COR: ASOCIACION DE TRUEQUE MULTIRRECIPROCO DE BALEARES

COR, Asociación de Trueque de Baleares

Un sueño quizás

 

 
POR QUÉ UN CLUB DE TRUEQUE: 

UN SUEÑO... QUIZÁS


 La situación actual en el mundo occidental en el que el dinero y la capacidad adquisitiva del individuo han sido aceptados como termómetro del bienestar humano, ha generado en el hombre un alto grado de insatisfacción vital, el cual se ha convertido en acicate para la búsqueda de otros caminos que le conduzcan a una verdadera condición de realización interior.

El surgimiento de las ONG, de asociaciones filantrópicas, los nuevos sistemas y técnicas de desarrollo personal, la divulgación de las tradicionales vías y métodos espirituales orientales, etc., no son más que reflejo de esta insatisfacción del individuo para consigo mismo y su entorno.

 

Ahora bien, el mundo en que vivimos actualmente es “de reciente fabricación”. En menos de 100 años los sistemas y modelos sociales han experimentado un cambio mayor que en resto de la historia humana. El desarrollo de las nuevas tecnologías apoyadas en el sistema social capitalista ha logrado que la producción de bienes materiales —“riqueza” en general— alcance unos niveles nunca soñados... El problema es ahora doble. Por una parte la distribución de esta riqueza generada ha dividido a la población mundial en dos clases: pobres y ricos, generándose enormes movimientos poblacionales de gente perteneciente al primer grupo hacia los lugares donde se encuentra acumulada la riqueza material: Europa y USA. Las implicaciones de esto son inmensas...: masificación, más pobreza, degradación social y ambiental generalizada, enfrentamientos entre los diversos grupos sociales que contactan sin tener una mínima distancia de seguridad,...

Por otra parte, en esta carrera frenética por perseguir el dinero —la zanahoria delante del burro— casi nadie se cuestiona la posibilidad de que esa persecución generalizada en pos de la “solución”, sea sólo el efecto de una pesadilla pasajera. O sea, que la panacea que todos buscan sea sólo un espejismo y que realmente el ser humano deba buscar en otra dirección... Y en esto, el ciudadano occidental, que por azar del destino ha alcanzado una cierto desahogado material que le permite mantener un buen nivel de independencia y neutralidad en la emisión de juicios objetivos, tiene mucho que decir...

La corresponde a él, desde su posición de detentador de la zanahoria, dar a conocer su descubrimiento: ¡Esta zanahoria no calmará vuestra hambre! ¡No la persigáis!

Evidentemente, la respuesta del otro lado es obvia: ¡Qué fácil de decir lo tenéis desde donde estáis!

 

No basta con decir: el dinero, la riqueza, este sistema de vida no conduce a nada: sólo a querer tener más y más y más, a acaparar y poner en manos de unos pocos —en nuestras manos— lo que es de todos; este sistema falla por la base; esta solución no es buena... ¡No! No puede quedar todo reducido a unos comentarios entre amig@s una crítica destructiva que, aún siendo objetiva, no ofrece soluciones; a un chismorreo generalizado que a nada conduce. ¡No! No podemos dejar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un mundo como el que se van a encontrar. Es nuestro deber comunicar y expresar lo que vemos. Desde nuestra posición de avanzadilla del mundo, desde esta posición privilegiada, debemos decir al resto de la humanidad: el capitalismo produce mucha riqueza, es verdad,... pero no sabe repartirla. El capitalismo es sólo un escalón en el camino de una sociedad perfecta; sólo eso. Y lo hemos de dejar atrás porque las consecuencias de seguir en él, serán desastrosas.

