CLAUSTRO
POÉTICO, NÚM. 16.
ASOCIACIÓN CULTURAL CLAUSTRO POÉTICO -
REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS - CAJA RURAL DE JAÉN. JAÉN, 2005
REDACCIÓN
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Director:
Juan
Carlos García-Ojeda Lombardo |
Vicedirector:
Ramón
Molina Navarrete |
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Cronista:
Juan
Antonio López Cordero |
Tesorero:
Miguel
Moreno Jara |
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Secretario:
Pedro Luis Mínguez Durán
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COLABORADORES
EN ESTE NÚMERO
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Pedro Luis Mínguez Durán
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D. L. J-120-1995 ISSN: 1135-2639
CRÓNICA DEL DÉCIMO ANIVERSARIO
Este año
celebramos el décimo aniversario con toda la carga mágica que para nuestra
sociedad tienen el número diez y el sistema decimal, que se desarrolló en la
India, fue introducido en España por los árabes y forma parte de nuestra
cultura desde hace siglos. Bien podíamos haber celebrado el séptimo
aniversario, más acorde con el espíritu mágico del número siete y la fuerte
tradición babilónica que recoge la Biblia; o celebrarlo cada dos años, de
acuerdo con el sistema binario que nos impone la arrolladora cibernética actual.
¡Qué más da! El hecho es que ya no podemos seguir contando con los dedos de la
mano los años que hace que Claustro Poético se está editando y hay que
crear una abstracción mental más complicada para recordarlo, lo que tiene un
importante significado: la Revista es mayor de edad. Ha superado con creces la
etapa más difícil de la vida cultural de nuestra provincia, donde los entes
culturales tienen una mortalidad infantil catastrófica, propia de lugares con
grandes déficit de todo tipo, que por algo suelen ocupar los últimos puestos en
los indicadores de desarrollo. Si la publicación ha logrado sobrevivir, se debe
al gran capital humano que hay en su gente, a la sensibilidad de determinadas
instituciones por la vida cultural giennense y a esas bombas intangibles que
hombres generosos llevan dentro de sí e insuflan ilusión.
Claustro
Poético, como revista de promoción e
intercomunicación literaria, ya debe ir recogiéndose en los anales, no como algo
pasado, sino como un ente vivo que nace, crece y se desarrolla. Con toda
seguridad, también morirá algún día, esperamos que muy lejano; y no será del
todo, pues ya ha dejado muchas semillas que van dando frutos en los fértiles
campos donde se han posado.
Parece
que fue ayer cuando el grupo literario "Claustro", en el silencio de
la Merced, empezó a incubar la revista en el año 1995, con el incansable
esfuerzo de Miguel Maestre Muñoz y la dirección del desaparecido poeta Felipe Molina
Verdejo. En el consejo de redacción inicial ya figuraba el actual director,
Juan Carlos García-Ojeda Lombardo. Desde entonces, la actividad del grupo ha
sido continua, con la celebración de recitales y tertulias líricas a las que
asisten celebrados escritores y la periódica edición de la revista Claustro
Poético, foro de poetas sin fronteras.
La
segunda época del grupo gira en torno a la creación de la Asociación Cultural
Nacional Claustro Poético, que se constituyó en Jaén el 14 de Marzo de
mil novecientos noventa y nueve, editando los últimos números bajo el
patrocinio exclusivo de la Caja Rural de Jaén y la colaboración inestimable de
la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Se trata de una asociación
cultural que bajo tal denominación persigue los fines de promoción literaria,
intercomunicación, edición y difusión de la Cultura y las Bellas Artes, actos
literarios y recitales. Se excluyen de la misma cualquier clase de fines de
naturaleza política.
La
asociación tiene su principal órgano de difusión en la revista Claustro
Poético, de periodicidad anual. Además de la publicación, la asociación
convoca otros actos de carácter cultural como certámenes, premios, cursos,
conferencias, visitas, colaboración en organización de congresos, etc.
Desde
1995 muchas cosas han cambiado y el Consejo de Redacción aspira a converger en
el debate cultural con la finalidad de aportar propuestas de diálogo desde la
perspectiva más humana. Su proyecto se ha convertido en una realidad, con un
impulso continuo, sostenido y generoso, en constante renovación, digno de
ejemplo, abierto a la sociedad. Por ello, Claustro Poético hace uso
también de las nuevas tecnologías y lanza un Boletín Virtual, cuyo primer
número coincide con el décimo aniversario, el cual se suma al sentimiento que
nos congrega en torno a cada edición de la revista, rompiendo fronteras,
uniendo sentimientos en torno a los valores más humanos, sin el menor ánimo de
lucro.
Es
nuestra intención que, dentro de diez años, volvamos a festejar el segundo
evento decimal o segunda década de la Revista y probablemente sean otros los
que escriban las palabras protocolarias a tal evento, ello será buen signo de
salud; porque en torno a Claustro hay una juventud ilusionada, que
siente y vive la poesía. Ellos son su principal aval en el difícil camino del
mundo cultural, capaces de derribar montañas y allanar valles para facilitar
este camino a la publicación y pueda así llegar, cargada de poesía y de futuro,
a cualquier rincón del mundo.
P R
O E M I O
Poesía e
Historia parecen dos palabras antagónicas. La Poesía es el sueño, el
imponderable, la definición de lo indefinido. La Historia es la realidad, la
exactitud, la hipótesis a veces; pero siempre a través del documento. Ya
Goethe, para quien la vida fue arte antes que nada, logró unir, con evidente
fraternidad, separadas por simple conjunción copulativa, estas dos palabras que
también parecen desafiarse, título de sus apasionantes memorias: Poesía y
Verdad.
En la
vida de un hombre como Goethe, que tenía como única preocupación en cada
momento, como él mismo decía, enriquecer su alma, es difícil, a veces,
efectivamente, establecer la frontera entre la Poesía y la Verdad. Porque la
Poesía, en esas vidas que son poemas, es la única verdad; como la Verdad casi
siempre es Poesía.
Lo que
ocurre con ciertos hombres que han intentado ser dioses, pasa también con
algunas naciones. Hay pueblos realistas o, mejor dicho, materialistas, como hay
pueblos religiosos, místicos o, simplemente, poetas. En la vida de estos
pueblos que nacieron, lucharon, crecieron, amaron por encima de sus necesidades
materiales, más allá de sus propias fronteras, pero con una expansión
espiritual, Historia y Poesía son, por decirlo así, hermanas gemelas, la línea
del horizonte donde se confunden el cielo y el mar.
Y por eso
difiero siempre contra los matemáticos de la Historia que niegan ciertos
episodios poéticos que clasifican de legendarios, de puras invenciones. ¡Como
si el alma de los pueblos no tuviese también su historia, la historia de la
vida interior de esos pueblos, con sus complejos, sus ansiedades, digamos su
poesía! Negar o eliminar esa historia del sueño y de la leyenda es eliminar el
propio soplo creador de la vida, es negar o eliminar las causas profundas que
hacen mover los hombres y producen los acontecimientos.
