Se denomina Protohistoria a la Segunda Edad del Hierro, que abarca desde el 500 a. C. aproximadamente, hasta la penetración de las tropas romanas en la Península Ibérica. Posee caracteres muy definidos y diferenciados para la Alta y Baja Extremadura en función de las influencias que recibe desde la Meseta o desde las zonas de la Turdetania. Casi todos los asentamientos de esta época, están relacionados con el control de la minería. Destacan cuatro metales en estos momentos, por la relativa facilidad de su obtención y por su abundancia en la región: oro, plata, cobre y estaño: El oro es frecuente en la zona norte de la región (zona fronteriza
con Portugal, El Jerte y valle de Alagón). La
plata
aparece de una forma casi exclusiva en Badajoz en su límite con Ciudad Real, Córdoba y
Sevilla, provocando unos fáciles accesos desde el sur-este de la región. El
cobre es menos abundante y está asociado a los distritos
mineros onubenses en el sur de Badajoz de gran atracción sobre poblaciones orientales
tempranamente explotados. Por
último, el estaño asociado al cobre aparece en la provincia
de Cáceres al sur del Tajo. El paso a la
metalurgia del hierro significará una nueva tecnología y con ello la posibilidad de una
mayor dureza del armamento y del utillaje agrícola, de tal manera que el bronce quedará
relegado a vasijas, adornos, estatuillas, con la ventaja de la mayor facilidad de
obtención por encontrarse mejor repartido y su proceso de transformación no significa
demasiados problemas comparados con los del bronce. Sin embargo, el pueblo prerromano de los vetones moraba no solamente las provincias de Cáceres y Badajoz, sino también otros territorios de la Península Ibérica como parte de las actuales provincias de Zamora, Salamanca, Ávila y Toledo. |