Paco Mora. DEBUT

Debut

 

Por fin llegó el gran día. Hoy, a las tres en punto de la tarde, España entera se paralizará durante dos horas. Las calles de las ciudades presentarán esa estampa insólita de vacío y silencio tan inquietante, y hasta los pájaros en sus ramas cejarán en su algarabía de piopíos y aleteos, sorprendidos por tan súbito “paralís”. Y el caso es que la selección española de fútbol debería habernos hecho, a estas alturas y tras tantas decepciones, unos escépticos de tomo y lomo. No importa. La memoria histórica del hincha futbolero es voluble y caprichosa y fía siempre sus lagunas a esa otra memoria del futuro, en la que se sueña laureada y alzando una copa dorada que debe pesar lo suyo.
Lo más curioso de la selección, en un país con tantas “nacionalidades”, es el efecto catártico que despierta en el aficionado. Seguidores de equipos rivales, que durante la liga se miran a cara de perro, disculpan por igual los escupitajos de un Raúl, un Torres o un Puyol, y elevan los brazos al cielo con idéntico entusiasmo si el responsable de la melé –tras un gol- es Villa, Iniesta o Sergio Ramos. Incluso los más tibios en asuntos de banderas compartidas sienten un cierto cosquilleo patriótico y, por una vez y sin que sirva de precedente, se ponen sentimentaloides ante los “colores” nacionales. Lo peor de nuestro debut mundialista, no obstante, es la hora. Va a pillarnos con el bocado en la boca y no quiero ni pensar en el corte de digestión que puede provocarnos el ucraniano Shevchenko. Aunque esta vez sí, seguro, es la nuestra. Faltaría.

 

El Día de Cuenca
14 de junio de 2006.