CAMBIO DE VALORES EN LA JUVENTUD

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Cambio de valores en la juventud

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Carlos Pérez, con la ayuda de los lugares que habito: ACSUR-Las Segovias y Lliberación.

 

"¿Quién soy yo? ¡Ah, eso es un rompecabezas enorme!"

(Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll).

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Tres palabras: cambio, valores, juventud, que tanto por sí solas como enredadas entre sí, pueden hacer referencia a varias interpretaciones y realidades. Yo voy a tratar de centrarme en una de ellas.

Cambio supone hablar de transformación directa de la realidad y de transformación de las conciencias, que es, a su vez, una forma específica (y tal vez condición previa) de transformación de la realidad.

Valores determinados por las condiciones históricas, sociales y culturales que vivimos las personas desde el mismo momento en que nacemos, y las influencias recibidas a través de los medios de comunicación, la escuela, la universidad, la familia, el grupo de amigos y amigas..., que van conformando nuestras miradas y posicionamientos sobre el mundo, nuestra propia vida y nuestro trabajo, cómo es y cómo debería ser.

Juventud como un universo heterogéneo y complejo, en constante cambio, en el que los y las jóvenes son poseedores de saberes, lógicas, éticas, estéticas, sensibilidades..., tanto en lo personal (el ámbito privado), como en lo social (el ámbito público).

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Me voy a detener en el análisis y valoración de las experiencias políticas y sociales de unas minorías de jóvenes activos presentes en nuestra sociedad. Aún siendo consciente de que la realidad humana y social tiene muchos matices, voy a intentar acotar la realidad participativa que yo veo en los y las jóvenes de hoy en día a modo de retrato con dos caras bien diferenciadas: una minoría minoritaria que prioriza y se mueve desde una ideología fuerte y una minoría mayoritaria que da más importancia y se mueve en el terreno de los valores fuertes; o lo que es lo mismo, la existencia de jóvenes que participan en las formas de organización política tradicionales (bien sean partidos, sindicatos o ciertos movimientos sociales), y aquellos que dicen no querer saber nada de estas organizaciones y que, en cambio, se comprometen con otros colectivos sociales o culturales, no gubernamentales, religiosos o laicos.

Ahora bien, mi intención no es situar entre estos dos tipos de jóvenes un muro infranqueable, sino más bien mostrar dos caminos que se diferencian entre sí por los materiales utilizados en su construcción: ideas, deseos, motivaciones, intereses..., y por la manera en que son paseados; teniendo en cuenta la existencia de senderos que los comunican o los abandonan.

Tomaré como base la paulatina transformación de la sociedad española desde los años 60 hasta la actualidad, en parte enmarcada, a su vez, en los cambios sociales, económicos, políticos y culturales vividos en el panorama internacional en este periodo de tiempo, haciendo referencia a los fenómenos que considero más relevantes:

- Años 60 y 70: lucha antifranquista, generación de la transición...

- Años 80: movimientos anti-OTAN, de insumisión al ejército, feminista y ecologista, movimiento estudiantil...

- Años 90: acampada por el 0’7, Rcade, movimiento de insumisión, huelgas generales, movilizaciones por el asesinato de Miguel Ángel Blanco...

- Años 00: irrupción de los movimimientos antiglobalización, respuestas al desastre del Prestige, movilizaciones contra la guerra de Iraq, cuatro días de marzo/04.

Es evidente que la sociedad ha ido cambiando: de las grandes tensiones y conflictos de los años 60, 70 y parte de los 80, las formas organizativas y las respuestas dadas a los mismos –englobadas, casi siempre, en las manifestaciones más clásicas-; a una situación de baja intensidad que ha marcado la última época, años 90 y 00, con nuevas o, al menos, más visibles preocupaciones por otras formas de marginación social (personas sin techo, inmigración...), la aparición de nuevas organizaciones culturales y sociales (fundamentalmente ONG) y respuestas más creativas (campaña "damos la cara contra la deuda externa") utilizando como medio más novedoso las nuevas tecnologías de la comunicación (internet, mensajes móvil a móvil). La sociedad ha cambiado, los y las jóvenes también: en su formas de ver, analizar y actuar en el marco de estas realidades.

Es entonces a partir de los años 90 cuando van tomando posición, de forma más clara, dos tipos de jóvenes:

- Por un lado, una minoría minoritaria de jóvenes que sigue teniendo como principal referencia, a modo de espejo, las viejas ideologías de las generaciones anteriores, los viejos dogmas, desde una adhesión acrítica y escasamente pegada a la realidad. Vinculados a los denominados movimientos autónomos, a diversas redes anarquistas, a grupos comunistas, "revolucionarios", a una parte del movimiento antimilitarista y de centros sociales okupados.

