Paco Mora. DIBUJOS ANIMADOS

Dibujos animados

 

En el principio eran Valentina, el Capitán Tan, Locomotoro y el Tío Aquiles. Y a los chicos de entonces nos parecía bien que así fuera –no había otra cosa- y hasta disfrutábamos a ratos con las tontadas, del todo inocentes, de aquella tropa chiripitifláutica. Después llegarían los payasos de la tele, Barrio Sésamo y dibujos nipones tipo Heidi, la abeja Maya y Marco, y los papás de la época comprendieron que tampoco eso estaba mal, que el entretenimiento de sus retoños no tenía por qué estar reñido con lo sentimentaloide ni con ciertas nociones básicas de parvulario: de la mano de Epi y Blas nuestros chicos tuvieron claros, desde su más tierna edad, conceptos como alto y bajo, cerca y lejos o delante y detrás. Pero hete aquí que de pronto los “creativos” de los estudios de televisión pensaron que era hora de reorientar los gustos infantiles. Y comenzaron a llenar las pantallas de dibujillos que explotaban, sangre a borbotones y otras lindezas por el estilo. Para entonces, las videoconsolas se imponían ya como pasatiempo favorito de nuestros chavales, y tras un primer momento de juegos inocuos se pasó, casi sin transición y gracias al avance de la tecnología audiovisual, a otros de mayor tonelaje, consistentes básicamente en que el Rambo de turno repartiera mamporros a tutiplén, cortara cabezas como el que monda rosa o friese a balazos a todo quisque. Con la entrada masiva de los ordenadores en el hogar y el libre acceso a Internet los contenidos hiperviolentos se han universalizado. Nuestros muchachos pueden pasar la tarde regodeándose con un juego en el que lo que más puntúa es atropellar con tu coche a una embarazada, a un ciego o a una beatífica ancianita cuando sale de misa de siete.
Supongo que nuestros chicos, hartos ya de mundos virtuales (o casi agotadas sus posibilidades) han decidido trasladar sus “juegos” al mundo real. Empiezan a ser escalofriantes las cifras de muchachos acosados por sus compañeros. Espanta la moda impuesta por esos chicos que graban las agresiones a sus víctimas para luego recrearse viéndolas. Horrorizan las miles de denuncias presentadas por padres desesperados contra sus hijos maltratadores. Es más que preocupante el aumento de profesores agredidos por sus alumnos. ¿Qué está ocurriendo? Algo estamos haciendo muy mal y o buscamos soluciones y le ponemos remedio o cuando hayamos perdido para siempre el último territorio habitable del hombre, la infancia, comprenderemos que ya no nos queda más que tirar de la cadena.

 

El Día de Cuenca
01 de marzo de 2006.