Claustro
Poético, desde su segunda época, se
ha hecho eco de este profundo sentir y ha introducido en sus páginas, también,
la Historia, a través del Romance y la Leyenda. Si nos preguntamos por qué,
comencemos por el Romance:
¿No fue
Covadonga, con Don Pelayo, en el albor de la raza, un extraordinario poema
épico? ¿No ha habido algo de arrebatador, de fantástico, en esa pequeña mancha
de Asturias que se fue poco a poco extendiendo, día a día, mes a mes, año a
año, década a década, siglo a siglo, hasta ser España el imperio en el que
nunca se ponía el sol? ¿Y qué decir de ese extraordinario presente del cielo
que fue el cuerpo del Apóstol Santiago, raíz mística de la nación, que se
transformó en el gran faro de la Cristiandad? ¿Y la existencia del Cid, de ese
don Rodrigo Díaz de Vivar, que no se llega a saber si inspiró un poema o ha
salido de un poema; Cid Campeador, para quien las guerras eran como juegos
florales; que arrancó a Valencia a los moros como si les arrancase una rosa...?
¿Y Navas de Tolosa, donde los españoles, ya conscientes de su destino, por
concordancia se unieron como hermanos para acometer a los musulmanes? ¿Y la
conquista de Sevilla, la gran favorita de los árabes, por Fernando el Santo,
que supo cristianizarla sin robar su perfume, flor sin pecado, pero siempre
flor de amor?
¿Y la aparición excepcional de la gran figura de Alfonso el Sabio, con
sus monumentales Siete Partidas -figura de cristalería en la Catedral de
la Cultura-? ¿Y el casamiento simbólico de Isabel y Fernando, boda del Cielo y
de la Tierra, del sueño y de la realidad; Isabel y Fernando, para quienes
Granada, tomada a los moros, fue la auténtica fruta de la felicidad, fruta
profética del descubrimiento de América...?
¿Y la aparición sobrenatural de ese Gran Capitán, heroico y sonriente,
que vencía aún después de vencer, que hizo de su campaña de Italia al mismo
tiempo un poema épico y lírico, una batalla de flores, después de cada batalla
de lanzas y arcabuces? ¿Y Lepanto, esa última cruzada contra los infieles,
sancionada por el Papa y mandada por don Juan de Austria y don Alvaro de Bazán;
la luna integral de nuestra espiritualidad contra las medias lunas turcas, donde
el soldado Miguel de Cervantes Saavedra, intérprete y cronista del alma de su
Patria, perdió un brazo y ganó una lanza eterna, la lanza de don Quijote?
Singular
afinidad de Pelayo y Cervantes, que han escrito sus vidas y la vida física y
espiritual de España, con su espada y su pluma. Sin don Pelayo, sin don Miguel
de Cervantes, España no habría poseído, tal vez, tan viva la conciencia de sus
grandezas, la presencia de su pasado, la certeza de su presente, la fe en su
futuro.
En cuanto
a la Leyenda: ¿no es el marbete genuino a la íntima personalidad de un pueblo?
¿Su origen no se remonta a la noche de los tiempos, y es tan inherente al
género humano como su misma y propia condición? ¿No es la leyenda común a todas
las culturas, razas y naciones?
El propio
Freud se pronunció sobre la misma: "...tendemos a representarla de
acuerdo con nuestros deseos y necesidades, y cuando la tal realidad nos repugna
procuramos evadirnos de ella en nuestros sueños, adornándola con destellos de
arte y poesía, e incluso ingenua filosofía, y vistiéndola con las galas sutiles
de un espiritualismo que haga tolerable la dura realidad de los hechos".
También
Pemán opinó magistralmente: "...yo veo en la leyenda, una solución
armoniosa entre una densidad de tradición y una depuración de modernidad. La
"leyenda" no se evapora, como el cuento, hacia el poema lírico: la
leyenda reduce las dimensiones de la novela pero persigue la esencialidad
poética exigida, por su cercanía al poema épico: al mundo narrativo de los caballeros,
las hazañas, los amores, las conjuras, los collares, los encantos".
El
inmortal Bécquer dijo al respecto: "La crítica histórica, esa hija
incrédula de nuestros días, nos ha enseñado desde niños a sonreírnos de
compasión al oír el relato de esas tradiciones que eran el brillante cimiento
de nuestros anales patrios".
¿Dónde
está la ficción?, ¿Dónde está la realidad? ¿Cuál es la diferencia entre la
Leyenda, el Romance y la Historia?
Pueden
los hombres haber sido movidos, algunas veces, por la ambición, por la codicia,
por el hambre de oro. Pero ni por eso han dejado de hacer poesía, abriendo
nuevos horizontes a la imaginación humana.
EL
NACIMIENTO DE JULIO
Oscuridad
en tu alma que dormía,
mudez
que ansiaba ya tu nacimiento,
calma
hasta que llegado este momento
compensaste
en maná de savia mía.
Alba
de vida, a su familia unía;
fue
verte, amor y único alimento;
mis
ojos y anegarse en sentimiento;
mi
corazón, latir en alegría.
Yema
inocente al mundo que, emergiendo
al
abrigo del lar que te esperaba,
retoño
anacarado, ese es mi nieto.
Luz
de vida, seduce reluciendo
en
su esplendor -la savia que incitaba
al
abuelo a escribir este soneto-.
SURCO
DE AMOR
Del
surco del amor tu no te alejes,
esparce
tu semilla con esmero,
recogerla
en abundancia espero
en
el sabor del fruto que me dejes.
Lo
tuyo, ni potingues, ni brebajes,
es
que pasas mi amor en desafuero
amasando
en función de tu trastero,
los
silencios que rompen nuestros viajes.
Y
yo amor, esperando, sí, esperando
que
el camino de rosas olorosas,
siempre
a los dos esté acompañando,
sin
que surjan espinas dolorosas
que
presagien heridas, y sangrando
escriban
rojo, frases amorosas.
NACIMIENTO
A mi nieto Sergio
Es
su esencia cautelosa
la
que en la noche
tibiamente
te roza con su beso
cubriéndote
de niebla,
ese,
su halo de aliento
sentido
sin aún tenerlo.
Ahora
todo es oscuro para ti,
y
cuando el llanto rasgue el silencio
del
suave velo incógnito de tu sueño,
allí,
tierno
cielo ungido de alabastro,
disiparás
la tiniebla del secreto.
Abarca
ahora tu temblor
cuando
aún la aurora
gotea
en su madrugada.
Conoce
tú el camino
tan
lleno de límites sinuosos,
expuesto
a viaje de esperanzas.
Te
aguarda
para
ser hollado por tu pulso,
por
tu escala de sentidos,
y
así apresar
el
vuelo interminable
de
la vida en alianza.
Maribel Ayala, 2005
DOS
CIUDADES CASI SEMEJANTES
De
Nueva York a Jaén
mucho
trecho,
más
olivos que agua,
y
estaríamos más cerca si hicieran
un
puente colgante:
iríamos
de compras los de pueblo,
de turismo speaking in English,
con nuestras botellitas de aceite de oliva
en
la mochila.
Seguro
que nos traeríamos
un
alma in blue con saxo
para
que nos jadeara en nuestras
plazuelas
entre chiquillos y abuelos.
