bolsa japonesa

BOLSA JAPONESA                

La bolsa japonesa está actualmente en unos niveles que no se conocían desde hace dieciocho años. Esto es consecuencia de la grave crisis por la que está atravesando su economía, siendo los principales factores que la han motivado la contención del consumo interno y la falta de confianza en la eficacia de las medidas que se están adoptando. Por si esto fuera poco, la crisis global que afecta a los valores tecnológicos desde que alcanzaran sus niveles máximos en el mes de marzo del año pasado le afecta de forma significativa, y no hace sino agravar aún más la delicada situación del país.


Una vez dicho esto, hay que recordar que las mejores inversiones en renta variable son las que se hacen comprando en niveles mínimos, y tal y como está el Nikkei, no cabe duda que a los precios actuales se presenta como una buena oportunidad de compra. 
Los bancos del país están sobrecargados por un gran número de préstamos en problemas provenientes de esos sectores. Y el descenso en los precios de las acciones hizo que los bancos, que dependen de sus inversiones en acciones para eliminar sus préstamos impagables, se sumieran en una crisis más profunda, creando un vicioso círculo de ventas bursátiles.                                                                                                         
Las cifras económicas de Japón continúan siendo decepcionantes. Por primera vez el Banco de Japón ha reconocido que es probable que la economía japonesa se contraiga un 1,2% este año fiscal y posiblemente un 1,1% el próximo. La producción, las exportaciones y la inversión han caído y el desempleo ha alcanzado un nivel récord. La tasa de desempleo subió a su ritmo más rápido en más de 34 años a un nivel histórico del 5,3% en septiembre, presionando al gobierno para romper su techo de gastos y crear nuevos puestos de trabajo. La producción cayó en septiembre en un 12,7% respecto al año anterior, la mayor caída desde mayo de 1975. La confianza empresarial, medida por el índice Tankan, cayó a su mínimo de dos años en septiembre, ya que la profundización de la ralentización económica ha forzado a muchas compañías a reducir sus previsiones de beneficios. La confianza entre las pequeñas empresas también cayó a su nivel más bajo en tres años, ya que las mayores expectativas de una recesión mundial aumentaron las preocupaciones de que Japón se enfrente a una recesión. 

                                                                                                                                                           

Largo plazo: Pese a que, a priori, el momento actual parece óptimo para invertir, habría que hacerlo pensando en el largo plazo, ya que las incertidumbres que rodean la economía de este país son muchas y tienen que despejarse poco a poco. La consecuencia inmediata de esta incertidumbre en los mercados financieros, ya de por sí muy volátiles, es una mayor inestabilidad. A todo ello hay que añadir una divisa, el yen, que también se caracteriza por importantes altibajos en su cotización. Además de un plazo largo, el porcentaje recomendable de inversión en un país como Japón debería ser pequeño dentro del conjunto del patrimonio financiero que se tenga. 

 

En concreto, esta inversión no debería superar el 5 ó 10% de la cartera. 
A largo plazo, un crecimiento económico sostenido depende de la recuperación de la confianza del consumidor y de si las compañías continúan reestructurándose para hacerse más eficientes y rentables. Sin embargo, la confianza del consumidor cayó al mínimo de tres años en septiembre y las expectativas de fuertes pérdidas de empleo en la industria pueden retrasar la recuperación de la confianza del consumidor. Los recientes ataques terroristas en Estados Unidos y sus consecuencias hacen que la evolución de las bolsas sea más difícil de prever a corto plazo, pero es probable que los inversores continúen centrados en el progreso de las reformas estructurales internas.