Siempre había querido vivir una vida recta,
que me llenara, pero me daba cuenta de que existía
un abismo entre mi vida ordinaria y mi vida
de oración. Ahora no puedo señalar la diferencia
entre la oración y las actividades ordinarias:
soy más consciente de la presencia de Dios,
y ya no puedo mirar al mundo sin hacer nada,
sino que tengo que participar activamente en
lo que pasa en la sociedad. Es un desafío. Me
he dado cuenta de lo que Dios me quiere y de
la infinita misericordia que tiene conmigo,
mi vida tiene sentido y me mueve el deseo de
que otras muchas personas experimenten lo mismo.
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No soy un experto en el tema, ya que únicamente he "fusilado"
un folleto, pero como soy del Opus
Dei, algo si que se.