Paco Mora. BEBEDEROS

Bebederos

 

Lo bueno de las modas es que en su misma esencia llevan implícito el concepto de fugacidad. La moda de ayer es el efímero ataúd en el que será enterrado mañana lo que se estila hoy. Y así debe ser. De otro modo el engranaje del sistema chirriaría y acabaríamos en la caverna pintando bisontes a pelo y sin pincel. Lo malo es que la moda, a veces, se convierte en uso, el uso en costumbre y, a la chita callando, la costumbre deviene en tradición. Y luego, a ver quién les explica a los guardianes del reino que despeñar a una cabra viva desde un campanario o tocar borracho el tambor no es una manifestación de la cultura popular.
Sospecho que si entre nuestros mandamases han saltado las alarmas con la cosa del botellón es porque lo que empezó siendo moda anda ya a medio camino entre el uso y la costumbre. Pudiera ser que las competiciones de macrobotellones, con sus ovejunas cogorzas en masa, arraiguen entre nuestros chavales y con el tiempo entren en los circuitos como otra competición patria. La cuestión es saber cómo atajar un problema que lleva aparejados otros, de salud pública, de suciedad, de ruido…, sobre todo porque no tenemos fuerza moral para reprochar la paja en ojo ajeno cuando en el propio cargamos con una viga. Los “mayores” no sabríamos entender una fiesta sin el alcohol como motivo principal corriendo a espuertas por nuestras venas: al viejo hematíe español le gusta navegar entre vapores etílicos. Podemos ponerle puertas al campo. Lo que pasa es que ninguna nos llevará a lugar alguno. Si acaso a otra puerta. Y a más campo.

 

El Día de Cuenca
22 de marzo de 2006.