Paco Mora. EL RENACUAJO

El renacuajo

 

La semana pasada este Diario daba noticia, con no poca ironía, del auténtico, del primigenio “Crimen de Cuenca”. La fatal agresión fue perpetrada por una garceta (un ave zancuda) en el Mioceno, ¡ahí es nada!, y la víctima resultó ser un tierno e indefenso renacuajo. El examen anatómico –autopsia de los restos incluida- del fósil de renacuajo encontrado hace unos años en el término municipal de Tresjuncos ha llevado a geólogos y antropólogos a conclusiones irrefutables: el batracio se encontraba, hace seis millones de años, a orillas de un pantano cuando de repente sintió el zarpazo asesino del ave; desesperado, nadó malherido varios metros hasta lograr enterrarse, por esconderse de su perseguidor, en una hondonada, lo que a la postre se revelaría como una trampa mortal.
En estos días en los que España entera se entrega, a ritmo de marcha procesional, al fervor religioso y a nuestro más genuino folclore semanasantero, la historia del renacuajo da cuenta de la importancia de los dones de la fe y la esperanza: nunca es tarde para la justicia, siquiera sea para la justicia poética. Por su valor simbólico, tal vez la policía debiera adoptar como mascota al renacuajo prehistórico de Tresjuncos, si se me permite la nota de humor. Dicen los que miden estas cosas que un niño ríe trescientas veces al día, mientras un adulto lo hace entre tres y quince solamente. Así nos va. Como afirmaba Ana María Matute: un niño no es un proyecto de hombre, bien al contrario, un hombre es lo poco que queda de un niño.

 

El Día de Cuenca
12 de abril de 2006.