CAMBIO DE VALORES EN LA JUVENTUD

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Cambio de valores en la juventud

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Cristina Menéndez Vega

Comunidad Adsis de Asturias.

Coordinadora de la Comisión de PJ del Movimiento Adsis.

ALGUNAS OBVIEDADES… QUE NUNCA ESTÁ DE MÁS SEÑALAR.

Algunos estereotipos… QUE TAMBIÉN CONVIENE CUESTIONAR.

¿EN QUÉ VALORES SE MUEVEN?

4. POR ÚLTIMO… BREVES PISTAS PARA EDUCADORES.

¿Hay, o ha habido, un cambio de valores en la juventud? Hay dos imágenes que me vienen fácilmente a la memoria como contrapunto y sugerencia:

La primera es en Punta de Tralca (Chile), en abril de 1994. Nosotros, recién llegados a Chile, estábamos participando en la Pascua Joven que preparaba todos los años la Pastoral Universitaria. Tema, trabajo en grupos, diálogo con esas preguntas que tanto nos gusta hacer en los grupos cristianos a los jóvenes: "¿qué buscas en la vida?". Y tengo grabada la respuesta de un "cabro" de unos 18 o 20 años, automática e ilusionada: "fundar una familia". Era la máxima ilusión de su vida. Y tengo también grabada mi sensación de sorpresa, europea, supuestamente crítica e ilustrada. Para mí, para mi cultura y mi generación (los que éramos jóvenes de los 80), la familia se daba por supuesta: nadie sueña con lo que tiene. Justo los sueños eran hacer algo diferente a nuestros padres… así que decir que lo que querías era fundar una familia sonaba simplón, conformista y burgués.

La segunda imagen es en Asturias, en el pórtico de la Iglesia de Niévares, en marzo de 2004. Realizábamos una marcha a Covadonga con los jóvenes de un Instituto de Gijón. De nuevo la pregunta, formulada en este caso como "¿cuál es vuestro norte?", un norte a escribir en una gran brújula que nos orientaba el camino. "No perder lo que tengo", contestó un chaval de 15 años. El norte es la seguridad, porque tengo mucho miedo. El futuro es más oscuro que el presente; tenemos tanto, que de ahora en adelante sólo podemos ir perdiendo. "Será cuesta abajo el resto del camino", como decía Serrat en Bienaventurados.

ALGUNAS OBVIEDADES… QUE NUNCA ESTÁ DE MÁS SEÑALAR.

Para empezar, conviene comenzar por esto de la definición de términos. ¿Existe cambio de valores específicamente en los jóvenes? A veces trabajamos la juventud como si fuera un colectivo permanente que va sufriendo modificaciones. Y lo cierto es que estos son otros jóvenes, cuyos valores pretendemos comparar con los de aquellos que fuimos o fueron jóvenes hace 10, 15, 20 o 30 años. Conviene no perder de vista que los que hoy hablamos de ellos somos la referencia con la que comparamos a los que hoy son jóvenes, porque eso introduce un componente subjetivo nada despreciable. En realidad, lo que estamos indagando al hablar del cambio de valores en la juventud es si los que hoy son jóvenes tienen valores diferentes a los que nosotros teníamos cuando teníamos su edad o su lugar social. Esta pregunta convendría complementarla con otra: los que hoy son jóvenes, ¿viven valores diferentes a los que vivimos nosotros (los adultos, los "jóvenes de entonces", la sociedad en su conjunto) hoy?

La segunda obviedad que se deriva de esta es que tal vez deberíamos hablar más bien de un cambio de valores en la sociedad. Como se ha repetido hasta la saciedad (aunque a veces sin que asumir las consecuencias de esta afirmación), los jóvenes sólo reflejan los valores de la sociedad. O sea, nuestros valores. Eso sí, los reflejan con especial fuerza, porque los están estrenando, porque no tienen el lastre o el contraste de la experiencia de otros momentos culturales, de otros hábitos, de otras prácticas. Así que, al hablar del cambio de valores en los jóvenes, hablamos casi de nuestro propio cambio de valores. Pero hay que reconocer que nos resulta más cómodo mirarlo, analizarlo, y criticarlo en ellos. Está bien siempre que no nos olvidemos que los jóvenes nos hacen de espejo, y que si no me gusta la imagen del espejo tal vez tengo que intervenir en la realidad que la origina… no romper o pretender velar el espejo.

