Paco Mora. LA RADIO

La radio

 

En aquellos remotos días de estío las horas de la adolescencia se desgranaban dándose coscorrones las unas con las otras, un poco al buen tuntún, como si ese tiempo regalado y en falsete, ese tiempo de ocio recocido de sol e indolencia, contara de otra manera. Los sábados por la mañana uno, musiquero impenitente, oía por la radio el programa de José Luis Muñoz, en el que el popular locutor iba desvelando, entre canción y canción, las listas que sus oyentes le enviábamos con nuestros temas favoritos. En dos o tres ocasiones leyó mi lista. Sería la primera vez que mi nombre se enredaba entre las ondas y uno alimentaba su prurito ante el reconocimiento implícito del buen gusto musical que se me presumía: Víctor y Diego, Pink Floyd, Módulos, los Creedence, Donna Hightower… quizá hoy solo pavesas, mordidas de acné y con mucho pavo, de una época trasnochada.
La querencia por las ondas le venía a uno de atrás, de las novelas radiadas que inundaban el cuarto de la estufa –mi madre remendaba tardes, calcetines y penas- de presagios dramáticos; o de las Peticiones del Oyente, donde convivían con sorprendente naturalidad el “Madrecita María del Carmen” de Manolo Escobar con las últimas tonadas de Bobby Vinton y Leo Sayer. Yo no sé de qué materia, tan maleable, tan dúctil, está hecha nuestra memoria sentimental, pero sé que con el pretendido cerrojazo a la radio pública en nuestra ciudad –aunque ni esta radio sea aquélla ni nosotros los mismos- algo que a todos nos concierne puede irse al garete para siempre. Los hados buenos no lo permitan.

 

El Día de Cuenca
03 de mayo de 2006.