no utilizar la silla de montar inglesa empleada por los ejércitos
de caballería europeos de la época y se empeña en
usar la suya propia: La clásica montura vaquera autóctona,
que confiere una mejor movilidad y más facilidad para balancearse
sobre la grupa, y para cargar con más fuerza, soltura y velocidad
con la garrocha.
Desprecia
las lanzas convencionales y utiliza la garrocha clásica usada en
las labores de gobierno de las reses.
Con esta
actitud, es nombrado Cabo 1º el 20 de agosto; Sargento, el 1º
de octubre y el 15 de febrero del siguiente año alcanza el
grado de Alférez. Entonces es cuando Julián inicia sus primeras
acciones y decide salir de Ciudad Rodrigo cansado de esperar.
Capitanea
un grupo de 12 lanceros salmantinos, uniformados a la usanza del país,
con el típico traje charro, ideal para la monta vaquera y se lanza
a los campos y dehesas en busca de los franceses.
En ese
momento, acaba de nacer una leyenda
Julián
Sánchez, El Charro: El Mito
Una de
sus primeras acciones consiste en atacar un convoy francés en las
inmediaciones de Vitigudino. Toma cinco prisioneros. Al día siguiente
y sin darles descanso, sorprende a los galos en el puente de Yecla, tomando
otros quince prisioneros.
Tras
estos dos primeros tiunfos, se suceden uno tras otro los ataques sorpresivos
contra las lineas de comunicación francesas, las caravanas, y los
destacamentos hasta el punto de que el nombre de Julián Sánchez
se oye ya en los cuatro puntos cardinales de Salamanca.
Cualquier
intento de penetración en los dominios de "El Charro" (nombre por
el que empieza a ser conocido en la guerrilla española) por parte
de los franceses tiene todas las de perder. Cada vez que un regimiento
galo
trata de atravesar los campos salmantinos para enlazar con uno u otro frente,
el pánico se apodera de la tropa.
Se refuerzan
los efectivos, para escoltar los transportes entre Portugal y España,
de vital importancia, y se dobla la atención ante el miedo de ver
aparecer entre la espesura de los encinares, la silueta de unos jinetes
vestidos con traje charro armando la garrocha para atacarles.
No les
verán nunca. Julián y sus hombres vigilan sus movimientos
en la invisibilidad más absoluta., sobre la grupa de sus corceles.
Los franceses
han cometido dos errores. Por un lado, hacer frente a un hombre con una
preparación militar previa que se bate en su terreno, que conoce
sus secretos, y que juega a la guerra de la misma manera que si estuviese
gobernando una manada de toros. Los ternerillos galos son sometidos continuamente
al acoso y derribo de los charros.
Por otro
lado, los franceses jamás debieron cruzar la linea. Internarse en
La Charrería les costará la vida.
La fama
de Julián Sánchez se acrecienta día a día.
En poco tiempo sus hombres forman ya un grupo de 80 voluntarios que cabalgan
vestidos a la usanza del país.
Recorre
los campos y sierras de Salamanca, atacando y persiguiendo franceses. Al
tiempo que recluta hombres por los pueblos y aldeas por los que pasa.
Pregunta
y se interesa por los mejores jinetes de cada localidad, los más
expertos y diestros en el manejo de la espuela, la brida y la garrocha.
Para ello cuenta con mayorales, mozos de vacada, ganaderos, e incluso arrieros
ordinarios (se les llamaba "ordinarios" por ser de mensajeria urgente,
y normalmente llevaban el correo entre localidades distantes. Acostumbrados
a cruzar la provincia a toda velocidad, y conocedores de los mejores atajos
y cañadas para ganar tiempo).
Para
ello, prueba y evalúa a los hombres, quedándose solo con
los mejores. Cada uno porta su caballo, se les provee de una garrocha y
se les hace evolucionar sobre el caballo para examinar su destreza. Mira
detenidamente como galopan con y sin estribos, como cambian de mano en
la diagonal, como giran a la media vuelta, como miden el repris, y como
se inclinan sobre la montura. Escoge a los que más le gustan y los
une al grupo guerrillero.
No tarda
en acumular una partida que pasará a llamarse de "Los Doscientos
de Don Julián", que se adscribe al cuerpo comandado por el general
inglés Wilson, pero con autonomía propia, llevando a cabo
sus propios métodos y su propia filosofía.
Parten
en sus correrías de los cuateles generales de las Sierras de Francia,
Gata y Béjar que Wellington a dispuesto de manera longitudinal.
