LA GESTION DE LOS DESECHOS SOLIDOS EN PANAMA

No. 2                                                                                                                      REVISTA DEL FORO CEIDIR Publicación electrónica sobre Desarrollo Económico Regional y Local

 

 

La Gestión de los Desechos Sólidos en Panamá

 

 

Lic. Francisco Rivas Ríos[1]

 

Correo electrónico: franciscorivas@cableonda.net

 

Sumario. El sistema actual de manejo de los desechos en Panamá se encuentra virtualmente colapsado. Esta circunstancia ha obligado al Gobierno de la República a transferir la gestión de los desechos a los municipios del Área Metropolitana (Colón, San Miguelito y Panamá). La problemática radica en la existencia de un gran déficit en la cobertura del servicio de recolección. En dicha área se generan diariamente alrededor de 1,200 toneladas métricas de desechos sólidos domiciliarios, institucionales, industriales y hospitalarios, no obstante, el Relleno Sanitario de Cerro Patacón está recibiendo un promedio de 850 (un 70%). Cerca de 350 ton/día terminan acumulándose en vertederos clandestinos, en las proximidades de ríos y acequias locales, dentro de las urbanizaciones y a la vera de caminos y carreteras[2]. Esta situación está provocando una mayor contaminación hídrica, un paulatino aumento de los niveles de insalubridad de la población y, a largo plazo, la disminución de la vida útil del Canal de Panamá, pues si continúa expandiéndose el crecimiento humano e industrial hacia las áreas ribereñas de la vía interoceánica, podría convertirla en el depósito de los desechos urbanísticos. ¿Cómo llegaron los panameños a esta situación de crisis ambiental?, ¿Cuáles son las alternativas viables para enfrentar el problema?. El presente artículo procura contribuir a responder estas dos preguntas cruciales.

 

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I.                    Las opciones tecnológicas y las dificultades financieras durante la Administración Norteamericana (1903 - 1953)[3]

 

Durante 100 años Panamá ha contado con dos modelos gestión de los desechos sólidos: a) un modelo subsidiado y centralizado en la Administración del Canal y luego en Gobierno Central, con el objetivo primordial de garantizar el saneamiento del área canalera; y  b)  un modelo "municipal" en el resto del país, en donde la limpieza pública fue una tarea de los Municipios, los cuales carecieron - por regla general - del interés y la capacidad financiera y técnica para encontrar soluciones al problema. 

 

Desde el inicio de la construcción del Canal, se procuró disminuir los niveles de insalubridad de la Ciudad de Panamá. Se plantearon 3 objetivos primordiales: a) erradicar la costumbre en la población local de deshacerse de los desechos lanzándolos a la calle (mediante campañas educativas, vigilancia sanitaria y fuertes sanciones); b) establecer un sistema organizado de recolección de los desechos; y  c) poner en práctica un método adecuado para la disposición final.

 

En 1905 la Comisión del Canal de Panamá, estableció en Ciudad Panamá la Oficina de Salubridad Pública (Health Office), la cual se encargó de la limpieza de calles, la recolección y disposición final de los desechos. El barrido de calles y la recolección y transporte de los desechos no planteó mayores problemas, pues se trata de operaciones sencillas que requieren de inversiones relativamente modestas. Primero, la basura se recogió y transportó en carretas. En la década de los 30 se adaptaron carros de ferrocarril para trasladar los desechos hasta el sitio de disposición final y se introdujeron los camiones "Colecte", aparentemente de compactación hidráulica, con capacidad de 7 1/2 yardas cúbicas.

 

La dificultad, como ocurre actualmente, consistió en dar un adecuado tratamiento final a los desechos. Se exploraron 4 alternativas: a) arrojarlos al mar; b) depositarlos y quemarlos en botaderos a cielo abierto; c) "rellenar" pantanos, manglares y cursos de río; y d) la incineración a gran escala o en hornos sencillos.

 

De todas, la única propuesta que no se puso en práctica fue arrojar la basura al mar, aunque se intentó. Efectivamente, en agosto de 1930 se abrió una licitación con el propósito de contratar una compañía que construyera un muelle o rampa para poder cargar barcazas con aproximadamente 333 yardas cúbicas diarias de basura. A pesar de que participaron 3 empresas, la licitación se declaró desierta porque las ofertas económicas fueron consideradas muy altas. La propuesta fue desechada por razones económicas, no ambientales.