Y una tercera "obviedad": los valores siempre están ligados a las condiciones socioculturales concretas en las que las personas vivimos y nos desarrollamos. En Chile, en 1994, se conjugaba un momento de esperanza fuerte en un pueblo que estaba en un proceso de crecimiento económico y democrático que les hacía creer que el futuro sería mucho mejor que el presente, que era posible "surgir" con esfuerzo y constancia. Y se trataba de jóvenes cuya experiencia, en contraste con la mía, era de familias desestructuradas, a veces criados por los abuelos, a veces con padres separados, a veces nacidos fuera del matrimonio… con experiencia de dolor y desgarro por la falta de seguridades relacionales y afectivas. Por supuesto que el deseo, el sueño, el "valor" era lo que yo daba por supuesto: fundar una familia estable. Los valores de los jóvenes estaban condicionados por la realidad que vivían.

Sin embargo, en España en el año 2004 los jóvenes son un grupo social minoritario que se desenvuelve en una sociedad angustiada por la seguridad (primera promesa electoral de todos los partidos políticos), conquistada y adormecida por el bienestar y el consumo… y domesticada por el endeudamiento consiguiente a esos niveles de consumo (como señalaba una viñeta de Forges: "piso/coche/móvil/ordenador/… no sé de qué me quejo, tengo un envidiable nivel de brida"). Los jóvenes de los 80 éramos muchos: sin trabajo, sin claridad de futuro, con problemas, desilusionados… pero muchos, fruto de la explosión demográfica de los 80. Hubo que inventarse Consejerías de la Juventud, Institutos de la Juventud, programas para jóvenes… Sólo el número hacía que tuviéramos un cierto peso social. Los jóvenes hoy, en España, son pocos, y diga lo que diga la publicidad, ellos saben que tienen muy poca capacidad real de incidir en nada. Así que ni lo intentan, y buscan su espacio en la noche y en refugios propios donde pueden encontrarse. Tienen muchas seguridades y se sienten profundamente inseguros: porque son jóvenes y porque tienen poco espacio, y porque también cada cual arrastra sus dolores: tiene sentido que la seguridad sea uno de sus valores dominantes.

Algunos estereotipos… QUE TAMBIÉN CONVIENE CUESTIONAR.

Me refiero a estereotipos y tópicos de diferente nivel (algunos muy concretos, otros muy generales) que creo que están presentes cuando hablamos de los valores en los jóvenes y que no está mal que los desmontemos y cuestionemos:

Tenemos interiorizado que los jóvenes han de ser inquietos, buscadores, críticos, idealistas… Sin embargo, los jóvenes inquietos siempre han sido minoría: en los 80, en los 70, en los 50 e incluso en los idealizados 60. Una minoría con más capacidad de expresarse, con más tiempo, con más libertad que los adultos, en tanto en cuanto pasaban un período más o menos largo en el que aún no habían adquirido todas las responsabilidades adultas. Pero minoría.

"Los jóvenes de antes éramos más idealistas". ¿Qué valores teníamos arraigados nosotros? ¿Éramos tan solidarios? Entonces, ¿por qué no es hoy la sociedad, construida y regida por nuestra generación, más solidaria? Tal vez los valores "bien vistos" eran otros. Pero tal vez no tanto los interiorizados. Los jóvenes hoy sufren la misma decepción que sus padres, y asumen y maman los valores que sus padres realmente interiorizaron.

"Los jóvenes deben ser…" La verdad es que los adultos siempre pedimos a los jóvenes que sean lo que idealizamos de nuestra propia juventud, que suele ser lo que no somos, lo que nos parecería que deberíamos ser pero de lo que nos excusamos y justificamos. Y lo proyectamos en los jóvenes. Siempre es más sencillo que asumir nuestra propia resposabilidad e introducir cambios en nuestros valores y, sobre todo, en nuestra manera de vivir, que es la que a estas alturas determina nuestros valores (por aquello que dicen en psicología social de la disonancia cognitiva y que es eso de que uno termina pensando como vive).

Un tópico concreto que me llama la atención es que los jóvenes "de hoy" tienen poca capacidad de sacrificio y de esfuerzo. Admito que establecen una ruptura (como nosotros) entre el tiempo de trabajo y el tiempo de disfrute. Pero sí se esfuerzan. El nivel de competitividad y exigencia con el que viven las notas, por ejemplo, independientemente de que el nivel de contenidos sea más alto o más bajo es mayor que el de otras generaciones. Son muchos los chavales que conjugan estudios con clases de diferentes artes, idiomas, deportes. Parece que todo niño y joven, para tener una formación mínima, debe ir a dos actividades por día fuera de las clases… al menos. Son superconscientes de que su futuro se determina en su esfuerzo de hoy (los padres y adultos nos hemos encargado de que lo tengan claro) y asumen esa exigencia permanente de la que necesitan liberarse en la noche, en la borrachera, en su mundo privado.

