POETAS Y ESCRITORES - sakkarah
POETAS Y ESCRITORES.
LA PIEDRA DE UNCIÓN.
 

 


Yo necesito una piedra
ungida para mi honra.
Una piedra que me conozca
porque sabe la apetencia de mi tacto.
La voz del agua me gusta, por igual.
Y como mujer, el agua me ha rodeado,
me acarició, supo los nombres
que tuve antes del lenguaje.

En el olvido, la fe
con su memoria química se acuesta
sobre rocas y peñascos y dice:
... Prevalece, susténtate, evade
a los adversario del camino.
El agua es más valiente, única certeza
de señales recibidas y enviadas.
Ella nos enamora si nos comunicamos.
Es el maná caído, a la mano; el agua habla.

Yo necesito una piedra,
una piedra con flores tenues como su piel
y blanca como sus fluídas palabras
que son el curso de peces
que vibran en los rumbos de promesa.

Más allá del fuego y el caos,
hasta el amor que invoca, cimbra
mi cuerpo y el suyo el espacio.
Que la piedra sea mi pez fehaciente
y que en el seno de las aguas
me construya otra vez
más sólido que el olvido
y más vibrante que el fuego.

Heidegger.

SOBREVIVIR
Nace en el borde del abismo
   



Sencillamente, el amor se sospecha,
sea lo que sea, nacerá de besos
vitriólica y eróticamente entusiasmados.
Puede que nazca de miradas
que enriquecen lo que eres,
y aproximan algunas tolerancias
que se olvidaron en lo oscuro
y en el apariencialismo sin sustancia
ni vigor ni ternura.
Amor es sobrevivir lúcidamente





AuthorDen
PIEDRAS
Si las piedras guardan las palabras, también deben guardar los recuerdos.
 

 


El poeta cuenta su vida primero a los hombres; después, cuando los hombres se duermen, a los pájaros;
Más tarde, cuando los pájaros se van, se la cuenta a los árboles…
Luego pasa el Viento y hay un murmullo de frondas.
Todo lo cual se puede traducir también de esta manera:


Lo que cuento a los hombres está lleno de orgullo; lo que cuento a los pájaros, de música; lo que cuento a los árboles, de llanto.
Y todo es una canción compuesta para el Viento, de la cual, después, este desmemoriado y único espectador apenas podrá recordar unas palabras.
Pero estas palabras que recuerde son las que no olvidan nunca las piedras.


“Lo que cuenta el poeta a las piedras está lleno de eternidad.”

Y ésta es la canción del Destino, que tampoco olvidan las estrellas.


 Autor: León Felipe

EL ÁRBOL DE LA VIDA
 

Grabé tu nombre en un árbol de piel dura.
Me enamoré de tí, cuchillo en mano,
como el leñador que limpia el monte
y selecciona la salud y fortaleza del madero.
A tu aparición quise llamarla: Fruto.
Jamás volverán a diluirse los recuerdos.
Nos reencontramos, Arbol de Vida.




Ahora de tus sámagos más húmedos
conozco los llantos y sus alegrías.
Te oigo en la savia que fluye,
te huelo en las flores que sueltas
con el viento, te percibo en los trinares
de los pájaros que se esconden en tus ramas.




Y como hay recuerdos tuyos
que persisten en el viento dando voces,
te sigo como hormiga, fiel a tus raíces.
Entro en las cuevas que compartes;
lamo tu savia como elíxir
y ya no hay destierro
de triste despedida.




Te alcanzaré vida tras vida
para bendecirte.
¡Ojalá en otras madrugadas
también me ames en los grabados
agridulces del cuchillo que escribe
su memoria con nostalgia!




¡Ojalá me leas en ensueños perdidos,
en las expansivos infinitos,
o en escondidos hibiscos rojos
de otros patios del tiempo!
¡Ojalá en la sadhana de lo Eterno
crezcamos juntos, abrazados
como serpientes que transmiten
su alegría, en pos de vida
infinitamente continuada
en las cimas de lo Absoluto!




López Dzur

CÁLCULOS INFINITESIMALES

¡Alejarse! ¡Quedarse! ¡Volver! ¡Partir! Toda la mecánica social cabe en estas palabras. "


 

 

 






La Historia y el futuro han sido para siempre
y acosan desde lejos, ya ocurridos.
La vida es la nostalgia incorregible
de habitar un rincón del firmamento
que sólo se ha erigido en el pasado
y cuyo planisferio hemos perdido.






Así que cuando te amo ya te he amado.
El dolor que te causo y que me causas
es un dolor tan viejo que no duele,
aunque puedas pensar que está doliéndonos,
y ese fuego eucarístico en el que me consumo
es un simple capricho de las cronologías,
un voluntario error de apreciación
con respecto al pasmoso suceder de las cosas.
Nuestra felicidad ya no nos pertenece,
vivimos de prestado en lontananza,
que es el inconcebible tiempo de las constelaciones.
La perpetua ordalía de tu cuerpo
es el altar de una ciudad hundida
en donde los ahogados de mí mismo
aún mantienen un culto que ha perdido a sus fieles.
El temblor de quererte, el estremecimiento
de coincidir contigo en esta nada
quizá es una ilusión de mi memoria astral.






Y el caso es que no importa.
No importa que no podamos ser, porque hemos sido;
no importa que en ti no pueda estar, porque ya estuve,
no importa si lo que ya ha acabado nunca nace.
Me incumbe la conciencia del álgebra celeste
y en lugar de alejarme de ti los números me acercan.
No puedo comprender esas distancias
y aunque las comprendiera no las vivo.
Hay una plenitud crepuscular
en la conspiración del universo
para que no nos encontremos tú y yo.
Ya no concibo una embriaguez más grande
que ese convencimiento con que irradias
la falsa luz de las estrellas muertas.






Carlos Marzal .