Paco Mora. LA COMUNIDAD

La comunidad

 

En pleno debate sobre el tan traído y llevado modelo de la España que pretendemos darnos, inmersos en la vorágine de dilucidar si esta vieja península se estructura en comunidades autónomas, nacionalidades diversas, naciones de naciones o un batiburrillo indiscernible donde cabe todo eso y mucho más, no estaría mal reflexionar sobre la propia identidad, o sea, sobre esta Castilla-La Mancha de nuestros desvelos donde el azar quiso ponernos un día con sol o nieve, vaya usted a saber, que en tan grande vastedad tenemos de todo. El momento parece propicio, si pensamos que hoy (día de San Avelino y de Nuestra Señora del Amor Hermoso) se celebra la fiesta de la Comunidad. Claro que para ello convendría definir qué cosa somos y, sobre todo, qué sentimiento común –si hubiere alguno- nos identifica y, a la postre, nos hace ser esa cosa que somos. Y aquí chocamos con el primer y definitivo escollo. Porque lo cierto es que a un conquense, por ejemplo, se le figura más ajena Ciudad Real (una perfecta desconocida para la mayoría) que Madrid o Valencia, por mucho que nuestros gestores autonómicos trabajen con denuedo por acercarnos.
Es lo que hay. Hoy nuestra ciudad inicia un largo puente. Lejos de aprovecharlo para hacer turismo regional, huimos por la tangente. Dese usted un garbeo por una playa de Benidorm y le parecerá encontrarse en Carretería en sus mejores tiempos. ¿Estará ahí el quid del ser o no ser de una nacionalidad histórica? Pues lo mismo. Pero qué alivio vivir en una tierra con tan escaso sentido nacionalista.

 

El Día de Cuenca
31 de mayo de 2006.