Paco Mora. BILLY

Billy

 

Acaban de cumplirse los primeros cien años del genial Billy Wilder, un centenario, por cierto, que ha despertado poco ruido mediático. Y resulta extraño, pues es manifiesta la afición de los “medios” a celebrar a bombo y platillo este tipo de aniversarios –quedan resultones y llenan muchas páginas durante días-, claro que no parece que un señor con ojos de ratón colorao y facha de tendero de ultramarinos tenga mucho tirón hoy, por más que sea el autor de al menos una docena de películas maestras y seguramente el mejor guionista que hayamos conocido nunca, además de uno de esos escogidos cineastas que han contribuido a forjar la educación sentimental de varias generaciones de ciudadanos del mundo. Wilder, antes que director de cine, se consideraba escritor. Con razón. Podía pasarse varias semanas reescribiendo una y otra vez una sola secuencia. Hasta que conseguía escribir la secuencia perfecta. Y eso se nota en sus películas. En una ocasión el productor Samuel Goldwyn le preguntó a Billy Wilder: “¿En qué está usted trabajando actualmente?”. Wilder le respondió: “En mi autobiografía”. A lo que el productor replicó sin asomo de ironía: “¿Y de qué trata”. No es una “boutade”. Goldwyn, buen conocedor del genio vienés sabía que en la obra de éste nada es lo que parece. Quizá por eso, por mil veces que veamos sus películas nunca nos parecen las mismas, jamás acabamos de conocerlo. Y es que el viejo Billy, aunque muriera en 2002, cada día –debemos rendirnos a la evidencia- hace mejores películas.

 

El Día de Cuenca
28 de junio de 2006.