Paco Mora. FUTBOLERADAS

Futboleradas

 

Me prometí –aunque no hay manera- no escribir nunca más de fútbol, entre otras cosas porque los asuntos del balompié son, con los de la política, los que peor baba crían entre los seguidores de ambos juegos. Y para enfrentar los rebuznos que entretienen el tedio de ciertos hinchas futboleros se debe tener una pasta de héroe de la que yo, lo confieso, carezco. Y es que hay mucho fanático camuflado entre los aficionados de bien y así, cada mañana de lunes, en cualquier oficina que se precie se asiste a un espectáculo lamentable, consistente básicamente en mentarse los muertos los unos y los otros, por un penalti aquí, un fuera de juego acá o un quítame allá esas pajas, que tanto da. Por fortuna, la esgrima verbal no suele acabar en las manos pero con las barbaridades que uno oye lunes tras lunes podría confeccionar un “diccionario del taco, el insulto, la frase biliosa y la palabra soez” de dimensiones catedralicias. Y lo peor es que estas pobres gentes sufren, sufren mucho por nada. Pero cómo hacerles entender que el fútbol es sólo eso, fútbol. Cómo decirles que lo que fuera un deporte es hoy un complicado balance con el debe y el haber abarrotado de cifras kilométricas, donde lo de menos es el juego, mientras la cuenta de resultados dé beneficios a porrillo. Cómo explicar, en fin, que el fútbol es una multinacional donde todo está programado y dirigido y atado y bien atado.
Para muestra, un botón. Hace cuatro días se procedía al sorteo de grupos para el próximo Mundial de Alemania, un sorteo viciado de raíz. Si ya es, deportivamente hablando, cuestionable que haya bombos de primera y de segunda, cuando todas las Selecciones han tenido que pasar los mismos filtros, lo que uno ya no entiende es por qué España es cabeza de serie, si nuestra Selección, por mucho que nos duela, no ha demostrado jamás nada en Mundial alguno y para clasificarse ha tenido que pasar una penosa repesca, y sin embargo entre el pelotón de los torpes figura Holanda, invicta en sus rondas de clasificación; o por qué el sorteo se ha planteado de tal modo que es imposible que Brasil y Alemania se enfrenten, como no sea en la final. Alguien podrá tacharme de antipatriota pero las cosas, pese a quien pese, son como son, o sea, como no debieran. A ningún futbolista de Trinidad y Tobago se le ha exigido menos que a uno de Méjico o Italia y, desde luego, no es menos digno que un inglés, un español o un argentino. Vamos, digo yo.

 

El Día de Cuenca
14 de diciembre de 2005.