2.1. CRISIS ASIÁTICA (1997)
Introducción
La crisis asiática, empezó el 2 de julio de 1997 con la devaluación de las monedas y caída de las Bolsas de Valores en Asia, se origino en los países en desarrollo de Asia. Los países desarrollados, como EE.UU. y Europa, han recibido el impacto de esta crisis a través de la presión a la baja en sus Bolsas de Valores y en la menor demanda por sus productos en las economías de Asia ahora en recesión.
Los efectos de esta crisis en el resto del mundo significaron la agudización de la crisis en Rusia y ha implicado la desaceleración en el crecimiento económico de Latinoamérica, al parecer ha tocado ya fondo y puede avizorarse una luz al final del túnel. Esta crisis comenzó con la abrupta devaluación de las monedas en Tailandia, se extendió por los demás países de Asia, y al caer la Bolsa de Valores en Hong Kong en octubre de ese año creo una presión a la baja en las demás Bolsas de Valores en el mundo, en los meses siguientes dio signo de que ya había tocado fondo. Veamos: (aquí nos referimos sobre todo a los países asiáticos más afectados por la crisis como Tailandia, Malasia, Indonesia, Filipinas y Corea del Sur).
1. Las monedas de los países asiáticos, que se habían devaluado de julio de 1997 a fines de enero del año 1998 a una tasa impresionante. Desde septiembre de ese año las Bolsas de Valores en Asia se estaban recuperando de la gran baja que observaron desde inicios del año 1997. En el caso de Indonesia la recuperación de su Bolsa no ha sido significativa, pero por ejemplo en Tailandia, otro país seriamente afectado por la crisis, la Bolsa de Valores a fines de noviembre se encuentra en un valor de 350, después de haber llegado a un valor mínimo de 214 a fines de agosto de este año (en enero de 1997 la Bolsa de Valores de Tailandia tenía un valor de 831).
2. La recuperación en el valor de las monedas y en las Bolsas de Valores en Asia se debe a que la confianza en estas economías esta volviendo poco a poco al estarse adoptando drásticas medidas para reformar sus economías, especialmente en el sistema financiero, en el año 1998 casi todas las economías del Asia Oriental (los mencionadas, más Japón, Singapur, Hong Kong, excepto China y Taiwán), tuvieron crecimiento negativo en sus economías. En el año 1999, todos, menos otra vez China, Taiwán y probablemente Filipinas, también tuvieron crecimiento casi cero o negativo.
3. La recuperación de Asia fue reforzada por el continuo crecimiento económico de China y la recuperación de la economía de Japón, las dos más grandes economías en Asia. De China no hay casi duda de que continúe creciendo (y que no devaluara su moneda).
4. La plena recuperación económica de Asia también dependerá del comportamiento de la economía mundial. Algunos analistas al ver la extensión de la crisis asiática al resto del mundo, vincularon esta a una crisis generalizada de la economía mundial, similar a la crisis que se experimento de 1929 en adelante, y que duro muchos años.
Conclusiones.
Los países asiáticos se recuperaron del año 2000 en adelante. China sigue creciendo y no devaluará su moneda. La economía mundial al parecer esta en camino a su recuperación, aunque la clave para que esto sea rápido lo tiene el comportamiento de la economía de EE.UU. La Bolsa de Valores de Nueva York alcanzó el 24 de noviembre de 1998 un récord histórico, recuperándose del bajo nivel en que cayo en julio de 1997. La caída de la Bolsa de N.Y. en julio dio pie a que muchos hablen de una crisis a nivel mundial como la de 1929 o peor. Hay muchas diferencias entre la crisis de 1929 y la asiática que hicieron que esta crisis no fuera tan aguda y larga como la anterior.
