Paco Mora. LOS AÑOS OSCUROS

Los años oscuros

 

Dicen los periódicos que el telescopio Hubble, ese ojo ciclópeo de la NASA que entra en la alcoba de las estrellas como si tal cosa, ha detectado la galaxia más lejana del Universo, localizada a unos 13 billo-nes de años luz, ahí es nada. La galaxia en cuestión emitió la luz que acaba de captar el telescopio unos 750 millones de años después del Big Bang, es decir, cuando el Cosmos andaba todavía en la etapa del garabateo, y ha tardado en llegar a este planeta malherido 13.000 millones de años luz. ¡Uf!
Según parece la luz que ahora hemos capturado fue emitida al final de la época cósmica conocida como los Años Oscuros, que terminó con las primeras galaxias y quásares transformando el hidrógeno opaco en el universo transparente e ionizado que disfrutamos hoy. Afirmaba Juan José Millás que allí donde se trate de materia oscura y agujeros negros se está hablando de él. Comparto la ocurrencia pero, debo confesarlo, con mucho miedo. Lo de los Años Oscuros, además de a Tolkien, suena a fragores planetarios inimaginables, a caos, a enormes vacíos que acaban en la Nada, a astros como grandes medusas siderales que abducen todo cuanto encuentran a su paso, a cuerpos celestes negros negrísimos -curiosa paradoja- en eclosión permanente. O sea, a la vida abriéndose camino a dentelladas pero traducido a dimensiones galácticas. Comprendo que mis apreciaciones son fruto de mi proverbial ignorancia, pero también de una certeza: la de saber que el hombre (y sus cosas) está trazado a una escala liliputiense ante la inmensidad del universo mundo, frente al misterio insondable de sus leyes y movimientos. Cubrir hoy la distancia que separa Villarrubio de Uclés a la velocidad que permite la carretera (mínima si no queremos dejarnos el chasis y los dientes en un socavón) se antoja un juego de niños después de medir en años luz el trajín de la esfera celeste. Qué vértigo. Qué mareo ante tanta maravilla inaprensible.
Mi amigo Sebastián, al que he hecho partícipe de mis cuitas y aprensiones, ha sido taxativo. "Como escribió Woody Allen", ha dicho, "cuatro son las preguntas, ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos? y ¿qué hay esta noche para cenar? Pues bien, el día que borremos de nuestra mente obtusa las tres primeras y tengamos resuelta la cuarta para todos y cada uno de los hombres de esta tierra, el Universo nos parecerá mucho más claro; sencillo y transparente como un vaso de agua".
¡Jesús, qué hombre!

 

El Día de Cuenca
31 de marzo de 2004.