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Lago de La
Baña
Se
encuentra ubicado en el suroeste de la provincia de León, en el
extremo este de la vertiente norte de la Sierra de La Cabrera
donde esta confluye con la Sierra de Mina. Está declarado
Monumento Natural mediante Decreto 192/1990, del 11 de octubre por
la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, de
la Junta de Castilla y León. Ocupa 731 hectáreas y está situado
a 1.380 metros de altura. Sus límites son: Al sur: Límite
con la provincia de Zamora, hasta la intersección con la
divisoria marcada por los altos de El Picón.
Al este: Divisoria de aguas marcada por los altos de El Picón,
desde el limite con la provincia de Zamora hasta el Alto de los
Caleyos (1.809 m.), en su extremo norte.
Al oeste: Límites con las provincias de Zamora y Orense, hasta el
extremo norte del Alto del Colladin (1.872 m.).
Al norte:
Línea recta que va en sentido Noroeste-Sureste, desde el Alto del
Colladín hasta el paraje denominado Caleyo de Fuisardón. Desde
este punto, línea recta en sentido Noroeste-Sureste hasta el Alto
de los Caleyos, extremo septentrional del límite este.
El lago aparece rodeado por un
gran anfiteatro de montaña, de paredes casi verticales y por las
que se desprenden en cascadas, torrentes procedentes del
derretimiento de algunos neveros, que a su vez está rematado por
las altas cumbres de Peña Trevinca y Peña Surbia.
Los valores naturales del Espacio son excepcionales tanto desde el punto
de vista botánico y faunístico, sin olvidar el geomorfológico,
pero la fragilidad de este enclave es patente, dado que en la
actualidad el valle está destruido en sus dos terceras partes por
las explotaciones a cielo abierto unido a la eutrofización del
Lago consecuencia de la degradación de la vegetación.
La singularidad geomorfológica
de este Monumento es consecuencia del plegamiento Herciniano y su
posterior reajuste alpino que afectó a toda la Sierra de La
Cabrera, con distintas consecuencias morfológicas según fuera su
sector meridional o septentrional en función de sus distintos
materiales. Así en este sector Norte, el armazón de la Sierra a
base de pizarras y cuarcitas provocó que la fisonomía de ésta
sea "aserrada" y dentada debido también a que la erosión
fluvial motivada por un nivel de base muy bajo, el Miño,
erosionase intensamente la vieja penillanura, creando valles en
"U" con elevada diferencia de cota. La diferencia de
nivel entre las alturas de la penillanura Peña Trevinca (2.127
m.) y el Lago de La Baña (1.380 m.) es de 747 m. Junto a ello los
efectos del glaciarismo cuaternario dejaron aquí su huella: un
circo perfecto, las superficies pulimentadas y rocas aborregadas,
y sobre todo la gran morrena terminal que envuelve a modo de arco
la cuenca del anfiteatro, constituida por grandes losas pizarrosas
y bloques angulosos, hasta de 30 metros que presenta un muy buen
estado de conservación gracias a que el desagüe del lago se
produce subterráneamente por debajo de dicha morrena, siendo casi
nulo el fenómeno de la ablación. Hay que destacar la
particularidad de la existencia en el valle de tres barras,
teniendo su origen en el glaciar primitivo que sirven para cerrar
este lago en el que tiene sus fuentes el río Cabrera. El Lago es
de escasa profundidad aunque antiguamente debió ocupar todo el
fondo del circo, pues éste se encuentra en gran parte cegado por
sedimentos que constituyen hoy algunas praderas.
La Laguna (1.360 m.) está situada aguas abajo del Lago, tienes
escasa superficie y es alimentada por el desagüe del lago. Desde el punto de vista
faunístico el Espacio adquiere también gran importancia,
destacar la presencia de especies cinegéticas como el corzo,
conejo, liebre, perdiz. Las rapaces abundan en la Sierra de la
Cabrera, no estando ausentes aquí: ratonero común, águilas
perdicera, culebrera y real, azor, etc. Entre los carnívoros se
ha detectado la presencia de lobo, zorro, gato montés, nutria,
garduña, etc. En los alrededores del Lago son abundantes los
anfibios como la salamandra común, los tritones jaspeado, ibérico,
alpino y palmeado. Es frecuente ver al sapo común, sapo corredor,
la rana de San Antonio, se ha citado las ranas patilarga, bermeja
y común. Y no se puede obviar la abundancia de reptiles como las
lagartijas serrana y roquera, lagartos como el ocelado, verdinegro
o culebras como la bastarda, la de collar y la víbora de Seoane.
En estas aguas frías y sin contaminar es abundante la trucha común.
Hay que destacar la profunda degradación que el hombre ha llevado
a cabo sobre toda la Sierra de La Cabrera, no escapando a ella
este espacio. El rebollo, que representa la vegetación clímax es
una excepción al común denominador de la degradación, a veces
protegida en forma rastrera entre los pedregales. Con todo, este
Monumento Natural presenta botánicamente un interés especial, al
tratarse de un enclave de la serie supra-mediterránea orensano-sanabriense
de abedul. En efecto, la parte occidental del Lago es un denso
bosquete de abedules adultos mezclados con tejos, acebos,
rebollos, serbales, arándanos, retamas y brezo (Erica australis).
En su extremo meridional el bosquete se hace más laxo, con
presencia de especies pascícolas y entre ellas los helechos (Pteridium
aquilinum) y en las partes más encharcadas y ácidas la Genista
falcata y la Erica australis entre otras.
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