2.2. CRISIS MEXICANA (1995)
Introducción
Desde los años setenta las crisis recurrentes de la economía mexicana se inscriben en un largo proceso de desestructuración que ha modificado el régimen de acumulación; los cambios han afectado al sector externo, manufacturero y financiero, sin que hayan podido darse condiciones adecuadas para un crecimiento estable. La inclinación a adjudicar la ciclicidad de las crisis a errores de estrategia de los gobiernos en turno no explica de manera congruente el estancamiento estructural, debido a desequilibrios básicos gestados durante un cuarto de siglo y cuya superación implica la recomposición del aparato productivo en su conjunto, dada la pretensión de insertar eficientemente a México en una economía global altamente competitiva a partir de la apertura comercial. Se analiza la inserción de la economía mexicana en una economía mundial globalizada.
I. México y la economía mundial: Centro y periferia una vez más
En el análisis tradicional centro-periferia está implícita una relación de subordinación-dominación en la cual se asigna a la última un desempeño pasivo, sujeto a los determinantes de la acumulación en el centro. Además de que la periferia es definida en dos ámbitos. Primero, al incorporar al análisis las particularidades de la periferia de tal forma que, aceptando la relación de dominación-subordinación, "si existen estructuraciones tendenciales impulsadas por los centros, las estructuraciones efectivas quedan sujetas a historias sociales particulares a estos diferentes espacios". Así, por ejemplo, la extensión del fordismo ha tomado formas diferentes en Brasil, Corea del Sur o México; o bien en la mayoría de los del África Negra parece no haber incubado relación con el centro como un estadio inferior de crecimiento, y específicamente de industrialización. Esta interpretación se ha modificado todavía un proceso congruente de industrialización semejante al de los mencionados países. En un segundo ámbito del análisis no tradicional centro-periferia, si bien se acepta que a partir de una gran crisis el modo de acumulación de los países centrales lleva a una estructuración tendencial de las economías periféricas, es obligado pensar "la configuración de las economías dominadas ya no en una dependencia funcional, sino en una dinámica de estructuración, y de estructuración conflictiva". Por ejemplo, si bien la crisis global de deuda externa en los años ochenta explota en la periferia, ésta se da en el marco de una interacción centro-periferia a raíz de la caída de los precios petroleros, el aumento de las tasas de interés y el déficit en cuenta corriente en América Latina. En cambio, el crack bursátil de 1987 es una crisis originada en el centro que desemboca, entre otros aspectos, en la consolidación de una globalización financiera que permitió que en los años noventa, un amplio desarrollo de los mercados bursátiles en las llamadas "economías emergentes", a partir del flujo de capitales del centro a la periferia con fines meramente especulativos, y cuya movilidad depende de su liquidez permanente.
Por tanto, la estructuración tendencial de las economías periféricas a las modalidades de acumulación del centro en el orden de lo financiero lleva a cambios que, a la par que favorecen el desarrollo de nuevos espacios de valorización, también se convierten en nuevos espacios de integración-fragilidad en su articulación con la economía mundial. En consecuencia, ya no se puede reducir el fenómeno a una simple relación lineal centro-periferia, sino también hay que considerar las condiciones propias a esta última y que pueden acelerar, contradecir o transformar esta estructuración inducida por el centro, aun cuando subsista la relación de dominación-subordinación, entendida ésta como la imposibilidad de la periferia de controlar el excedente económico en función de sus necesidades y poder llegar a convertirse también en un espacio central.
Por tanto, las tendencias estructurantes dominantes tienen como contrapartida, en lo general, las especificidades de la periferia, y en lo particular las de los espacios-nación. Ambos elementos interactúan y determinan las modificaciones que tienen lugar en la periferia. Y si en el análisis tradicional las grandes crisis se originan en el centro, y ello determina los cambios en el régimen de acumulación, lo cual se expresa de cierta manera en la periferia, ahora con la globalización, en esta última también puede ubicarse el origen de una gran crisis y, en consecuencia, los cambios en el régimen de acumulación.
