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Cambio de valores en la juventud: por Graciela Granda (JOC) -Volver anterior- - Nota: se autoriza la difusión de este texto, siempre que se haga referencia a
“A los y las jóvenes se nos trata con doble rasero. La sociedad no nos ofrece nada pero nos pide mucho, se nos educa en la pasividad y se nos exige iniciativa, se nos niega un trabajo digno y se nos pide estabilidad y que seamos responsables. Las condiciones en las que vivimos no nos permiten desarrollar nuestra vida: creatividad, relaciones participación, independencia... todo se nos niega...” (una militante de Madrid) Todo esto hay que enmarcarlo dentro de una cultura concreta, la que estamos viviendo hoy los y las jóvenes, que nos muestra y se empeña en decirnos que las cosas son así, y que no pueden ser de otra manera, que no hay nada que hacer y que “sálvese quien pueda”. Además, muchos y muchas jóvenes tenemos pendiente de resolver nuestra papeleta “personal”, y así invertimos todo nuestro tiempo en estudiar o trabajar, y también en evadirnos cuando no estamos estudiando o trabajando, no dejando tiempo para plantearnos ninguna otra cosa. Así se van perdiendo las ideologías, y la respuesta a todo esto es disfrutar lo que ahora hay y tenemos, consumir la vida, las experiencias, vivir a tope un presente para no pensar en el futuro incierto. Vivimos en un mundo cada vez más insolidario, donde los intereses económicos están por encima de cualquier otra cosa, y esto hace que lo individual prime, y que también esté por encima de todo. Este mundo nos invita a vivir más cerrados y cerradas en nosotros/as mismos/as y palabras como anonimato, individual, privacidad... van ganado terreno a otras como interés general, bien común... A todo esto hay que sumarle el bombardeo diario por los medios de comunicación, a los que sólo les interesamos como consumidores y consumidoras, que refuerzan toda esa cultura individualista, y que nosotr@s, los y las jóvenes, absorbemos con gran facilidad y rapidez. Desde los espacios formativos, los programas de variedad, la publicidad... se fomenta el individualismo, el conformismo, la individualidad, el consumismo, la búsqueda de beneficio rápido y el machismo. Todos estos valores generan un tipo de joven con poca confianza en sus posibilidades, con poca capacidad de elección y que valora su capacidad de consumo por encima por ejemplo de poder disfrutar de su tiempo libre o de la búsqueda de la justicia. Las escasas perspectivas de futuro favorecen este conformismo y anulan la capacidad crítica de los y las jóvenes. Por ejemplo, la precariedad laboral, que entre otras cosas supone para nuestras vidas inestabilidad laboral, incertidumbre de futuro (no poder hacer planes), no tener recursos estables (dependencia de la familia, problemas para emanciparse), pérdida continua de derechos, accidentabilidad laboral, movilidad geográfica, temporalidad, vivir para trabajar... todo esto además soportando que te digan que esto es normal, que nos sucede precisamente porque somos jóvenes (aunque cuando dejas de serlo la situación no mejora si no que se arrastra y repite) hace que los y las jóvenes tendamos a vivir de forma evasiva, viviendo el día a día, porque pensar en el futuro nos agobia y nos marea. Normalmente cuando vivimos estas condiciones de trabajo y vitales, no nos queda tiempo ni ganas de pensar en nada. En las últimas campañas que desde la JOC hemos llevado a cabo, que fueron la de flexibilidad y temporalidad laboral, entre otras cosas aparecía un elemento común: la poca participación. Así surge la campaña en la que estamos desde el año pasado “aquí y ahora, participa y construye” la cual, entre otras cosas, demuestra la falta de conciencia y reivindicación de los y las jóvenes ante las situaciones que vivimos. Participamos en temas que se ponen de moda, pero descuidamos la implicación en el lugar de trabajo, de estudios, en el barrio... todo esto además, lo vivimos con mucha normalidad, asumiéndolo con resignación. Corregir todas las dificultades que fueron saliendo ayudaría a recuperar las ganas y la ilusión que tod@s l@s jóvenes tenemos por cambiar las cosas. También es importante impulsar una cultura de participación que genere actitudes de implicación y de transformación en todos los aspectos y circunstancias, y sobre todo en aquellos que más condicionan nuestra vida, ya que es en ellos donde tenemos más capacidad de transformar la realidad hacia un futuro más digno. Tampoco olvidamos lo importante que es tener la convicción, la fe, en que todo esto puede cambiar, que lo podemos transformar empezando por dar pequeños pasos, con pequeñas acciones. Para terminar, qué mejor forma de hacerlo contando signos de cambio reales, que nos recuerdan que los y las jóvenes tenemos mucho que decir y que luchar, y que el Reino se va haciendo presente aquí y ahora: Almudena: “en la universidad hay mucha competitividad e individualismo. Cuando estamos de prácticas, estamos aislados porque no hay contacto con la gente durante dos meses. Pretendo disminuir este individualismo y competitividad y potenciar el compañerismo. Para ello me he planteado algunas cosas: pasar exámenes y apuntes, hablar con la delegada para que las fechas de exámenes vayan bien a los dos grupos de prácticas, estar atenta a la gente que está más aislada y mantener la relación durante los dos meses de prácticas” Chema: “Hace unos meses comenzamos un proceso de acción para montar una asociación de jóvenes. Realizamos un sondeo entre la gente joven, les invitamos a participar del proyecto, buscamos un lugar para ubicar la asociación... a la primera reunión no vino nadie pero seguimos trabajando...” “Desde hace un tiempo, tres militantes del equipo de JOC de Blimea (Alfonso, Gonzalo y Graciela) estamos en la asociación de vecin@s y desde hace tres meses, estamos dentro de la junta directiva. Todo esto surge por los problemas por los que pasaba la asociación, pero sobre todo por las ganas de animar un poco a Blimea, intentar que las cosas permanezcan y trabajar por el pueblu con los demás vecinos y vecinas y de una forma organizada...” Graciela Granda Castaño |