Leyendas - Jaén senderismo Cazorla

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Leyendas
En frente del toro está el tesoro

Empotrada en el muro de una apartada estancia del Castillo de Santa Catalina había una piedra que representaba una cabeza de toro labrada con mucho primor por los antiguos y, debajo de ella, medio desgastadas sus palabras por los siglos, una cartela que decía:


 


“Enfrentedel toroestáeltesoro”


 


Mucha gente que conocía la leyenda, la cabeza del toro y la inscripción, iba con picos y palas y llenaba con los ruidos de sus labores la ruinosa soledad del castillo. El suelo bajaba de nivel, los escombros no tenían reposo, se removía la tierra una y otra vez frente a la cabeza del toro a diferentes distancias y todo resultaba infructuoso: no aparecía nada de valor.

Un hombre que había estado cavando largas horas con los mismos resultados que sus antecesores pensó abandonar su labor y resignarse en su pobreza, pero antes quiso hacer justicia de aquel engaño manifiesto: se fue para la cabeza del toro y descargó con fuerza el pico sobre la testuz de piedra. Se rompió la escultura, que resultó ser hueca, y por el agujero resultante brotó un tintineante chorro de monedas de plata. Resultó ser verdad lo que decía la inscripción porque el tesoro estaba en la frente del toro.
El Lagarto de la Malena
 

La leyenda del Lagarto de la Malena constituye la creación más destacada de la literatura popular jiennense. Con distintas versiones, la leyenda cuenta que en el manantial que hay enfrente de la iglesia de la Magdalena había un lagarto muy grande que salía y se comía los rebaños y a todo el que iba a por agua y no había quien se atreviera a salir de su casa en la Magdalena, por el miedo que inspiraba el lagarto.


Había un preso en la cárcel condenado a muerte que pidió el perdón si lograba matar al lagarto. Tal era la desesperación de los vecinos que se le concedió su petición. Entonces él pidió un caballo, una lanza y un saco de pólvora. Fue de noche frente a la cueva con un costal de panes calientes. Cuando el lagarto olió los panes, salió de la cueva. Al ver al preso, fue a embestirlo, pero éste salió corriendo y en su huida iba echándole panes al lagarto hasta llegar a la iglesia de San Ildefonso. Allí le tiró el saco de pólvora envuelto en la piel de un cordero y el lagarto se lo tragó creyendo que era un cordero y reventó.


La presencia del lagarto en la simbología de la ciudad ha sido corriente. El obispo de Baeza, Fray Domingo, lo incluyó en su blasón en 1227. Tres años después de la conquista de Jaén, en 1249, el lagarto o sierpe aparece como signo oficial de la ciudad.


Existe una importante identificación entre la ciudad y su mito, que protagoniza eventos y celebraciones, desde la celebración de conciertos de rock hasta cabalgatas y carnavales. Un dicho acuñado en la ciudad, a modo de maldición, sería "así revientes como el lagarto de Jaén" o también "de la Malena". También se ha identificado el mito del lagarto con la forma que el plano de la ciudad adopta al enroscarse sobre el cerro de Santa Catalina, que asemejaría la figura de un lagarto.