 

Desde esa época hasta el presente, la solución al problema de los desechos ha dependido no de la oferta tecnológica existente, sino de su costo. La escasez de medios o recursos materiales y humanos para alcanzar un manejo adecuado fue una constante a lo largo del siglo XX.

 

Inicialmente, la Oficina de Salubridad estableció que el presupuesto máximo del servicio de recolección, transporte y disposición final de la basura sería B/.48,000 anuales, financiado en un 79% (B/. 38,000) por el gobierno panameño y en un 21% (B/ 10,000) por la administración norteamericana.

 

En la práctica el tope de los B/. 48,000 siempre fue excedido. Entre 1907 y 1913 el gobierno de Panamá retomó brevemente del servicio, gastando entre B/. 60,000 y B/. 72,000 anuales. Esta fue la razón principal para que el servicio se devolviera a la Oficina de Salubridad.

 

Sin embargo, dicha Oficina también excedió el presupuesto, cuando decidió adquirir un incinerador "Decarier" a un costo de B/. 110,900, el cual fue instalado en la Isla Gavilán[4] (1918-1920). Originalmente debía procesar 135 toneladas diarias de basura calculadas a B/ 0.52 la tonelada, pero finalmente aumentó a B/.1.16. Luego de dos años de operaciones, el gasto promedio mensual era alrededor de B/.2,700. Esta circunstancia, sumada a las continuas protestas por parte de los habitantes de Quarry Heights, Balboa y Albrook, afectados por las humaredas y los malos olores, condujeron a su cierre definitivo.

 

En cambio, un incinerador construido en Summit demostró mayor eficacia[5], y aparentemente funcionó sin contratiempos durante la década de los 30 hasta que los costos elevados (B/. 0.72/tonelada en 1941) y el incremento de la población obligaron a abandonar este método.

 

El procedimiento "más barato" por excelencia consistió en depositar los desechos en basureros a cielo abierto y quemarlos.  Se promovió también, incluso por científicos de la época, el relleno con basura de pantanos, manglares y cursos de los ríos que rodeaban la ciudad. Entre 1918 y 1920 este procedimiento costó B/. 600 mensuales, apenas una quinta parte de lo que se gastaba en incinerar la basura. Posiblemente nunca sepamos la verdadera magnitud del costo ambiental causado por los lixiviados.

 

I.                    Nueva Administración: viejos dilemas (1953-1998)

 

En 1953, a raíz de los Tratados Remón-Einsenhower, el gobierno panameño asumió la responsabilidad del aseo urbano.  ¿Qué heredaron los panameños del período anterior?. Podemos mencionar tres herencias principales:

 

a)      Una "cultura del no pago" fuertemente arraigada en la población. Durante 50 años nunca fue establecido el cobro del aseo. Los panameños se acostumbraron a que el servicio era financiado por la Oficina de Salud y su Gobierno; desde la perspectiva del usuario el servicio debía ser gratuito.

 

b)      El aseo urbano era responsabilidad de entidades centralizadas (Oficina de Salud, DAC, IDAAN, DIMA), sin ninguna participación de los municipios. Los que tomaban las decisiones estaban muy lejos del ciudadano común y de las comunidades, lo que reforzó la actitud despreocupada de los panameños con relación al problema de la basura.

 

c)      Completa despreocupación por los impactos ambientales. Una vez establecido en el presupuesto de la Nación el monto máximo que se emplearía en el rubro de aseo, el esfuerzo se orientaba a buscar los procedimientos más "baratos", sin medir las consecuencias ambientales.

 

En 1953 los panameños decidieron continuar por el camino trazado por la administración norteamericana, pero las circunstancias habían cambiado: se había iniciado el proceso de "urbanización desbordante"[6], lo cual condujo al incremento acelerado de los volúmenes de los desechos y de la demanda de servicios de aseo urbano.

 

En este contexto, poco podía hacer el  Departamento de Acueductos, Calles y Alcantarillados (DACA), adscrito al Ministerio de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública, heredero de la antigua Oficina de Salubridad. Los presupuestos asignados al rubro de aseo urbano (cercanos a los B/. 400,000 anuales) eran insuficientes. Para disponer de liquidez se redujo drásticamente el gasto de mantenimiento y la reposición  de los equipos; además, la disposición final se ubicó en los manglares al este de  Panamá Viejo.

