Paco Mora. WHISKY

Whisky

 

Con algunas frases ingeniosas ocurre como con los billetes de cinco euros, que de tan resobados se convierten en un extraño trapillo sin lustre que más parece un moquero bien moqueado que otra cosa y, a la postre, acaban de simple sonajero o comodín. Será casualidad, pero estos días no dejo de oír aquella peculiar clasificación de los géneros literarios atribuida a Fernando Quiñones: la poesía es un whisky solo, el cuento whisky con hielo y la novela, vulgar whisky con agua. Cualquiera podría suscribir la gracieta. Con matices. Porque no es lo mismo un escocés de 12 años que un whisky de garrafón. Y siempre será mejor un buen reserva con unos cubitos que un whisky ordinario, por muy a palo seco que se tome. Tampoco es igual un bourbon con unas gotas de agua del Solán, que hasta puede realzar sus matices, que otro con un chorro de agua del grifo, que lo reducirá a la condición de aguachirle. Dicho lo cual, se convendrá conmigo que no nos gusta mucho el whisky, pues mayormente se bebe aguado y peleón. La poesía y el cuento, en nuestro país, cuentan poco y ello se debe a una educación lectora de desguace animada por una política editorial de braguero, anteojera y bisoñé.
Últimamente mis amigos piensan que estoy chalado. No entienden que ahogue en agua el escocés de 24 años que me tomo cada día; para eso, me dicen, te sobra con un whisky barato. Yo me río. No saben que ando escribiendo mi primera novela. Y, ya puestos, para mi debut prefiero que me salga “El Quijote” a “El Código Da Vinci”. Cuestión de gustos. O sea.

 

El Día de Cuenca
10 de mayo de 2006.