En esta perspectiva, por ejemplo, el "efecto tequila" puede considerarse el detonante de una gran crisis, abarcó al conjunto del sistema, y por primera vez una crisis originada en la periferia se transmitió hacia el centro. De un diagnóstico simplista -un problema de confianza de los inversionistas- se pasó a caracterizar a la crisis mexicana como la primera del siglo xxi, que además obligó a desarrollar mecanismos de control para regular los flujos financieros y prevenir colapsos semejantes a futuro con la creación de un fondo de contingencia, que semeja las funciones de regulación del sistema bancario por medio de un banco central, cuya intervención es siempre de última instancia para evitar la quiebra general.
Y si el "efecto tequila" fue el detonante de una gran crisis, por ende hay también una relación causal invertida periferia-centro. Y puede plantearse que el largo periodo de ajuste de la economía mundial desde la supresión de la convertibilidad del dólar y el abandono del régimen de tasas de cambio fijas desde los años setenta, culmina en 1995 con la plena consolidación de la globalización de los mercados financieros, cuya prueba fehaciente lo es precisamente el "efecto tequila", ya que a la par que fue catalizador de la crisis sólo pudo alcanzar la dimensión global precisamente por ser un eslabón de la cadena financiera mundial 80.
Así, en la crisis las dinámicas de estructuración se manifiestan como fundamentalmente conflictivas, dado que factores de apoyo a la acumulación se convierten en su inverso, explicadas no sólo como resultado de la relación de dominación-subordinación sino también de las especificidades al interior del espacio periférico. Por ejemplo, la gran afluencia de capital financiero a México en el periodo 1989-1993, a la vez que permitió estabilizar la economía como factor de apoyo al proyecto de liberalización, se reveló luego como el factor de mayor fragilidad para la acumulación dentro del propio proyecto a partir de los "errores de diciembre" de 1994 y la subsecuente caída de la bolsa. El antecedente inmediato de crisis bursátil se dio en octubre de 1987, y en ambos casos las repercusiones sobre el aparato productivo han sido desastrosas. Sin embargo, el hincapié puesto en lo monetario-financiero da la impresión de que, de no haber ocurrido ningún percance en este ámbito, el aparato productivo hubiera mantenido su dinámica sin mayores problemas. En este enfoque, los desórdenes fundamentales en la llamada "economía real" quedan en un segundo plano, o no existían antes del crack bursátil. Pero en verdad, como se verá, los desórdenes financieros actuales remiten a desórdenes económicos fundamentales.
En el mercado bursátil se reflejan los fenómenos monetarios y financieros. Los primeros reflejan los altibajos del tipo de cambio, en tanto los segundos los de la tasa de interés. Desde luego que los movimientos al alza son los que provocan el desequilibrio, y existe entre ambos una sincronía asimétrica casi instantánea. Así, en la economía mexicana a una depreciación del peso frente al dólar sigue un aumento en la tasa de interés, y ante expectativas devaluatorias la tasa de interés se mueve al alza. Dada la globalización de los mercados financieros, el parámetro para pronosticar el movimiento de la tasa de interés interna lo es la prime rate estadounidense.
Por ende, la economía mexicana depende en sus decisiones financieras de decisiones monetarias externas, las cuales a su vez están en función directa de la situación de la balanza comercial y de las expectativas de crecimiento de la economía estadounidense. México se ha insertado en el desorden financiero descrito por la vía de los mercados bursátiles sin haber resuelto sus problemas productivos. Así la crisis de 1995, una vez más, puso en el centro del debate los problemas estructurales de la economía mexicana.
II. La economía mexicana en crisis.
De la manera más esquemática, una crisis se caracteriza por una interrupción brusca de la producción, pero las causas de ello son de diferente naturaleza, lo cual determina la forma en que ésta se manifiesta. Así, por ejemplo, en 1976 el factor detonante en la economía mexicana lo fue la devaluación monetaria, lo mismo que en 1994 pero en escenarios diferentes. En el primer caso el mercado bursátil no tuvo ninguna relevancia, en cambio en el segundo se convirtió en el catalizador del desequilibrio para el conjunto de la economía. Por tanto, puede distinguirse entre una fuente de origen (factor detonante) y un mecanismo de transmisión de la crisis. Los mecanismos de transmisión, según la fuente de origen, van de la esfera productiva hacia la circulación y viceversa. Es claro, por ejemplo, que en 1994 el mecanismo de transmisión va de la circulación (circuitos monetarios-financieros) hacia la producción.
