Relatos - Jaén senderismo Cazorla

Índice
Página de descubrejaen
Presentación
Localización
Accesos
Historia
Cultura
Patrimonio Monumental
Leyendas
Fiestas y tradiciones
Semana Santa
El olivo y su gastronomía
Pueblos con encanto
Castillos
Personajes
Bailes Regionales
Parques Naturales
Pantanos
Senderismo
Rutas en bicicleta
Enclaves Naturales
Relatos
Monográficos
Enlaces
Galería de fotos - Jaén
Galería de fotos - Sus pueblos
Fotos para el recuerdo
Datos de interés
La opinión
Agradecimientos
  
Relatos
El fantasma de la catedral
             Tengo 42 años, y en mi vida he vivido una experiencia más asombrosa que la que me ocurrió en la catedral de Jaén. Siendo jiennense de pura cepa, tuve que emigrar de mi amada ciudad por cuestiones laborales. Sin embargo tengo la suerte de volver a mi tierra cada semana santa. El año pasado, el jueves víspera del viernes de dolores, entré a la catedral para rezarle a Nuestro Padre Jesús. Por muchas veces que haya entrado a la Catedral, nunca dejará de sorprenderme: su grandeza, señorío, su soledad. Quizás lo que más me guste sea eso, su soledad. Cada vez que entro, entro a otro mundo, y consigo aislarme de la gente de alrededor. Pues bien, esa tarde entré a rezar y pasé muy desapercibido ya que varias cofradías se estaban encargando ya de adornar y preparar los tronos. Conforme me acercaba al fondo de la catedral, iba pensando en lo que tenía que ser pasar allí una noche, a solas. Y... ¿Por qué no probar? Esperar que todo el mundo se fuera, quedarse muy escondido y disfrutar toda la noche de la catedral yo solo.  Así es que esperé. No fue fácil, porque aunque las puertas al público se cerraron pronto aún quedaba gente trabajando dentro.  Las horas pasaron lentamente, merecería la pena. ¿Lo habría hecho alguien ya antes? ¿Sería capaz de aguantar despierto toda la noche? Todo tipo de preguntas rondaban mi mente. Por fin se despiden, salen todos por la puerta. Aún no me atrevo a moverme, no sé porqué.  Paso así un buen rato, intentando acostumbrarme a la oscuridad. No es fácil, ahora pienso que no fue tan buena idea.  Por fin consigo moverme y comienzo a recorrer las naves. Todo está tan a oscuras que es imposible distinguir nada. Me acerco a la capilla de San José, pero apenas si distingo su silueta. Cada minuto es mayor la oscuridad. Diviso una pequeña luz, justo al lado del altar mayor.  Me sitúo justo debajo de ella para ver mejor. Nada, pocos metros, aunque me estaba acostumbrando a esa oscuridad. Pensé en el Santísimo, no podía estar sin luz. Me acerqué hasta su capilla y al ver que era la única iluminada decidí quedarme allí. Dormiría hasta que entrase la luz por la mañana y pudiera contemplar la catedral como yo deseaba.  Tardo un buen rato en dormirme, mientras contemplo la capilla, y la extraña sensación de las cortinas, que parecían querer ocultarme de alguien. Caigo rendido de sueño. Estoy soñando con las bóvedas, retablos,... cuando de repente se cruza en mis sueños una imagen de un niño. Me despierto en seguida.  Miro a mi alrededor, no hay nada. Parecía tan real... pero no, era un sueño. Justo  cuando ya me había convencido de que era un sueño empiezo a oír un llanto.  ¡No estaba soñando! No sé que hacer. Me incorporo en el banco, y me quedo escuchando. El llanto no es muy lejano, parece provenir del coro. Quizá sea un canto. Y ese niño ¿tenía algo qué ver? No lo sabré si me quedo aquí. Asomo la cabeza por la cortina, decido descorrerla un poco. Todo estaba a oscuras, tranquilo. Empiezo a toser, a hacer ruido y el llanto se calla. Ahora estoy asustado, no consigo pensar, ni moverme. Debe de tratarse de una broma. Pero ¿quién va a estar allí? Tras mucho tiempo de espera, cojo una de las velas de la capilla y me acerco al coro.  Allí no hay nadie. Como algo instintivo pregunto a voces ¡¿Hay alguien ahí?!  Nada. Me quedo sentado en uno de los bancos mirando al coro. Apago la vela y espero. Pasaron las horas, eran ya cerca de las cuatro cuando vuelvo a escuchar el llanto. Primero más  lejano pero luego parecía estar a mi lado. Espero, pero nada pasa. Sólo el llanto. Al cabo de un rato decido volver a hablar. ¿Quién anda ahí? Cesa el llanto y noto una ráfaga de aire frío por mi espalda. No me atrevo a moverme. Ahora la noto por todo mi cuerpo. Me giro y veo la silueta de un niño, como un áurea blanca. ¿Fantasmas? Yo no creo en los fantasmas. Pero yo lo estaba viendo, iba hacia la Sacristía. Al acercarse a la puerta desapareció. Me quedé pensativo, sentado en el banco hasta que una luz, otra luz diferente captó mi atención. Eran los primeros rayos del sol que entraban por las vidrieras y ventanas.  Ahora si podría contemplar la catedral. Estaba tranquilo porque con la luz de la mañana ya no podía ver esa silueta otra vez. Intenté concentrarme en el arte, pero no podía, no me lo quitaba de la cabeza. Permanezco inmóvil, cierro los ojos y ese llanto vuelve a mi cabeza. Me vuelvo loco, ya no sé si estoy soñando o no. Abro los ojos y veo todo lo que me rodea, es cierto, lo he vivido. Sumido en mis pensamientos espero que se abran las puertas. Las abren temprano, al ser ya viernes de dolores tendrán muchas cosas que preparar.  Salgo sin ser visto, pero una vez fuera siento la necesidad de volver a entrar. Busco al capellán y le pregunto si alguna vez alguien ha visto algo extraño en la catedral. Me mira con desconfianza, y le pregunto claramente si alguien ha visto alguna vez un fantasma. Me cuenta que hay rumores de gente que afirma haber visto un niño corriendo por las naves de la catedral, pero concluye diciendo que son habladurías. Me despido de él, esta vez más tranquilo. ¡Ya no soy el único! Al salir a la luz, ver a la gente, los coches,... me parece mentira todo lo que he vivido. Todas las emociones, sensaciones y visiones de esa noche permanecen aún en mí de tal forma que no he sido capaz de volver a pensar en quedarme otra noche allí, o siquiera en ir solo.