 

En 1961 el sistema de gestión de los desechos sólidos se encontraba colapsado: de 20 camiones recolectores solo operaban 4; la cobertura se redujo a un 30%; y el botadero de Panamá Viejo se había convertido en un peligroso foco de contaminación. Entonces la responsabilidad por el servicio empezó a dar tumbos: la DACA fue disuelta en 1962 y sustituida por un Patronato de Aseo que a su vez fue eliminado en 1967; las funciones se transfirieron a la  Dirección General de Aseo del Municipio de la Ciudad de Panamá, y posteriormente al Ministerio de Obras Públicas.

 

La crisis estructural del aseo urbano en la Ciudad de Panamá tuvo un "respiro" a partir de 1968. En ese año se creó el Departamento de Aseo, bajo supervisión del Director Ejecutivo del IDAAN, pero esto no fue realmente lo importante. Ocurrieron dos circunstancias que pospusieron, pero no eliminaron, la crisis:

 

a)      a partir de 1970 se inició el cobro de la tasa de aseo. La situación   financiera mejoró de manera significativa, pero los problemas de fondo continuaron intactos, y

b)      en la década de los 70's el estado panameño dispuso de importantes recursos económicos, lo que le permitió subsidiar el servicio de aseo urbano.

 

En 1979, en un contexto de crisis financiera internacional, el problema de los desechos sólidos  se agravó nuevamente.  La tonelada métrica de basura pasó de B/. 15.00 en 1970 a B/. 31.00 en 1980. Además, existía ya una mayor preocupación por los problemas ambientales: el basurero de Panamá Viejo fue declarado zona de emergencia sanitaria.

 

Se inició entonces un proceso paulatino en dirección a un nuevo modelo de gestión. En 1984 se creó la DIMA como entidad autónoma del Estado,  el basurero de Panamá Viejo fue cerrado en 1986 y se construyó el relleno sanitario de Cerro Patacón.

 

La creación de la DIMA fue un paso adelante en la organización técnica del servicio, desde el barrido de calles hasta la disposición final.  Pero dejó intacto el persistente problema a lo largo del siglo XX: la sostenibilidad del sistema.  La integración del cobro de la tasa de aseo al sistema de facturación del IDAAN incorporó un mecanismo compulsivo indispensable para combatir la "cultura del no pago", pero el servicio de agua potable arrastra hasta el presente una elevada morosidad: no fue el mejor matrimonio.

 

A finales de los 90 resultó evidente que el modelo de gestión debía ser modificado sustancialmente.

 

II.                  La "Municipalización del servicio" y el reto de la sostenibilidad

 

La "municipalización" del servicio de aseo urbano en los Distritos de Panamá, San Miguelito y Colón llegó con 100 años de retraso. Esto puede ser una debilidad, si consideramos que los municipios carecen de experiencia e infraestructura y heredan una cartera de clientes morosos; pero igualmente podría  considerarse una fortaleza, pues no existen "resistencias al cambio" que obstaculicen una reestructuración sustancial del sistema.

 

El escenario histórico ha cambiado nuevamente y los métodos de gestión de los desechos sólidos no pueden responder como antes simplemente a la búsqueda del "método más barato" para "recolectar y rellenar". Este enfoque no es sostenible en términos ambientales ni financieros.

 

Podemos mencionar los siguientes cambios fundamentales:

 

a)      Hacia la fuente de generación: reducir al mínimo de los desechos y preservar  el medio ambiente.  Esto  significa tres cosas:

 

-          Promover la separación, recuperación y reutilización de materiales reciclables en el ámbito domiciliario.

-          Aumentar la eficacia de la utilización de los recursos, incluidos un aumento de la reutilización y del reciclado de los desechos y reducción de la cantidad de desechos por unidad de producto económico, en las instituciones públicas, las empresas y las industrias.

-          Establecer un manejo adecuado de los desechos sólidos peligrosos.

 

De esta forma se logran varios propósitos: los usuarios abandonan el rol de simples "productores de desechos" y asumen responsabilidades prácticas orientadas a darles un aprovechamiento productivo; al mismo tiempo que se contribuye a disminuir los volúmenes en los sitios de disposición final.

 

b)     Reducción de costos en la fase de recolección y transporte de los desechos mediante la utilización de tecnologías apropiadas y el uso intensivo de mano de obra, especialmente en las áreas urbanas y rurales más pobres

 

Seguramente el principal reto en América Latina es promover sistemas de manejo de desechos sólidos que atiendan a las áreas de mayor pobreza, donde prevalecen condiciones precarias, inaccesibilidad y renuencia al pago de la tasa de aseo. Esto tiene relación directa con el tipo de tecnología empleada.