Poco
tiempo después, el número de guerrilleros se hace tan grande
que pasa a denominarse Regimiento Ligero de Lanceros de Castilla,
y por último acaba constituyendo la Brigada de Don Julián.
Nombre con que el ejército lo denomina a partir de 1810.
Hallándose
de Capitán graduado con sus hombres en Ciudad Rodrigo, el día
11 de febrero de 1810 ven llegar al mariscal francés Ney, quien
al frente de su VI Cuerpo de Ejército, compuesto de nada menos que
20.000 de Infantería, 2.000 de a caballo y numerosa artillería,
se sitúa entre Vitigudino y Alba de Tormes, situando pequeños
destacamentos en el tránsito entre Salamanca y Ciudad Rodrigo.
Los ataca
don Julián en Rollán, al Sur de Ledesma, siendo los franceses
200 de Caballería y 150 de Infantería, causándoles
doce muertos y robándoles varias caballerias. A final de mesdispersa
a 360 soldados franceses al Ejercito de la Izquierda.
Poco
después Ney y su ejército se presenta ante las puertas de
Ciudad Rodrigo y asedia la ciudad, el mismo día en que Julián
era nombrado Teniente Coronel.
Anticipadamente,
efectivos de otras partidas guerrilleras han acudido para defender la plaza.
Entre otros, los hombres de El Empecinado.
Ney trata
de intimidar al gobernador militar de la plaza, el valeroso general Andrés
Pérez de Herrasti.
A pesar
de los consejos de Andrés Peréz de Herrasti, al dia siguiente,
un grupo de garrochistas charros salen de la ciudadela a galope tendido
por iniciativa propia. Son Don Julián y sus hombres, que sorprenden
a los franceses causandoles graves bajas y obligandoles a levantar el campamento,
para después regresar rapidamente al interior de las murallas de
Ciudad Rodrigo, apoyados por soldados de infanteria que han salido a cubrirles.
Ney comprende
la inutilidad de su artilleria para batir la ciudad y se retira temporalmente
a San Felices de los Gallegos.
Engallado
don Julián, sale con sus hombres (que en este momento ya son
340) en persecución y hostigamiento de los franceses.
Los humilla varias veces en La Fuente de San Esteban, La Moralita y Las
lagunas del Cristo. Los franceses se han equivocado: para desenvolverse
en ese terreno hay que ser o toro o charro. 17 franceses muertos, 84 prisioneros
(incluido el unico oficial que quedó con vida) y 62 caballos.
El 25
de Abril, el ejército francés se dispone a proseguir el interrumpido
bloqueo a Ciudad Rodrigo.
Los franceses
avanzan muy lentamente en sus posiciones hacia la ciudad.Y es que
El Charro no cesa de atacar a los destacamentos y avanzadillas francesas.
Todos los dias salen por las puertas de Ciudad Rodrigo una partida de jinetes
con traje charro, y a la caida del sol regresan aclamados por los mirobrigenses
al verlos llegar por el horizonte sanos y salvos, altivos y erguidos sobre
los caballos y con las casacas de los franceses pendiendo de las garrochas.
El dia
30 de Abril, con 120 jinetes atacan una columna francesa formada por 200
Dragones de la Guardia Imperial y 150 Tiradores, haciéndoles retroceder.
Andrés
Perez de Herrasti obliga a Julián y sus hombres a abandonar Ciudad
Rodrigo ante el cariz que estaba tomando el asedio. De mala gana,
Julián y sus 260 garrochistas supervivientes salen de la ciudad
y se dirigen hacia las inmediaciones de Segovia del Doctor, para llegar
a Ledesma donde tendrán que unirse a las tropas del general español
La Carrera. Para romper el cerco francés que les impide salir, cruzan
la dehesa de Hernando sorprendiendo a los galos nuevamente y quebrantando
sus lineas.
Una vez
en Ledesma, junto a La Carrera, le llega a Julián el nombramiento
de Coronel para encargarse del mando de todos los ejércitos guerrilleros
que operaban entre el Tajo y el Duero. Bajo sus órdenes estan ahora
partidas como las de "El Cura Violado", Vicente Olivera, etc. En total
suponen 700 jinetes, unos 1000 de a pie y dos cañones.
En su
ausencia, Ciudad Rodrigo cae en poder de los franceses, después
del largo asedio.
En esta
nueva etapa, se suceden varias victorias: un combate en Muñoz donde
tras varias horas de lucha derrotan a un fuerte destacamento francés,
los ataques a la plaza de Almeida y sobre todo la acción de Fuentes
de Oñoro, donde entre los dias 3 y 5 de mayo de 1811 los lanceros
charros persiguen y aniquilan las columnas francesas tomando 105 prisioneros.
