Han pasado siglos desde que los primeros burgueses negociaban sus valores en las ferias del medievo. Conventos, lonjas de contratación, circos y hospitales han albergado, a lo largo de los siglos, una actividad que, hoy por hoy, se ha convertido en una las parcelas más importantes de la economía. A finales del milenio, la Bolsa española mira ya hacia un futuro de tinte europeo.
1.1.- Circos, Conventos y Lonjas
Es difícil imaginar la actividad bursátil de un día cualquiera de 1392, año en el que la Bolsa de Barcelona estableció su sede social en la Casa Lonja de Mar. Al igual que las lonjas del Mediterráneo, otros espacios públicos cobijaron a las bolsas españolas en sus
orígenes. Las primeras contrataciones tuvieron lugar en conventos, circos y ferias de comercio. El mercado español tuvo que esperar hasta el siglo XIX para contar con edificios construidos expresamente para albergar la actividad bursátil.
1.2.- El "rostro" de la Bolsa
El domingo 7 de mayo de 1893, a las cuatro de la tarde, la reina regente María Cristina inauguró la nueva sede de la Bolsa de Madrid. Ubicado en la Plaza de la Lealtad, el edificio fue diseñado por el arquitecto madrileño Enrique María Repullés. Seis años y medio de obras y tres millones de pesetas fueron necesarios para levantar este edificio de corte neoclásico, cuyas columnas corintias se convertirían, a la postre, en el principal símbolo de la Bolsa española. Desde su inauguración, el edificio albergó la contratación, a viva voz, de los corros, cuya existencia, al igual que el edificio, es ya otro símbolo para la historia.
1.3.- La nueva era de la Bolsa española
En los últimos años, la Bolsa española ha experimentado numerosos cambios en su estructura y funcionamiento con el fin de coger el tren de los mercados más importantes del mundo. Las últimas reformas han hecho de la Bolsa una institución más ágil, eficaz y transparente, cada vez más atractiva para los pequeños inversores y con la suficiente fuerza para hacerse un hueco entre
los grandes parqués del mundo. La puesta en marcha del mercado continuo, en 1989, y la entrada en vigor de la nueva Ley del Mercado de Valores, en el mismo año, son responsables del buen estado que atraviesa la Bolsa en nuestros días. Mientras que el mercado continuo rompe con el arcaico sistema de compra y venta en corros, agilizando la contratación de valores, la nueva ley da cabida en el sistema a los nuevos protagonistas de la negociación: las Sociedades y Agencias de Valores y Bolsa, que sustituyen a los anteriores Agentes de Cambio. Con la nueva ley aparecen las Sociedades Rectoras de Bolsa, encargadas de administrar cada mercado de valores.
1.4.- Un futuro europeo
La Bolsa española ya no se entiende por sí sola. Forma parte de un entorno de integración europea. Desde el 1 de enero de 1999, los valores de las bolsas de los once países europeos acogidos a la moneda única cotizan en euros, aunque se mantienen además las cotizaciones en las respectivas monedas nacionales hasta que éstas desaparezcan, en los primeros meses del año 2002. Pero la europeización de las Bolsas no sólo se mide por la implantación del euro, sino también por el proceso de integración que viven los principales parqués del Viejo Continente. Las bolsas de París, Amsterdam y Bruselas se han unido para crear el mercado Euronext, mientras que los dos mercados más importantes, Londres y Francfort, han creado la nueva macrobolsa iX. En este caso se da la circunstancia de que el Reino Unido no forma parte del euro, mientras que el mercado alemán es el más importante de los once. La Bolsa española aún no ha decidido a que tren subirse, pero habrá de realizar algún movimiento de integración en los próximos meses. El parqué español ha querido dar un claro respaldo a las relaciones comerciales y empresariales con Latinoamérica con la creación del Latibex, el mercado español en el que cotizan los principales valores del subcontinente.