CLAUSTRO POÉTICO, NÚM. 16.

ASOCIACIÓN CULTURAL CLAUSTRO POÉTICO - REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS - CAJA RURAL DE JAÉN. JAÉN, 2005

            REDACCIÓN

Director:

Juan Carlos García-Ojeda Lombardo

Vicedirector:

Ramón Molina Navarrete

Cronista:

Juan Antonio López Cordero

Tesorero:

Miguel Moreno Jara

Secretario:

Pedro Luis Mínguez Durán

 

 

COLABORADORES EN ESTE NÚMERO

Maribel Ayala

 

José Alvarado Zapata III

Rocío Biedma Romero III

 

Francisco Barranco Cobo III

Teresa Cívico Resina

 

Miguel Calvo Morillo IIIIII

Manuel Escudero III

 

Elena Cobo Gámez

Cristóbal Francisco Fábrega Ruiz III

 

Antonio Espinosa Úbeda III

Juan Carlos García-Ojeda Lombardo III - III

 

Alfonso Fernández Malo III

Antero Jiménez Antonio III

 

María Gila Justicia I- II

Laureano Luna Escolona

 

Adelaida Jiménez Gallego   

Juan Pedro Martínez Martos III

 

José Ángel Marín Gámez III

Pedro Luis Mínguez Durán

 

Antonia Mingorance Caballero III

Carmen Julia Morago Lázaro I - II

 

Ramón Molina Navarrete

Fernando Ortega Vallejo

 

Miguel Moreno Jara III - III

Juan Antonio López Cordero

 

Francisco Pérez Fernández I - II

Jorge Romero Aranda III

 

Manuel Ángel Pérez del Moral III

Asunción Santa-Olalla Montañés I - II

 

María del Rocío Sánchez Hidalgo I - II

María Serrano Canovaca I - II

 

Guillermo Sena Medina

Aixa María Ureña Bueno I - II

 

Ana Toledano Villar III

Josefina Vázquez Florido III - III

 

D. L. J-120-1995  ISSN: 1135-2639

 

CRÓNICA DEL DÉCIMO ANIVERSARIO

                        Este año celebramos el décimo aniversario con toda la carga mágica que para nuestra sociedad tienen el número diez y el sistema decimal, que se desarrolló en la India, fue introducido en España por los árabes y forma parte de nuestra cultura desde hace siglos. Bien podíamos haber celebrado el séptimo aniversario, más acorde con el espíritu mágico del número siete y la fuerte tradición babilónica que recoge la Biblia; o celebrarlo cada dos años, de acuerdo con el sistema binario que nos impone la arrolladora cibernética actual. ¡Qué más da! El hecho es que ya no podemos seguir contando con los dedos de la mano los años que hace que Claustro Poético se está editando y hay que crear una abstracción mental más complicada para recordarlo, lo que tiene un importante significado: la Revista es mayor de edad. Ha superado con creces la etapa más difícil de la vida cultural de nuestra provincia, donde los entes culturales tienen una mortalidad infantil catastrófica, propia de lugares con grandes déficit de todo tipo, que por algo suelen ocupar los últimos puestos en los indicadores de desarrollo. Si la publicación ha logrado sobrevivir, se debe al gran capital humano que hay en su gente, a la sensibilidad de determinadas instituciones por la vida cultural giennense y a esas bombas intangibles que hombres generosos llevan dentro de sí e insuflan ilusión.

                        Claustro Poético, como revista de promoción e intercomunicación literaria, ya debe ir recogiéndose en los anales, no como algo pasado, sino como un ente vivo que nace, crece y se desarrolla. Con toda seguridad, también morirá algún día, esperamos que muy lejano; y no será del todo, pues ya ha dejado muchas semillas que van dando frutos en los fértiles campos donde se han posado.

                        Parece que fue ayer cuando el grupo literario "Claustro", en el silencio de la Merced, empezó a incubar la revista en el año 1995, con el incansable esfuerzo de Miguel Maestre Muñoz y la dirección del desaparecido poeta Felipe Molina Verdejo. En el consejo de redacción inicial ya figuraba el actual director, Juan Carlos García-Ojeda Lombardo. Desde entonces, la actividad del grupo ha sido continua, con la celebración de recitales y tertulias líricas a las que asisten celebrados escritores y la periódica edición de la revista Claustro Poético, foro de poetas sin fronteras.

                        La segunda época del grupo gira en torno a la creación de la Asociación Cultural Nacional Claustro Poético, que se constituyó en Jaén el 14 de Marzo de mil novecientos noventa y nueve, editando los últimos números bajo el patrocinio exclusivo de la Caja Rural de Jaén y la colaboración inestimable de la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Se trata de una asociación cultural que bajo tal denominación persigue los fines de promoción literaria, intercomunicación, edición y difusión de la Cultura y las Bellas Artes, actos literarios y recitales. Se excluyen de la misma cualquier clase de fines de naturaleza política.

                        La asociación tiene su principal órgano de difusión en la revista Claustro Poético, de periodicidad anual. Además de la publicación, la asociación convoca otros actos de carácter cultural como certámenes, premios, cursos, conferencias, visitas, colaboración en organización de congresos, etc.

                        Desde 1995 muchas cosas han cambiado y el Consejo de Redacción aspira a converger en el debate cultural con la finalidad de aportar propuestas de diálogo desde la perspectiva más humana. Su proyecto se ha convertido en una realidad, con un impulso continuo, sostenido y generoso, en constante renovación, digno de ejemplo, abierto a la sociedad. Por ello, Claustro Poético hace uso también de las nuevas tecnologías y lanza un Boletín Virtual, cuyo primer número coincide con el décimo aniversario, el cual se suma al sentimiento que nos congrega en torno a cada edición de la revista, rompiendo fronteras, uniendo sentimientos en torno a los valores más humanos, sin el menor ánimo de lucro.

                        Es nuestra intención que, dentro de diez años, volvamos a festejar el segundo evento decimal o segunda década de la Revista y probablemente sean otros los que escriban las palabras protocolarias a tal evento, ello será buen signo de salud; porque en torno a Claustro hay una juventud ilusionada, que siente y vive la poesía. Ellos son su principal aval en el difícil camino del mundo cultural, capaces de derribar montañas y allanar valles para facilitar este camino a la publicación y pueda así llegar, cargada de poesía y de futuro, a cualquier rincón del mundo.

 

                                                                        Juan Antonio López Cordero


                        P R O E M I O

 

                        Poesía e Historia parecen dos palabras antagónicas. La Poesía es el sueño, el imponderable, la definición de lo indefinido. La Historia es la realidad, la exactitud, la hipótesis a veces; pero siempre a través del documento. Ya Goethe, para quien la vida fue arte antes que nada, logró unir, con evidente fraternidad, separadas por simple conjunción copulativa, estas dos palabras que también parecen desafiarse, título de sus apasionantes memorias: Poesía y Verdad.

                        En la vida de un hombre como Goethe, que tenía como única preocupación en cada momento, como él mismo decía, enriquecer su alma, es difícil, a veces, efectivamente, establecer la frontera entre la Poesía y la Verdad. Porque la Poesía, en esas vidas que son poemas, es la única verdad; como la Verdad casi siempre es Poesía.

                        Lo que ocurre con ciertos hombres que han intentado ser dioses, pasa también con algunas naciones. Hay pueblos realistas o, mejor dicho, materialistas, como hay pueblos religiosos, místicos o, simplemente, poetas. En la vida de estos pueblos que nacieron, lucharon, crecieron, amaron por encima de sus necesidades materiales, más allá de sus propias fronteras, pero con una expansión espiritual, Historia y Poesía son, por decirlo así, hermanas gemelas, la línea del horizonte donde se confunden el cielo y el mar.

                        Y por eso difiero siempre contra los matemáticos de la Historia que niegan ciertos episodios poéticos que clasifican de legendarios, de puras invenciones. ¡Como si el alma de los pueblos no tuviese también su historia, la historia de la vida interior de esos pueblos, con sus complejos, sus ansiedades, digamos su poesía! Negar o eliminar esa historia del sueño y de la leyenda es eliminar el propio soplo creador de la vida, es negar o eliminar las causas profundas que hacen mover los hombres y producen los acontecimientos.

