Paco Mora. EL DEDO DE DIOS

El dedo de Dios

 

No nos lo creemos y en cualquier caso lo vemos como algo remoto, como esas cosas raras de la vida que siempre les ocurren a los otros. De lo contrario, corregiríamos actitudes y costumbres, o andaríamos por ahí, ante lo irremediable, desgranando jaculatorias con el miedo a modo de corbata atenazándonos el gaznate. Y sin embargo, tanto la Secretaría correspondiente de Naciones Unidas como la Agencia Europea de Medio Ambiente lo han dejado muy claro: el cambio climático está ya en marcha y, mucho me temo, avanzando imparable hacia donde no debiera. El clima en Europa está sufriendo unas convulsiones desconocidas en los últimos 5.000 años y el inevitable aumento de las temperaturas medias nos hará vivir –o sobrevivir- en unas condiciones atmosféricas jamás experimentadas por seres humanos. Hacía tropecientos años que no se padecía una temporada de huracanes, tifones, tormentas tropicales y demás fenómenos “naturales” como la de los últimos meses. Ya ningún científico serio duda de que la mano del hombre mucho tiene que ver en este despiporre de la Naturaleza, como nadie duda de que en su mano está ponerle freno, pero curiosamente Estados Unidos, el mayor emisor de gases que deterioran la atmósfera a nivel planetario, sigue estando fuera del protocolo de Kioto y, por ser justos y entonar un sentido mea culpa, España figura a la cola de los países de la Unión Europea en el cumplimiento de los objetivos ambientales, cuando nuestro país es, de entre los europeos, el que más boletos tiene para sufrir en el futuro toda clase de calamidades relacionadas con el clima.
Un trágico avance de lo que nos espera lo acaban de experimentar en carne propia los canarios. Entre otras devastaciones, la tormenta tropical “Delta” ha destruido “El dedo de Dios”, la famosa roca de la isla de Gran Canaria. Lo geólogos piensan reconstruirla –era un reclamo turístico importante- y digo yo que ya puestos podrían cambiar los planos y en vez de situar el dedo mirando al cielo (como estaba antes) colocarlo señalando acusadoramente al personal que vaya a visitarlo: Dios debe estar muy cabreado con el trato que le damos a su Creación. Quizá así nos entraría cierta conciencia ecológica, porque tal y como van las cosas de poco va a servir ese nuevo dedo en falsete, si en unos años no habrá turistas porque nada quedará para visitar, nada.

 

El Día de Cuenca
07 de diciembre de 2005.