Y podríamos seguir… cada uno podría revisar sus ideas de los jóvenes y buscar argumentos para contrarrestarlas… tal vez así podríamos ir dibujando una imagen más cercana a la realidad y menos dependiente de nuestras proyecciones.

¿EN QUÉ VALORES SE MUEVEN?

Los jóvenes asumen los valores que les han ofrecido sus ambientes, sus espacios de pertenencia, los espacios donde se sienten protegidos y de donde se nutren. Como siempre, lo que les transmite y lo que maman en la familia, en la escuela, con los amigos. Son los mismos lugares de formación que han socializado siempre a las generaciones jóvenes y tal vez los pesos relativos no son tan diferentes, aunque sí ha variado la forma de vivirlos. Contra lo que a veces puede decirse, creo que la familia y la escuela tienen más peso hoy que en otras décadas; la Iglesia ciertamente ha perdido relevancia como fuente de valores, pero probablemente porque ha perdido relevancia en la familia, en la sociedad y en las instituciones. Dato de realidad con el que hay que contar: la Iglesia socializaba porque abarcaba ella todo el resto de las instituciones, hoy la Iglesia camina a ser una institución más que habrá de convencer y ofrecerse como alternativa si quiere ser fuente de valores.

En realidad, los jóvenes hoy han asumido valores "clásicos": la familia (nunca tan valorada como hoy), la seguridad y la paz, si bien entendida más bien como tranquilidad que como justicia. Si hubiera que señalar "valores estrella" entre los jóvenes actuales (y, por tanto, en la sociedad actual), señalaría los siguientes:

o La seguridad. El riesgo y la aventura son un valor para las pequeñas cosas, para la emoción y la experiencia puntual, pero no para la vida. Las experiencias de riesgo son el contrapunto necesario para asumir una vida donde lo que se valora, se busca y se elige es siempre la opción más segura.

o El bienestar, el valor supremo de nuestra sociedad hoy. Estar bien, estar tranquilo, disfrutar, no sufrir, no perder, no enfrentar…

o La tranquilidad, que se relaciona complejamente con la paz (con capacidad de indignarse ante la guerra), el civismo y la incapacidad para enfrentar los conflictos. Antes no hablar que pelear. Tú con lo tuyo y yo con lo mío, si no estamos de acuerdo sólo tomamos distancia.

o La relación. Éste sí es probablemente un valor más fuerte entre los jóvenes, necesitados de relación, de encuentro, de ser significativos, de existir para otros, de mirarse en el espejo de los otros. Buscan la relación en la noche, en las llamadas perdidas, en el messenger, estar conectado es una obsesión, en todas partes y con todos. Claro que es una relación que muchas veces se queda en lo epidérmico, porque profundizar supone riesgo, vulnerabilidad, dolor, conflicto; abrir espacios de intimidad donde no están acostumbrados a que nadie penetre. Por eso se sienten tan solos y por eso necesitan estar siempre en contacto.

Y no es fácil vivir, ni para los adultos ni para los jóvenes. Les faltan herramientas que no les hemos dado y sin las que les es muy difícil ser ellos mismos y crecer:

o Les faltan herramientas para afrontar el diálogo en profundidad, para la relación y aún más para la resolución de conflictos. Hijos de una generación que ha querido que sus hijos "estén bien", que en muchas ocasiones no ha sabido o no ha querido establecer límites en su educación, o bien no ha sabido afrontar los problemas y la dificultad de un estilo educativo democrático (los padres han sido educados en un modelo autoritario que hizo aguas), muchas veces los jóvenes no tienen herramientas para asumir los conflictos, para hablar, para discrepar y buscar juntos, para encajar la frustración, ceder y compartir.

o Necesitan espacios de pertenencia en los que definir y contrastar su identidad. Necesitan espacios alternativos donde se vivan valores que les permitan contrastar, elegir, identificarse: espacios solidarios, espacios de encuentro, espacios para ser y sentirse identificado.

o Afirmación personal. No es fácil ser uno mismo y ser original en una sociedad tan "construida" y tan sofisticada como la que vivimos. Necesitan espacios de protagonismo donde puedan ensayarse y construirse. A falta de ello, sólo les queda el ambiente de la noche y de romperse consumiendo.

