Paco Mora. CUENTOS DE VERANO (IV)

Cuentos de verano (IV)

 

No te amuela, la que se ha montado. Toda la vida siendo un cero a la izquierda y ahora esto. Solo falta la banda para completar la verbena. No importa. Nadie va a pararme. Hoy les demostraré a todos que se equivocan. Que el mundo, tal y como lo conocemos desde hace tropecientos años, es un error del azar, no de la evolución ni de zarandajas de la paleontología o de la mecánica, sino del puro azar. En un tiempo lejanísimo las cosas se torcieron, luego se pusieron del revés y ya no hubo manera de enderezarlas. Por inercia, supongo. Eso es el mundo. Un disparate donde nada es lo que parece. Solo que nadie ha querido verlo. Yo sí. Y aquí estoy para probarlo. Desde esta altura, qué pequeños se ven todos, qué torpes e insignificantes. TJ el chalado, TJ el chiflado, TJ el tonto del bote. Pues ahora sabrán quién es TJ. Puedo imaginar lo que piensan ahí abajo, sus palabras “piadosas” incapaces de elevarse más allá del ombligo. Tantos años soportando sus mofas, sus risillas desflecadas a mi espalda. Lo único, mamá. Me duelen sus lágrimas. Las bebería. Sé que está abajo, entre la muchedumbre, mascando crudas sus oraciones. Pero cómo decirle no te preocupes, mamá, no va a pasarme nada, lo natural para un pájaro es volar, somos pájaros, mamá, hermosos pájaros libres. Verás qué fintas, qué aleteo más elegante, cómo voy a parar a tus brazos para que me acunes y me digas ay, mi preciosa cabeza de chorlito, con esos labios tan dulces que te pintas cuando me traes milhojas una vez por semana, el día de visita.

 

El Día de Cuenca
26 de julio de 2006.