El escenario cronológico de las crisis en México de 1970 a 1995 es el siguiente:
· Devaluación en 1976, expresada como un fenómeno particular de la economía mexicana sin repercusiones regionales,
· Crisis en 1982, por la caída de los precios petroleros y explosión de la crisis de deuda externa que involucró a cuarenta países más.
· Crisis bursátil en 1987, como efecto del crack de la bolsa de Nueva York con una caída entre 30 y 40% en todas las plazas financieras.
· Crisis devaluatoria en 1994, que desencadenó el "efecto tequila" en el entorno mundial.
Como se observa, a partir de 1982 las crisis en México dejan de tener una expresión meramente local y se inscriben en desequilibrios globales. Al interior de la economía mexicana este escenario puede dividirse a su vez en dos fases, en función de los ritmos de acumulación:
· Primera fase: 1970-1982, se observa una alternancia relativamente suave de aceleración y desaceleración del crecimiento, con una tasa promedio de 7%, pero en general una economía no estancada.
· Segunda fase: 1983-1995, se registra una alternancia brusca de estabilidad-inestabilidad de precios, pero en general una economía estancada con un crecimiento inferior a 1% en promedio anual.
CUADRO 1. DEUDA EXTERNA/PIB (Porcentaje)
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1990 |
35.1 |
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1991 |
33.2 |
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1992 |
30.2 |
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1993 |
36 |
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1994 |
39.4 |
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1995 |
74.1 |
CUADRO 2. TASA MEDIA DE INFLACIÓN ANUAL (Porcentaje)
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1988-1994
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21
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1995-1996
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33.75
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2.3. CRISIS ARGENTINA
Introducción
En los últimos seis meses la crisis Argentina se viene desarrollando a un ritmo para muchos inesperado, las turbulencias económicas, políticas y sociales se suceden y combinan conformando una marea ascendente irresistible. Factores que se venían acumulando pacientemente en el último decenio emergen ahora ante un poder crecientemente autista embrollado en su propia trampa conservadora. La recesión y el endeudamiento externo han amenazado en varias oportunidades convertirse en depresión y cesación de pagos. Renunció el vicepresidente (en el lejano octubre del 2000), cambiaron uno tras otro los gabinetes ministeriales mientras se multiplicaban los cortes de ruta, las huelgas y otras formas de protesta popular. Hartazgo desde abajo, desprestigio de los dirigentes políticos del sistema pero también búsqueda desde arriba de recomposiciones autoritarias que apuntan hacia un futuro siniestro mezcla de "apartheid" social, subordinación colonial y eternización de la decadencia económica. Ello no ocurre en una isla desafortunada rodeada por un mundo feliz sino dentro de un contexto de crisis internacional, ahora centrada en los Estados Unidos, cuya economía se desinfla, con caídas bursátiles, del consumo y de los beneficios empresariales afectando tanto a los países desarrollados como al conjunto de la periferia donde nuestra realidad nacional se parece cada vez mas a un "fin de régimen", de duración incierta, tal vez muy prolongada.
La decadencia Argentina
El inicio de la declinación de la economía argentina suele ser establecido en el segundo lustro de los años 70 durante la dictadura militar cuando emergió hegemónico el sector financiero como cabeza de un sistema más vasto de actividades especulativas que fue dejando en un segundo plano a los sectores productivos principalmente la industria. Entre 1976 y 1981 esta última apenas creció un 2 % en términos reales mientras el sector financiero lo hizo en casi 150 %, ese fenómeno formo parte periférica de un movimiento global iniciado con el shock petrolero de 1973-74 cuando se fueron generando crecientes excedentes financieros que no podían ser absorbidos por la economía real.