                        Claustro Poético, desde su segunda época, se ha hecho eco de este profundo sentir y ha introducido en sus páginas, también, la Historia, a través del Romance y la Leyenda. Si nos preguntamos por qué, comencemos por el Romance:

                        ¿No fue Covadonga, con Don Pelayo, en el albor de la raza, un extraordinario poema épico? ¿No ha habido algo de arrebatador, de fantástico, en esa pequeña mancha de Asturias que se fue poco a poco extendiendo, día a día, mes a mes, año a año, década a década, siglo a siglo, hasta ser España el imperio en el que nunca se ponía el sol? ¿Y qué decir de ese extraordinario presente del cielo que fue el cuerpo del Apóstol Santiago, raíz mística de la nación, que se transformó en el gran faro de la Cristiandad? ¿Y la existencia del Cid, de ese don Rodrigo Díaz de Vivar, que no se llega a saber si inspiró un poema o ha salido de un poema; Cid Campeador, para quien las guerras eran como juegos florales; que arrancó a Valencia a los moros como si les arrancase una rosa...? ¿Y Navas de Tolosa, donde los españoles, ya conscientes de su destino, por concordancia se unieron como hermanos para acometer a los musulmanes? ¿Y la conquista de Sevilla, la gran favorita de los árabes, por Fernando el Santo, que supo cristianizarla sin robar su perfume, flor sin pecado, pero siempre flor de amor?

¿Y la aparición excepcional de la gran figura de Alfonso el Sabio, con sus monumentales Siete Partidas -figura de cristalería en la Catedral de la Cultura-? ¿Y el casamiento simbólico de Isabel y Fernando, boda del Cielo y de la Tierra, del sueño y de la realidad; Isabel y Fernando, para quienes Granada, tomada a los moros, fue la auténtica fruta de la felicidad, fruta profética del descubrimiento de América...?  ¿Y la aparición sobrenatural de ese Gran Capitán, heroico y sonriente, que vencía aún después de vencer, que hizo de su campaña de Italia al mismo tiempo un poema épico y lírico, una batalla de flores, después de cada batalla de lanzas y arcabuces? ¿Y Lepanto, esa última cruzada contra los infieles, sancionada por el Papa y mandada por don Juan de Austria y don Alvaro de Bazán; la luna integral de nuestra espiritualidad contra las medias lunas turcas, donde el soldado Miguel de Cervantes Saavedra, intérprete y cronista del alma de su Patria, perdió un brazo y ganó una lanza eterna, la lanza de don Quijote?

                        Singular afinidad de Pelayo y Cervantes, que han escrito sus vidas y la vida física y espiritual de España, con su espada y su pluma. Sin don Pelayo, sin don Miguel de Cervantes, España no habría poseído, tal vez, tan viva la conciencia de sus grandezas, la presencia de su pasado, la certeza de su presente, la fe en su futuro.

                        En cuanto a la Leyenda: ¿no es el marbete genuino a la íntima personalidad de un pueblo? ¿Su origen no se remonta a la noche de los tiempos, y es tan inherente al género humano como su misma y propia condición? ¿No es la leyenda común a todas las culturas, razas y naciones?

                        El propio Freud se pronunció sobre la misma: "...tendemos a representarla de acuerdo con nuestros deseos y necesidades, y cuando la tal realidad nos repugna procuramos evadirnos de ella en nuestros sueños, adornándola con destellos de arte y poesía, e incluso ingenua filosofía, y vistiéndola con las galas sutiles de un espiritualismo que haga tolerable la dura realidad de los hechos".

                        También Pemán opinó magistralmente: "...yo veo en la leyenda, una solución armoniosa entre una densidad de tradición y una depuración de modernidad. La "leyenda" no se evapora, como el cuento, hacia el poema lírico: la leyenda reduce las dimensiones de la novela pero persigue la esencialidad poética exigida, por su cercanía al poema épico: al mundo narrativo de los caballeros, las hazañas, los amores, las conjuras, los collares, los encantos".

                        El inmortal Bécquer dijo al respecto: "La crítica histórica, esa hija incrédula de nuestros días, nos ha enseñado desde niños a sonreírnos de compasión al oír el relato de esas tradiciones que eran el brillante cimiento de nuestros anales patrios".

                        ¿Dónde está la ficción?, ¿Dónde está la realidad? ¿Cuál es la diferencia entre la Leyenda, el Romance y la Historia?

                        Pueden los hombres haber sido movidos, algunas veces, por la ambición, por la codicia, por el hambre de oro. Pero ni por eso han dejado de hacer poesía, abriendo nuevos horizontes a la imaginación humana.

 

                                                                        Miguel Moreno Jara


                                               EL NACIMIENTO DE JULIO

 

                                    Oscuridad en tu alma que dormía,

                                    mudez que ansiaba ya tu nacimiento,

                                    calma hasta que llegado este momento

                                    compensaste en maná de savia mía.

 

                                    Alba de vida, a su familia unía;

                                    fue verte, amor y único alimento;

                                    mis ojos y anegarse en sentimiento;

                                    mi corazón, latir en alegría.

                                   

                                    Yema inocente al mundo que, emergiendo

                                    al abrigo del lar que te esperaba,

                                    retoño anacarado, ese es mi nieto.

 

                                    Luz de vida, seduce reluciendo

                                    en su esplendor -la savia que incitaba

                                    al abuelo a escribir este soneto-.

 

                                                                        José Alvarado Zapata


                                                        SURCO DE AMOR

 

                                    Del surco del amor tu no te alejes,

                                    esparce tu semilla con esmero,

                                    recogerla en abundancia espero

                                    en el sabor del fruto que me dejes.

 

                                    Lo tuyo, ni potingues, ni brebajes,

                                    es que pasas mi amor en desafuero

                                    amasando en función de tu trastero,

                                    los silencios que rompen nuestros viajes.

 

                                    Y yo amor, esperando, sí, esperando

                                    que el camino de rosas olorosas,

                                    siempre a los dos esté acompañando,

 

                                    sin que surjan espinas dolorosas

                                    que presagien heridas, y sangrando

                                    escriban rojo, frases amorosas.

 

                                                                        José Alvarado Zapata


                                                            NACIMIENTO

 

                                                                                     A mi nieto Sergio

 

                                                Es su esencia cautelosa

                                    la que en la noche

                                    tibiamente te roza con su beso

                                    cubriéndote de niebla,

                                    ese, su halo de aliento

                                    sentido sin aún tenerlo.

 

                                                Ahora todo es oscuro para ti,

                                    y cuando el llanto rasgue el silencio

                                    del suave velo incógnito de tu sueño,

                                    allí,

                                    tierno cielo ungido de alabastro,

                                    disiparás la tiniebla del secreto.

 

                                                Abarca ahora tu temblor

                                    cuando aún la aurora

                                    gotea en su madrugada.

 

                                                Conoce tú el camino

                                    tan lleno de límites sinuosos,

                                    expuesto a viaje de esperanzas.

                                    Te aguarda

                                    para ser hollado por tu pulso,

                                    por tu escala de sentidos,

                                    y así apresar

                                    el vuelo interminable

                                    de la vida en alianza.

 

                                                                        Maribel Ayala, 2005


                                        DOS CIUDADES CASI SEMEJANTES

 

                                    De Nueva York a Jaén

                                    mucho trecho,

                                    más olivos que agua,

                                    y estaríamos más cerca si hicieran

                                    un puente colgante:

                                    iríamos de compras los de pueblo,

                                    de turismo speaking in English,

                                    con nuestras botellitas de aceite de oliva

                                    en la mochila.

                                    Seguro que nos traeríamos

                                    un alma in blue con saxo

                                    para que nos jadeara en nuestras

                                    plazuelas entre chiquillos y abuelos.

                                    Jaén está tan cerca de Nueva York

                                    que ya nos vemos andando,

                                    nuestros pies al viento...

