Paco Mora. LOS LIBROS VIEJOS

Los libros viejos

 

Decía anteayer un afamado escritor que los libros que cambiaron nuestra vida valen todos trescientas pesetas. Se refería, por supuesto, a los libros de viejo. Y es cierto. Pero para un letraherido de relumbre como él debe ser doloroso saber que hoy, con su literatura, no va a cambiar la vida de nadie, pues sus libros –algunos magníficos- blincan de las tres quinientas y cuatro mil. Claro que siempre se podrá decir que también sus obras, en buena lógica, deberán llegar a los anaqueles de las librerías de viejo y es posible que entonces no pasen de los sesenta duros (ipecé arriba o abajo), pero para cuando eso ocurra: 1) ¿cómo asegurar que cambiará no ya la vida sino un solo instante de la vida de los que vengan detrás?, porque los de ahora, si estamos, tendremos el cuerpo para pocas lentejas, y 2) escribir para el porvenir es lo mismo que escribir para el más allá: a) porque nadie nos garantiza que nuestra obra perdure, y b) porque aun perdurando nada es eterno, ni los hombres inmortales, luego las obras mucho menos y al final del final, cuando la esquina última del universo salte en pedazos, será todo polvo. Y puede que ni siquiera polvo enamorado.
Y a todo esto ya estamos inmersos en una nueva edición de la Feria del Libro. Querido lector, no me hagas caso, no hay libros viejos ni nuevos. Cada lector, cada lectura de cada lector los reescribe permanentemente. Y los hace otros y muchos y diversos. Así que tú entra en ellos, y vive.

 

El Día de Cuenca
26 de abril de 2006.