No se puede seguir agotando los recursos naturales de la manera en que lo hacemos sin tener en cuenta que solamente somos los administradores temporales de un capital que pertenece a toda la humanidad. A todos los hombres de todos los tiempos. Debemos obtener rendimientos de este capital, debemos vivir de sus intereses,... pero no agotarlo. ¡Qué quedara para el futuro! ¿Somos como el nuevo rico que por azar de la vida se encuentra con una fortuna y la dilapida en pocos años, volviendo luego a su situación anterior aún empeorada? ¿Hemos descubierto un tesoro y lo estamos gastando indiscriminadamente sin pensar que un día se acabará?...

Parece que sí... todo es producir, producir, producir... ¿y para qué? Para obtener más dinero con el que comprar más, para que otros produzcan más y otros consuman más y generen más dinero para que otros produzcan más....?   ¿Dónde conduce esto? Toda esta producción, ¿qué residuos deja? Basuras, contaminantes en la atmósfera, en el suelo, en el agua de los ríos, en los mares,... agotamiento de recursos básicos como el agua, el aire,... el empobrecimiento de las tierras, desaparición de bosques, de especies animales...   acumulación de basuras psíquicas: más muertes, más odio, más vanidad, más soberbia, más codicia,... más guerras, más suicidios, más psicosis, más depresiones,... ¿Y a cambio de qué? ¿Vivimos mejor?... ¿Sí? ¿Estás seguro?

Te levantas pronto por la mañana para desayunar sin fijarte en lo que comes —comida plastificada de sabor inconcreto... siempre dulzón—... lees el periódico a toda prisa sentado en un tren, en un autobús, que te conducirá a tu “trabajo”, a tu esclavitud diaria... o coges el coche y te sumerges en unos de esos interminables atascos que te ponen de los nervios y de los cuales escapas escuchando las noticias por la radio cada día parecidas: muertes, atropellos, asaltos, guerras, el fútbol.; saludas obligadamente a gente que ni siquiera conoces y a la que soportas porque no te queda más remedio, a la que preferirías no ver,... te prostituyes malgastando tu único capital —tu vida— en un trabajo que únicamente te garantiza un dinero y en el que no encuentras placer alguno, ni tranquilidad;... sólo el sabor del “tener” y “ganar”... un dinero que ya tienes gastado en necesidades imaginarias: otro coche, el garaje,  la hipoteca de la casa, el nuevo equipo de música, el DVD, las próximas vacaciones, la congeladora, la secadora, el microondas —¡ah, no! el microondas no, porque me ahorra mucho tiempo... tiempo que puedo emplear para trabajar más o gastar lo que he ganado y así verme obligado a trabajar más... —  comer a toda prisa —en el bar, en el restaurante más cercano; ¿quién puede ahora “perder” su tiempo preparando su comida?— unos platos que realmente no te gustan... vuelves a casa harto del día y deseando enchufar el televisor para el ver partido, o la película de cada día, o ducharte y salir con los amigos o con ese chico, ése que será “tu hombre” —¡seguro; ahora sí!—... o que tu mujer no esté en casa para... pero has de ir a buscar a tus hijos —han de ir al médico— y luego al hipermercado porque hoy es martes y es un buen día —casi no hay colas...— y acostarte pensando en el fin de semana en que podrás dormir más y levantarte tarde... sí, realmente el fin de semana es la culminación del trabajo semanal... eso si no tienes un partidillo, o una fiesta, o una excursión... para levantarte otro lunes agotado por no haber hecho nada o casi nada de lo que verdaderamente querías...

¿Es esto vivir? ¿No hay otra posibilidad de vida? ¿Qué hay de tus sueños? ¿Qué hay de esa vida tranquila que soñabas, trabajando en lo que te gustaba, en lo que te produce placer, con tiempo para descansar y sentarte en un banco, bajo un árbol fumándote un cigarrillo mientras contemplas las nubes deslizarse por ese cielo tan azul?... ¿Dónde quedaron estos sueños?

Han sido ahogados, reducidos, aniquilados.

Y ¿por quién? Por el sistema. Por ti mismo. Por todos. Por el hombre. Por la humanidad.