Jaén
está tan cerca de Nueva York
que
ya nos vemos andando,
nuestros
pies al viento...
CRUCIAL
OTOÑO DESPUÉS
Cuéntame
el cuento de las tres anguilas
y
la sirena voladora y contestataria,
resistir
la tentación de no aburrirme
cuando
admiro los muslos de Anita Ekberg,
mientras
remato estas criadillas de pollo
con
tenedor de palo.
Ese
que desvaría no es un genio,
me
envuelve incomprensiblemente,
ni
merezco el mal que tú me haces,
callando
me pierdo y me olvido,
hago
de ti una ausencia repetible.
Oigo
crujir de hojas y no me espanto,
tus
ojos barcos incendiados,
son
ojos o fogatas a lo lejos.
Irremediablemente
la esperanza
no
borra mi camino,
bendita
luz, ángeles benditos
preliminares
en el ombligo
de
las madres.
DONDE
DUERMO
Mi amor está escondido
sin quererlo,
debajo de las flores y los sueños,
y abona y alimenta
sin saberlo,
jardines de ilusiones en silencio.
Si vienes donde duermo...
Derrámame la savia que me ahoga,
ahuécame el florido de mi pecho,
deslígame las ramas que me enredan las
entrañas,
destíñeme el azul del limbo de mis sueños,
y déjame dormir,
mientras fecundo semillas de pasiones y de versos,
enterrada en el jardín del desencanto y el
silencio.
Si vienes mientras duermo...
Saldrán en primavera de mi tierra las mil
flores,
y una explosión de amor y de color habrá
en el viento,
y el silencio de tus ojos escribirá mi
nombre,
...si vienes,
encima de la tumba, donde duermo.
AMANÉCEME
SI PUEDES
Amanéceme
si puedes,
la
noche que he asumido.
Derríbame
este muro donde escondo
los gritos de silencio
que he mordido
o
quítame la llave que me cierra
la
puerta de la pena donde vivo.
Rómpeme
la ola en que me ahogo
o
apártame la arena donde anido,
las
lágrimas que riegan las violetas
del
jardín del desencanto en el que vivo.
Despiértame
los sueños donde duermo,
o
quiébrame el cristal donde te miro,
bórrame
los surcos que ha marcado
tu
siega, en mi corazón herido.
Cállame
la voz con que te llamo,
o
párteme el papel donde te escrito,
ciérrame
los ojos que te miran,
derrámame
el amor que te he tenido.
Bájame
la media luna en que me mezco,
en
las noches que la lluvia no ha venido,
o
quémame en el fuego de la tarde,
cuando
el sol quema de amor también conmigo.
Córtame
los hilos que no mueven
la
marioneta en que me he convertido,
rájame
la tela que no cubre
el
frío de este desamor sabido.
Amanéceme
si puedes,
la
noche que he asumido.
Quítame
la vida en un momento,
con
un beso,
o
mátame en segundos,
de
un gemido,
o
hazme una caricia que me agite
la
dicha en mi pecho, por haber sentido,
los
suspiros que me enhebren las agujas,
que
cosan rotos, de mis descosidos,
y
déjame sentir en un instante
la
ternura que soñando había tenido.
Hazlo
antes de que me vuelva a mi noche,
dame
de vida un segundo,
te
lo pido,
y
despacio partiré
a
la noche que he asumido,
y
con tu amor dormiré,
toda
la vida, un instante
y
soñaré.
que
me has amanecido.
TRES
SONETOS A JAÉN
I.
VOLVER
He
roto la distancia, espiga yerta.
Vuelvo
a Jaén. La mano del Castillo
me
saluda y me erige en el caudillo
de
mis sueños. El alma se despierta
al
pisar el pasado y se liberta
en
el recuerdo que perdió su brillo
y
vuelve a refulgir en el anillo
del
corazón que, por amor, acierta.
El
cielo se encastilla en mi mirada
que
por tanto fulgor se maravilla;
pues
volver es vivir la hora señalada.
Alcanzar
jubiloso la otra orilla
y
contemplar la cruz iluminada
doblando
en tus adentros la rodilla.
II. JABALCUZ
Ha
muerto a Jabalcuz. Llora el ruiseñor
y
entona un responsorio en su partida.
La
tarde en la nostalgia se suicida
del
modernista ambiente soñador.
"El
Niño de la Espiga" ¿Di, Señor,
quién
le arrancó la espina de su herida?
¿Quién
truncó su presencia tan garrida?
¿Quién
cegó de la fuente el surtidor?
Han
muerto a Jabalcuz. Su gracia alada.
Las
cañas de bambú, junto al Balneario:
huidiza
mariposa asesinada
por
el ladrido cruel y mercenario.
Como
el viejo Jaén -tierra truncada-
calle
de la Amargura hacia el Calvario.
y LA MAGDALENA
Se
disfraza el ladrillo de topacio
disimulando
su arcilla carcomida.
Las
piedras acicalan la perdida
talla
que fuera el alma de su espacio.
No
pasaron los siglos tan despacio,
dejáronse
en las huellas de su vida
la
impronta de una orla suspendida
en
las ruinas señoriales de un palacio.
La
Magdalena. Santo y seña. Rosa
agarena
de múltiple armonía,
por
donde mana el agua silenciosa
y
"El Lagarto" es leyenda sin falsía.
Igual
que su fe, hoguera prodigiosa
que,
a los pies de Jesús, el alma arría.
Jaén,
otoño 2.002
TE
HE BUSCADO, AMOR...
...te
he buscado.
Te
he buscado por las brisas y los charcos,
bajo
miles de oscuros aguaceros,
por
entre primaveras y auroras moribundas
detrás
del sol.
Y
he devuelto la mirada a tus estrellas,
un
millón de veces, mi amor, un millón de veces,
saltando
puentes devastados por el miedo
a
no encontrarte, a no reconocerte nunca,
a
no besar tus sienes plateadas esta noche.
ENTRE
VISILLOS
Cuando
la luz del alba
puso
color a las lomas,
crucé
veloz por su calle
con
olor a rancias sombras.
La
vi entre vetustos visillos,
telón
de sus largos ahoras.
Su
pelo de blanco nácar,
sus
manos de ajadas formas.
No
se cual era su nombre,
ni
como mujer, su historia,
pero
me duele la soledad
que
por su ventana asoma.
Me
duele verla mirar
a
los que pasan sin hora,
consumiendo
largo tiempo
entre
la soledad, tan sola.
Soledad
de poeta santo,
sonora
de calle angosta,
de
silencio interior cansado
de
melancólica vejez obra.
En
el alféizar herrumbroso,
testigo
fiel de tantas cosas,
quizás
sueñe con amores
que
se fueron y no tornan.
O
espera a ese hombre
que
por la noche ronda,
ilusión
tardía y sosegada
que
busca en la memoria.
HAY
UNA CRUZ
Hay
una cruz que se alza en lontananza.
Una
cruz blanca, que levanta el vuelo,
y
ansiosa de nostalgias y de cielo
es
símbolo de amor y de esperanza.
Una
cruz que en la noche se ilumina,
que
te mira, la miras y te sigue.
Y
que a veces, si quiere, te persigue
desde
el sublime altar de su colina.