Desde
la acción de Fuentes de Oñoro y hasta la llegada de Marmont
y Dorsenne a Ciudad Rodrigo, el 13 de septiembre, don Julián se
bate el 23 de mayo en el Cristo de la Laguna;Tambien lo hace por
San Muñoz y Cabrillas atacando un convoy protegido por cuatrocientos
cincuenta de Infanteria a los que infringe unas pérdidas de trescientos
setenta muertos, heridos y prisioneros.Y otras acciones de menos valoración
pero sin embargo de gran interés.
El 15
de octubre con dos compañías de lanceros toma prisionero
al general Reynaud, gobernador militar de Ciudad Rodrigo, y mediante una
maniobra de destreza vaquera se apodera de más de 500 cabezas de
ganado que tenían los franceses en aquellas inmediaciones. Alertados
los galos, salió la caballería en persecución de don
Julián, el cual contando con esa reacción, les sorprende
una vez más infringiéndoles una muy grave derrota.
Anecdotas
recogidas por los cronistas de la época aparecen muchas.
Por aquellas
fechas, Salamanca continúaba ocupada por las tropas francesas, al
mando de Dorsenne.
El día
de San Pedro era costumbre acudir a una romería en el Zurguén,
en la zona extramuros de la ciudad, junto al rio, que se amenizaba con
bailes y juegos, con que sobrellevar el estado animico de la población.
A pesar
de las advertencias de Julián Sánchez, varios guerrilleros
charros con familiares y amigos en Salamanca quisieron acercarse hasta
el lugar para departir con sus paisanos y compartir el ambiente festivo.
Así lo hicieron. Cuando la multitud vio acercarse a los jinetes,
se hizo el silencio y acto seguido estalló el albozozo. Rapidamente
corrio la voz entre los soldados, algunos de los cuales habían acudido
a la festividad y temieron que se tratase de una avanzadilla de los hombres
de Julián Sánchez dispuestos a atacarles.
Los jinetes,
que no eran más que cinco, descendieron del caballo, y manteniendo
sujeta la brida charlaron con sus paisanos durante un rato. Al escuchar
tambores y clarines avisando a la tropa para echarse a las armas, volvieron
a montar y se despidieron lanzando vivas a Salamanca. Alejandose
al paso, se deshicieron con la garrocha de algun soldado francés
interpuesto en su camino y desaparecieron en el horizonte por el camino
de Rollán.. Cuando la primera columna francesa acudió al
lugar, encontraron a la poblacíon enardecida y fuera de sí
dando vivas a Don Julián Sánchez y a Salamanca. Estos eran
los nombresde los cinco jinetes :
ANDRÉS
SÁNCHEZ, de Vilvis;
BALTASAR
SÁNCHEZ, de Ruelos;
ANGEL
PÉREZ, de Rollán;
BALTASAR
MOÑITA, de Monterrubio de la Sierra
AMBROSIO
GASCÓN, de la Sierra de Francia
Todavía
hoy en día, pueden escucharse en algunos pueblos de Salamanca
personas que guardan como un tesoro familiar la historia que vincula a
alguno de estos nombres como antepasados suyos.
Espectacular
es también aquella anécdota en la que Julián Sánchez
habiendo perdido el caballo en una refriega contra los franceses es avisado
de que el caballo ha sido regalado como botín de guerra al
propio Dorsenne en persona, gobernador militar de Salamanca, el cual se
regocija ante el hecho de montar sobre el corcel del heroe de la
población salmantina, al que veneran como a un Mesías.
Julián
se presenta en Salamanca de incognito, y cuando Dorssene pasa revista a
las tropas en el puente, a lomos del caballo, éste sale de entre
la muchedumbre asistente y se precipita sobre el jinete. A la voz
del amo el caballo inicia una vertiginosa carrera por el camino de Ciudad
Rodrigo. Al poco rato Julián se deshace de Dorsenne arrojandolo
de la montura a la altura de la Pescantía, mientras los franceses
lo persiguen incapaces de alcanzarle ante su endiablada velocidad sobre
la grupa.
El General
Wellington cae rendido ante la arrolladora personalidad de Julián
Sánchez y sus hombres. Debido a que la partida guerrillera de El
Charro se autofinanciaba a si misma, y no recibía ayuda alguna del
ejército, sobreviviendo a través de las ayudas de la población
civil salmantina y de sus saqueos a las tropas francesas, Wellington trata
de convencer al Consejo de Regencia de que la Brigada de Don Julián
se adscriba al cuerpo de ejército que el manda, acarreando los gastos
que estos generen a traves de la Hacienda Publica británica. Esto
ocurre a finales de 1811.