Nunca has querido vivir la vida que vives.

Nunca has querido ser como eres.

... pero ésa es tu realidad.

 

Bueno... pues es tu deber, es mi deber, es el deber de todos los que tienen sueños, tratar de que se conviertan en realidad. Observar donde estás y extraer consecuencias. Reflexionar sobre tu vida y tratar de adecuarla a lo que sientes.

Y no hay soluciones prefabricadas. No hay una salida con indicadores para el laberinto... ¡no!

 

Pero fijándose uno, se da cuenta que en la raíz de todo este follón que nos ha tocado vivir, está uno mismo. Sólo uno mismo. Si uno está bien; todo está bien. Si se está mal; todo está mal. Soy yo el que estoy mal —el que pienso mal, el que siento mal, el que percibe mal...— y sólo cambiando “yo”, cambiará el mundo... De hecho, todos los sistemas “espirituales” han tratado siempre de ver este “yo”, de descubrirlo y conocer su irrealidad, su inexistencia.... No es fácil de ver... pero ése es otro tema...

Y si en la base de todo está eso que llamo “yo mismo”, y ese “yo mismo” está mal... ¿qué puedo hacer para cambiarlo y “ponerlo bien? ¿Cómo me cambio a mí mismo para que mi entorno cambie también? ¿Cómo puedo cambiarme a mí mismo, sin tener que huir a las montañas, meterme en un monasterio, retirarme de la sociedad...? Porque parece ser que esos son los únicos sistemas...

Sin embargo, nuestro mundo es un mundo moderno, “nuevo”. Sus enfermedades son nuevas... y por tanto, las medicinas, el tratamiento de estas enfermedades ha de ser nuevo también.

La falta de salud, el malestar en el hombre es el mismo, pero se debe a nuevas enfermedades que requieren nuevos tratamientos.

Y para el hombre actual, retirarse del mundo es un remedio que ya no sirve... Ahora necesita ser tratado “en medio de la enfermedad”. El mal se ha extendido tanto que solamente donde se encuentra el foco generador de la infección es posible actuar. Hemos de “tratarnos” mientras desarrollamos nuestra vida cotidiana, normal, corriente... Sólo así seremos podemos observar la enfermedad “in situ” y tratarla.... De estos tratamientos hablaremos otro día...

 

En principio lo que ahora nos interesa en buscar una solución, un tratamiento, que sea a la vez individual y colectivo, que me ayude a mí y ayude al mundo... ¿Difícil, no?... No, no tanto.

 

Muchos pensamos ya interiormente que debería existir un sistema social alternativo al que hoy tenemos. Este sistema debería tener en cuenta al hombre, al ser humano, individualmente y en relación a su entorno. Este sistema no debería considerar al hombre en lucha con el mundo en un intento de dominarlo, de someterlo, de esclavizarlo. Este sistema debería situar al hombre como parte orgánica integrante de la naturaleza, como si fuera una célula de un ser vivo superior. El hombre debería vivir su vida de manera tal que le permitiera sentirse integrante de un todo, de la misma manera que una célula forma parte de un tejido y este, a su vez, de un órgano o sistema, y éste, a su vez, de un cuerpo. Solamente si la célula se desarrolla armónicamente en función de la finalidad del cuerpo, tiene sentido su existencia. Así deberíamos vivir nosotros.

¿Pero ¿cómo se come esto? ¿Qué quiere decir?

Bien... supongamos la analogía de las células del cuerpo... ¿Hay alguna célula en un cuerpo, que sea más importante que otra? No. ¿Hay alguna función, en tu un cuerpo, que sea más importante que otra? No. ¡Aún la pérdida de un solo cabello, la consideras irreparable!

Las células que forman la piel son absolutamente necesarias. Al igual que las musculares, las óseas... Para ser un ser humano completo es igual de importante tener riñones que tener corazón, o cerebro, o ojos, o lengua... Ésa es la base. Todos somos iguales... haciendo funciones distintas. Todos estamos integrados en un todo que nos da sentido.