 

                                                                        Francisco Barranco Cobo


                                               CRUCIAL OTOÑO DESPUÉS

 

                                    Cuéntame el cuento de las tres anguilas

                                    y la sirena voladora y contestataria,

                                    resistir la tentación de no aburrirme

                                    cuando admiro los muslos de Anita Ekberg,

                                    mientras remato estas criadillas de pollo

                                    con tenedor de palo.

 

                                    Ese que desvaría no es un genio,

                                    me envuelve incomprensiblemente,

                                    ni merezco el mal que tú me haces,

                                    callando me pierdo y me olvido,

                                    hago de ti una ausencia repetible.

 

                                    Oigo crujir de hojas y no me espanto,

                                    tus ojos barcos incendiados,

                                    son ojos o fogatas a lo lejos.

 

                                    Irremediablemente la esperanza

                                    no borra mi camino,

                                    bendita luz, ángeles benditos

                                    preliminares en el ombligo

                                    de las madres.

 

                                                                        Francisco Barranco Cobo


                                                        DONDE DUERMO

 

                Mi amor está escondido

                sin quererlo,

                debajo de las flores y los sueños,

                y abona y alimenta

                sin saberlo,

                jardines de ilusiones en silencio.

 

                Si vienes donde duermo...

 

                Derrámame la savia que me ahoga,

                ahuécame el florido de mi pecho,

                deslígame las ramas que me enredan las entrañas,

                destíñeme el azul del limbo de mis sueños,

                y déjame dormir,

                mientras fecundo semillas de pasiones y de versos,

                enterrada en el jardín del desencanto y el silencio.

 

                Si vienes mientras duermo...

                Saldrán en primavera de mi tierra las mil flores,

                y una explosión de amor y de color habrá en el viento,

                y el silencio de tus ojos escribirá mi nombre,

                ...si vienes,

                encima de la tumba, donde duermo.

                                                                        Rocío Biedma Romero


                                                 AMANÉCEME SI PUEDES

 

                                    Amanéceme si puedes,

                                    la noche que he asumido.

 

                                    Derríbame este muro donde escondo

                                    los gritos de silencio que he mordido

                                    o quítame la llave que me cierra

                                    la puerta de la pena donde vivo.

 

                                    Rómpeme la ola en que me ahogo

                                    o apártame la arena donde anido,

                                    las lágrimas que riegan las violetas

                                    del jardín del desencanto en el que vivo.

 

                                    Despiértame los sueños donde duermo,

                                    o quiébrame el cristal donde te miro,

                                    bórrame los surcos que ha marcado

                                    tu siega, en mi corazón herido.

 

                                    Cállame la voz con que te llamo,

                                    o párteme el papel donde te escrito,

                                    ciérrame los ojos que te miran,

                                    derrámame el amor que te he tenido.

 

                                    Bájame la media luna en que me mezco,

                                    en las noches que la lluvia no ha venido,

                                    o quémame en el fuego de la tarde,

                                    cuando el sol quema de amor también conmigo.

 

                                    Córtame los hilos que no mueven

                                    la marioneta en que me he convertido,

                                    rájame la tela que no cubre

                                    el frío de este desamor sabido.

 

                                    Amanéceme si puedes,

                                    la noche que he asumido.

 

                                    Quítame la vida en un momento,

                                    con un beso,

                                    o mátame en segundos,

                                    de un gemido,

                                    o hazme una caricia que me agite

                                    la dicha en mi pecho, por haber sentido,

                                    los suspiros que me enhebren las agujas,

                                    que cosan rotos, de mis descosidos,

                                    y déjame sentir en un instante

                                    la ternura que soñando había tenido.

 

                                    Hazlo antes de que me vuelva a mi noche,

                                    dame de vida un segundo,

                                    te lo pido,

                                    y despacio partiré

                                    a la noche que he asumido,

                                    y con tu amor dormiré,

                                    toda la vida, un instante

                                    y soñaré.

                                    que me has amanecido.

 

                                                                        Rocío Biedma Romero


                                                   TRES SONETOS A JAÉN

 

                                                               I. VOLVER

 

                                                He roto la distancia, espiga yerta.

                                    Vuelvo a Jaén. La mano del Castillo

                                    me saluda y me erige en el caudillo

                                    de mis sueños. El alma se despierta

 

                                                al pisar el pasado y se liberta

                                    en el recuerdo que perdió su brillo

                                    y vuelve a refulgir en el anillo

                                    del corazón que, por amor, acierta.

 

                                                El cielo se encastilla en mi mirada

                                    que por tanto fulgor se maravilla;

                                    pues volver es vivir la hora señalada.

 

                                                Alcanzar jubiloso la otra orilla

                                    y contemplar la cruz iluminada

                                    doblando en tus adentros la rodilla.

 

                                                                        Miguel Calvo Morillo


                                                             II. JABALCUZ

 

                                                Ha muerto a Jabalcuz. Llora el ruiseñor

                                    y entona un responsorio en su partida.

                                    La tarde en la nostalgia se suicida

                                    del modernista ambiente soñador.

 

                                                "El Niño de la Espiga" ¿Di, Señor,

                                    quién le arrancó la espina de su herida?

                                    ¿Quién truncó su presencia tan garrida?

                                    ¿Quién cegó de la fuente el surtidor?

 

                                                Han muerto a Jabalcuz. Su gracia alada.

                                    Las cañas de bambú, junto al Balneario:

                                    huidiza mariposa asesinada

 

                                                por el ladrido cruel y mercenario.

                                    Como el viejo Jaén -tierra truncada-

                                    calle de la Amargura hacia el Calvario.

 

                                                                        Miguel Calvo Morillo


                                                        y LA MAGDALENA

 

                                                Se disfraza el ladrillo de topacio

                                    disimulando su arcilla carcomida.

                                    Las piedras acicalan la perdida

                                    talla que fuera el alma de su espacio.

 

                                                No pasaron los siglos tan despacio,

                                    dejáronse en las huellas de su vida

                                    la impronta de una orla suspendida

                                    en las ruinas señoriales de un palacio.

 

                                                La Magdalena. Santo y seña. Rosa

                                    agarena de múltiple armonía,

                                    por donde mana el agua silenciosa

 

                                                y "El Lagarto" es leyenda sin falsía.

                                    Igual que su fe, hoguera prodigiosa

                                    que, a los pies de Jesús, el alma arría.

 

                                                                        Miguel Calvo Morillo

                                                                        Jaén, otoño 2.002


                                                TE HE BUSCADO, AMOR...

 

                                    ...te he buscado.

                                    Te he buscado por las brisas y los charcos,

                                    bajo miles de oscuros aguaceros,

                                    por entre primaveras y auroras moribundas

                                    detrás del sol.

                                    Y he devuelto la mirada a tus estrellas,

                                    un millón de veces, mi amor, un millón de veces,

                                    saltando puentes devastados por el miedo

                                    a no encontrarte, a no reconocerte nunca,

                                    a no besar tus sienes plateadas esta noche.

 

                                                                        Teresa Cívico Resina


                                                         ENTRE VISILLOS

 

                                                Cuando la luz del alba

                                                puso color a las lomas,

                                                crucé veloz por su calle

                                                con olor a rancias sombras.

 

                                                La vi entre vetustos visillos,

                                                telón de sus largos ahoras.

                                                Su pelo de blanco nácar,

                                                sus manos de ajadas formas.

                                   

                                                No se cual era su nombre,

                                                ni como mujer, su historia,

                                                pero me duele la soledad

                                                que por su ventana asoma.

 

                                                Me duele verla mirar                            

                                                a los que pasan sin hora,

                                                consumiendo largo tiempo

                                                entre la soledad, tan sola.

                                   

                                                Soledad de poeta santo,

                                                sonora de calle angosta,

                                                de silencio interior cansado

                                                de melancólica vejez obra.

 

                                                En el alféizar herrumbroso,

                                                testigo fiel de tantas cosas,

                                                quizás sueñe con amores

                                                que se fueron y no tornan.

 

                                                O espera a ese hombre

                                                que por la noche ronda,

                                                ilusión tardía y sosegada

                                                que busca en la memoria.

