Paco Mora. 3 SEGUNDOS

3 segundos

 

En tres segundos cabe la eternidad entera pero acaso también el soplo que separa la dicha completa del más grande infortunio. Bastan tres segundos para que Ronaldinho dibuje una finta sobre el césped de un estadio y de repente, tras una hora de tedio, el buen aficionado perciba que un juego tan marrullero como el fútbol alguna vez pudo ser un espectáculo mágico. En tres segundos, aprovechando la impunidad de la noche, el asesino descerraja un tiro en la nuca del universo y de inmediato, bajo la bóveda del cielo, alguien se despierta sobresaltado y una alimaña aúlla en un bosque y se apaga una estrella. Solo tres segundos de amor pueden redimir los besos que nos hurtaron, pero tres segundos apenas, contados del revés, arrostran todo el destiempo que nos cunde, que nos muere y nos mata.
El otro día las oenegés de nuestro país organizaron un macroconcierto –en muchos países se están celebrando otros similares- para llamar la atención de los Estados sobre un hecho tan sangrante que cuesta escribirlo: cada tres segundos que pasan muere un niño en el mundo. Sencillamente por carecer de todo. Mirándonos hacia abajo, hacia la tripa donde se sitúa el ombligo se comprende que no nos lo creamos, de lo contrario o la conciencia nos haría chiribitas o ardería el mar. Querido lector, ¿cuánto calculas que has tardado en leer esta columna?, ¿70 segundos, tal vez 90? Pues echa cuentas. O mejor no, no vaya a ser que se nos avinagre la cerveza y la tengamos.

 

El Día de Cuenca
05 de abril de 2006.