A raiz
de esta nueva situación, Julian y sus hombre son obligados a cambiar
de uniforme y sustituirlo por uno más marcialmente diseñado,
al gusto de los ejércitos de la época, perdiendo el carácter
que hasta entonces les confería el vestir a la usanza salmantina.
El nuevo uniforme consiste en: Ropaje de color rojo con vivos y alamares
dorados, pelliza al tercio (al estilo de los Húsares), casco enfundado
de pelo negro y manga encarnada. La caballería dejará el
uso de su clásica montura vaquera y comienza a utilizar la montura
inglesa.
Para
unos este hecho supone el final del mito. Aunque la aureola legendaria
de Don Julián y sus garrochistas charros se alarga por mucho tiempo
más, dejando las pisadas de sus caballos por buena parte de España.
Supone un punto de inflexión, en el que se abre paso una etapa más
grandiosa pero menos romática, eso si. Con la adscripción
de los gurrilleros charros al cuerpo del general Wellington las cosas cambian
en cierto modo, aunque la filosofía siga siendo la misma que la
de aquellos doce garrochistas que se atrevieron a salir con Julián
por primera vez.
Como
ahora veremos, después de la Batalla de Arapiles, en la que se midieron
españoles, franceses, portugueses e ingleses, y que determinó
el curso de la contienda a favor de los aliados, el frente se moverá
velozmente hacia el norte de la peninsula. Julián y sus hombres
salen de Salamanca para expulsar a los franceses en su huida. El polvo
que levanten las herraduras de sus caballos llegará a media España.
Estampida
charra
El 29
de Noviembre tiene lugar un combate en San Muñoz (Salamanca) con
victoria para los charros.
Durante
los ataques de Wellington a Ciudad Rodrigo, para liberar a la ciudad, Julián
y sus jinetes cortan todas y cada una de las comunicaciones francesas.
Y entonces
llega el gran dia. El 22 de julio de 1812, entre las ocho de la mañana
y las tres de la tarde, tiene lugar en las inmediaciones de Salamanca la
Batalla de Los Arapiles, en el paraje del mismo nombre. La Batalla de Los
Arapiles (aunque los ingleses la denominan Batalla de Salamanca) pasó
a la historia por ser una de las dos más multitudinarias de la historia,
junto con la de Waterloo. Perdieron la vida 14.000 franceses y 5000 aliados.
Hubo 8 generales muertos y varios heridos, incluido el propio Marmont.
Tras
varias horas de lucha, Wellington vence a Marmont en el Arapil Grande.
Julián
y sus hombres recogen 500 prisioneros y varias piezas de artilleria.
La cultura
tradicional nos ha legado varias coplas sobre aquellla jornada:
"Favor
le pido a Jesús
y a la
Virgen Sacra y Bella
para
poder explicar
la batalla
más sangrienta,
el más
ejemplar combate
que habido
en nuestra tierra
en España
con Portugal
la Francia
con Inglaterra
sólo
habido en nuestra España
esta
batalla sangrienta........"
Despues
de este duro golpe, el ejercito francés se ve obligado a retroceder
e ir abandonando posiciones.
Julián
y sus garrochistas marchan a Peñaranda de Bracamonte (Salamanca)
y desde allí los persigue nada menos que hasta Burgos, causándoles
no menos de 500 bajas. Durante la persecución tienen lugar combates
como el del 17 de septiembre, prolongado por los campos entre Torrepadierne
y la propia ciudad de Burgos. Finalmente, los charros entran en Burgos
el dia 18 aclamados por la población.
El 11
de Mayo de 1813, en Pampliega, cerca de Burgos, acomete a los enemigos
y toma 37 prisioneros y gran numnero de caballerías.
Por los
montes de Alava realizan operaciones diversas estorbando los asentamientos
y comunicaciones francesas, vigilando e impidiendo los movimientos de los
imperiales antes de la batalla de Vitoria, el 21 de junio.
Tienen
lugar varios combates en la Sierra de Andía y siguiendo los movimientos
del general Clausel se dirige a Navarra y el Bajo Aragón.
Tras
esto se reune con las tropas de Espoz y Mina y el dia 2, los lanceros charros
penetran en Zaragoza.
Después,
prosigue en sus acciones, ahora hacia tierras catalanas, asediando a los
franceses por el Cinca.Están en Fraga el 14 de septiembre y toma
parte en el asalto final del día 19. Seguirá a Mequinenza,
Lérida. Nada detiene el vendaval apocaliptico de sus jinetes. Nadie
detiene la estampida.