Trasladando esto a nivel social, la implicación inmediata es que no hay diferencia entre lo que tú haces y lo que yo hago. Hacemos cosas distintas, pero ambas son indispensables. Lo que yo hago no es mejor, ni más válido que lo tuyo. Tú valor y mi valor intrínseco son los mismos. Todos somos iguales... ¿Te suena esto? ¿A que sí?

Bueno, pues si todos somos iguales, ¿por qué tú cobras más que yo? ¿O por qué mi trabajo es considerado más valioso, más importante?

Si tú pones tu tiempo, tu dedicación, tu corazón, en lo que haces y yo hago lo mismo e invierto en ello todo lo que sé, ¿qué diferencia puede haber entre tu trabajo y el mío? ¿Cómo puedes tú utilizar eso que sabes hacer —esa capacidad que te ha sido dada genéticamente de forma gratuita—  para obtener para ti una condición ventajosa, para obtener un provecho propio? ¿Quién dice que pintar una pared es menos valioso que escribir un libro, o reunirse en un consejo de administración?  ¿Por qué limpiar, barrer, realizar un trabajo manual es considerado inferior a cualquier trabajo intelectual? ¿Por qué... ?

Fíjate: sólo por una cosa: con unas ocupaciones puedes obtener más dinero que con otras. Unas ocupaciones se pagan más que otras. Es como una pescadilla que se muerde la cola. Valoras más aquello que produce más dinero. Y al producir más dinero, valoras aún más aquello que produce dinero...

La obtención de un beneficio económico —o de poder, que su alter ego— es actualmente el indicador de viabilidad de un proyecto, de la valoración de un puesto de trabajo, de la calidad de una ocupación. Todo lo demás va por detrás. El punto de vista humano —la satisfacción vital, el obtener felicidad real—, el punto de vista ecológico, el punto de vista de “necesidad real” de algo, no son tenidos en cuenta... y si lo son, lo son solamente para que así se obtenga ese beneficio económico deseado: la “ecología” del político y del empresario, la ecología utilizada porque vende.

Eso es un producto de la mente. No es una “verdad”. El dinero cumple una función: servir de vehículo de intercambio en la satisfacción de nuestras necesidades. El dinero no tiene valor propio. Es un modo de “valorar” algo que no podemos obtener con nuestro propio trabajo, pero sí a través del vecino.

Si pudiéramos nivelar cualquier transacción con un intercambio de actividades —yo te hago esto a cambio de esto— el dinero no existiría. No habría dinero. El dinero solamente aparece como ente virtual, como nivelador de un intercambio....  Y nosotros nos convertimos en adoradores de una entelequia. Veneramos algo que no existe. Y lo acumulamos, lo atesoramos. Matamos por ello, traicionamos —a otros y a nosotros mismos— por ello, engañamos —a nosotros mismos y a otros— por ello.

 

Imagínate ahora que la obtención de un provecho económico desaparece. Imagínate que consideraramos tu trabajo equivalente en todos tus aspectos al mío. Imagínate que la viabilidad de algo tuviera como fiel su inserción natural en el medio.

¿Puede ser esto posible?... ¿Podríamos utilizar un sistema así?...

 

Evidentemente, si nunca se empieza, nunca se acaba. Cuando hace siglos Julio Verne hablaba de llegar a la Luna, era considerado pura ficción; la televisión ha sido durante siglos y siglos una fantasía; .... pero tiempo al tiempo...

 

¿Por qué no poner en marcha, de forma sencilla, humilde, un sistema basado en estas premisas? ¿Por qué no empezar en la medida de nuestras posibilidades a utilizar un sistema alternativo basado en la igualdad intrínseca de todos los seres humanos tendiendo en cuenta su diversidad? ¿Por qué no poner en práctica un sistema de intercambio en el que el dinero fuera desposeído de su valor y no fuera objeto de codicia?...

