Paco Mora, escritor

A VUELA PLUMA
(Ángel Luis Mota en 197 columnas y media)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura señera de las letras conquenses, desde el último tercio del siglo XX, Ángel Luis Mota encarnó durante toda su vida buena parte de las inquietudes culturales y artísticas de la ciudad de Cuenca, con su sapiencia, su dedicación, su buen hacer y su bonhomía, caracterizadas por un rigor y una coherencia que, en absoluto desdecían su sentido del humor, su arrebatadora ironía y su espíritu crítico y libre. Si, profesor por vocación, se dedicó siempre a la docencia, en su entrañable Instituto Alfonso VIII, en la Universidad de Castilla la Mancha y en la UNED, no es menos cierto que, por devoción, gastó gran parte de sus energías en la escritura, en la dinamización cultural de su ciudad, como impulsor del cine y del teatro, como colaborador de revistas y todo tipo de publicaciones, como primer director de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en Cuenca, como conferenciante y autor de libros de varia invención, etcétera. Pero, sin duda, hay una faceta muy especial en la trayectoria de Ángel Luis Mota, la de columnista (o articulista), especialmente querida por él, donde dejaría probablemente el mayor número de páginas que salieron de su pluma.

Su amigo, el escritor Francisco Mora, autor de la selección, la introducción, las notas y apéndices que dan forma a este volumen de la colección Atalaya, nos acerca en estas páginas, que ha querido titular A vuelapluma, a ese Mota columnista que durante más de doce años, semana tras semana, fue dejando caer gota a gota sus múltiples saberes en la columna "Mi atril", que mantuvo para la revista Crónicas de Cuenca y en su "Columna Cinco", de los jueves, que escribió para los periódicos del Grupo de Comunicación El Día. Doce años fructíferos (son casi 950 los textos que redactó para ambos medios) que dan cuenta de su tiempo y de su circunstancia, de la historia y de la intrahistoria de la pequeña ciudad que le vio nacer y en la que quiso vivir, de sus preocupaciones, de sus anhelos, de sus fantasmas y sus demonios que siempre supo espantar como debía: con un sentido de la vida y de la cultura hechas a la medida del hombre, desde una profunda convicción en el civismo y en la democracia, desde una honda creencia en la palabra como esencia del ser humano. Y lo hizo con amenidad, divirtiéndose y divirtiendo, con claridad y llaneza, porque para él la cultura no podía ni debía ser aburrida, sino, sin renunciar al rigor y huyendo de lo vacuo y vacío, plenamente gozosa, que es como mejor aprovecha. En esa confianza, ofrecemos esta antología de columnas de Ángel Luis Mota que, a buen seguro, deleitarán el paladar de muchos lectores atentos y bien humorados.