Para
Jaén, su cruz es su alegría.
Aupada
por la tarde y por la aurora
oteando
va barrancos y caminos.
Es
la luz, que encendida noche y día,
caminando
a tu lado te enamora
entre
anhelos humanos o divinos.
De
su obra inédita: Mientras amanece (2002)
EL
ABUELO
I
Un
eco de saetas se derrama
por
hileras de calles y de olivos.
La
noche se detiene. Cirio y llama
desfilan
amarrados y cautivos.
Hay
notas que de un himno van y vienen,
mecidas
por un mar de costaleros:
son
lágrimas que apenas se sostienen,
nacidas
de la luna y los luceros.
Jaén,
estremecido, llega aprisa,
en
busca de su luz y amor sereno,
en
busca de su paz y su consuelo.
Jaén
le ofrece el llanto y la sonrisa
a
su Padre Jesús, al Nazareno,
a
ése que llaman todos el Abuelo.
II
¡Detente,
por piedad, viento, y escucha
cómo
reza a Jesús un pueblo entero,
a
ése que lleva a cuestas el madero
y
lo sube al Calvario en plena lucha!
¡Detente,
por piedad, mira hacia el cielo!
¡Seguro
que se quejan las estrellas,
que
se oyen en la noche sus querellas
de
llanto, de dolor, de desconsuelo!
Y
el viento se quedó quieto y callado.
Y
tembló la emoción por las esquinas.
Y
la noche quedó sin madrugada.
Apareció
el Abuelo deseado.
Floreció
la pasión de las espinas.
Jaén
lloró en silencio, enamorada.
De su obra inédita: Canciones y
devociones (2005)
ENTRE
OLIVOS
Al
amigo de la infancia
que
murió siendo niño
Unos
de estos días desearía verte,
creo
que necesito, aunque no ansío,
hablar
contigo; quiero contarte
mis
últimas ilusiones ahora te envío
esta
carta para recordar aquellos paseos
que
dimos entre olivos. Adolescentes,
inexpertos,
grandes amigos, y deseos
apasionados
de no tener secretos vivientes
entre
nosotros. Simplemente amigos.
Te
marchaste el día que olían los olivos
para
indicar que su fruto ya está maduro.
Nosotros
también olíamos, y yo perduro
en
aquella amistad, sentándome bajo el olivo
cuyo
olor me recuerda al amigo perdido.
LEJOS
DE MI MAR
Lejos
de mi mar todo es diferente,
las
olas de agua son aquí ondeadas colinas
cuyo
color y aspecto el tiempo cambia:
hoy
son de roja tierra para ocres ser mañana,
vida
cambiante,
sentimientos
adaptados al color de la tierra.
Esto
no sucede con el agua de mi mar:
su
color se mueve porque cambia la mar entera,
objeto viviente,
eterno
manantial de vida,
fuente
de sentimientos,
ideas
expresadas a través de olas de agua.
Ya
no sé si hay dos clases de vida,
la
de la mar y la que se vive fuera de ella,
ya
no sé si soy yo quien dos vidas tiene,
la
del agua y la de la tierra.
Con
placer vivo las dos, pero me asusta
no
ver de mi mar sus olas.
Lejos
de mi mar todo es diferente,
mas
yo no renuncio a pasear entre olivos,
a
sentir el frío quemante de la nieve,
a
pasear con amigos
entre
calles y gente,
y
a disfrutar de las dos vidas diferentes.
Ahora
estoy en la tierra, mar,
a
ti te veré mañana.
A
GABRIEL JARA
Nunca
se sabe, Gabriel,
nunca
se sabe...
Si
cuando miras desde la Alhambra
al
cielo,
no
está mirando
ese
Chile tuyo, lejano
y
tan presente.
Nunca
se sabe, Gabriel,
nunca
se sabe...
Si
en la fría dureza
del
exilio,
no
sientes el aire
de
Chile
en
tu garganta.
Nunca
se sabe, Gabriel,
nunca
se sabe...
Si
cuando está amando,
la
piel de la mujer
a
la que besas,
te
sabe a Chile.
Cristóbal Francisco Fábrega Ruiz
Y
yo te quiero.
Y,
a veces, mi cariño
revienta
tu mirada.
Tú
sientes en tu pecho
una
cárcel dorada,
y
yo, tan solo quiero
sentirte
enamorada.
Decirte:
yo te quiero
libre,
no raptada.
Sentir
latir tu pecho
tic-tac
en tu mirada.
Decirte
niña mía.
Decirte:
ven amada.
Sentir
latir tu pecho,
oírte
entre la nada,
besar
tus suaves labios,
vivir
en tu alborada.
Y
yo te quiero
libre,
que no encadenada.
Sentir
que tú me eliges,
sentir
que tú me amas,
sentir
que mi cariño
no
rompe tu mirada.
Acaso,
entre las sombras,
agobias
tus palabras.
Y
yo sólo preciso
mirarme
en tus miradas.
Oírte:
yo te quiero.
Oírte
enamorada.
Amarte
entre la noche,
amarte
en la mañana.
Sentir
que está conmigo,
tocarte
en la alborada.
Decirte:
yo te quiero,
te
quiero enamorada,
enamorada
y libre,
enamorada
y clara.
Que
yo te quiero libre,
que
no te quiero esclava.
Cristóbal Francisco Fábrega Ruiz
La tarde,
final de cada día,
donde las sombras ocupan los rincones,
los ojos el bajo cielo del cansancio,
las bocas palabras monosílabas,
es tarde en que el hombre ajusta su vida a
su letargo,
al paso irreversible y puntual de las
reatas,
a la certeza de que todo transita
perdiendo un vapor por cada herida,
a la locura saqueada
por barrenos que destruyen
el punto germinal de la semilla.
¡Evitad que descanse su cabeza en el
mármol!
¡No dejéis que escriba sobre el pedestal de
la muerte
su dolor destripado,
que convierta en piedra su última palabra!
En este tiempo cíclico
negado a
la quimera,
en esta
sintonía compleja
de hechos
sucesivamente acríticos,
en este
tránsito de olvidos
donde
claudican las sorpresas,
en este
altar de piedra
donde
hincan rodilla los sentidos,
en esta
duda de ser y no haber sido,
de ser
esta cadena
que cruje
y desespera
por ser
hierro fundido,
quiero
gritar, abrir lo nunca visto,
la línea
espacial de tu cadera
al flujo
racional de mi cabeza,
quiero
nacer de lo vivido.
Alfonso
Fernández Malo
MÚSICAS
DE AMOR EN EL CIELO
(A Mercedes, a quien dediqué mis músicas
de amor)
El
cielo saciado de cirros
en
una encrucijada azul y algodonada
retiene
en su brisa apacible
todas
mis canciones de amor a ti
oradas
en músicas perdurables,
entre
ritmos de metal y cuerda.
Son
expresión ajena a la conciencia
trasplantadas
a mi lengua vernácula
en
poemas de figurada belleza
-como
presente y prenda de mi amor-
por
las horas de sosiego y quietud
volátiles
como energía sensual
a
un inmenso espacio liberto,
acunadoras
de impresiones recientes
y
de vivencias melificadas a tu lado
y
meditadas en quedo murmullo
cuando
sólo ver tu rostro
eriza
el melómano pelo del cuello.