 

¡Uy! Pero eso es imposible. ¿Cambiar el mundo? ¡No! ¡Qué tontería!...

No digas nunca: imposible. Di: no hasta ahora.

 

Pero somos humanos. Tenemos la capacidad de poner en práctica nuestras ideas; podemos luchar por lo que queremos; sabemos aprender de nuestros errores;... ¿por qué no entonces?...

 

De ahí nace nuestra propuesta de un Club de Trueque Multirrecíproco.

No un Club de Trueque para utilizar un “dinero”, una “moneda”, distinta a la que utilizamos. ¡No!

No un Club de Trueque nacido de la necesidad, sino nacido de la plenitud.

Un Club de Trueque nacido de considerar al semejante como hermano, a la Naturaleza y sus recursos como nuestros padres, al mundo y a la Tierra como nuestro cuerpo.

 

No son necesarias grandes presentaciones, fijar grandes objetivos... basta con intentar ponerlo en práctica, estés donde estés... en tu casa, en tu ciudad, con la gente que comparte tus pensar y tu sentir... háblalo con tus amigos, con tu familia, con los vecinos... Nosotros creemos que esta idea está en todos. Es una idea de todo el colectivo humano. En este momento es una idea global. ¡Lucha por ella!

 

 

 

2. PERO ¿CÓMO FUNCIONA EL TRUEQUE?

 

Ten en cuenta que estamos experimentando. Somos como el investigador, el científico, que en su laboratorio trata de hallar un camino viable. Pero estamos experimentando con nosotros mismos, tratamos de cambiarnos a nosotros mismos, nuestras pautas de comportamiento. Es un intento para que eso que intuimos en nuestros corazones, vea la luz. Y cometeremos errores... pero queremos averiguar cómo hacerlo... ¡y lo conseguiremos!

 

En principio, tu club de Truque debería basarse en dos tipos de intercambios:

1.         De bienes

2.         De trabajo

 

Evidentemente en ambos casos no se utiliza el dinero.

 

1.— El intercambio de bienes, si bien puede realizarse entre los miembros en cualquier momento y espacio, se basará y se verá extraordinariamente favorecido por los “mercadillos periódicos de Trueque”, en los cuales todo aquél que quiera podrá intercambiar con cualquier otro miembro cualquier bien: ropa, herramientas, productos de alimentación, libros, enseres de todo tipo... Solamente que no podrá utilizarse dinero. Ha de ser cambio por cambio.

Podrán participar en él todo aquél que sea miembro del Trueque. Y para ser miembro del Trueque solamente hará falta:

a.— Participar de la idea que lo alimenta

b.— Permitir que el Trueque disponga de tus datos personales para ofrecer tus servicios en los campos que elijas y, al mismo tiempo, dar a conocer al resto de componentes loas necesidades que tú deseas cubrir.

 

2.— El intercambio de trabajo se realiza de forma análoga al Trueque de bienes. Aquí, la medida es la hora-tiempo.

Cambio una hora de mi tiempo por una hora de tu tiempo. Te cambio una hora de mi capacidad por una hora de la tuya. Yo me doy a ti y tú te das a mí.

Se basa en la ecuación: mi tiempo= tu tiempo.

En las dos áreas surgirán casos en los que el intercambio de bienes o trabajo no esté equilibrado. De ahí la necesidad de introducir un valor ficticio, no acumulable: el crédito.

El crédito no es una moneda porque no puede acumularse. Sólo sirve para nivelar los intercambios.

 

¿Qué quiere decir esto?  Que nadie se ha de poder enriquecer a costa de créditos —caso de alguien que ofrezca sin recibir— ... pero que tampoco nadie ha de presentar un déficit de créditos —alguien que reciba sin dar.

 

¿Cómo hacer entonces para mantener este equilibrio?