El fenómeno culminó en los años 90. Podríamos dividir a ese período en tres etapas:
* La primera, hasta 1994, se produjo la desnacionalización de las empresas públicas y de la mayor parte de las privadas nacionales, los fondos ingresados por dichas operaciones sumado a un flujo significativo de narcodólares y otras corrientes financieras ilegales facilitaron la expansión del consumo en las clases altas y medias combinada con una ola de importaciones resultado de la apertura comercial. Creció el PBI aunque el ministerio de economía bajo la dirección de Cavallo infló las cifras pero también creció la desocupación y el precarización laboral, la pobreza y la indigencia. Se estableció un sistema de saqueo a gran escala controlado por un reducido núcleo de empresas y redes financieras básicamente extranjeras sobre la base de superganancias originadas en tasas de interés astronómicas, altas tarifas de servicios públicos, etc., concentrando ingresos, evadiendo fondos al exterior. El "plan de convertibilidad" fue el instrumento decisivo de ese esquema: congeló la paridad cambiaria sobrevaluando la moneda local, dió vía libre a las importaciones y a las operaciones financieras.
En el segundo semestre de 1994 el sistema ya mostraba signos de deterioro, se desaceleraba la recaudación fiscal, aumentaba la desocupación en numerosos sectores y también la voracidad de los grupos financieros que presionaban cada vez mas a un Estado declinante en busca de nuevos negocios (rebajas tributarias, apropiación de aportes provisionales, etc.). La crisis mexicana fue el detonante externo de un panorama nacional donde se multiplicaban los signos de degradación.
* Se abrió entonces una segunda etapa expresión del fin del auge neoliberal. La recesión de 1995 pudo ser superada solo por dos años pero a costa del incesante aumento del endeudamiento externo, en un movimiento condenado a agotarse, durante ese tramo aparecieron las primeras protestas populares significativas, Cavallo se alejó del gobierno, comenzó el deterioro de la popularidad de Menem. La crisis asiática de 1997 estrechó considerablemente los márgenes financieros internacionales de un régimen que se reproducía gracias a los créditos externos. A partir de allí fue evidente la contradicción entre el crecimiento económico general y la presencia de un poder capitalista depredador que devoraba porciones crecientes del Ingreso Nacional.
* La tercera etapa se inició en 1998 cuando se instaló la recesión no como un acontecimiento pasajero sino como un fenómeno durable y estructural. La superdeuda externa acumulada unida a un mercado interno bloqueado por la concentración de ingresos no dejaban mayores posibilidades a la expansión productiva, las succiones combinadas de la usura internacional y de los grupos económicos localizados en el país fueron debilitando, paralizando a la víctima.
Ese momento que se prolongó hasta el primer semestre de 2000 empalmó con una coyuntura mundial marcada por el repliegue hacia el centro desarrollado occidental de fondos especulativos provenientes de la periferia sacudida por una sucesión de turbulencias (prolongación hasta hoy de la inestabilidad en Asia del Este, el derrumbe ruso de 1998, la crisis brasileña de 1999, etc.) a lo que se agregaba la persistencia del estancamiento japonés (recordemos que se trata de la segunda potencia económica mundial). El enrarecimiento del clima financiero y comercial global dificultaba, encarecía, la obtención de nuevos préstamos en especial para Argentina: superendeudada, estancada y con fuerte déficit fiscal.
Pero a lo largo del año 2000 la situación se agravó, la contracción económica interna acorraló a vastos sectores sociales e importantes grupos de empresas (incluidas algunas extranjeras) comenzaban a sufrir el impacto de las caídas en sus ventas y volúmenes de ganancias mientras el endeudamiento externo amenazaba convertirse en cesación de pagos, así los señalaban con cada vez mayor frecuencia consultoras y publicaciones internacionales.
