Paco Mora. PENES CON GUARNICIÓN

Penes con guarnición

 

Días atrás se conocía la sentencia (a cadena perpetua) del tal Armin Meiwes, por mal nombre conocido como “el caníbal de Roteburgo”; ya saben, aquel despiadado energúmeno que se ligó a un tipo vía internet y tras cortarle el pene y pasarlo por una sartén para comérselo juntos –por expreso deseo de la víctima- lo destripó, lo descuartizó y se lo fue zampando en pedazos, suculentamente cocinados con las recetas más chic de la moderna restauración en un ritual antropófago que, al parecer, saciaba sus apetitos sexuales más canallas y aberrantes.
Coinciden en mi escritorio la noticia del caníbal con un estudio sobre delincuencia sexual. Si en España las cifras de violadores, pederastas y demás fauna despreciable son preocupantes, a nivel mundial causan pavor y uno está tentado a pensar que no sería mala solución implantar aquella moda de cocinar penes para autoabastecimiento nutricional de los propios delincuentes sexuales, dado que tantos tipejos rinden toda su capacidad de raciocinio a apéndice tan tontorrón. Aunque quizá la solución a semejantes infamias no pase por ahí, sino por terapias alternativas que hagan ver a esos desalmados que el bálano, además de las habituales, puede tener múltiples aplicaciones para el bien. Repárese, aunque no sirva de ejemplo porque no todo el mundo tiene sensibilidad artística, en ese pintor de las antípodas que por pincel utiliza su miembro viril. Lo malo es que pinta al óleo y del natural. Y lo peor, la hora de limpiar la herramienta. Con lo que pica el aguarrás y lo que escuecen los disolventes. Tremendo.

 

El Día de Cuenca
17 de mayo de 2006.