 

La elección de tecnologías apropiadas para la recolección de los residuos domésticos depende en gran medida de la accesibilidad (es decir, de la amplitud de las calles- anchas o angostas- y si son rectas o curvas), del tipo de terreno (plano o accidentado), del estado físico de  las calles (asfaltado o no), de la cantidad de residuos y materiales a transportar, y de las distancias que deben recorrerse. Además, las formas de recolección primaria en muchos casos están condicionadas por la cultura de las comunidades (por ejemplo, la preferencia por la recolección puerta a puerta).

 

Un error frecuente (generalmente inducido por representantes de las empresas fabricantes) consiste en la adquisición de equipo de poca utilidad en las zonas urbanas más pobres. Incluso moderno equipo donado a los municipios, muchas veces terminó deteriorándose porque no logró financiarse el mantenimiento (ciertamente los repuestos no son donados). Además, en virtud de las restricciones presupuestarias de los municipios, muchas veces estos equipos no reciben el mantenimiento adecuado, a tal punto que ocasionalmente causan serios accidentes.

 

Al respecto, el señor Carl Bartone[7] ha indicado lo siguiente:

 

"Mientras los problemas descritos continúan ocasionando dolores de cabeza a los gobiernos locales, algunas soluciones innovadoras y viables son ya ejecutadas dentro de muchas comunidades de bajos ingresos por microempresas individuales y cooperativas, o por iniciativas comunales. Las microempresas recolectan la basura en sus comunidades, en donde, a pesar de ser pobres, las poblaciones se encuentran dispuestas a pagar por el servicio, y las microempresas son comprometidas por las comunidades  - y algunas veces por los gobiernos locales - a transportar la basura hasta los lugares donde se realiza la disposición final; inclusive, algunas de ellas operan pequeños rellenos. En otros casos, los recuperadores han sido animados a organizar cooperativas o asociaciones de reciclaje para brindar servicios más seguros y eficientes. Mediante el acceso a oportunidades, educación y asistencia financiera, ha sido posible incrementar el estatus, las ganancias y las condiciones de trabajo de los recuperadores y recicladores"

 

No existe, por lo tanto, un único patrón tecnológico ni de gestión empresarial para organizar el aseo urbano de nuestras ciudades. Lo que enseña la experiencia latinoamericana y panameña es que las microempresas poseen ventajas competitivas que las convierten en la mejor opción para prestar los servicios de recolección y transporte de los desechos sólidos en las áreas urbanas pobres y de clase media baja, densamente pobladas.

 

Estas ventajas pueden resumirse de la siguiente forma:

 

·         Emplear tecnología adecuada a las necesidades de la población y a su alcance; además, se complementan con otras tecnologías.

·         Utilizar un modelo de gestión empresarial sencillo (se trata principalmente de unidades económicas familiares).

·         Realizar un servicio de claro sentido y contenido ambiental.

·         Operar con bajos costos lo que les permite establecer tasas de aseo al alcance de sus usuarios.

 

c)      La autogestión comunitaria

 

No basta que el gobierno central y los municipios tengan una actitud favorable con respecto a la solución definitiva del problema de la limpieza pública. Es indispensable una decidida participación de las comunidades. El concepto de "autogestión comunitaria" puede entenderse también como empoderamiento del servicio:

 

·         La posibilidad de que las comunidades puedan organizar sus propias empresas para atender los servicios de recolección primaria de los desechos, articuladas al tren de aseo, cuando no existe del todo o se está brindando de manera ineficiente.

·         La incorporación de los moradores a las prácticas de separación y reutilización de los desechos domiciliarios. Es factible incluso que puedan surgir microempresas comunitarias de recuperación de materiales.

·         Establecer tasas de aseo ajustadas de la capacidad de pago de los usuarios y erradicar de manera definitiva la "cultura del no pago".  La población debe asumir la necesidad de cubrir el "costo de un servicio" y no el pago de una tasa o tributo.

 

d)     Un nuevo enfoque a la disposición final

 

Los rellenos sanitarios se han convertido en la técnica por excelencia para disponer de los desechos sólidos.  En el interior del país posiblemente lo más indicado sea promover la construcción de rellenos sanitarios mecanizados "mancomunados" que brinden servicio a dos o más municipios. En las pequeñas poblaciones rurales es factible construir rellenos sanitarios manuales.  En el Área Metropolitana todo indica que será necesario disponer de una Red de Estaciones de transferencia. Pero el tradicional "relleno" está cambiando hacia un enfoque de Planta de Tratamiento que incluye el segregado, la recuperación y el reciclaje a gran escala.  Obviamente, esto es posible con un sistema organizado para tal fin desde la fuente de generación.