 

                                                                        Elena Cobo Gámez


                                                          HAY UNA CRUZ

 

                                    Hay una cruz que se alza en lontananza.

                                    Una cruz blanca, que levanta el vuelo,

                                    y ansiosa de nostalgias y de cielo

                                    es símbolo de amor y de esperanza.

 

                                    Una cruz que en la noche se ilumina,

                                    que te mira, la miras y te sigue.

                                    Y que a veces, si quiere, te persigue

                                    desde el sublime altar de su colina.

 

                                    Para Jaén, su cruz es su alegría.

                                    Aupada por la tarde y por la aurora

                                    oteando va barrancos y caminos.

 

                                    Es la luz, que encendida noche y día,

                                    caminando a tu lado te enamora

                                    entre anhelos humanos o divinos.

 

                                                                        Manuel Escudero

                                                De su obra inédita: Mientras amanece (2002)


                                                              EL ABUELO

                                                                        I

 

                                    Un eco de saetas se derrama

                                    por hileras de calles y de olivos.

                                    La noche se detiene. Cirio y llama

                                    desfilan amarrados y cautivos.

 

                                    Hay notas que de un himno van y vienen,

                                    mecidas por un mar de costaleros:

                                    son lágrimas que apenas se sostienen,

                                    nacidas de la luna y los luceros.

                                   

                                    Jaén, estremecido, llega aprisa,

                                    en busca de su luz y amor sereno,

                                    en busca de su paz y su consuelo.                                

 

                                    Jaén le ofrece el llanto y la sonrisa

                                    a su Padre Jesús, al Nazareno,

                                    a ése que llaman todos el Abuelo.

 

                                                                        II

 

                                    ¡Detente, por piedad, viento, y escucha

                                    cómo reza a Jesús un pueblo entero,

                                    a ése que lleva a cuestas el madero

                                    y lo sube al Calvario en plena lucha!

 

                                    ¡Detente, por piedad, mira hacia el cielo!

                                    ¡Seguro que se quejan las estrellas,

                                    que se oyen en la noche sus querellas

                                    de llanto, de dolor, de desconsuelo!

 

                                    Y el viento se quedó quieto y callado.

                                    Y tembló la emoción por las esquinas.

                                    Y la noche quedó sin madrugada.

 

                                    Apareció el Abuelo deseado.

                                    Floreció la pasión de las espinas.

                                    Jaén lloró en silencio, enamorada.

 

                                                                        Manuel Escudero

                            De su obra inédita: Canciones y devociones (2005)


                                                          ENTRE OLIVOS

 

                                                                                    Al amigo de la infancia

                                                                                    que murió siendo niño

 

                                    Unos de estos días desearía verte,

                                    creo que necesito, aunque no ansío,

                                    hablar contigo; quiero contarte

                                    mis últimas ilusiones ahora te envío

 

                                    esta carta para recordar aquellos paseos

                                    que dimos entre olivos. Adolescentes,

                                    inexpertos, grandes amigos, y deseos

                                    apasionados de no tener secretos vivientes

 

                                    entre nosotros. Simplemente amigos.

                                    Te marchaste el día que olían los olivos

                                    para indicar que su fruto ya está maduro.

 

                                    Nosotros también olíamos, y yo perduro

                                    en aquella amistad, sentándome bajo el olivo

                                    cuyo olor me recuerda al amigo perdido.

 

                                                                        Antonio Espinosa Úbeda


                                                       LEJOS DE MI MAR

 

                                    Lejos de mi mar todo es diferente,

                                    las olas de agua son aquí ondeadas colinas

                                    cuyo color y aspecto el tiempo cambia:

                                    hoy son de roja tierra para ocres ser mañana,

                                    vida cambiante,

                                    sentimientos adaptados al color de la tierra.

 

                                    Esto no sucede con el agua de mi mar:

                                    su color se mueve porque cambia la mar entera,

                                    objeto viviente,

                                    eterno manantial de vida,

                                    fuente de sentimientos,

                                    ideas expresadas a través de olas de agua.

 

                                    Ya no sé si hay dos clases de vida,

                                    la de la mar y la que se vive fuera de ella,

                                    ya no sé si soy yo quien dos vidas tiene,

                                    la del agua y la de la tierra.

                                    Con placer vivo las dos, pero me asusta

                                    no ver de mi mar sus olas.

 

                                    Lejos de mi mar todo es diferente,

                                    mas yo no renuncio a pasear entre olivos,

                                    a sentir el frío quemante de la nieve,

                                    a pasear con amigos

                                    entre calles y gente,

                                    y a disfrutar de las dos vidas diferentes.

 

                                    Ahora estoy en la tierra, mar,

                                    a ti te veré mañana.

 

                                                                        Antonio Espinosa Úbeda


                                                         A GABRIEL JARA

 

                                    Nunca se sabe, Gabriel,

                                    nunca se sabe...

                                    Si cuando miras desde la Alhambra

                                    al cielo,

                                    no está mirando

                                    ese Chile tuyo, lejano

                                    y tan presente.

 

                                    Nunca se sabe, Gabriel,

                                    nunca se sabe...

                                    Si en la fría dureza

                                    del exilio,

                                    no sientes el aire

                                    de Chile

                                    en tu garganta.

 

                                    Nunca se sabe, Gabriel,

                                    nunca se sabe...

                                    Si cuando está amando,

                                    la piel de la mujer

                                    a la que besas,

                                    te sabe a Chile.

 

                                                                        Cristóbal Francisco Fábrega Ruiz

 

                                                Y yo te quiero.

                                                Y, a veces, mi cariño

                                                revienta tu mirada.

                                                Tú sientes en tu pecho

                                                una cárcel dorada,

                                                y yo, tan solo quiero

                                                sentirte enamorada.

                                                Decirte: yo te quiero

                                                libre, no raptada.

                                                Sentir latir tu pecho                              

                                                tic-tac en tu mirada.

                                                Decirte niña mía.

                                                Decirte: ven amada.

                                                Sentir latir tu pecho,

                                                oírte entre la nada,

                                                besar tus suaves labios,

                                                vivir en tu alborada.

 

                                                Y yo te quiero

                                                libre, que no encadenada.

 

                                                Sentir que tú me eliges,

                                                sentir que tú me amas,

                                                sentir que mi cariño

                                                no rompe tu mirada.

 

                                                Acaso, entre las sombras,

                                                agobias tus palabras.

                                                Y yo sólo preciso

                                                mirarme en tus miradas.

                                                Oírte: yo te quiero.

                                                Oírte enamorada.

                                                Amarte entre la noche,             

                                                amarte en la mañana.

                                                Sentir que está conmigo,

                                                tocarte en la alborada.

                                                Decirte: yo te quiero,

                                                te quiero enamorada,

                                                enamorada y libre,

                                                enamorada y clara.

 

                                                Que yo te quiero libre,

                                                que no te quiero esclava.

 

                                                                        Cristóbal Francisco Fábrega Ruiz


               La tarde, final de cada día,

               donde las sombras ocupan los rincones,

               los ojos el bajo cielo del cansancio,

               las bocas palabras monosílabas,

               es tarde en que el hombre ajusta su vida a su letargo,

               al paso irreversible y puntual de las reatas,

               a la certeza de que todo transita

               perdiendo un vapor por cada herida,

               a la locura saqueada

               por barrenos que destruyen

               el punto germinal de la semilla.

               ¡Evitad que descanse su cabeza en el mármol!

               ¡No dejéis que escriba sobre el pedestal de la muerte

               su dolor destripado,

               que convierta en piedra su última palabra!

                                   

                                                                        Alfonso Fernández Malo


                        En este tiempo cíclico

                        negado a la quimera,

                        en esta sintonía compleja

                        de hechos sucesivamente acríticos,

                        en este tránsito de olvidos

                        donde claudican las sorpresas,

                        en este altar de piedra

                        donde hincan rodilla los sentidos,

                        en esta duda de ser y no haber sido,

                        de ser esta cadena

                        que cruje y desespera

                        por ser hierro fundido,

                        quiero gritar, abrir lo nunca visto,

                        la línea espacial de tu cadera

                        al flujo racional de mi cabeza,

                        quiero nacer de lo vivido.