Por encima de este panorama local Estados Unidos agotaba su prosperidad, en abril comenzó la caída bursátil y hacia el final del año era evidente la desaceleración del consumo interno y la caída de beneficios empresarios. Japón decayó aun más y Europa Occidental comenzó a revisar a la baja sus pronósticos de crecimiento para el año 2001, el conjunto de la periferia (en especial América Latina) no podía esperar nada bueno en el futuro próximo.
Hacia fines del 2000 la crisis Argentina dio un nuevo salto cualitativo, la cesación de pagos externos (el "default") se puso a la orden del día, el gobierno y el FMI trataron de frenarla con un salvataje financiero en torno al cual el primero lanzó una campaña publicitaria anunciando la instalación de un "blindaje" valuado en cerca de 40 mil millones de dólares que aseguraba estabilidad y crecimiento por un largo período. La información era falsa, la cifra real era aproximadamente la cuarta parte del anuncio y consistía en una línea de crédito de emergencia otorgada principalmente por el FMI y que ayudaba al gobierno a sobrevivir durante un trimestre como máximo.
En marzo del 2001 reapareció la sombra del "default" seguramente como una amenaza que llegó para quedarse por un buen período. Argentina ingresó así en una nueva etapa de su decadencia caracterizada por una triple presión que fragiliza al extremo el esquema dominante. En primer lugar la de los acreedores externos enfrentados a un país que ha saturado su capacidad de pagos y de endeudamiento "normal" condenado a vivir de salvatajes y refinanciaciones cada vez más problemáticas, dichas redes financieras pugnan por derivar hacia sus arcas crecientes volúmenes de riquezas. En segundo lugar la de los grandes grupos económicos locales que buscan "recomponer beneficios" ante un mercado interno que se comprime intentando pagar menos impuestos y salarios, recibir algunas transferencias adicionales, participar de nuevos "negocios" a costa del Estado y de las clases medias y bajas. En tercer lugar la de los sectores sumergidos, clases medias y bajas acosadas por una realidad social dramática y que a lo largo de los dos últimos años multiplican y extienden sus manifestaciones de descontento. Esas enormes presiones han desquiciado el panorama político e institucional caotizándolo, inyectándole irracionalidad en dosis crecientes.
Los últimos meses muestran junto al agravamiento de la crisis una tentativa de recomposición política derechista autoritaria con el presidente De La Rua como principal protagonista visible.
Argentina, que ingresó en su cuarto año de recesión, se encuentra en un dilema. No logra conseguir suficientes recursos para hacer frente a su deuda de US$132.000 millones y está al borde de la cesación de pagos (o default) y quizás ante el fin de la convertibilidad, el régimen cambiario que fija la paridad entre el peso y el dólar.
Ahora todo parece depender de un desembolso del Fondo Monetario Internacional (FMI), que se niega a destrabar un préstamo US$1.260 millones hasta que Argentina encare un nuevo ajuste fiscal.
Las crisis económicas suelen generarse por factores múltiples y simultáneos. En Argentina ha aumentado el peso de la deuda y ha habido movimientos desfavorables en el sistema de cambio euro-dólar.
Ha sido fuerte el impacto de la devaluación brasileña en 1999, además de la desaceleración de la economía global".
2.4. CRISIS ESPAÑOLA
La recesión económica de 1992 ha resultado ser más profunda de lo esperado.
Los países que habían aguantado el inicio de la crisis en 1991, Alemania y Japón, han caído en el año 92, mientras Estados Unidos parece haber encontrado la salida a la misma. Así y todo, ha terminado el año con la economía americana creciendo a tasas del 2% y Japón y Alemania haciéndolo al 1%, pero con una tendencia decreciente.
En Europa la crisis del SME ha marcado el año económico. La no ratificación por parte de Dinamarca y el apretado resultado en Francia, al Tratado de Maastricht, provocaron una serie de turbulencias cambiarías que tuvieron como consecuencia la salida del Reino Unido y de Italia del mecanismo de cambios del SME y las sucesivas devaluaciones de la peseta de septiembre y noviembre. Todo ello no hizo sino acentuarlos dilemas de algunos países en materia de política económica, que se habían debido en un principio a resultados económicos muy dispares, lo cual alteró la estrategia de inversión en activos denominados en monedas del SME.
