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Leyendas
Existen varias leyendas sobre el
origen del lago de La Baña:
Una afirma que se originó como castigo por trabajar en día santo,
otra relata que un pastor ahogó en el lago las cabras de su
vecino y éstas le reclamaban con sus balidos, tirándose al lago
al no poder resistir su continua llamada, que se sigue oyendo en
las noches de luna llena.
Leyenda de Juanito del oso
Había una vez un matrimonio de recién casados que vivía en el
monte, cuidando de su rebaño de cabras y ovejas en la Fuente
Piojosa, junto al Valdebuerco.
Un día, el marido, que se llamaba Juan, tubo que bajar a La Baña,
dejando sola a la mujer. Tenía que volver para la cena, pero
pasó el tiempo, llegó la noche y el marido no llegaba. Hasta
que ya muy tarde, cuando sólo andaban por el mundo la luna y los
lobos, llamaron a la puerta, ella corrió a abrir esperando ver a
su marido, pero no era él el que llamaba, sino un oso enorme. El
oso tenía atemorizadas a las gentes de todos los pueblos y aldeas
del lugar. Ella corrió asustada a esconderse de aquella fiera
pero el oso corrió más que ella y se la llevó a su cueva donde
la hizo su mujer. Cuando ya comenzaba a amanecer llegó Juan a
casa y al ver que su mujer no estaba corrió desesperado por los
montes llamándola a gritos, pero no la encontró jamás y
desesperado el pobre hombre murió de pena al poco tiempo. Desde
entonces la mujer, que era joven y fresca tuvo que vivir con el
oso, llorando noche y día. Pasó el tiempo y un día le nació un
hijo al que puso el nombre de Juan en recuerdo de su padre. Era un
niño precioso con mucha fuerza. Juanito vivió con su madre
creciendo y haciéndose cada vez más grande y más fuerte.
Un día, que era fiesta en La Baña y el oso había salido a
cazar, la mujer sintió ganas de bajar al baile del pueblo y le
dijo a Juanito que quitara la losa que hacía de puerta. Poco
después la madre y el hijo llegaron a La Baña y se presentaron
en el baile ante el asombro de todos los presentes. Cuando el oso
volvió a su cueva y vio que estaba vacía empezó a rugir de tal
forma que se escuchaba desde varios kilómetros a la redonda.
Desesperado corrió hasta La Baña en busca de la mujer y el niño,
pero los hombres del pueblo ya estaban preparados con grandes
palos y cuando el oso llegó y vio aquello, se asusto, huyó y
nadie volvió a verlo jamás.
Juanito y su madre se quedaron a vivir en La baña. Ella nunca se
casó pero vivió cuidada y
protegida por si hijo "Juanito del Oso", que así era
como le llamaban las gentes porque el mozo cuanto más grande se
iba haciendo se parecía más a un oso hasta se decía que a
escondidas se encontraba con el oso que capturó a su madre cuando
era recién casada.
Leyenda de Santo Tirso
Cuenta la leyenda que en La Baña, al final de la vega, había una
iglesia dedicada a tres santos, San Fabián, San Sebastián y
Santo Tirso. Un 28 de enero pasó por allí un arriero con mulos
cargados de diversas mercancías. La ermita quedaba al lado del
camino y el arriero se detuvo y entró en ella como lo hacía
siempre que sus viajes de negocios lo llevaban al pueblo, pero
aquel día se le ocurrió coger la imagen de santo Tirso y
esconderla entre la carga de uno de sus mulos. Siguió su camino
valle adelante y llegó a un pueblo donde el camino abandonaba en
valle para ascender por la ladera de una montaña. El arriero se
detuvo en la cantina para tomar un trago, mientras los mulos seguían
su lenta marcha. Cuando poco después los alcanzó se dio cuenta
que le faltaba uno, precisamente el que llevaba escondida la
figura del santo y tubo que dar la vuelta a buscarlo. A la salida
del pueblo le dijeron que lo habían visto desviarse hacia el
pueblo de Robledo de Losada y así fue. Cuando lo encontró estaba
parado a la puerta de una ermita. El arriero intento llevárselo
tirando de la rienda pero no hubo forma de moverlo. Entonces el
arriero entendió. Descargó la imagen del santo y la metió en
aquella ermita. Cuando salió, ya el mulo andaba en busca de los
otros. La noticia corrió por todas partes y a partir de entonces
todos los años, el 28 de enero, la gente acudía a la ermita
donde estaba Santo Tirso a celebrarle una fiesta.
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