Y
creo que todo está en ese cielo
como
vibración muda amorosa
que
se alimentara con torrentes de música
desde
este suelo distante.
Juan Carlos
García-Ojeda Lombardo
¿POEMA INMORTAL?
Hace ya diez años que me
perdí
en el jardín de las
soledades eternas,
cuando apenas el candor
atrapaba
la esencia fugaz de la vida
en una esquina umbrosa, en
silencio,
casi sin hacer ruido, de la
forma discreta
que siempre anduve por este sendero.
Apenas si soy un vago
recuerdo;
hay quien entorna los ojos
y con dificultad puede
dibujar aún mi rostro,
nadie me recuerda en
plenitud,
ni jugando al fútbol, ni
declamando un verso,
ni dando un beso, tomando
cerveza o echado con alegría
en el alféizar de la
ventana.
Hace ya cien años que dejé
de ser un recuerdo,
me han intuido en un
errático libro
mal conservado y predecible
en su forma
y han suspirado entre
extrañados
y jocosos al ver tanto
derroche inacabado,
tantos Javier, Ramón,
Felipe, Miguel, Pedro, Juan Carlos...
luchando en la batalla
perdida de la inmortalidad
en una noche en que las mariposas azules
ya no revoleaban junto a las
melancólicas farolas,
en una noche en que los
pensamientos
vagaban entre miedos
inconfesables
como aquel perro que ladraba
a la luna.
Hace ya mil años que inmolasteis mi voz
en la pira de una ciudad que
ya no existe
porque los recuerdos de
cuanto amé
se han disipado en el limbo
del tiempo,
en la época que me tocó
emocionarme,
tener curiosidad, correr,
pensar, querer...
como aquel cuento en el que
todos
sabían su final y, sin embargo,
al no saber declamarlo,
nadie lo quiso leer.
Ya no tengo temor, solo la
dulce murria
de haber sido todo muy
breve,
de no quedar nada en el
recuerdo.
Juan Carlos
García-Ojeda Lombardo
EL
ALMA DE BAILÉN
Me
estremeceré al mirarte
dejando en cada rosal
un
lazo y un desencuentro
en
el Parque del Vivero.
Me
enamoraré del alba,
del
rayo de sol que beso,
de
las nubes que observo
porque
mi amor eres tú.
Si
en otoño no te veo
me
confundiré entre hojas
para
que pisen tus pies
los
aromas de mis versos.
Y
me reuniré contigo
igual
que miles de estrellas
compartiendo
parques nuevos.
INTRAMUROS
El
verde de las hojas
del
otro lado del mundo
enviaba
aromas frescos
por
las rendijas del muro.
Sus
juegos se acabaron
detrás
de la muralla,
arrastrando
su inocencia,
arrebatando
su alma.
Una
mujer oculta
tras
un velo sin palabras
no
descubre sus valores
ni
oye su corazón que llama.
Se
aleja despacio
parándose
a la sombra
de
la estúpida escarcha
esbelta
y solitaria.
Así
es, con piel de aceituna,
con
perfumes de sultana.
María
Gila Justicia
ACARICIÉ
TU PIEL DE LUNA
¡...Sonoras
madrugadas doloridas,
muriendo
mientras viven triste sueño...!
¡...Mustias hojas
marchitas que sucumben
muertas
y perdidas en mi recuerdo...!
Acaricié
tu piel de luna,
con
semblante triste y quedo,
y
en tus labios de carmín,
escribí
mi primer beso.
Tus
ojos tristes me miraron,
tu
boca no dijo palabra,
y
al acariciar tu pelo,
negro,
de la noche negro,
dos
reproches te salieron:
-ya
lo ves que no te quiero...
Yo
sólo un alma tenía
antes
de aquel primer beso,
y
ahora dos almas yo tengo:
una
en tu alma escondida
y
otra que no tiene aliento...;
y...
mientras triste voy quedo,
ya
languidecen los días
por
los valles del recuerdo
llenando
de púas el viento,
...En
mis almas sólo quedan
los
sones de este lamento.
*****
¡...Sonoras
madrugadas doloridas,
crespones,
arrastrados por el viento,
de
las almas que sollozan perdidas,
sin
calma, sin paz, sin sentir el aliento
muriendo
mientras viven, triste sueño...!
...sonoras
madrugadas doloridas...
Aún
siento frío en mis labios
de
tus labios losa fría,
aún
recuerdo ese mi beso
en
aquella tarde tibia...;
no
llegará el futuro,
que
para mi ya no existe,
sólo
el abismo oscuro
de
una noche que persiste
...
y con él la madrugada
sin
canciones se despierta,
tan
sólo los tristes sones
de
aquella tarde siniestra.
*****
¡...
Sonoras madrugadas doloridas,
crespones,
arrastrados por el viento,
de
las almas que sollozan perdidas,
sin
calma, sin paz, sin sentir el aliento
muriendo
mientras viven, triste sueño...!
¡...
mustias hojas marchitas que sucumben
muertas
y perdidas en mi recuerdo...!
MI
TRISTE SOLEDAD
Yo
quiero profundamente vivir,
aquí
donde el sol sin trabas escupe
lanzas
doradas sobre trigos verdes,
esa
tristeza de mi soledad.
Aquí,
emborrachado de quietud,
en
mi soledad, se olvida de mí
hasta
el tiempo que me cierra sus ojos.
¡Qué
dulce es esa soledad sin tiempo!
¡Qué
dulce tristeza sin amargura!
es
vida sin pasado ni futuro,
es
vida que se vive en un momento.
Sí,
me gusta esa triste soledad
cuando
mi melancolía está sola,
cuando
mis pensamientos, que no pasan,
no
ansían y, al igual que el tiempo, me olvidan.
EN EL DÍA DE LA MADRE
A ti,
mujer,
que
viviste volcada en tus amores,
en los
llantos,
en las
risas de tus noches,
en
el frescor de las nieves
y el
calor de tus soles.
A ti,
mujer, mi canto te dedico,
porque fuiste
tierra fértil y manantial,
por saber
mantener cálido
el calor
del hogar,
por esa
cosecha
que a la
vida supiste dar.
A ti,
mujer, mi sentimiento,
mi
orgullo y mi verdad,
por
sentirme yo tu vástago,
tu
siembra, tu continuidad...
Soy un náufrago
incorregible.
Soy
náufrago de profesión.
En el mar
de la vida,
si no me
equivoco.
he
naufragado cuatro veces.
Pero soy
un náufrago
que
siempre sobrevive,
que el
mar, sobre las olas, me regresa a la vida,
seguramente
para poder volver a naufragarme.
¿Estaré
ahora naufragando nuevamente?
¿Será
éste el anuncio de mi quinto naufragio?
No es
así, daros prisa en llamarme,
antes de
que la mar nuevamente me llame.
¡Antes de
que el mar se os adelante!
TOQUE
DE QUEDA
Toque de queda sobre sábanas plegadas,
sobre gélidas sábanas estoy velando un teléfono de piedra
desde la trinchera de los recuerdos.
