Paco Mora. LA MAÑANA

La mañana

 

La mujer del abrigo lila desvaído patea la acera de arriba abajo, de abajo arriba, casi con rabia, no sabemos si para espartar el frío o la espera, desde esta distancia no podemos leerle los labios, ni los ojos, desde esta distancia se confunden murmullos, trajines y chuntachunes con los gorgoritos de los pájaros, de modo que es difícil distinguir la música del tiempo, éste que le cunde a la mujer del abrigo lila desvaído y que nos figuramos a ritmo de rocanrol mal temperado. El muchacho que reparte la publicidad dio con su morral de folletos en el suelo hace un momento, cuando la mujer del abrigo lila desvaído se ha detenido de repente en medio de la acera, ha girado sobre sí misma y se ha arrancado en dirección contraria sin intermitentes, como un piloto camicace. El encontronazo ha sido inevitable. Buena parte de los folletos han volado por los aires y durante unos minutos, el tiempo que han tardado en recogerlos, la calzada se ha llenado de fotos en colorín anunciando cazones a 3,99 el kilo, pancetas de cerdo a 2,99, chuletas de aguja a 3,30 y naranjas navelinas a 0,60. El zapatero de remendón tiene echados los visillos. Hoy no trabaja. El zapatero de remendón va a su bola y abre o cierra según le da, lo de las medias suelas lo hace por entretenimiento, por ocupar las manos de cuando en cuando, pero vive de otra cosa. A la academia de danza acuden las ociosas y las amas de casa a bailar sevillanas o a endurecer las lorzas con la última técnica gimnástico/musical de moda; por la tarde es otra cosa, por la tarde los papás traen a sus niñas a ballet, esa poesía del aire que se escribe de puntillas. Un descerebrado atraviesa a todo meter la media luna de la calle: las tripas de su motocicleta regüeldan con estruendo de infierno. Antes de saltarse el “ceda el paso” de la esquina encabrita a su máquina y, regateando a los coches aparcados a uno y otro lado, acelera haciendo una bonita finta que a punto está de estamparlo contra la verja del parque. Menos mal que los chicos de la escuela aún no han salido al recreo. En unos minutos el patio será una algarabía de carreras y de risas y de gritos que durante un rato inundarán cada rincón del barrio.
Es la mañana. La más “rabiosa actualidad” de una calle mínima de la ciudad, lo más “noticiable” de su buena gente, esa misma que de San Antón a los Tiradores se deja vivir mansamente cada día y nunca verá escrito su nombre en las letras de molde de un periódico.

 

El Día de Cuenca
01 de febrero de 2006.