Paco Mora. EL DOLOR

El dolor

 

¿Qué palabras usar sin que suenen viejas y gastadas? ¿Qué puntos poner sobre las íes, qué signos para que el texto no se nos anegue en llanto? Ante el dolor, ante el desgarro que el dolor produce y a todos nos disminuye, las palabras chocan vacías; triste andamiaje el de los vocablos cuando de lo que se trata es de tanta barbarie, tanta. Y es que el dolor no tolera los adjetivos, porque el dolor es silencio, nudo de tripas y garganta, abismo. Frente a la matanza de Madrid el lenguaje cae de bruces y se rompe en mil pedazos. Malditos sean los asesinos; malditos los probos padres de familia que al tiro en la nuca y a la bomba la llaman "acción armada" (hoy votarán tan campantes como ciudadanos de pro); malditos los tibios que dicen "objetivo" por no decir víctima: no se olvide, toda víctima es siempre inocente, como el dolor, como el miedo; malditos los que llaman soldados o separatistas a los terroristas; malditos los que levantan estatuas a los criminales; malditos los que jalean a los asesinos y los sientan a su mesa y comparten su vino: con el Mal no caben tratos. Algo huele a podrido en una sociedad que confunde a conveniencia a víctimas y verdugos. Algo moralmente muy enfermo nos corroe por dentro cuando la dialéctica de las pistolas se impone a la de la razón. Que la vida no vale nada, por hermosa que ésta sea, lo intuimos hace tiempo: toda la canalla del mundo nos lo recuerda a diario pero, como escribió André Malraux, hay una verdad superior: nada vale una vida.
Hoy es día de elecciones en nuestro país. Elecciones de luto. Y solo se me ocurre decir, emulando a Chaplin en "El gran dictador": Paz, en el nombre de la democracia, paz. Que el enorme caudal de la democracia, que toda la fuerza de la libertad caiga a peso sobre los matarifes y los aplaste para siempre. Que los devuelva a la cloaca de la que no debieron salir nunca. Y, en adelante, que no tengamos que agachar la cerviz con Albert Einstein, cuando afirmaba que la vida es muy peligrosa, no por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.
Madrid, ¿qué te hicieron? Ya no te quedan lágrimas para tantos muertos. Bendita seas. Benditos los inocentes. Benditos los hombres de bien que hoy se duelen de las víctimas.
Perdón por la tristeza. Y por el desgarrón de esta columna. No tengo palabras. Como dice el proverbio árabe: el hombre no puede saltar fuera de su sombra.

 

El Día de Cuenca
14 de marzo de 2004.