Los
últimos días del heróe
Tras
el final de la guerra, muy poco se sabe del guerrillero salmantino.
El General
Palafox le nombra presidente del consejo de Guerra Permanente y en abril
de 1816 Gobernador Militar de Santoña (Cantabria), lugar en el que
fallece su esposa Cecilia, tres años más tarde.
En 1822
contrae matrimonio nuevamente con Juana Ignacia Velarde de Gandarillas.
Y a final del año es nombrado Gobernado militar de la provincia
de Santander.
Incorporado
el 15 de febrero de 1823 al 2º Ejército de Castilla, sale hacia
Logroño y llega a la plaza el 17 de abril. Unos días antes
el duque de Angulema al frente de "Los Cien mil Hijos de San Luis" había
penetrado por el Bidasoa. Don Julián se los encuentra e iniciado
el combate, se ve prontamente superado y es tomado prisionero tras ser
derribado de su montura.
El duque
de Angulema le trata con relativa deferencia y le mantiene en calidad de
agregado a su Cuartel General y con él entra en Madrid del 23 de
mayo siguiente.
Don Julián
es declarado en situación "de cuartel" en Madrid, por lo que solicita
le sea permitido fijarlo en Salamanca donde tiene a su familia. Accede
Fernando VII y le confina en Ledesma. Allí comienza a llevar la
vida de relación con sus amistades de siempre, pero el Comandante
General de Avila informa al Capitán General de Castilla la Vieja
que la conducta de Don Julián "… se hace sospechosa por tener
entrevistas con indefinidos y antiguos voluntarios de la Caballería,…
y además el Inspector de Policía de mi provincia me ha mostrado
cartas que aumentan las sospechas… Por lo que para la tranquilidad pública
debería trasladársele el Cuartel a otra provincia donde fuese
menos conocido…"
En febrero
de 1824 es encarcelado en la Real Chancillería de Valladolid, y
tras ágil resolución es puesto en libertad, como Inocente,
a principios de 1828. Don Julián tiene cincuenta y cuatro años
de edad y solicita se le abonen los sueldos devengados durante su prisión.
Cosa que no sucedería hasta dos años después.
En agosto
de 1828, don Julián, su esposa y su pequeño hijo Francisco
Luis, se hallan confinados en el pueblo de Etreros, provincia de Segovia,
donde fallece su hijo el día 30 de aquel mes. Algo después
el 30 de mayo de 1829 nace su hija Rosa Petronila, que dos años
después, el 4 de octubre de 1831 fallece también en aquella
población
Julián
Sánchez, El Charro, la leyenda, se rinde, agotado y cansado de bregar
en la tienta de los vivos, después de una agitada existencia.
Murió
el 19 de Octubre de 1832, en Etreros. Aquel día, el jinete salmantino
más famoso de todos los tiempos descabalgó de su montura
definitivamente.
Hace 16
años, la villa de Etreros cedió los restos mortales de Julián
Sánchez a la ciudad de Salamanca, donde estuvieron depositados varios
meses, en la Torre del Clavero, rindiendosele honores militares. El feretro
recorrió las calles de la ciudad entre aplausos y vitores de millares
de salmantinos, las campanas de los cientos de campanarios de Salamanca
retumbaron para homenajearle y se lanzaron al aire más salvas aquel
día que en los de los entierros de cualquier monarca o jefe de estado.
Posteriormente,
el ayuntamiento de Salamanca cedió a su vez los restos de El Charro
al ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, ciudad en la que descansan actualmente.
A veces,
todavía hoy, puede verse en mitad de las dehesas, a través
de la bruma matinal y la verde espesura de los prados y los encinares,
la erguida silueta fantasmagórica de un jinete altivo, sobre un
caballo blanco. Que mira fijamente y arma su garrocha. Y como poco a poco,
su figura se pierde con la bruma y el lejano tintineo de unas espuelas.
Todavía,y
mucha gente así lo piensa, El Charro continúa galopando por
los campos salmantinos.
O quizá
solo sea el embustero rumor del viento interpretando el sonido de los cascos
de un caballo, perdidos en el tiempo.
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Mapa de la batalla de Ciudad
Rodrigo
Firma de Juliám Sánchez
Batalla de Los Arapiles, Grabado
Distinción de la Batalla
de Ciudad Rodrigo
Distinción de la Batalla
de Tamames
Mapa Guerra Independencia,
s XIX
El Charro, con el nuevo uniforme
marcial
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