Castillos - Jaén senderismo Cazorla

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Castillo de Santa Catalina - Jaén
 

Inicialmente, la cima del cerro bajo el cual se asienta la ciudad de Jaén estuvo ocupada por una enorme alcazaba árabe construida a partir del siglo VIII y transformada posteriormente a través de importantes reformas arquitectónicas a partir del siglo XII. Con posterioridad, la estructura de esta primera fortificación sufrirá algunas transformaciones, como las sucedidas al finalizar la conquista de Jaén en 1246, tras la cual Fernando III programa edificar el denominado “Alcázar Nuevo” en la parte Este del cerro. Las obras de construcción se ejecutarán principalmente con los sucesores del monarca castellano y para ello, se destruyen algunas torres y lienzos de la antigua fortificación, a la vez que se reutilizan aquellos que les resultaban más adecuados.




El resto de la cumbre seguirá ocupado por las estructuras del Alcázar Viejo, hasta 1965, momento en el que muchos de sus elementos defensivos serán destruidos para la construcción del Parador Nacional de Turismo. En la actualidad son muy escasos los restos que aún perviven de esta fortaleza inicial, y principalmente se localizan en el extremo Oeste del cerro. El Alcázar Nuevo se ha convertido hasta el momento, junto a los lienzos de muralla de la ciudad, en la estructura militar de mayor interés histórico y arqueológico del cerro de Santa Catalina.




Los trabajos desarrollados en el Castillo nos sirven para diferenciar los diferentes periodos de ocupación:




a) Durante el periodo Bajo Medieval (finales siglo XIII hasta siglo XV) se desarrollan las obras de construcción de esta fortificación, se edifican las seis torres y lienzos de muralla que configuran la planta del castillo. Las últimas obras importantes que se realizan en el interior corresponderían a importantes reformas en la Torre del Homenaje, en época del Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo.




b) Las siguientes obras de cierta entidad fueron ejecutadas durante el siglo XVII. Consistieron en la remodelación interna de las dependencias al tiempo que se construyen nuevos espacios habitables adosados al lienzo sur.




c) Otra serie de reformas importantes que han dejado constancia arqueológica y arquitectónica dentro del edificio son las emprendidas por las tropas napoleónicas en los inicios del siglo XIX. Podemos obtener información acerca del aspecto de la fortaleza a principios del siglo XIX por medio de un plano elaborado en 1812 por los ingenieros militares españoles, en el cual se hace un balance de la distribución interna y estado de la fortaleza tras la derrota de los franceses.




En la zona de la entrada se localizan el polvorín mayor y las caballerizas. En el patio de armas superior se construye un hospital. Finalmente, en el patio inferior se edifican unos pabellones utilizados para albergar al gobernador y un área de oficinas. Junto a ello una plataforma para emplazar una batería de artillería, y por último, una cocina. Las últimas reformas realizadas pertenecen a obras de restauración tanto en las torres como en los lienzos de muralla, así como en la pavimentación de la mayor parte del espacio interno.




Explicación general del recinto:




I)Patio de armas del Castillo es donde se realizaban los distintos ejercicios y prácticas militares. El espacio original medieval fue intensamente transformado durante el periodo de la Guerra de la Independencia (principios del siglo XIX), construyéndose entonces un hospital francés en la parte superior del patio con capacidad aproximada para cincuenta camas.




También se ha constatado la presencia de un palacio islámico en esta zona. De su existencia sabemos por medio de las distintas intervenciones arqueológicas realizadas. Este espacio también estaba reservado para las caballerizas.




II)Torre de las Troneras: en el interior de esta torre se encuentra una pequeña dependencia, que era utilizada como área de aseos de la fortificación medieval. En ella se localizan unas troneras usadas como retrete y vertedero de basuras, a través de las cuales se lleva a cabo la evacuación exterior de todos los desechos. Al mismo tiempo, esta pequeña sala sería utilizada para el aseo y baño de los habitantes de esta fortaleza.




III)Prisión: Las estructuras de fortificación desde el siglo XV no habían sufrido transformaciones importantes pero a principios del siglo XIX, en 1809, se efectúan importantes obras coordinadas por la Junta Superior de Defensa para convertir la ciudad de Jaén en fortaleza inexpugnable ante el temor del ataque napoleónico. Las obras de este periodo constan de la reparación de los lienzos de la muralla, la creación de parapetos y troneras y la construcción de plataformas para la ubicación de piezas de artillería.




