La leyenda del Lagarto de la Malena constituye la creación más destacada de la literatura popular jiennense. Con distintas versiones, la leyenda cuenta que en el manantial que hay enfrente de la iglesia de la Magdalena había un lagarto muy grande que salía y se comía los rebaños y a todo el que iba a por agua y no había quien se atreviera a salir de su casa en la Magdalena, por el miedo que inspiraba el lagarto.
Había un preso en la cárcel condenado a muerte que pidió el perdón si lograba matar al lagarto. Tal era la desesperación de los vecinos que se le concedió su petición. Entonces él pidió un caballo, una lanza y un saco de pólvora. Fue de noche frente a la cueva con un costal de panes calientes. Cuando el lagarto olió los panes, salió de la cueva. Al ver al preso, fue a embestirlo, pero éste salió corriendo y en su huida iba echándole panes al lagarto hasta llegar a la iglesia de San Ildefonso. Allí le tiró el saco de pólvora envuelto en la piel de un cordero y el lagarto se lo tragó creyendo que era un cordero y reventó.
La presencia del lagarto en la simbología de la ciudad ha sido corriente. El obispo de Baeza, Fray Domingo, lo incluyó en su blasón en 1227. Tres años después de la conquista de Jaén, en 1249, el lagarto o sierpe aparece como signo oficial de la ciudad.
Existe una importante identificación entre la ciudad y su mito, que protagoniza eventos y celebraciones, desde la celebración de conciertos de rock hasta cabalgatas y carnavales. Un dicho acuñado en la ciudad, a modo de maldición, sería "así revientes como el lagarto de Jaén" o también "de la Malena". También se ha identificado el mito del lagarto con la forma que el plano de la ciudad adopta al enroscarse sobre el cerro de Santa Catalina, que asemejaría la figura de un lagarto.