Tu atención dispersa me roe el alma,
y una lluvia de semblantes bíblicos se convierte en tu mejor aliado.
Delatado por agónica pasión trago el lento veneno de tu sonrisa,
y quiero alistarme en el ejército de los desheredados
para no engrosar el censo de los que te admiran.
Si ahora no me devuelves la mirada de fuego
seré presa de una proverbial caída.
Si no tienes esta noche al menos la credibilidad del espejismo,
si en la madrugada ni siquiera cuentas con la consistencia del humo,
replicaré destructivo tu memoria evanescente.
Armado con un lápiz roto y pertrechado con ideas de fogueo,
dispersaré con saña tu molecular dulzura.
Por la mañana, al despuntar la luz,
regresaremos al túnel de las romas conversaciones.
Ya de día habrá retorno a la palabrería de ascensor,
donde las andanadas de la sospecha cauterizan la desconfianza
y muelen el esternón.
Luego, otra vez en el ocaso rojizo, un toque de queda metálico;
resurrección cenicienta de palabras huecas y miradas vacías.
Jaén, junio de 2005.
CANCIÓN
DE NOCHEBUENA (poesía en prosa)
Querido Niño Jesús:
Tengo dos
hijos de tu edad. Son como tú. Tan tiernos son que me preguntan sin cesar si
Platero junto a tu cuna campea y pasta.
Tan
tiernos son que me han urgido a la narración de un cuento para esta nochebuena.
Les he
relatado aquel cuento que siendo yo como una nuez, tu me enseñabas. Les conté
el de La Camisa del Hombre Feliz; seguro que todavía te acuerdas. Aquel siempre
se me antojó un cuento para mayores, eso sí, contado a niños en la escuela del
Arco de San Lorenzo; escuela por don Victoriano tan requetebién reglada.
Aquel
cuento de desnudez sincera que sólo los niños alcanzan a comprender. Aquel
relato de colores y camisas que de los adultos nubla las entendederas.
Aquel
relato te hacía preguntas miles y tú te interrogabas: De qué color sería la
camisa del hombre feliz. Y resultó ser que el hombre feliz camisa no tenía.
Le cuento
a mis hijos la historia y ellos me señalan con sus deditos de canela en rama.
Me
apuntan y señalan.
Me
señalan un cielo apenas cincelado.
Desde su
gigantesca infancia los dos hermanos parecen mirar al cielo, y es la que
señalan mi garganta.
Miro yo y
no veo nada.
Ellos
insisten y hasta se arrebatan.
Ahora ya
los entiendo, ahora que ya me gritan y se alzan.
Prendidos
del nudo me dicen que el Hombre Felix del cuento tampoco llevaba corbata.
diciembre
de 2004.
ESTOY
LLORANDO
Estoy
llorando por ti
por
entender lo entendido.
Estoy
llorando por ti
por
comprender lo incomprendido.
Estoy
llorando por ti
por
saber de la verdad.
Estoy
llorando por ti
por
no dudar de mí
y
lloro por ti y no por mí,
porque
los hombres no lloran.
Pero
la impotencia que es mujer
llorar,
por tu querer.
DE
UN HIJO A UN PADRE
Tú
que, sin ser pintor,
creaste
un cuadro con el
fondo,
de colores claros y cálidos.
El
que, sin ser lienzo,
rechazó
los colores oscuros y fríos.
Tú
que, sin ser escultor,
esculpiste
unas formas
de
líneas rectas y sin maldad.
El
que, sin ser de barro,
absorbió
lo bueno y escurrió lo malo.
Tú
que, sin ser escritor,
imprimiste
tu letra sabia y tranquila,
con
palabras de cariño y ternura.
Él,
sin ser libro, se dejó escribir
de
consejos; lo mejor cogía.
Tú,
que de las tres artes tienes
sin
tener ninguna, espero que al
contemplar
tu obra llores de alegría,
solo
te voy a decir: esto va por ti.
¡Alma
mía!
BUSCARTE
Buscaré
en mis noches
de
terciopelo,
todas
las caricias
que
nubes envolvieron.
Trenzaré
en mis dedos
tus
rizos de pelo,
y
en una cadena
subir
hasta el cielo.
Rozará
mi boca
tus
labios de fuego
y
en una candela
fundir
nuestro beso.
Tocarán
mis manos
tu
piel como el trigo
y
envuelta en ternura
estaré
contigo.
Alzaré
en puntillas
a
mis pies en vilo
para
verme en tus ojos
y
saber que he vivido.
Guardaré
en mi mente
el
tiempo perdido
que
sembró en mi alma
un
jardín florido.
Y
así entre mis noches
de
terciopelo herido
arrullarán
las sombras
mi
amor y tu olvido.
"EL
AMOR" ¡que no se rompa!
Guardaré
mis rosas de amor
en
lo profundo del alma,
como
tu guardas las tuyas
que
nada pueda rozarlas
y
siempre estarán hermosas
cual
destello en la mañana,
que
nunca las hiera el tiempo
con
puñales en las palabras,
ni
la cruel monotonía
ni
la rutina callada,
que
tengan sus tallos verdes
y
sus corolas doradas
que
nadie pise sus hojas
de
pasiones coronadas,
que
se mantengan erguidas
¡fuertes!
¡frescas!
como
clavadas en su planta,
que
el amor no lo destruya
malos
vientos en la alborada.
Por
eso guarda tus rosas
en
una bella guirnalda,
que
las mías guardaré
en
lo profundo del alma,
como
tus besos y mis besos
esperando
siempre el alba.
MANOLITA CHEN
Para
María José. Me gusta
pensar
que esperaste por mí.
A los
quince años eres como un radiestesista buscando "agua" detrás de un
palito, solo que ese "agua" no lo encuentras tanto como quisieras y
el palito tiene vida propia, sin importarle apropiarse de los recursos aún
escasos de tu adolescente cerebro.
Bueno, no
sólo se tiene a esa edad un lujoso lastre entre las piernas, también se atesora
un entusiasta deseo de acabar con la injusticia y el sufrimiento en el mundo
mundial y defecar sobre el sistema, cualquiera que este sea.
Yo quería
cargarme a Somoza, hacer el boicot al "agua negra del imperialismo
yanqui". escribir tórridas soflamas libertarias en forma de novelas
memorables y ayudar al prójimo
escuchando sus problemas sin cobrar un céntimo.
No puedo
por menos que recordar con melancólica simpatía esa época mientras degusto un
cubata de Jack Daniel's
con Coca-Cola después de hacer caja por mi consulta y escribo relatos
brevísimos de escaso o nulo contenido social. No, tampoco viajé a Nicaragua a
cargarme al dictador aunque si tarare alguna canción de Carlos Mejía Godoy y
los de Palacagüina cuando la porción de Jack es disparatada.
Descrito
está el contexto socio-evolutivo. Yo era miembro (no va con segundas) de la
Cruz Roja (super roja) de la juventud (y basta ya de paréntesis) con lo que,
además de encauzar mi espíritu de entrega a los demás, podía lucir una camiseta
con dicho emblema sobre mi añorado y escuálido torso, mostrar un carnet con una
foto que acredita ahora la caducidad de la belleza, y entrar de gorra a algún
que otro partido de fútbol en el viejo Estadio de La Victoria.