Cuando los franceses conquistan Jaén en 1810, se efectúan cambios importantes en la estructura física de la fortaleza, se reparan las murallas, se construyen nuevas estructuras defensivas y se levantan grandes edificios, caballerizas, cuarteles, cocinas, puestos de guardia, polvorines...




La ocupación napoleónica transformó radicalmente los espacios internos de la antigua fortaleza, que se convierte en un sólido acuartelamiento, llegando a ser la principal base militar francesa en el Alto Guadalquivir.




Las tropas francesas contaron con dependencias carcelarias, ya que la resistencia ciudadana a la ocupación llegó a ser muy importante. En cada celda podían convivir hasta cuarenta reclusos al mismo tiempo. Muchos fueron condenados a trabajos forzados para fortificar el castillo, y los miembros más significativos fueron duramente represaliados y, tras la prisión, ajusticiados en el patíbulo del patio de armas.




IV)Torre de la Vela: Construida probablemente en el siglo XI, tenía planta cuadrada, albergando en su interior una pequeña dependencia cubierta con bóveda de media naranja de ladrillo, utilizada como almacén. Tras la conquista cristiana, y la construcción del alcázar nuevo, la antigua torre fue integrada en una torre pentagonal en proa, edificada en mampostería y organizada en dos estancias. Desde la Torre de la Vela, mediante un sistema de señales luminosas, se establecía la comunicación con otras fortalezas situadas en su entorno, función ésta que ha quedado reflejada en su nombre.




V)Frente a la Torre Albarrana encontramos el aljibe mayor, de origen islámico, que fue completamente modificado tras la conquista cristiana. De planta rectangular, se divide en dos salas separadas entre sí por un arco de medio punto. Ambas salas se abren con bóvedas de cañón y tienen diferentes alturas y capacidad para almacenar agua. Tanto para la recogida de agua como para la extracción, las bóvedas cuentan con perforaciones situadas en sus extremos. Al abandonar las tropas francesas el castillo en 1812, inutilizaron el aljibe, envenenando el agua allí almacenada.




VI)Torre de Santa Catalina: El interior de esta torre no se muestra en la visita, puesto que acoge a la Cofradía de Santa Catalina, patrona de Jaén, encontrándose la imagen de la Santa. En este punto, se explicará a los alumnos y alumnas el origen de la devoción por la Santa. Santa Catalina de Alejandría era una de las patronas de las Órdenes Militares de Caballería, y también era venerada por los mozárabes de Jaén. La ciudad musulmana, bien defendida por sus murallas y alcazaba, había resistido varios asedios de las huestes cristianas. Fernando III de Castilla la somete a un último cerco, en el año 1246. Cuando el rey cristiano (según cuentan las viejas tradiciones) se hallaba dispuesto a desistir en su empeño, tuvo una visión en la que se le apareció la Santa, animándolo a continuar el asedio, hasta que finalmente al-Ahmar, rey de Granada, entregó la ciudad haciéndose vasallo del monarca castellano.




VII)Torre de las Damas: Servía para defender y vigilar las murallas y la Torre del Alcázar Nuevo. Los soldados se desplazaban ininterrumpidamente a través de los adarves que prácticamente bordean todo el recinto de este castillo. Sin embargo, estos soldados, una vez que alcanzaban la Torre de las Damas tenían que penetrar en la misma para poder continuar su ronda. Esta actuación les impedía durante un breve tiempo llevar a cabo una exhaustiva vigilancia. Para solventar este inconveniente se optó por edificar un cadahalso, a modo de balcón voladizo interno por el cual se comunicaban los adarves Norte y Este, sin tener que penetrar en el interior de la torre. Esta estructura de madera estaba formada por unas traviesas que perforaban los lienzos y unas vigas de menor tamaño que soportan su peso, las cuales a su vez se apoyaban en canecillos de piedras. Aún se conservan restos pese a las numerosas restauraciones realizadas en estos paños de muralla.

El Cerro de Santa Catalina tiene una posición estratégica ya que desde él se divisa todo el paisaje circundante al Castillo, tanto accidentes geográficos como el Almadén, la Peña de Jaén, la Pandera,  como los pueblos más cercanos: Mancha Real, Úbeda, Baeza, etc.
Castillo de La Iruela
 

            El castillo de La Iruela se localiza en la misma población, en un lugar espectacular, sobre un agreste crestón cortado a tajo por dos de sus frentes, próximo a las ruinas de un antiguo monasterio. Por su proximidad, la historia de esta plaza corre pareja a la del adelantamiento de Cazorla y las fortalezas de su entorno, aún después de su desvinculación de este en tiempos de Francisco de los Cobos, en que retorna nuevamente a la mitra toledana.