El punto fundamental es que todo integrante del Trueque sepa y recuerde en todo momento que participa de él, no para obtener un provecho propio, sino para una parte del aprendizaje de vivir correctamente. Si esta premisa es olvidada, surge el egoísmo y la codicia y el trueque resulta inútil. Pero sobre esta base pueden manejarse diversos mecanismos para ayudar a mantener esa igualdad. Por ejemplo: asignar un máximo de créditos en poder de una persona de forma que el individuo se adecue a su nivel de producción y consumo. No puedes producir, producir y seguir produciendo simplemente para cambiar tu producción por dinero e ir atesorándolo, porque entonces el trueque se convierte en el sistema social actual donde el más capaz, más tiene... a costa del menos capaz. Cuando uno quiera seguir produciendo por encima de sus necesidades porque siente que así lo exige su creatividad, debería “regalar” su producción a los demás sin obtener beneficio alguno, pues ése es el verdadero sentido de la creatividad: crear por el placer de crear.. 

Y tampoco puedes abandonarte a vivir a costa de los demás pues en todo momento se te ofrecen posibilidades de aplicar tu creatividad de una forma justamente recompensada. Tu trabajo no vale ni más ni menos que el del otro; nadie te explota, nadie se enriquece a través de ti. Pero tú tampoco has de vivir “endeudado” por perseguir un objetivo que se encuentra por encima de tus posibilidades actuales; hemos de aprender a vivir de un modo natural, de un modo equilibrado.

 

¿Quién emitirá los créditos? ¿Cómo se gestionarán, de dónde saldrán?

En principio, los créditos serán emitidos por la junta, consejo o grupo encargado de gestionar burocráticamente el trueque. Cada vez que un nuevo miembro entre a formar parte del Trueque se le dotará con una determinada cantidad de créditos a determinar: 10, 100 o 1000... de forma que todos los participantes puedan iniciar su actividad intercambiadora.

Todas las actividades dentro del Club serán remuneradas con créditos en la manera y proporcionen que se determine. Nadie puede rechazar ser pagado, pero si puede “regalar” al Club o a quien quiera dicho pago.

En este punto es importante recordar la idea de que toda función o cargo dentro del Club —y óptimamente en cualquier sociedad— no supondrá la ostentación de privilegio alguno respecto a los demás miembros. El presidente, el gerente, etc., no “son” más que los demás. Ocupan el lugar que ocupan solamente porque saben desempeñar correctamente sus funciones, no porque ello implique un escalafón superior. Sus cargos son puramente “técnicos”. De la misma manera que cuando uno acude a un fontanero o a un sastre, utiliza los servicios de aquél que considera mejor o más adecuado al fin que persigue sin derivar de las ocupaciones de estos ninguna implicación social, la ocupación de un cargo directivo no implica posición de superioridad o privilegio alguno sobre los demás miembros. Socialmente no debería ser considerado “mejor” o “más elevado” ocupar el cargo de ministro, gerente, presidente, o director que ocuparse de la limpieza del jardín, o de reparar vehículos. La idea de trabajos u ocupaciones mejores, se basa en la falsa idea de que hay ocupaciones superiores a otras. Y eso es una falsedad. En la correcta comprensión del funcionamiento natural, cualquier función social es equivalente a cualquier otra en tanto contribuya al óptimo funcionamiento de la colectividad. La función de las células de mi nariz no es ni superior ni inferior a las de mi corazón. He de cuidar ambas por igual en cuanto contribuyen, cada una en su medida, al correcto funcionamiento del organismo. 

 

[Continuará]

 

¿Quién puede participar y a quién va dirigido?

Como experimento de una sociedad natural, sus posibilidades son inmensurables. Mientras exista la concepción general de que el bienestar del individuo equivale a una satisfacción material, mientras el hombre no se dé cuenta de las consecuencias a las que conduce la búsqueda de una felicidad 

 

[Continuará]

 

 
 
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