 

                                                                        Alfonso Fernández Malo


                                         MÚSICAS DE AMOR EN EL CIELO

 

                            (A Mercedes, a quien dediqué mis músicas de amor)

 

                                    El cielo saciado de cirros

                                    en una encrucijada azul y algodonada

                                    retiene en su brisa apacible

                                    todas mis canciones de amor a ti

                                    oradas en músicas perdurables,

                                    entre ritmos de metal y cuerda.

 

                                    Son expresión ajena a la conciencia

                                    trasplantadas a mi lengua vernácula

                                    en poemas de figurada belleza

                                    -como presente y prenda de mi amor-

                                    por las horas de sosiego y quietud

                                    volátiles como energía sensual

                                    a un inmenso espacio liberto,

                                    acunadoras de impresiones recientes

                                    y de vivencias melificadas a tu lado

                                    y meditadas en quedo murmullo

                                    cuando sólo ver tu rostro

                                    eriza el melómano pelo del cuello.

 

                                    Y creo que todo está en ese cielo

                                    como vibración muda amorosa

                                    que se alimentara con torrentes de música

                                    desde este suelo distante.                                 

 

                                                                 Juan Carlos García-Ojeda Lombardo


                                                    ¿POEMA INMORTAL?

 

    Hace ya diez años que me perdí

    en el jardín de las soledades eternas,

    cuando apenas el candor atrapaba

    la esencia fugaz de la vida

    en una esquina umbrosa, en silencio,

    casi sin hacer ruido, de la forma discreta

    que siempre anduve por este sendero.

    Apenas si soy un vago recuerdo;

    hay quien entorna los ojos

    y con dificultad puede dibujar aún mi rostro,

    nadie me recuerda en plenitud,

    ni jugando al fútbol, ni declamando un verso,

    ni dando un beso, tomando cerveza o echado con alegría

    en el alféizar de la ventana.

 

    Hace ya cien años que dejé de ser un recuerdo,       

    me han intuido en un errático libro

    mal conservado y predecible en su forma

    y han suspirado entre extrañados

    y jocosos al ver tanto derroche inacabado,

    tantos Javier, Ramón, Felipe, Miguel, Pedro, Juan Carlos...

    luchando en la batalla perdida de la inmortalidad

   en una noche en que las mariposas azules

   ya no revoleaban junto a las melancólicas farolas,

   en una noche en que los pensamientos

   vagaban entre miedos inconfesables

   como aquel perro que ladraba a la luna.

 

   Hace ya mil años que inmolasteis mi voz

   en la pira de una ciudad que ya no existe

   porque los recuerdos de cuanto amé

   se han disipado en el limbo del tiempo,

   en la época que me tocó emocionarme,

   tener curiosidad, correr, pensar, querer...

   como aquel cuento en el que todos

   sabían su final y, sin embargo,

   al no saber declamarlo, nadie lo quiso leer.

   Ya no tengo temor, solo la dulce murria

   de haber sido todo muy breve,

   de no quedar nada en el recuerdo.

 

                                         Juan Carlos García-Ojeda Lombardo

 

                                                     EL ALMA DE BAILÉN 

 

                                    Me estremeceré al mirarte

                                    dejando en cada rosal

                                    un lazo y un desencuentro

                                    en el Parque del Vivero.

 

                                    Me enamoraré del alba,

                                    del rayo de sol que beso,

                                    de las nubes que observo

                                    porque mi amor eres tú.

 

                                    Si en otoño no te veo

                                    me confundiré entre hojas

                                    para que pisen tus pies

                                    los aromas de mis versos.

 

                                    Y me reuniré contigo

                                    igual que miles de estrellas

                                    compartiendo parques nuevos.

 

                                                                        María Gila Justicia


                                                           INTRAMUROS

 

                                    El verde de las hojas

                                    del otro lado del mundo

                                    enviaba aromas frescos

                                    por las rendijas del muro.

 

                                    Sus juegos se acabaron

                                    detrás de la muralla,

                                    arrastrando su inocencia,

                                    arrebatando su alma.

 

                                    Una mujer oculta

                                    tras un velo sin palabras

                                    no descubre sus valores

                                    ni oye su corazón que llama.

 

                                    Se aleja despacio

                                    parándose a la sombra

                                    de la estúpida escarcha

                                    esbelta y solitaria.

 

                                    Así es, con piel de aceituna,

                                    con perfumes de sultana.

 

                                                                        María Gila Justicia


                                              ACARICIÉ TU PIEL DE LUNA

 

                                    ¡...Sonoras madrugadas doloridas,

                                    muriendo mientras viven triste sueño...!

 

                                    ¡...Mustias hojas marchitas que sucumben

                                    muertas y perdidas en mi recuerdo...!

 

                                    Acaricié tu piel de luna,

                                    con semblante triste y quedo,

                                    y en tus labios de carmín,

                                    escribí mi primer beso.

 

                                    Tus ojos tristes me miraron,

                                    tu boca no dijo palabra,

                                    y al acariciar tu pelo,

                                    negro, de la noche negro,

                                    dos reproches te salieron:

                                    -ya lo ves que no te quiero...                            

                                   

                                    Yo sólo un alma tenía

                                    antes de aquel primer beso,

                                    y ahora dos almas yo tengo:

                                    una en tu alma escondida                                 

                                    y otra que no tiene aliento...;

                                    y... mientras triste voy quedo,

                                    ya languidecen los días

                                    por los valles del recuerdo

                                    llenando de púas el viento,

                                    ...En mis almas sólo quedan

                                    los sones de este lamento.

 

                                                                    *****

 

                                    ¡...Sonoras madrugadas doloridas,

                                    crespones, arrastrados por el viento,

                                    de las almas que sollozan perdidas,

                                    sin calma, sin paz, sin sentir el aliento

                                    muriendo mientras viven, triste sueño...!

 

                                    ...sonoras madrugadas doloridas...

 

                                    Aún siento frío en mis labios

                                    de tus labios losa fría,

                                    aún recuerdo ese mi beso

                                    en aquella tarde tibia...;

                                    no llegará el futuro,

                                    que para mi ya no existe,

                                    sólo el abismo oscuro

                                    de una noche que persiste

                                    ... y con él la madrugada

                                    sin canciones se despierta,

                                    tan sólo los tristes sones

                                    de aquella tarde siniestra.

 

                                                                    *****

 

                                    ¡... Sonoras madrugadas doloridas,

                                    crespones, arrastrados por el viento,

                                    de las almas que sollozan perdidas,

                                    sin calma, sin paz, sin sentir el aliento

                                    muriendo mientras viven, triste sueño...!

 

                                    ¡... mustias hojas marchitas que sucumben

                                    muertas y perdidas en mi recuerdo...!

 

                                                                        Antero Jiménez Antonio


                                                     MI TRISTE SOLEDAD

 

                                    Yo quiero profundamente vivir,

                                    aquí donde el sol sin trabas escupe

                                    lanzas doradas sobre trigos verdes,

                                    esa tristeza de mi soledad.

 

                                    Aquí, emborrachado de quietud,

                                    en mi soledad, se olvida de mí

                                    hasta el tiempo que me cierra sus ojos.

 

                                    ¡Qué dulce es esa soledad sin tiempo!

                                    ¡Qué dulce tristeza sin amargura!

                                    es vida sin pasado ni futuro,

                                    es vida que se vive en un momento.

 

                                    Sí, me gusta esa triste soledad  

                                    cuando mi melancolía está sola,

                                    cuando mis pensamientos, que no pasan,

                                    no ansían y, al igual que el tiempo, me olvidan.

 

                                                                        Antero Jiménez Antonio


                                                 EN EL DÍA DE LA MADRE

 

                        A ti, mujer,

                        que viviste volcada en tus amores,

                        en los llantos,   

                        en las risas de tus noches,

                        en el frescor de las nieves

                        y el calor de tus soles.

                        A ti, mujer, mi canto te dedico,

                        porque fuiste tierra fértil y manantial,

                        por saber mantener cálido

                        el calor del hogar,

                        por esa cosecha

                        que a la vida supiste dar.