Por la
feria de San Lucas, el responsable de nuestra banda de filantrópicos
adolescentes nos reunión en la sede un viernes por la tarde y nos dijo que, con
el fin de dar publicidad a la obra social de esta Institución y recaudar algo
de pasta, se había organizado un partido de fútbol en la Salobreja entre la
Cruz Roja de la Juventud y los trabajadores del Teatro Chico "Manolita
Chen".
-¿Quién
se apunta? Inquirió el ingenuo jefe que, a pesar de frisar los treinta ya nos
anunció que se reservaba ser el defensa de cierre.
-¡Yooooooo!
(El proverbial entusiasmo y desprendimiento de la edad).
-El
partido será a las cinco. Os quiero allí a las cuatro y media.
Los que
vivimos en Jaén sabemos que por la feria mencionada puedes asarte o pasar un
frío de las narices. Es más frecuente esto último, y aunque la jornada anterior
hizo un día espléndido, aquella tarde de sábado de farolillos hacía un viento
fuerte y racheado, unos once grados de temperatura (repartidos entre cada
integrante del equipo, tocábamos a uno por barba cuando soplaba el aire) y
llovizna fina de aguja.
Con este
tiempo el número de espectadores ascendía hasta unas quince personas, todas las
artistas del teatro chino envueltas en sendos abrigos de "piel" de
leopardo y otras fieras llamativas que si, a sus propietarias calentaban, a
nosotros defraudaban y enfriaban doblemente si en algún instante albergamos la
posibilidad de atisbar entre el público un escote prometedor o una pierna
generosa.
Desde el
vestuario ya oíamos los gritos de ánimo de las susodichas (alabín, alabá,
alabín, bon, ban, el chino, el chino y na-die-más) mientras procedíamos a
vestirnos.
Empiezo a
sacar la ropa de mi macuto "ellesse": mis "Adidas" de tacos
gastados, mis inmaculada medias blancas "puma", mi camiseta azul
celeste como la del portero de Real Madrid, ...mi, mi ¿pantalón? ¿Dónde carajo
están mis pantalones, mis guantes y mi chandall? ¿Cómo es posible que me haya
dejado los pantalones en casa? Era como la pesadilla recurrente en la que sales
en público en calzoncillos y por mucho que quieres correr o ocultarte no puedes
moverte casi del sitio. Pero ¡era cierto! Allí estaba yo en el vestuario en
calzoncillos (por cierto con un estampado de piraguas sobre cuyo número ya se
hacían apuestas) y con la cada vez más probable posibilidad de quedarme sin
jugar -porque el menda en esas circunstancias no salía-.
En medio
de este ataque de pánico, entra en nuestro vestuario un "integrante"
del equipo del "Chino" con el atuendo de portero, una toalla al
cuello, un pestazo horroroso a linimento del tío del bigote, gorra de mecánico,
guantes de jardinero, una camiseta sacada de un test de limpieza de Dixán
(antes de meterla en la lavadora y darle el cambiazo), gafas, de culo de vaso,
un pantalón corto de color indefinido y ancho, pero ancho, ancho y arrugado, y
con evidentes síntomas de discapacidad mental. Recuerdo perfectamente su cara.
Dejémonos de descripciones: era Mortadelo.
-Hola, me
mandan para que jugue con vozotos. Zoy un gualdameta de oztia. ¿teneiz
gualdameta?
Mis
compañeros señalaron al unísono. El unísono era yo sentado aún y maldiciendo mi
mala cabeza.
-Hola, ¿tu
erez el gualdameta?, yo zoy un gualdameta de la oztia. Voy a jugal con vozotos.
Yo jugo un tozo del paltido y tú el oto, ¿vale? Pero si ta´cojonas yo jugo
todos los tozos.
-Hola, yo
me llamo Pedro. ¡Qué pantalones tan chuloss! (desde que ponderé la posibilidad
de pedirle prestado el pantalón dudé seriamente la posibilidad de salir en
calzoncillos. Pero al fin me pudo más el escrúpulo moral que el estético).
Le dije
que me parecía bien y que yo empezaría a jugar la primera parte-tozo y que si
le importaría dejarme su pantalón porque se me había olvidado traer el mío.
Tras dudar no sé si que yo jugara el primer "tozo" o si dejarme los
pantalones tan chulos (o Dios no lo permitiera, pedir mis calzoncillos a
cambio) va el tío y se quita el pantalón y me lo da. Hasta que a mis compañeros
les da por enrollarle la toalla a la cintura, tras el estupor inicial, vemos
que le cuelga un "mandao" que avergüenza a los chicos de la Cruz
Roja.
"Moltadelo",
aunque hablaba con la ele no tenía de chino más que su trabajo, tenía una
colgamenta, eso si, "de la oztia" de grande, sucia y maloliente.
Enfundado
en esos horribles calzones, rezando por que todo su acartonamiento se debiera a
materia inorgánica, la camiseta remetida por el calzoncillo con la legítima
pretensión de aislar mi paquete del holgado pantalón prestado salí al albero de
la Salobreja con más frío que vergüenza, o puede que al cincuenta por ciento,
en medio de las risas de las vedettes y de los capullos de mis compañeros sobre
cuya solidaridad con el desvalido cuestionaba, pero que muy seriamente, la
idoneidad de su militancia en la honrosa institución que lucían en el pecho.
Cuando
salió el equipo del Teatro Chino, las mujeres aplaudieron con entusiasmo y gozé
por primera vez de que el sexo contrario obviara mi presencia. El equipo del
Chino estaba compuesto por once tiarrones de entre veinticinco y treinta y
muchos años, de aspecto rudo y con muescas en las botas conseguidas a base de
cepillarse las tibias y peronés de aquellos pardillos que se aventuraban a
medir sus habilidades futbolísticas con ellos.
Para no
alargarme en prolijos detalles del partido que conviertan el relato en una
crónica del "Marca", resumiré que nos cascaron seis o siete goles (sobre
todo a mí), a pesar de salvar con mis felinas estiradas otras tantas ocasiones;
además, de patadas y codazos innumerables (también a mí). Conseguimos engañar
al dueño del pantalón para que yo siguiera revolcándome por la arena el segundo
tiempo. El hecho de que no protestara indicaba que el pobre debería estar
acostumbrado a no comerse una rosca futbolera con sus compañeros y que
intentaran empaquetarlo en el equipo del lugar con escaso éxito. Puede que se
conformara con que su pantalón participara.
Ni que
decir tiene que, por muy felinas que fueran mis intervenciones, la escandalosa
holgura del calzón afeaba y dirigía desagradablemente las burlas de las
espectadoras a las que oía decir: "quince", "qué va,
veinticinco", "quía, no llega a dieciocho". Al principio pensé
que aquellas ninfas disputaban sobre mi edad, después, al escuchar sus risas
tras cada intervención, sobre los goles que me iban a meter. Pero cuando oí a
una decir, "verás cuando vuelva a saltar..." lo supe: se distraían calculando
el número de piraguas que llevaba estampados en mis calzoncillos.
