Paco Mora. AGUA

Agua

 

Los medios insisten en un asunto que, si desde hace años viene siendo preocupante, de un tiempo a esta parte urge enfrentar ya con criterios de racionalidad y eficacia. Me refiero al acuciante problema del agua. Resulta paradójico que siendo el nuestro un país que año tras año mengua en sus reservas de agua, sus habitantes, sordos y ajenos, gastemos más cada día, hasta el punto de ser los mayores despilfarradores de Europa. A los sucesivos gobiernos españoles se les tacha de los peores gestores del mundo en cuestiones de agua y se les insta a cambiar este estado de cosas. Es obvio, el agua, como el aire, son bienes preciosos e imprescindibles pero no inagotables, y si lo que pretendemos es perdurar en este planeta maltratado debemos cuidarlos y economizarlos, sorbo a sorbo. Se impone cambiar nuestras disipadas costumbres de nuevos ricos, y a nuestros dirigentes promover políticas medioambientales serias. ¿Sabía usted que, puestas en fila, las tuberías que surcan el subsuelo de Madrid alcanzarían la distancia que nos separa de Santiago de Chile? Si toda red de conducción de aguas tiene unas pérdidas del doce por ciento, no quiero pensar en el agua que se irá al garete en el obsoleto laberinto madrileño. En fin. Apliquémonos. O los hijos de nuestros hijos serán tan pobres que para comer, a falta de agua, tendrán que hervir sus flamantes billetes verdes, cual verdura fresca, con sus propias lágrimas. Si es que para entonces el manantial de sus lacrimales no está ya más seco que la mojama.

 

El Día de Cuenca
13 de septiembre de 2006.