Paco Mora. DE ESTACIONES Y GURRAPATOS

De estaciones y gurrapatos

 

(Gurrapato: palabro tomado del acervo popular que debe entenderse derivado de garrapato, en su acepción de letra o rasgo mal hecho con la pluma, el boli o el lapicero. En consecuencia, gurrapato vendría a significar trazo o brochazo, perpetrado con el pincel, de dudoso gusto, escasa gracia y sin ningún fuste.)

Uno, que es un sentimental, recuerda sus primeros viajes en tren –corrían los tiempos de Mari Castaña- que lo llevaban de excursión a Los Palancares por cuenta del Colegio Menor con la excusa de enseñarle los rudimentos de la acampada, la exploración y sabe Dios qué otras materias “extraescolares” esenciales para la debida formación del espíritu nacional que se nos imponía a los niños bien educados de la época. Todavía eran trenes borregueros, de madera, con los vagones compartimentados y asientos de tablilla. Pero la memoria es mudable y caprichosa y si me devuelve hoy al niño que uno fue en aquella Cuenca un tanto gris y pacata es porque los años te hacen ver que toda estación es, al fin, una estación de paso. Mirando los tan traídos y llevados terrenos de RENFE que ahora se pretenden urbanizar uno tiene la íntima sensación de que la ciudad, a poco que se descuide, puede perder una ocasión única para hacer algo importante y perdurable. Ese inmenso “espacio”, situado en una zona privilegiada, es una invitación a que la ciudad nueva cuente con un lugar dedicado al uso y disfrute de todos los ciudadanos, un lugar emblemático, hecho a la medida del hombre y que, andando el tiempo, nos singularice. Un proyecto urbanístico ejemplar, de los que “hacen ciudad” y podríamos aprender mucho, es el de nuestros vecinos de Valencia, que han transformado en uno de los lugares más hermosos y modernos del país lo que era una ciudad vulgarísima. No sé si nosotros seremos capaces de algo así, o nos limitaremos a levantar más bloques de pisos indiscernibles. Es esperanzador saber, no obstante, que el proyecto puede ponerse en manos de un prestigioso arquitecto y urbanista.
Claro que no siempre alguien con “nombre” es garantía de algo. El mundo de las artes está plagado de auténticas tomaduras de pelo, debidas tanto a noveles como a consagrados. Para muestra, un botón. Cómo explicar qué es esa cosa que se exhibe por toda la ciudad a modo de cartel anunciador de la Semana de Música Religiosa. ¿Un círculo mal cerrado? ¿Una G de gansada? No estaría de más que cuando se encargue un cartel, la institución correspondiente exija un boceto previo, por si las moscas. Resultaría curioso ver, en este caso, cómo es el boceto de tan lamentable gurrapato.

 

El Día de Cuenca
22 de febrero de 2006.