Vapuleados
en todos los sentidos y tras una ducha de agua fría (no es ninguna metáfora, es
que no había agua caliente) y vestidos ¡por fin! de calle, nos dispusimos a
salir. En la puerta del vestuario nos esperaba el tío más leñero del equipo
contrario.
-Bravo,
chicos. Ha sido estupendo jugar con vosotros. Estáis todos invitados a la
función de esta noche. Os esperamos.
No solo
las patadas dejaron de doler, el medio-centro que dejó el número de su pie
marcado en todos nosotros como si fuéramos reses cobró de repente un prestigio
técnico y hasta humano impensable antes de esa invitación. Su madre, que
ciertamente nunca tuvo la culpa, también experimentó una mejora moral
sustantiva.
A las nueve
menos cuarto de la noche estábamos en fila delante de la puerta del barracón
del Teatro Chino Manolita Chen. Nos dirigimos a los últimos asientos,
dispuestos a ver en directo y aunque fuera a distancia la primera concupiscente
teta de nuestra vida (para algunos, o sea para mi). En esa estaba cuando vi
entrar a mi profe de Física que, antes de acomodarse en la primera fila, miró
en todas las direcciones. Acurrucado e invisible eludí su rastreo visual y así
me mantuve hasta que se apagaron las luces de la sala. Envuelto ya en la
penumbra cómplice, noté una mano grasienta y con olor a linimento en mi hombro:
-¿Quieres
palomitas? Eztan de la oztia.
-Buenaaas
noches señoras y señores, bienvenidos al mejor espectáculo de estas
maravillosas fiestas de esta maravillosa ciudad bla, bla, bla, bla, bla,...
...y que
ahora pedimos a estos chicos estupendos, mejores personas que futbolistas
(risas) que suban al escenario a llevarse el aplauso de sus orgullosos vecinos
y el beso de nuestra bellísima vedette.
(¡!)
Los
aplausos y la envidia se dirigieron hacia donde un potente foco nos apuntaba: a
diez tíos sonrientes de pie y un bulto agachado que en ese momento le decía al
vendedor de palomitas:
-Tú si
que eres un guardameta de la oztia. Sube ahí con ellos.
Uno a
uno, incluido "Moltadelo" se llevaron el beso de la beldad envuelta
en una vaporosa negligeé y el aplauso del respetable antes de volver a los
asientos con cara de bobos y tatuada de carmín.
Emocionado,
Moltadelo me regaló una "bolsa palomitas" que no me salió de los
cojones compartir con nadie. Ni con el jefe, que me alabó el magnífico gesto.
Ese curso
suspendí la Física.
CONFESIÓN
Confieso
desde el fondo de mi alma
que no me
gusta el mundo que tenemos.
Y por más
que lo busco,
por más
que me convenzo,
no
encuentro más que oscura singladura,
arena
sobre arena en mi desierto,
vacío
circular hecho injusticia,
luna
negra rodando por el suelo,
manzana
carcomida de gusanos,
paloma
disparada en pleno vuelo,
agobio,
clavo hincado en las entrañas,
tajo en
el corazón..., dolor inmenso.
Y sin
embargo el mundo, amigo,
es todo
un canto alzado sobre el sueño,
un ánfora
de magia
flotando
sobre el tiempo,
una playa
redonda
donde
posar las yermas de los dedos
del alma,
y ver, palpar que todo es,
existe,
que la vida es un encuentro
con tu
muerto de siempre,
y
conocerlo, y conocerte luego
sin saber
dónde vas a ciencia cierta,
si a la
muerte de nuevo,
o si a la
vida siempre para siempre
en un
abrazo eterno.
Porque
este mundo, amigo,
compañero
de viaje, es esto:
una llama
brotada de la nieve,
una raya
en el cielo,
un soplo
de ternura hecha materia,
un grito
que se pierde largo, lejos,
un milagro,
una duda,
una
interrogación hecha silencio,
un
mirarte a ti mismo,
que
estabas y no estabas -duda adentro-,
y no
estando te ves que estás y ves
también
cada momento
lo que
serás, y ves, igual,
lo que no
has sido siendo.
Porque este
mundo, amigo,
es un
regalo intenso,
una
fuente de vida clara y fresca
que te
encuentras de golpe, sin quererlo,
después
de sed, y sed, y sed...,
de
arroyos, manantiales, ríos secos;
oasis en
la cima de la nada,
una
oportunidad de pensamiento;
surgir
del fondo oscuro del abismo
y
encontrar que la luz titila al viento
y se
clava y se mete y te traspasa
hasta el
polvo amarillo de los huesos.
Por eso,
amigo, ¿ves?,
no me
gusta este mundo que tenemos,
este
mundo apresado en su egoísmo,
que pone
cerraduras en los besos,
candados
en las alas de las horas,
cerrojos
en la voz de los jilgueros,
que viste
de fronteras sus espacios,
que
desviste la paz de blancos vuelos,
que no
reparte a todos lo que tiene,
que se
pudre en su círculo concéntrico...
¡No me
gusta este mundo así!
¡No me
gusta este mundo que hemos hecho!
Y busco
rebelarme,
que nadie
me dirija que esté ciego.
Yo quiero
ser la espada de caricias,
llevar un
tanque azul de rosas lleno...
No luchar
contra tanta podredumbre
más que
vergüenza, amigo, me da miedo.
Y no
quiero, no quiero en modo alguno,
dejar
llevarme preso.
Quiero
ser, al volver a lo que fui,
al
encontrarme un día con mi muerto,
un sueño
que vivió
y supone
ser un hombre.
Un hombre verdadero.
-SRI
LANKA-
De
repente me he sentido hueca,
hueca
desde fuera
o
desde dentro
como
cualquier mañana de otro
siendo
mía.
El
ruido se apodera
de
otros huecos
cediendo
al eco y su sorpresa.
Vacíos
que contemplan
solamente
ese
nido sin plumas
donde
residen las obsesiones
y
un pedazo de esquina
derruida
a cañonazos.
Esta
vez el tiempo se demora,
las
dudas visten de remedio,
y
el mar engulle
y
engulle...
Gulles
de cieno y cuerpos,
gulles
en clave de ayer,
nada
sobre el agua.
Nada.
De
repente me he sentido hueca
por
fuera,
por
dentro,
por
mar... por tierra....
"EN
CASO DE PELIGRO ROMPER LUNAS"
Saca
el sol del sombrero
en
caso de emergencia,
hunde
los dedos entre las flores
y
vende un sueño repetido.
En
caso de vida
ama
un segundo sin tiempo,
un
silencioso viaje entre girasoles.
Puedes
comerte el cielo
en
caso de travesura
y
amarrarte una ristra de sonrisas.
Si
la ganas se te paran
puedes
matar una duda
o
vaciar los calendarios.
Rompe
la luna
y
salta de escenario.
Corre.
Corre.
En
caso de pena
llámame
y estaré a tu lado.
EL ROMANCERO DE JAÉN
ALHAMAR
EL MAGNÍFICO
Romance
IV.
Antonio
de Ochoa[1]
I.
Introducción
¡Ay
del Islam! Cuatro lustros
hace que llora en España;
cuatro, que su blanca luna
apagó el sol de las Navas.
Afrentas del Guadalete