Eso sí, su mirada sobre los problemas es de mayor alcance (perspectiva más global), sus objetivos de mayor envergadura (transformación de la sociedad, oposición al capitalismo...) y su espíritu de lucha más decidido, pero su capacidad de influencia es prácticamente nula.

- Por otro lado, una minoría mayoritaria de jóvenes que aparece dispuesta a atravesar el espejo, como una generación nueva y diferente, que se expresa política y socialmente por caminos muy distintos a los y las jóvenes descritos anteriormente (a través de ONG, asociaciones de ayuda y solidaridad directa a la gente, movimientos de solidaridad y cooperación con los países del Sur..., al voluntariado en alguna de sus formas; también una parte al movimiento de objeción e insumisión al ejército y al campo del ecologismo y el feminismo). Son capaces de plantear y expresar propuestas y movilizaciones de hondo calado (acampada por el 0’7, condonación-abolición de la deuda externa, la no violencia...), conectando con sectores amplios de la sociedad. Destaca una buena parte de jóvenes cristianos comprometidos socialmente.

Su motivación y acción solidaria no está condicionada por las grandes ideologías, ni por cálculos políticos, lo que no quiere decir que renuncien a la acción política indirecta para provocar cambios.

Se caracterizan por la actuación concreta ante los problemas más cercanos, por la decisión de afrontarlos aquí y ahora, y por contar con un talante más dialogante. Pero su mirada sobre los problemas es más de corto alcance, fragmentada, con poca visión de conjunto.

La irrupción en el panorama internacional del movimiento antiglobalización, de Seatle a Porto Alegre, de Norte a Sur, supuso el encuentro, en tiempos y espacios, de ambos sectores de jóvenes, pues hasta entonces sus preocupaciones, sus experiencias, sus actividades y sus relaciones habían caminado separadas, sin conexiones.

La minoría minoritaria de jóvenes vislumbra en este movimiento la lucha mundial anticapitalista que "algún día tenía que llegar", un terreno excelente para explicar los nuevos problemas con las viejas recetas debidamente actualizadas. Supone su reanimación después de un periodo de tiempo de agotamiento ideológico y práctico. Ahondan en sus críticas a los y las jóvenes de las ONG, del voluntariado y la solidaridad, calificándoles de hacer el juego y servir de apagafuegos del capitalismo (en clara sintonía con algunos ideólogos e ideólogas como James Petras o Marta Harnecker).

La minoría mayoritaria de jóvenes encuentran en el movimiento un instrumento capaz de dotar de mayor alcance y sentido a su trabajo de solidaridad, una nueva experiencia y renovación de expectativas agotadas (0’7, deuda externa), enlace entre los pequeños proyectos y el cambio de estructuras. La dificultad está en su debilidad ideológica, escasa conciencia crítica, que queda a merced de la ofensiva propagandística de los y las jóvenes de ideología fuerte.

Esa conexión a pequeña escala ha venido a desdibujar la experiencia que venían desarrollando los "nuevos jóvenes" de los 90, reanimando las viejas ideologías, levemente adaptadas a la situación actual.

En los últimos años (2002-2003), coincidiendo con un importante declive del movimiento antiglobalización, tres acontecimientos han marcado nuevas huellas en el terreno político y social, lo que ha supuesto una cierta reactivación de los "nuevos jóvenes" de los 90: el desastre del Prestige, las movilizaciones contra la guerra de Iraq y los cuatro días de marzo que siguieron al atentado terrorista de Madrid.

- El desastre del Prestige generó una reacción de solidaridad y una movilización amplia, en la que han vuelto a ser protagonistas una minoría mayoritaria de jóvenes que tomaron la iniciativa de forma inmediata para paliar en lo posible la catástrofe, de forma independiente de partidos y otras instancias.

Se desplazaron de distintos puntos geográficos hasta las costas gallegas para colaborar en la limpieza de las playas, en los comedores, participar en las manifestaciones (también luego en sus lugares de origen) en las que se culpabilizó directamente al gobierno del Partido Popular por la desastrosa gestión de la catástrofe...

Posiblemente, esa "marea de solidaridad" sólo haya empapado a unos pocos, pero puede que haya mojado a otros cuantos.

- En las movilizaciones contra la guerra de Iraq también destacó la participación de estos jóvenes, en las calles y en las Universidades e Institutos, con amplias e imaginativas respuestas en decenas de ciudades y con motivos inmediatos y directos: parar la guerra antes de que empiece, solidaridad con las víctimas...

