Paco Mora. CUENTOS DE VERANO (V)

Cuentos de verano (V)

 

Me enviaron aquí para darle matarile al Botas. Tiene miga, motejarlo Botas cuando ese desgraciado andaba siempre en alpargatas. Yo no lo conocía, solo lo había visto de refilón una vez pero no me quedé con su careto. Ahí vino el error. Y en que yo no retengo. Dicen los doctores que tengo una falla en el lóbulo frontal izquierdo del cerebro, ¿o era en el derecho? ¿Ve lo que le digo? No retengo. A mí me dice: TJ, el perro de san Roque no tiene rabo, y al rato no me acuerdo si quien no tenía rabo era el perro, san Roque, san Nazario o la mismísima Corte Celestial en pleno. Me dijeron que El Botas tenía un antojo en la mejilla izquierda. Una especie de hoja. Inconfundible, me aseguraron. Ja. Tenía que haber visto a esa criatura. Diez añitos. Alguien capaz de hacerle una cosa así a un ángel de Dios no pena su culpa ni con todos los tormentos del infierno. Una alimaña, El Botas. Y a las alimañas o se las elimina o te eliminan. No hay otra. Mi oficio es muy desagradecido. A nadie le gusta barrer la mierda. Yo, vuecencia, soy de natural bueno y, si bien se mira, mi trabajo tiene su fundamento, dicho sea sin ánimo de desmerecer el suyo. Jamás le he tocado un pelo a quien no se buscara un buen rapado. Pero cómo iba a pensar yo que El Botas tenía un gemelo disparejo, igual a él en todo, hasta en el antojo, solo que en la otra mejilla. Ahora que también le digo: ni mil muertes pagan lo de esa pobre niña. Lo demás es un error de geometría, vuecencia. Un pecadillo venial, si acaso. Cosa de números.

 

El Día de Cuenca
02 de agosto de 2006.