Paco Mora. DA MIEDO

Da miedo

 

Da mucho miedo. Las pancartas son aterradoras: "Europa es el cáncer. El Islam, la respuesta". "¡Muerte a la bestia danesa!". "Preparaos para el verdadero holocausto". Los gritos no son menos pavorosos; al consabido estribillo de "no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta" los manifestantes entonan cantos unánimes contra Europa y a favor de que Bin Laden haga saltar por los aires Copenhague, Roma o París; al repetido sonsonete de "larga vida al Islam y muerte a nuestros enemigos" los vociferantes llaman a la guerra santa para acabar con el infiel. En los rostros rabia, ira, odio, hambre de guerra y sed de venganza. Dicen que son unos pocos, los fanáticos, pero que el mundo islámico en general no es así; lo que percibimos es que desgraciadamente los fanáticos son cada vez más y ostentan mayor poder. Y prenden embajadas con total impunidad y queman banderas y matan a mansalva. Mirando el calendario uno podría pensar que este febrero de 2006 que hoy se nos anuncia es un error de imprenta, viendo las imágenes que nos sirven los "medios" se diría que al calendario le pinta mejor un 1006, pongamos por caso, si no fuera porque sabemos que el tiempo es pura convención y que cuenta según y cuándo y dónde. Cómo explicar, si no, los siglos de desfase entre la esperanza de vida del más humilde español y la de un infortunado somalí.
Y todo por la aparición (suena a disculpa que oculta otros problemas de fondo) de las dichosas caricaturas de Mahoma en un diario danés reproducidas luego en otros periódicos y que han reabierto el eterno debate: ¿libertad de expresión o respeto a las creencias religiosas? Parece mentira. Libertad de expresión siempre, libertad sin adjetivos siempre, porque sin libertad no hay hombres sino máscaras de hombres, y ello aun a sabiendas de que no todas las ideas son respetables ni cualquier acto justificable. Respeto a las creencias (no sólo religiosas): por supuesto, porque sin aceptar la diferencia, sin acercarnos "al otro" en su maravillosa diversidad más pronto que tarde la libertad sucumbirá de mano de esos fanáticos que a la "ofensa" (otros dirán provocación) responden con una desmesura y una brutalidad intolerables.
Parece mentira. La fórmula es tan sencilla y universal que no sabemos verla: sensatez, prudencia, responsabilidad, razón, diálogo, decencia, bondad. Lo dijo el genial y huidizo J.D. Salinger: lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella.

 

El Día de Cuenca
15 de febrero de 2006.