Paco Mora. CUENTOS DE VERANO (VI)

Cuentos de verano (VI)

 

A TJ siempre le pudieron los escrúpulos. Un tormento. Su padre se lo advertía a su madre: “el niño nos ha salido vergonzoso y tiquismiquis; un flojeras; nunca llegará a nada, porque es difícil avanzar si vas con el calzón por las corvas”. Ahora, mientras conduce su deportivo de vuelta del aeropuerto, piensa que algo de razón tenía su padre pero que confundía timidez y conciencia y, desde luego, alcanzar a los 32 un puesto directivo en una multinacional no podía decirse que fuera no llegar a nada. “A ver cómo enfoco el asunto”, piensa veinte minutos después TJ, ya frente a la cancela de su casa, “veamos: querida, soy un miserable, no tengo disculpa pero apelo a tu comprensión, a tu amor que no merezco pero sin el que no sabría vivir. Sé que a una mujer tan leal como tú no puede hacérsele esto. No sabes cómo me arrepiento. Ni lo que estoy pasando. Por eso he dejado la Convención y he tomado el primer vuelo. Me mata la culpa. Necesito tu perdón. Ha sido un desliz. Tenía que confesártelo para poder mirarte a la cara sin morirme de vergüenza. Perdóname”, concluye TJ, “bien, ya está, tengo que hacerlo”. Empuja la puerta del dormitorio y en una fracción de segundo ve a su mujer cubriéndose instintivamente con la sábana hasta el bozo. Los dos tipos que comparten su cama no parpadean. Sin decir palabra, TJ da media vuelta, cruza el salón y se acerca al ventanal. Sonríe. Si no fuera porque sabe que murió hace años juraría que ese tipo que corre por el jardín, enredándose con el slip en las corvas, es su padre..

 

El Día de Cuenca
16 de agosto de 2006.