Y, por último, algunos signos de esperanza – otros valores presentes, pujando, avanzando, mostrándose desde el corazón de los jóvenes:

No a la guerra. Un "no" tajante y rotundo, desde todas partes, con fuerza, con determinación. No sabrán cómo enfrentar un conflicto, pero tienen claro lo que no quieren. El aldabonazo de la realidad les hace tomar partido y postura.

Añoranza del héroe. Llama la atención la presencia del héroe de las grandes historias en el cine del último tiempo, que va muy dirigido al público juvenil y, simultáneamente, les marca valores y responde a lo que ellos buscan y desean. Late un deseo de grandes causas, de jugarse la vida, de algo que merezca la pena. Como decía "Ella Baila Sola", "dame una guerra donde luchar, dame una meta donde llegar, (….) pero dame algo en qué pensar. La falta de ilusión me está destrozando…"

La importancia del amor y la amistad. Independientemente de que se valore como permanente o como no… lo cierto es que se valora que el amor, la relación interpersonal, los lazos tú a tú son lo único que sirve, que importa, que merece la pena. Con dificultad para encontrar grandes causas, queda la persona. O tal vez hay que decir que no vale ninguna gran causa que pretenda pasar por encima de la persona.

La tolerancia y la compasión. No importa tampoco ahora que sean capaces de dar respuestas eficaces a la compasión o no. Pero, aunque existen, evidentemente, jóvenes violentos y jóvenes intolerantes, cuya búsqueda de seguridad se traduce en exclusión y agresión a todo lo diferente o simplemente a todo, la mayoría de los jóvenes son sensibles al dolor ajeno. Tal vez se sienten impotentes, tal vez están convencidos de que no pueden hacer nada y para qué intentar nada, pero al menos valoran el respeto y la tolerancia y son sensibles al dolor ajeno.

Apertura. Tal vez porque hay pocas certezas claras, tal vez porque hay pocas convicciones profundas, tal vez por su propio momento vital, la apertura, la aceptación y el respeto a la diversidad, la disposición a probar nuevas cosas siempre que me ofrezcan algo que me resulte significativo y no me requieran mucha renuncia es una actitud común entre los jóvenes. Una actitud y una disposición que puede ser un buen punto de partida para ofrecerles alternativas de valores para que ellos puedan ser promotores de un nuevo cambio de valores.

4. POR ÚLTIMO… BREVES PISTAS PARA EDUCADORES.

Tal vez tenemos que aprender a proponer, más que el tan querido proyecto de vida, un "estilo" de vida. En la cultura que vivimos hoy, en la cultura en la que nacen y crecen los jóvenes, no funcionan los proyectos: todo es cambiante, variable, dinámico, hasta cierto punto imprevisible. Los proyectos se rompen. Pero el "estilo", el conjunto de valores, opciones, la orientación global y de fondo, puede permanecer. Igual que es más importante "aprender a aprender" que aprender un oficio, es más importante educar en un estilo, asumir un estilo de vida adaptable a diversas situaciones, que educar para realizar un proyecto.

Cuando diseñamos nuestros procesos, elaboramos procesos lineales, secuenciales, con una entrada y una salida, que no se corresponden en absoluto con la cultura fragmentaria, plural, diversa, compleja a la que decimos querer responder. ¿No tendremos que aprender a diseñar procesos caracterizados por la circularidad, abiertos, poliformes, creativos, ricos, que, sin renunciar a la integralidad de la persona, permitan que ésta se vaya construyendo de forma activa, personalizada y diversa?

Educar es, más que nunca, acompañar en medio de esta complejidad: estar muy atentos a dónde está cada joven, al camino que ha recorrido, y ayudar, desde su realidad, a buscar horizontes y dar nuevos pasos. Acompañar y proponer, abrir horizontes, y esperar, dejar crecer, alimentar y respetar.

Necesitamos partir de una mirada de esperanza. Atrevámonos a confiar en ellos y confiemos en nosotros mismos, no vaya a ser que nosotros seamos los que estamos atrapados por la necesidad de seguridad. Creamos que Dios está presente.

No podemos educar de espaldas a la realidad de pobreza, aquí y en el mundo. Hoy los jóvenes tienen información. Los pobres son la gran instancia que cuestiona radicalmente nuestra vida y que ha de cuestionar también la de los jóvenes si lo que queremos es proponerles los valores del Reino.

Y, por último… atrevámonos a ser creativos. Viene un tiempo nuevo, siempre viene un tiempo nuevo… Y cuanto más radical es el cambio, cuanto más radical es el desconcierto, más fuerte es la presencia del Espíritu. Que es, precisamente, viento fuerte que nos descoloca, fuente y generador de creatividad, de diversidad y de vida.