                        A ti, mujer, mi sentimiento,

                        mi orgullo y mi verdad,

                        por sentirme yo tu vástago,

                        tu siembra, tu continuidad...

                                                                 Adelaida Jiménez Gallego  


                        Soy un náufrago

                        incorregible.

 

                        Soy náufrago de profesión.

 

                        En el mar de la vida,

                        si no me equivoco.

                        he naufragado cuatro veces.

 

                        Pero soy un náufrago

                        que siempre sobrevive,

                        que el mar, sobre las olas, me regresa a la vida,

                        seguramente para poder volver a naufragarme.

 

                        ¿Estaré ahora naufragando nuevamente?

                        ¿Será éste el anuncio de mi quinto naufragio?

 

                        No es así, daros prisa en llamarme,

                        antes de que la mar nuevamente me llame.

                        ¡Antes de que el mar se os adelante!

 

                                                                 Laureano Luna Escolona


                                                        TOQUE DE QUEDA

 

Toque de queda sobre sábanas plegadas,

sobre gélidas sábanas estoy velando un teléfono de piedra

desde la trinchera de los recuerdos.

 

Tu atención dispersa me roe el alma,

y una lluvia de semblantes bíblicos se convierte en tu mejor aliado.

Delatado por agónica pasión trago el lento veneno de tu sonrisa,

y quiero alistarme en el ejército de los desheredados

para no engrosar el censo de los que te admiran.

 

Si ahora no me devuelves la mirada de fuego

seré presa de una proverbial caída.

 

Si no tienes esta noche al menos la credibilidad del espejismo,

si en la madrugada ni siquiera cuentas con la consistencia del humo,

replicaré destructivo tu memoria evanescente.

 

Armado con un lápiz roto y pertrechado con ideas de fogueo,

dispersaré con saña tu molecular dulzura.

 

Por la mañana, al despuntar la luz,

regresaremos al túnel de las romas conversaciones.

Ya de día habrá retorno a la palabrería de ascensor,

donde las andanadas de la sospecha cauterizan la desconfianza

y muelen el esternón.

 

Luego, otra vez en el ocaso rojizo, un toque de queda metálico;

resurrección cenicienta de palabras huecas y miradas vacías.                                                                

                                                              José Ángel Marín Gámez

                                                              Jaén, junio de 2005.


                               CANCIÓN DE NOCHEBUENA (poesía en prosa)

 

Querido Niño Jesús:

                        Tengo dos hijos de tu edad. Son como tú. Tan tiernos son que me preguntan sin cesar si Platero junto a tu cuna campea y pasta.

                        Tan tiernos son que me han urgido a la narración de un cuento para esta nochebuena.

                        Les he relatado aquel cuento que siendo yo como una nuez, tu me enseñabas. Les conté el de La Camisa del Hombre Feliz; seguro que todavía te acuerdas. Aquel siempre se me antojó un cuento para mayores, eso sí, contado a niños en la escuela del Arco de San Lorenzo; escuela por don Victoriano tan requetebién reglada.

                        Aquel cuento de desnudez sincera que sólo los niños alcanzan a comprender. Aquel relato de colores y camisas que de los adultos nubla las entendederas.

                        Aquel relato te hacía preguntas miles y tú te interrogabas: De qué color sería la camisa del hombre feliz. Y resultó ser que el hombre feliz camisa no tenía.

                        Le cuento a mis hijos la historia y ellos me señalan con sus deditos de canela en rama.

                        Me apuntan y señalan.

                        Me señalan un cielo apenas cincelado.

                        Desde su gigantesca infancia los dos hermanos parecen mirar al cielo, y es la que señalan mi garganta.

                        Miro yo y no veo nada.

                        Ellos insisten y hasta se arrebatan.

                        Ahora ya los entiendo, ahora que ya me gritan y se alzan.

                        Prendidos del nudo me dicen que el Hombre Felix del cuento tampoco llevaba corbata.

 

                                                                        José Ángel Marín Gámez

                                                                        diciembre de 2004.


                                                       ESTOY LLORANDO

 

                                                Estoy llorando por ti

                                                por entender lo entendido.

                                                Estoy llorando por ti

                                                por comprender lo incomprendido.

                                                Estoy llorando por ti

                                                por saber de la verdad.

                                                Estoy llorando por ti

                                                por no dudar de mí

                                                y lloro por ti y no por mí,

                                                porque los hombres no lloran.

                                                Pero la impotencia que es mujer

                                                llorar, por tu querer.

 

                                                                        Juan Pedro Martínez Martos


                                                 DE UN HIJO A UN PADRE

 

                                                Tú que, sin ser pintor,

                                                creaste un cuadro con el

                                                fondo, de colores claros y cálidos.

                                                El que, sin ser lienzo,

                                                rechazó los colores oscuros y fríos.

                                                Tú que, sin ser escultor,

                                                esculpiste unas formas

                                                de líneas rectas y sin maldad.                           

                                                El que, sin ser de barro,           

                                                absorbió lo bueno y escurrió lo malo.

                                                Tú que, sin ser escritor,

                                                imprimiste tu letra sabia y tranquila,

                                                con palabras de cariño y ternura.

                                                Él, sin ser libro, se dejó escribir

                                                de consejos; lo mejor cogía.

                                                Tú, que de las tres artes tienes

                                                sin tener ninguna, espero que al

                                                contemplar tu obra llores de alegría,

                                                solo te voy a decir: esto va por ti.

                                                ¡Alma mía!

 

                                                                        Juan Pedro Martínez Martos


                                                               BUSCARTE

 

                                                Buscaré en mis noches

                                                de terciopelo,

                                                todas las caricias

                                                que nubes envolvieron.

 

                                                Trenzaré en mis dedos

                                                tus rizos de pelo,

                                                y en una cadena

                                                subir hasta el cielo.

 

                                                Rozará mi boca

                                                tus labios de fuego

                                                y en una candela

                                                fundir nuestro beso.

 

                                                Tocarán mis manos

                                                tu piel como el trigo

                                                y envuelta en ternura

                                                estaré contigo.

           

                                                Alzaré en puntillas

                                                a mis pies en vilo                                  

                                                para verme en tus ojos

                                                y saber que he vivido.

 

                                                Guardaré en mi mente

                                                el tiempo perdido

                                                que sembró en mi alma

                                                un jardín florido.

 

                                                Y así entre mis noches

                                                de terciopelo herido

                                                arrullarán las sombras

                                                mi amor y tu olvido.

 

                                                                        Antonia Mingorance Caballero


                                              "EL AMOR" ¡que no se rompa!

 

                                                Guardaré mis rosas de amor

                                                en lo profundo del alma,

                                                como tu guardas las tuyas

                                                que nada pueda rozarlas

                                                y siempre estarán hermosas

                                                cual destello en la mañana,

                                                que nunca las hiera el tiempo

                                                con puñales en las palabras,

                                                ni la cruel monotonía

                                                ni la rutina callada,

                                                que tengan sus tallos verdes

                                                y sus corolas doradas

                                                que nadie pise sus hojas

                                                de pasiones coronadas,

                                                que se mantengan erguidas

                                                ¡fuertes! ¡frescas!

                                                como clavadas en su planta,

                                                que el amor no lo destruya

                                                malos vientos en la alborada.

 

                                                Por eso guarda tus rosas

                                                en una bella guirnalda,

                                                que las mías guardaré

                                                en lo profundo del alma,

                                                como tus besos y mis besos

                                                esperando siempre el alba.

 

                                                                        Antonia Mingorance Caballero


                                                        MANOLITA CHEN

 

                                                                        Para María José. Me gusta

                        pensar que esperaste por mí.

 

                        A los quince años eres como un radiestesista buscando "agua" detrás de un palito, solo que ese "agua" no lo encuentras tanto como quisieras y el palito tiene vida propia, sin importarle apropiarse de los recursos aún escasos de tu adolescente cerebro.

                        Bueno, no sólo se tiene a esa edad un lujoso lastre entre las piernas, también se atesora un entusiasta deseo de acabar con la injusticia y el sufrimiento en el mundo mundial y defecar sobre el sistema, cualquiera que este sea.

