Paco Mora. VERGÜENZA

Vergüenza

 

Signo inequívoco de estos tiempos es la capacidad del mercado para explotar económicamente cualquier manifestación –artística, deportiva o de otra índole- que se presuma exitosa. Una película, digamos “El Señor de los Anillos”, rompe las taquillas y de inmediato aparecen en las tiendas de todo el mundo infinidad de productos –más o menos chuscos- relacionados con la ficción cinematográfica que saciarán el afán mitomaníaco de sus seguidores. El negocio, según parece, genera unos beneficios nada desdeñables. En el ámbito del fútbol, cuyos aficionados se cuentan por cientos de millones, este mercadeo paralelo es abrumador.
Si, como es el caso, se acerca un campeonato mundial de fútbol, la cosa puede llegar al paroxismo. En Berlín se está construyendo el mayor prostíbulo sobre la tierra, con el bonito propósito de aliviar los ardores de la hinchada futbolera. Al reclamo del macroburdel se espera que la capital alemana reciba de matute a más de cuarenta mil prostitutas, llegadas en su mayoría de los países del este. Podemos inventar eufemismos para maquillar los ángulos oscuros del lenguaje, pero eso en román paladino se llama tráfico, o trata, de personas, y alguien debería ser consciente de ello. Porque tras este mercado de la carne hay dolor, mucho dolor. El de unas mujeres sometidas, humilladas y obligadas a prostituirse. Para seguir viviendo una vida hipotecada. Para no morirse a chorros de miedo y de distancia y de frío. Nuestra ancha conciencia occidental sigue haciendo aguas. Y mientras tanto, entre gol y gol, nosotros tan campantes.

 

El Día de Cuenca
19 de abril de 2006.