 

En Costa Rica y Guatemala, al menos, se han impulsado en los últimos años "Plantas Integrales de Tratamiento" (Alameda Norte, Ciudad de Guatemala) o sitios de disposición final con un enfoque "biotecnológico" (Costa Rica). La propuesta consiste en recuperar y vender los materiales inorgánicos como el plástico y la lata; elaborar abono o compost con los desechos orgánicos y "enterrar" únicamente los materiales "rechazados".  Las experiencias en este campo son pocas, pero señalan nuevos caminos para resolver el problema de la disposición final dándole un aprovechamiento productivo a los desechos.

 

III.                Conclusiones

 

El año 1999 marcó un hito histórico para Panamá. La transición pacífica a un nuevo gobierno puso de manifiesto la estabilidad democrática alcanzada; la obtención de la soberanía en todo el territorio nacional, permitió al país disponer de nuevos activos (el Canal de Panamá y áreas aledañas) que pueden ser integrados al desarrollo nacional. Sin embargo, el desmantelamiento de las bases militares norteamericanas y la plena recuperación de la soberanía nacional, coincide con un período de estancamiento de la economía, el incremento del desempleo hasta alcanzar un 16.0 por ciento de la población económicamente activa (septiembre de 2001) y la generalización de la pobreza. Adicionalmente, el país está enfrentando un creciente deterioro ambiental, manifestado especialmente en el manejo inadecuado de los residuos sólidos urbanos.

 

En este contexto, la búsqueda de soluciones sustentables al problema de los residuos sólidos se ha convertido en una tarea de primer orden para los panameños. El esfuerzo se orienta a fortalecer la capacidad de gestión de las municipalidades; ampliar la cobertura de los servicios de aseo; y erradicar la proliferación de botaderos a cielo abierto. Para el logro de este propósito se requiere de la aplicación de tecnologías baratas y apropiadas, que permitan la incorporación de los pobres urbanos y rurales a los servicios municipales de limpieza. Además, se necesita la activa participación de las comunidades para mejorar la voluntad de pago de la tasa de aseo, introducir la práctica de la separación de la basura y el aprovechamiento productivo de la misma mediante el reciclaje. La transferencia de los servicios municipales de aseo en favor de cooperativas o microempresas representa una iniciativa de autogestión orientada a la transformación del aparato público, misma que está orientada a generar empleo, mejorar los ingresos familiares y el consumo popular, y a elevar la rentabilidad y la eficiencia de los servicios municipales urbanos.

 

Índice

 

 

 

IV.                Fuentes consultadas

 

[1]    ARROYO,  RIVAS y  LARDINOIS. (1997). La Gestión  de  los Desechos Sólidos en América Latina.  El caso de las pequeñas y microempresas y cooperativas,  Lima,   Ediciones  SERRAL  S. R. L.

 

[2]    ASWANI, V. (1998). Solid Waste Management in Panama. USAID – PANAMA.

 

[3]    BROWN, M. (1998). El Reciclaje en Panamá. USAID – PANAMA.

 

[4]    CASTILLO, Y., TAYLOR M. (1998), Diagnóstico del Proceso de la Basura en el Área Metropolitana: Período de 1903 - 1997, Trabajo de Graduación, Universidad de Panamá.

 

[5]    GUARDIA, C. (1982). "Saneamiento Original en el Área del Canal de Panamá 1880 - 1914". En: Revista Lotería, No. 312-313, Panamá.

 

[6]    HECKADON, S. y ESPINOZA, J. (1993). Agonía de la Naturaleza. Ensayo sobre el costo ambiental del desarrollo panameño, Imprentex, S.A., Panamá.

 

[7]    RAY, C. (1998) Los Tres Municipios en Panamá Oeste de: Arraiján, Chorrera y Chame, Estudio Diagnóstico de la Situación Actual de la Recolección y Tratamiento de sus Desechos Sólidos, USAID - PANAMA, (1ª versión).

 

[8]    REYES, H. (02-08-200), "La Basura en Arraiján: ¿Quién levanta el tinaco?", en: La Prensa, Panamá.

