Paco Mora. REFRITOS

Refritos

 

Era de esperar. Si uno alcanza un éxito tan sonado todo quisque quiere sacar tajada. Es lo que le está ocurriendo al autor de El Código Da Vinci, envuelto estos días en un tumultuoso juicio por plagio. Puede ser. Pero carece de importancia. La literatura popular que más vende es el plagio del plagio de un plagiador plagiado. Si observamos los expositores de una librería (sección novela actual) nos daremos cuenta de que muchos de sus libros son intercambiables. Todos utilizan el mismo esquema. Todos responden a similar patrón narrativo y argumental. A saber: tómese un "enigma" histórico e invéntese una conspiración con sectas, iglesias y sociedades secretas de por medio que llega hasta nuestros días, a ser posible salpimentada con la sal gruesa del escándalo, enrédese todo en una trama de thriller rocambolesco y pónganse en la historia unas dosis de morbo de peli casera porno y unas gotas de esoterismo de baratillo, expláyese en el anecdotario de época, aprendido, eso sí, de autores de refritos de dudosísimo rigor histórico y redáctese, finalmente, el potaje narrativo con una prosa plana exenta de cualquier pretensión literaria. ¿Cuántos libros así encontramos hoy en las librerías? Cientos. Con estos mimbres lo extraño es que no haya más demandas por plagio. Es lo que tiene el oficio de escribidor entendido como hacedor de churros y el peligro de escribir con plantilla. Como lo hacían, por cierto, los folletinistas del siglo XIX. Claro que la diferencia entre aquellos benditos autores decimonónicos y estos escritorzuelos de secano es la misma que media entre Dickens y don Marcial Lafuente Estefanía. Como poco.

 

El Día de Cuenca
08 de marzo de 2006.