            El elemento más destacado es la torre de planta cuadrada, construida en mampostería, que se eleva en la parte más alta e inexpugnable de la peña; no tanto por sus dimensiones, que son modestas, como por su encrespada ubicación. En el interior, alberga una sola estancia cubierta con bóveda ojival.


            El resto de las defensas de lo que sería el último reducto, muy arruinadas, se limita a la mesetilla próxima. Consisten en lienzos de murallas en tapial que sorprendentemente aún conservan parcialmente su merlatura.

            En un nivel inferior, se aprecian restos, igualmente en tapial, de lienzos y cubos, por uno de los cuales se practicaba el acceso en recodo para ingresar en este segundo recinto, en el que además se ubica un aljibe de planta rectangular.
Castillo de La Yedra - Cazorla
 


Esta agreste fortaleza, que corona la población de Cazorla, recibe el nombre de las Cuatro Esquinas para distinguirla del vecino castillo de las cinco Esquinas. Sin embargo, esta sinécdoque pone de manifiesto cuál es su elemento más destacado y llamativo: la imponente torre del homenaje emplazada en el extremo de un espinazo rocoso, a lo largo del que se articulan las complejas estructuras defensivas del castillo.




            El castillo se articula en tres recintos sucesivos, orientados, desde su acceso natural, de nordeste a suroeste. El primero se trata de una albacara musulmana, conservada muy parcialmente, que probablemente acogería una reducida población local musulmana o una guarnición. A estas murallas construidas esencialmente en tapial se han adosado cubos de buena sillería, en una de las muchas reformas cristianas posteriores.




            El recinto intermedio se encuentra rodeado por la albacara en todo su arco septentrional. Sus lienzos, en variable estado de conservación, ofrecen una variedad de técnicas constructivas que testimonian las reiteradas reformas introducidas en la fortaleza. La puerta, de posible filiación musulmana, es de herradura apuntada, con un arco de descarga, sobre el que campean las armas prelaciales del arzobispo Sandoval.




            Las murallas en mampostería del último y más elevado reducto, aceptablemente conservadas, albergan un pequeño patio de armas que precede a la espléndida torre del homenaje del arzobispo Tenorio.




Esta torre, construida en sillarejo y sillares en los vivos, alcanza los 30 m de altura, y se eleva llamativamente sobre el conjunto de la fortificación. Su interior se distribuye en tres plantas más sótano y terrado. En la planta superior, se abren tres elegantes ajimeces, mientras que las dos restantes ventilan por estilizadas saeteras.

Castillo de Burgalimar - Baños de la Encina
 

            La figura ocre del castillo se perfila en el extremo occidental de Baños de la Encina, sobre una ligera elevación del terreno que domina el llano olivarero que se extiende al sur de las quebradas septentrionales que encajonan el embalse del Rumblar.


            El castillo consiste en un mediano recinto en tapial, jalonado de quince estrechos cubos prismáticos regularmente distribuidos por su perímetro. El adarve, transitable, se defendía con merlatura, de la que se conserva la original en una de las torres de flanqueo de la entrada. Las torres albergaban dos plantas separadas por entablado, que no se conserva, mientras que el terrado descansa sobre una bóveda de cañón en la que se abre una trampilla de comunicación.


            El patio de armas está en la actualidad desprovisto de toda construcción; salvo un interesante muro diafragma en mampostería, formado por una torre cilíndrica, hoy desmochada, hacia la que convergen en ángulo obtuso dos paños, del que subsiste uno sólo. Éstos arrancaban desde los muros de la fortaleza, aislando el extremo oriental de ésta, y generando una pequeña superficie romboidal, con el objetivo de segregar un reducto de resistencia más fácilmente defendible. Es obra que corresponde a reformas cristianas, probablemente de fines del siglo XIV o comienzos del XV. De igual época es la torre del homenaje que este muro diafragma protege.


            Bajo el patio de armas existe un gran aljibe no visitable sin equipo adecuado, cuyas paredes aún conservan un enlucido rojizo para evitar la putrefacción de las aguas.


            No menos interesantes resultan los motivos incisos que aparecen en el enlucido de algunos de los paramentos exteriores de las murallas. Se trata de dibujos geométricos circulares que simulan obra de silería, con el objeto de disfrazar la pobreza constructiva del tapial.