El bajo crecimiento de la demanda, debido en algunos países, por ejemplo EEUU, a ajustes patrimoniales del sector privado, que se había endeudado en la fase expansivo del ciclo, y cuya riqueza neta ha disminuido ante la caída de los precios de los activos -reales y financieros-, y en otros, a necesidades de reducir los elevados déficits, redujeron la capacidad de movimiento de las políticas económicas, lo que fue una losa a la hora de tomar las iniciativas para intentar salir de la crisis.
En cuanto a los países de Europa central y del este, cabría destacar que en este año se ha producido un ahondamiento en las diferencias existentes entre aquellos que empiezan a salir del duro proceso de ajuste a la economía de mercado, los que todavía están inmersos en ella y los que todavía no la han abordado.
Las previsiones económicas de la OCDE para el año 93 son de un crecimiento del PIB del 3% en EE.UU., un estancamiento en Japón y un crecimiento negativo en la Comunidad Europea, marcado por la honda recesión alemana. A su vez hay que destacar la posible positiva influencia que puede tener la culminación de la Ronda Uruguay del GATT, lo cual liberalizaría el comercio mundial, para el cual se prevé un crecimiento del 4 % en el año 92, tasa ligeramente superior a la del año anterior.
En España, el proceso de ajuste iniciado en 1989, debido a los desequilibrados de la fase expansiva, se acentuó en 1992, intensificándose la desaceleración de la demanda agregada. La Formación Bruta de Capital, salvo excepciones aisladas, presentó un crecimiento negativo a lo largo del año. Por su parte, el consumo privado fue el factor que marcó la tendencia del ritmo de desaceleración, debido sobre todo a la incidencia de las medidas de política fiscal decididas a lo largo del año, en un intento por frenar el déficit público. Sólo el sector exterior mantuvo una cierta actividad, tendencia que se acrecienta en los primeros meses del año 93, afectado sobre todo por las tres devaluaciones sufridas por la peseta dentro del mecanismo de cambios del SME.
Los problemas estructurales que marcaron a la economía española durante la fase expansiva del cielo económico, como son el déficit público, la rigidez a la baja de la inflación, el abultado desequilibrio exterior y las elevadas tasas de desempleo, acentuaron aún más su evolución negativa durante el 92; los altos tipos de interés, provocados por la política monetaria restrictiva seguida por el gobierno, junto a la inestabilidad cambiaria anteriormente citada, dejaba poco margen de maniobra en términos de política económica.
Los resultados del año 92 no son muy alentadores, el crecimiento del PIB en un 0,8%, según el INE, y del 0,7% según la Fundación FIES, fue insuficiente a la hora de crear empleo; éste se destruyó a una tasa anual del 1,9%. Este débil crecimiento fue sostenido por el consumo final, tanto público como privado, siendo negativa la aportación del sector exterior, aunque menor que en el año 91. En cuanto a los precios, mantuvieron una rigidez a la baja, situándose en un 5,9% en media anual. Por último, destacar que el déficit de las Administraciones Públicas se redujo ligeramente, en % del PIB, situándose según las primeras estimaciones en un 4,4%, aunque esta reducción no fue suficiente para contraer el crecimiento de la deuda pública, en % del PIB, que se incremento en 3,5 puntos porcentuales.
El crecimiento del VAB, que según las últimas estimaciones de la Fundación FIES, se sitúa en el 0,5%, en tasa interanual, ha sido menor al del año 91; esto se debió a un pésimo año agrícola, así como al estancamiento del resto de los sectores. El Sector industrial, a pesar de tener un crecimiento superior a la media nacional, ha sido el que ha sufrido más los efectos de la crisis, con unos resultados muy negativos en el último trimestre del año, tanto en producción como en empleo, que no han mejorado en los primeros meses del año.