                        Yo quería cargarme a Somoza, hacer el boicot al "agua negra del imperialismo yanqui". escribir tórridas soflamas libertarias en forma de novelas memorables y ayudar al prójimo  escuchando sus problemas sin cobrar un céntimo.

                        No puedo por menos que recordar con melancólica simpatía esa época mientras degusto un cubata de Jack Daniel's

con Coca-Cola después de hacer caja por mi consulta y escribo relatos brevísimos de escaso o nulo contenido social. No, tampoco viajé a Nicaragua a cargarme al dictador aunque si tarare alguna canción de Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina cuando la porción de Jack es disparatada.

                        Descrito está el contexto socio-evolutivo. Yo era miembro (no va con segundas) de la Cruz Roja (super roja) de la juventud (y basta ya de paréntesis) con lo que, además de encauzar mi espíritu de entrega a los demás, podía lucir una camiseta con dicho emblema sobre mi añorado y escuálido torso, mostrar un carnet con una foto que acredita ahora la caducidad de la belleza, y entrar de gorra a algún que otro partido de fútbol en el viejo Estadio de La Victoria.

                        Por la feria de San Lucas, el responsable de nuestra banda de filantrópicos adolescentes nos reunión en la sede un viernes por la tarde y nos dijo que, con el fin de dar publicidad a la obra social de esta Institución y recaudar algo de pasta, se había organizado un partido de fútbol en la Salobreja entre la Cruz Roja de la Juventud y los trabajadores del Teatro Chico "Manolita Chen".

                        -¿Quién se apunta? Inquirió el ingenuo jefe que, a pesar de frisar los treinta ya nos anunció que se reservaba ser el defensa de cierre.

                        -¡Yooooooo! (El proverbial entusiasmo y desprendimiento de la edad).

                        -El partido será a las cinco. Os quiero allí a las cuatro y media.

                        Los que vivimos en Jaén sabemos que por la feria mencionada puedes asarte o pasar un frío de las narices. Es más frecuente esto último, y aunque la jornada anterior hizo un día espléndido, aquella tarde de sábado de farolillos hacía un viento fuerte y racheado, unos once grados de temperatura (repartidos entre cada integrante del equipo, tocábamos a uno por barba cuando soplaba el aire) y llovizna fina de aguja.

                        Con este tiempo el número de espectadores ascendía hasta unas quince personas, todas las artistas del teatro chino envueltas en sendos abrigos de "piel" de leopardo y otras fieras llamativas que si, a sus propietarias calentaban, a nosotros defraudaban y enfriaban doblemente si en algún instante albergamos la posibilidad de atisbar entre el público un escote prometedor o una pierna generosa.                    

                        Desde el vestuario ya oíamos los gritos de ánimo de las susodichas (alabín, alabá, alabín, bon, ban, el chino, el chino y na-die-más) mientras procedíamos a vestirnos.

                        Empiezo a sacar la ropa de mi macuto "ellesse": mis "Adidas" de tacos gastados, mis inmaculada medias blancas "puma", mi camiseta azul celeste como la del portero de Real Madrid, ...mi, mi ¿pantalón? ¿Dónde carajo están mis pantalones, mis guantes y mi chandall? ¿Cómo es posible que me haya dejado los pantalones en casa? Era como la pesadilla recurrente en la que sales en público en calzoncillos y por mucho que quieres correr o ocultarte no puedes moverte casi del sitio. Pero ¡era cierto! Allí estaba yo en el vestuario en calzoncillos (por cierto con un estampado de piraguas sobre cuyo número ya se hacían apuestas) y con la cada vez más probable posibilidad de quedarme sin jugar -porque el menda en esas circunstancias no salía-.

                        En medio de este ataque de pánico, entra en nuestro vestuario un "integrante" del equipo del "Chino" con el atuendo de portero, una toalla al cuello, un pestazo horroroso a linimento del tío del bigote, gorra de mecánico, guantes de jardinero, una camiseta sacada de un test de limpieza de Dixán (antes de meterla en la lavadora y darle el cambiazo), gafas, de culo de vaso, un pantalón corto de color indefinido y ancho, pero ancho, ancho y arrugado, y con evidentes síntomas de discapacidad mental. Recuerdo perfectamente su cara. Dejémonos de descripciones: era Mortadelo.

                        -Hola, me mandan para que jugue con vozotos. Zoy un gualdameta de oztia. ¿teneiz gualdameta?

                        Mis compañeros señalaron al unísono. El unísono era yo sentado aún y maldiciendo mi mala cabeza.

                        -Hola, ¿tu erez el gualdameta?, yo zoy un gualdameta de la oztia. Voy a jugal con vozotos. Yo jugo un tozo del paltido y tú el oto, ¿vale? Pero si ta´cojonas yo jugo todos los tozos.

                        -Hola, yo me llamo Pedro. ¡Qué pantalones tan chuloss! (desde que ponderé la posibilidad de pedirle prestado el pantalón dudé seriamente la posibilidad de salir en calzoncillos. Pero al fin me pudo más el escrúpulo moral que el estético).

                        Le dije que me parecía bien y que yo empezaría a jugar la primera parte-tozo y que si le importaría dejarme su pantalón porque se me había olvidado traer el mío. Tras dudar no sé si que yo jugara el primer "tozo" o si dejarme los pantalones tan chulos (o Dios no lo permitiera, pedir mis calzoncillos a cambio) va el tío y se quita el pantalón y me lo da. Hasta que a mis compañeros les da por enrollarle la toalla a la cintura, tras el estupor inicial, vemos que le cuelga un "mandao" que avergüenza a los chicos de la Cruz Roja.

                        "Moltadelo", aunque hablaba con la ele no tenía de chino más que su trabajo, tenía una colgamenta, eso si, "de la oztia" de grande, sucia y maloliente.

                        Enfundado en esos horribles calzones, rezando por que todo su acartonamiento se debiera a materia inorgánica, la camiseta remetida por el calzoncillo con la legítima pretensión de aislar mi paquete del holgado pantalón prestado salí al albero de la Salobreja con más frío que vergüenza, o puede que al cincuenta por ciento, en medio de las risas de las vedettes y de los capullos de mis compañeros sobre cuya solidaridad con el desvalido cuestionaba, pero que muy seriamente, la idoneidad de su militancia en la honrosa institución que lucían en el pecho.    

                        Cuando salió el equipo del Teatro Chino, las mujeres aplaudieron con entusiasmo y gozé por primera vez de que el sexo contrario obviara mi presencia. El equipo del Chino estaba compuesto por once tiarrones de entre veinticinco y treinta y muchos años, de aspecto rudo y con muescas en las botas conseguidas a base de cepillarse las tibias y peronés de aquellos pardillos que se aventuraban a medir sus habilidades futbolísticas con ellos.

                        Para no alargarme en prolijos detalles del partido que conviertan el relato en una crónica del "Marca", resumiré que nos cascaron seis o siete goles (sobre todo a mí), a pesar de salvar con mis felinas estiradas otras tantas ocasiones; además, de patadas y codazos innumerables (también a mí). Conseguimos engañar al dueño del pantalón para que yo siguiera revolcándome por la arena el segundo tiempo. El hecho de que no protestara indicaba que el pobre debería estar acostumbrado a no comerse una rosca futbolera con sus compañeros y que intentaran empaquetarlo en el equipo del lugar con escaso éxito. Puede que se conformara con que su pantalón participara.

                        Ni que decir tiene que, por muy felinas que fueran mis intervenciones, la escandalosa holgura del calzón afeaba y dirigía desagradablemente las burlas de las espectadoras a las que oía decir: "quince", "qué va, veinticinco", "quía, no llega a dieciocho". Al principio pensé que aquellas ninfas disputaban sobre mi edad, después, al escuchar sus risas tras cada intervención, sobre los goles que me iban a meter. Pero cuando oí a una decir, "verás cuando vuelva a saltar..." lo supe: se distraían calculando el número de piraguas que llevaba estampados en mis calzoncillos.

