Paco Mora. ENREDO

Enredo

 

Esta vez sí, había dado con la fórmula. Tenía el mejor arranque para una novela que hubieran conocido los siglos. Nervioso, encendí el ordenador y tecleando al tacto y con los ojos cerrados -una costumbre que no he perdido desde mis tiempos de mecanógrafo- escribí: "Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto". Pero cuando abrí los ojos y miré la pantalla lo que leí fue esto: "Una mañana, tras un suño intranquilo, Grgorio Samsa s dsprtó convrtido n un monstruoso inscto". Pensé: la excitación del momento te ha gastado una mala pasada. Tecleé de nuevo. La frase ahora decía así: "Una mañana, ras un suño inranquilo, Grgorio Samsa s dspró convrido n un monsruoso insco". O me había transformado en el peor mecanógrafo del mundo o los nervios me estaban acartonando las yemas de los dedos. Inasequible al desaliento ataqué el texto por tercera vez. Fue peor. La sopa de letras resultante sonaba a galimatías: "Un mñn, rs un suño inrnquilo, Grgorio Sms s dspró convrido n un monsruoso insco". Furioso conmigo mismo di un puñetazo en el escritorio. Entonces reparé en el teclado. Por increíble que pareciera, del mismo habían desaparecido tres letras: la E, la T y la A. Apagué el aparato y enchufé el televisor. Zapatero, dirigiéndose a Rajoy, hablaba del principio del fin. Pensé: tampoco era tan buen arranque. Pensé: es un aviso, cuando un texto va a llenarse de lugares comunes y metáforas previsibles lo mejor es echar las letras enfermas al cesto de las ideas podridas. Mi nombre es K. Vivo en la mente de un escritor inédito.

 

El Día de Cuenca
29 de marzo de 2006.