Paco Mora. CUENTOS DE VERANO (Y IX)

Cuentos de verano (y IX)

 

Acababa de salir de la peluquería y me encaminaba hacia “El Trébol”, un mugroso bareto donde solía quemar el último tramo de la tarde antes de recluirme en mi apartamento. De pronto, un deportivo de fábula se acercó a la acera, paró unos metros más allá, bajó la ventanilla y cuando llegué a su altura una voz desde el interior, dirigiéndose a mí, dijo: “TJ, cariño, ¿pero qué haces tú aquí? Y con esa pinta”. La voz pertenecía a una pelirroja despampanante. Antes de poder abrir la boca, la mujer me apremió: “vamos, sube o llegaremos tarde”. Sin duda se trataba de un error, me estaba confundiendo con otro hombre. “¿A qué esperas?”, continuó, “aún debemos vestirnos, la cena es dentro de una hora, ¿o es que te has olvidado? Por cierto TJ, cielo, ¿y ese disfraz de señor de gris?”.
Si no hubiera subido al deportivo aquel día, hoy seguiría bebiéndome las tardes en “El Trébol”. Pero el caso es que subí. Y desde ese instante vivo la vida de otro, una vida que no me pertenece pero a la que quizá ya no sabría renunciar. Habito una mansión de ensueño, soy el propietario de una serie de empresas que me dan más dinero del que puedo gastar y duermo cada noche con una diosa. Y sin embargo el tal TJ, que evidentemente no soy yo, existe y solo una ironía del destino, una retorcida trama del azar explica mi caso. No me he atrevido a volver nunca por mi viejo apartamento. No soportaría encontrar allí al verdadero TJ viviendo mi grisísima vida de contable solterón y sin fortuna.

 

El Día de Cuenca
06 de septiembre de 2006.