En 1997 visité por motivos profesionales el
IESE, una escuela de negocios de la Universidad
de Navarra en Barcelona. Allí vi unidas tres
cualidades que hasta entonces me parecían opuestas
entre sí: firmeza en la fe, profesionalidad
y cariño hacia la humanidad. Yo tenía la idea
de que los hombres de negocios que tienen éxito
no pueden llegar a ser cristianos piadosos porque
les falta tiempo. Y, por otra parte, dudaba
de que las personas buenas pudieran sobrevivir
en el intrincado mundo empresarial. Con aquel
encuentro descubrí que es posible santificarme
a través de mi profesión como jefe de personal
de una empresa en Cantón. Sé que tengo un camino
largo por delante y que esto no es nada fácil,
pero al menos he encontrado -por fin- el plan
que Dios tiene para mí. ¡Qué alivio y alegría
he tenido con este hallazgo!
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No soy un experto en el tema, ya que únicamente he "fusilado"
un folleto, pero como soy del Opus
Dei, algo si que se.