 

[9]    RIVAS, F. (Compilador). (1999). “Memoria del Seminario Taller: Centro de Atención Primaria Ambiental en las Comunidades de Samaria, Don Bosco Y Sinai, Distrito de San Miguelito. 25 de junio de 1999", Con el auspicio de la OPS - DRSSM - Municipio de San Miguelito, Panamá,.

 

[10]RIVAS, F. (Compilador). (1999). Memoria del Seminario Taller: Manejo Integral de los Desechos Sólidos en Chepo, 15 de julio de 1999, Panamá,.

 

[11]RIVAS, F. (Compilador). (1999). Memoria del Seminario Taller: Los Desechos Sólidos en San Miguelito:  La Solución está en Nuestras Manos 9 de octubre de 1999. Panamá,

 

[12]RIVAS, F. (Compilador). (1998). Memoria del Curso Regional de Itinerante en Centroamérica, sobre Gestión de Residuos Sólidos.  Resultados Finales.  San José, Costa Rica.  Publicaciones ACEPESA. 

 

[13]RIVAS, F. (Compilador). (1997) Memoria del Primer Taller Centroamericano MASICA-HEP/ONGs:  Por la Promoción de Ambientes Saludables.  San José, Costa Rica.  Publicaciones MASICA OPS.

 

[14]RIVAS, F. (Compilador). (1996). Memoria: I Taller de Intercambio para la Promoción de la Autogestión Urbana de Desechos Sólidos en Centro América y Panamá, PGU – LAC.

 

[15]RIVAS, F. (Compilador). (1995). Memoria del Primer Taller de Intercambio para la Promoción de la Autogestión Urbana de Desechos Sólidos en Centroamérica.  Panamá.  San José, Costa Rica, Publicaciones ACEPESA. 

 

[16]UNED. (1997). Manejo Adecuado de los Desechos Sólidos en Industrias,  San José, Litografía  Las América, S. A.

 

[17]SOPRIN – CANADA. (1996). Estudio para la Gestión de Desechos Sólidos en el Área Metropolitana de Panamá.

 

 

Notas



[1] El autor es historiador costarricense. Actualmente radica en Panamá y labora como Consultor de la Asociación para la Promoción de Nuevas Alternativas de Desarrollo (APRONAD), una ONG especializada en proyectos de manejo integrado de desechos sólidos y ecoturismo comunitario.

 

[2] Diversos estudios abordan esta problemática desde distintas perspectivas: CASTILLO, YOLANDA ESTHER & TAYLOR ORTEGA. 1998. Mylene, Diagnóstico del Proceso de la Basura en el Área Metropolitana: Período de 1903 - 1997, 1998, Trabajo de Graduación, Universidad de Panamá. BROWN , MOLLIE. 1998, El Reciclaje en Panamá, "Manuscrito". SOPRIN - CANADA. 1996. Estudio para la Gestión de Desechos Sólidos en el Arrea Metropolitana de Panamá, "Resultados no publicados". VIYAI ASWANI. 1998. Solid Waste Management in Panama. "Manuscrito".

 

[3] GUARDIA, CARLOS. 1982. "Saneamiento Original en el Área del Canal de Panamá 1880 - 1914". En: Revista Lotería, No. 312-313, Panamá. HECKADON, STANLEY & ESPINOZA, JAIME. 1993. Agonía de la Naturaleza. Ensayo sobre el costo ambiental del desarrollo panameño, Imprentex, S.A., Panamá.

 

[4] Ubicada a la entrada del Canal, conocida hoy como Punta Mala, situada al sur del Cerro Ancón cerca del barrio de Chorrillo.

 

[5] Consistía en una parrilla de 450 pies de largo por 8 pies de ancho. La basura se vaciaba sobre pilas de trapo mojados con combustible que se encendían en la parte inferior de la parrilla. Una cuadrilla de hombres trabajan 8 horas descargando y limpiando los carros, removiendo las cenizas y realizando otras operaciones. El resto del día un trabajador cuidaba del incinerador.

 

[6] Ciudad Panamá creció entre 1950 y 1970 de 173,000 a 430,000 habitantes.

 

[7] Carl Bartone es Ingeniero Ambiental Principal del Departamento de Transporte, Agua y Saneamiento Ambiental del Banco Mundial. La cita es tomada de su Prólogo a: ARROYO J.,  RIVAS F.  ,  LARDINOIS I.  . 1997. La Gestión  de  los Residuos Sólidos en América Latina.  El caso de las pequeñas y microempresas y cooperativas,  Lima,   Ediciones  SERRAL  S. R. L.

 

 

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