                        Vapuleados en todos los sentidos y tras una ducha de agua fría (no es ninguna metáfora, es que no había agua caliente) y vestidos ¡por fin! de calle, nos dispusimos a salir. En la puerta del vestuario nos esperaba el tío más leñero del equipo contrario.

                        -Bravo, chicos. Ha sido estupendo jugar con vosotros. Estáis todos invitados a la función de esta noche. Os esperamos.

                        No solo las patadas dejaron de doler, el medio-centro que dejó el número de su pie marcado en todos nosotros como si fuéramos reses cobró de repente un prestigio técnico y hasta humano impensable antes de esa invitación. Su madre, que ciertamente nunca tuvo la culpa, también experimentó una mejora moral sustantiva.

                        A las nueve menos cuarto de la noche estábamos en fila delante de la puerta del barracón del Teatro Chino Manolita Chen. Nos dirigimos a los últimos asientos, dispuestos a ver en directo y aunque fuera a distancia la primera concupiscente teta de nuestra vida (para algunos, o sea para mi). En esa estaba cuando vi entrar a mi profe de Física que, antes de acomodarse en la primera fila, miró en todas las direcciones. Acurrucado e invisible eludí su rastreo visual y así me mantuve hasta que se apagaron las luces de la sala. Envuelto ya en la penumbra cómplice, noté una mano grasienta y con olor a linimento en mi hombro:

                        -¿Quieres palomitas? Eztan de la oztia.

                        -Buenaaas noches señoras y señores, bienvenidos al mejor espectáculo de estas maravillosas fiestas de esta maravillosa ciudad bla, bla, bla, bla, bla,...

                        ...y que ahora pedimos a estos chicos estupendos, mejores personas que futbolistas (risas) que suban al escenario a llevarse el aplauso de sus orgullosos vecinos y el beso de nuestra bellísima vedette.

                        (¡!)

 

                        Los aplausos y la envidia se dirigieron hacia donde un potente foco nos apuntaba: a diez tíos sonrientes de pie y un bulto agachado que en ese momento le decía al vendedor de palomitas:

                        -Tú si que eres un guardameta de la oztia. Sube ahí con ellos.

                        Uno a uno, incluido "Moltadelo" se llevaron el beso de la beldad envuelta en una vaporosa negligeé y el aplauso del respetable antes de volver a los asientos con cara de bobos y tatuada de carmín.

                        Emocionado, Moltadelo me regaló una "bolsa palomitas" que no me salió de los cojones compartir con nadie. Ni con el jefe, que me alabó el magnífico gesto.

                        Ese curso suspendí la Física.

                                                                       

                                                                        Pedro Luis Mínguez Durán


                                                              CONFESIÓN

 

                        Confieso desde el fondo de mi alma

                        que no me gusta el mundo que tenemos.

                        Y por más que lo busco,

                        por más que me convenzo,

                        no encuentro más que oscura singladura,

                        arena sobre arena en mi desierto,

                        vacío circular hecho injusticia,

                        luna negra rodando por el suelo,

                        manzana carcomida de gusanos,

                        paloma disparada en pleno vuelo,

                        agobio, clavo hincado en las entrañas,

                        tajo en el corazón..., dolor inmenso.

 

                        Y sin embargo el mundo, amigo,

                        es todo un canto alzado sobre el sueño,

                        un ánfora de magia

                        flotando sobre el tiempo,

                        una playa redonda

                        donde posar las yermas de los dedos

                        del alma, y ver, palpar que todo es,

                        existe, que la vida es un encuentro

                        con tu muerto de siempre,

                        y conocerlo, y conocerte luego

                        sin saber dónde vas a ciencia cierta,

                        si a la muerte de nuevo,

                        o si a la vida siempre para siempre

                        en un abrazo eterno.

 

                        Porque este mundo, amigo,

                        compañero de viaje, es esto:

                        una llama brotada de la nieve,

                        una raya en el cielo,

                        un soplo de ternura hecha materia,

                        un grito que se pierde largo, lejos,

                        un milagro, una duda,

                        una interrogación hecha silencio,

                        un mirarte a ti mismo,

                        que estabas y no estabas -duda adentro-,

                        y no estando te ves que estás y ves

                        también cada momento

                        lo que serás, y ves, igual,

                        lo que no has sido siendo.

 

                        Porque este mundo, amigo,

                        es un regalo intenso,

                        una fuente de vida clara y fresca

                        que te encuentras de golpe, sin quererlo,

                        después de sed, y sed, y sed...,

                        de arroyos, manantiales, ríos secos;

                        oasis en la cima de la nada,

                        una oportunidad de pensamiento;                     

                        surgir del fondo oscuro del abismo

                        y encontrar que la luz titila al viento

                        y se clava y se mete y te traspasa

                        hasta el polvo amarillo de los huesos.

 

                        Por eso, amigo, ¿ves?,

                        no me gusta este mundo que tenemos,

                        este mundo apresado en su egoísmo,

                        que pone cerraduras en los besos,

                        candados en las alas de las horas,

                        cerrojos en la voz de los jilgueros,

                        que viste de fronteras sus espacios,

                        que desviste la paz de blancos vuelos,

                        que no reparte a todos lo que tiene,

                        que se pudre en su círculo concéntrico...

                        ¡No me gusta este mundo así!

                        ¡No me gusta este mundo que hemos hecho!

 

                        Y busco rebelarme,

                        que nadie me dirija que esté ciego.

                        Yo quiero ser la espada de caricias,

                        llevar un tanque azul de rosas lleno...

 

                        No luchar contra tanta podredumbre

                        más que vergüenza, amigo, me da miedo.

                        Y no quiero, no quiero en modo alguno,

                        dejar llevarme preso.

                        Quiero ser, al volver a lo que fui,

                        al encontrarme un día con mi muerto,

                        un sueño que vivió

                        y supone ser un hombre.

                                                                            Un hombre verdadero.

 

                                                                        Ramón Molina Navarrete


                                                             -SRI LANKA-

 

                                    De repente me he sentido hueca,

                                    hueca desde fuera

                                    o desde dentro

                                    como cualquier mañana de otro

                                    siendo mía.

                                    El ruido se apodera

                                    de otros huecos

                                    cediendo al eco y su sorpresa.

                                    Vacíos que contemplan

                                    solamente

                                    ese nido sin plumas

                                    donde residen las obsesiones

                                    y un pedazo de esquina

                                    derruida a cañonazos.

                                    Esta vez el tiempo se demora,

                                    las dudas visten de remedio,

                                    y el mar engulle

                                    y engulle...

                                    Gulles de cieno y cuerpos,

                                    gulles en clave de ayer,

                                    nada sobre el agua.

                                    Nada.

                                    De repente me he sentido hueca

                                    por fuera,

                                    por dentro,

                                    por mar... por tierra....

 

                                                                        Carmen Julia Morago Lázaro


                                 "EN CASO DE PELIGRO ROMPER LUNAS"

 

                                    Saca el sol del sombrero

                                    en caso de emergencia,

                                    hunde los dedos entre las flores

                                    y vende un sueño repetido.

                                    En caso de vida

                                    ama un segundo sin tiempo,

                                    un silencioso viaje entre girasoles.

                                    Puedes comerte el cielo

                                    en caso de travesura

                                    y amarrarte una ristra de sonrisas.

                                    Si la ganas se te paran

                                    puedes matar una duda

                                    o vaciar los calendarios.

                                    Rompe la luna

                                    y salta de escenario.

                                    Corre.

                                    Corre.

                                    En caso de pena

                                    llámame y estaré a tu lado.

 

                                                                        Carmen Julia Morago Lázaro


                                                EL ROMANCERO DE JAÉN

 

                                               ALHAMAR EL MAGNÍFICO

 

                                                               Romance IV.

                                                                                                Antonio de Ochoa[1]

 

                                                                        I.

                                                                                      

                                                                Introducción

 

                                                   ¡Ay del Islam! Cuatro lustros

                                      hace que llora en España;

                                      cuatro, que su blanca luna

                                      apagó el sol de las Navas.

                                      Afrentas del Guadalete