- Los cuatro días de marzo que siguieron al 11-M son, hasta el momento, la última experiencia de participación de un buen número de jóvenes en las manifestaciones públicas: en contra del terrorismo y de la guerra, de la manipulación interesada de la tragedia por parte del gobierno y grupos mediáticos afines,... Tomaron las calles de varias ciudades en la manifestación del viernes, mostraron su indignación en las concentraciones de la jornada del sábado exigiendo al gobierno querer saber la verdad y responsabilidades políticas ("Queremos saber antes de votar", "Ellos hacen la guerra. Nosotros ponemos los muertos"), y votaron masivamente en la jornada electoral del domingo con el ánimo de provocar un cambio político, al menos en las formas.

¿Podemos hablar, entonces, de que estos años y experiencias han traído consigo la aparición de un nuevo tipo de jóvenes activos?

Lo que hay es pequeño, desigual en muchos sentidos. Destacan sus valores solidarios, su frescura, su dinamismo, su distancia de los partidos (o, cuando menos, de sus inercias), su creatividad en las propuestas y experiencias, su respeto por la diversidad, la horizontalidad frente a las jerarquías, la participación, el igualitarismo, la no violencia...

No obstante, la mayor parte de las acciones en las que participan responden a coyunturas muy determinadas, a las que suceden periodos de una amplia desarticulación y apatía, lo que a su vez viene motivado por la ausencia de marcos organizativos estables, dinámicos y participativos, tanto en el terreno más propiamente juvenil –asociaciones de jóvenes- como en el resto de colectivos y asociaciones.

[3]

Esto ha tratado de ser una radiografía sobre los y las jóvenes que se mueven en el terreno de lo colectivo. Ahora voy a señalar, a modo de pinceladas, algunas propuestas que se traducen en una manera determinada de "estar con el mundo":

- Generar dinámicas vivas de reflexión, de lucha y de movilización, pero conectadas con problemas y demandas reales, cercanas y sentidas por la sociedad, con causas de justicia social, por la defensa y conquista de derechos, fomentar la igualdad, la cooperación mutua, ser activos y activas en la demanda de una mayor participación popular en la toma de decisiones que nos afectan...

- La necesidad de una política alternativa, entendida como ética de lo colectivo. Dar prioridad al ámbito social, practicar la presión política indirecta y desarrollar un pensamiento crítico que oriente nuestra acción. Hacerlo con vocación exploradora, pues la capacidad de imaginación e invención es fundamental para cualquier política alternativa.

- Crear y mantener redes asociativas, ensanchar la vida y la acción cotidiana de estas redes para impulsar una democracia radicalmente participativa a partir de la (re)construcción de espacios comunes de encuentro, debate, activismo y convivencia.

[4]

Empiezo como acabo, hablando de valores y juventud, y de porqué somos quienes somos.

Nuestro pensamiento, y por lo tanto nuestro lenguaje, nos determina de una manera fundamental. Lo que yo hablo es mi lenguaje y a través de él estoy manifestando quién soy, qué pienso y cómo lo practico, teniendo siempre como horizonte la coherencia entre los dichos y los hechos, la teoría y la práctica, el pensamiento y la acción.

Dice el filósofo Emilio Lledó, que si nos acostumbramos a ser inconformistas con las palabras, acabaremos siendo inconformistas con los hechos. Ambas actitudes son, sin embargo, formas de libertad. Y la libertad no admite conformismo alguno. Vivir, para los humanos, sobre todo en nuestros tiempos, ha sido siempre una sucesión de conformidades, de aceptaciones y sumisiones. Conformarse es perder, en parte, la forma propia, para sumirse, liquidarse, en la ajena.

Los nuevos valores no son los viejos valores disfrazados, sino los viejos valores transformados, a partir, primero, de la recuperación del lenguaje que nos ha sido robado, para poder ser después nuevamente expresados a través de otras prácticas posibles.

Pensar y practicar valores de Dignidad, Igualdad, Justicia, Libertad, Paz, Solidaridad..., cargados de un Compromiso que lleve a los y las jóvenes a salir de los márgenes para implicarse y ser cómplices en la lucha por otro presente, por otro futuro.

De las muchas definiciones que existen de la palabra joven, hay una que me gusta especialmente porque pienso que recoge al menos una parte importante de esta exposición. Es la que aparece en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, principalmente en sus dos últimas acepciones:

"1. Edad que empieza en la pubertad y se extiende a los comienzos de la edad adulta. 2. Estado de la persona joven. 3. Conjunto de jóvenes. 4. Primeros tiempos de alguna cosa. 5. Energía, vigor, frescura".

Podemos empezar por armar el rompecabezas para reconocernos y echar a volar la imaginación para encontrarnos con Alicia en alguno de los mundos del mundo de las maravillas.